Marcela Fritzler y el español de herencia

Conocimos a Marcela en Israel, en el Instituto Cervantes de Tel Aviv. En aquel momento no podíamos imaginar que acabaríamos trabajando juntos para organizar un evento en Berlín en torno al español de herencia, concepto que nos habíamos traído de Nueva York, donde ya en 2008 se estaban gestando cursos de esa forma de enseñar el español entre los hijos y nietos de emigrantes puertorriqueños, mexicanos, cubanos y dominicanos. Desde entonces, Sin Fronteras, su particular proyecto, no ha dejado de crecer. ¡Y de viajar!

Esta entrevista es parte de la serie relacionada con el evento ¡Aprendemos en español!, jornada centrada en la enseñanza del español como primera lengua en las escuelas de Berlín. La Familia Fettuccini forma parte de la organización del evento.

Vamos a hablar con Marcela Fritzler. Nosotros estamos en Berlín, pero tú estás un poco más lejos.

Sí, estoy en Natanya, en Israel, al norte de Tel Aviv, muy cerquita del Mediterráneo.

¿Puedes presentarte profesionalmente, con dos o tres líneas?

Soy profesora de español, de Lengua y Literatura, Licenciada en tecnología educativa y tengo una especialidad en enseñanza de español como lengua extranjera (ELE). Además  soy autora de materiales didácticos, tanto analógicos como digitales, manuales  con editoriales como Difusión, KLett World Language, En Clave ELE, De Gruyter. Toda una vida al español o castellano, como diríamos en Argentina.

Y eres Argentina.

Soy argentina, de Quilmes, no soy porteña, soy de la provincia de Buenos Aires. De familia italiana, casada con un argentino hijo de judíos alemanes que llegaron a Argentina en la Segunda Guerra Mundial.

Tu perfil es de profesora y formadora.

Sí, me gusta mucho lo empírico, crear, diseñar actividades, guías didácticas, libros para la enseñanza y aprendizaje de la lengua, la literatura. Investigo sobre multiliteracidad, las narrativas transmedia, alfabetismo multimodal y su aplicación como enfoque didáctico en clases de ELE/L2  y desde hace un tiempo para lengua de herencia. Últimamente también  cómo incorporar la inteligencia artificial y sus mecanismos como vías para la construcción del conocimiento. Te digo, para mí todo recurso es válido: el pizarrón y la tiza, el marcador  son herramientas casi imprescindibles si tengo que explicar una regla gramatical o poner un buen ejemplo. Lo importante es que el alumno se sienta tranquilo, que se sienta acompañado en su aprendizaje, y que comprenda la lengua, tomando consciencia de su propia L1 ( o lengua materna) y el contacto de la L1 con la LE. Fundamentalmente me interesa el proceso de enseñanza y aprendizaje en los niños, desde pequeños, porque pienso que ahí está la semilla para desarrollar “un ser aprendiente”. Más allá de que se enseñe una lengua extranjera, arte o cocina, abrir las  puertas del mundo a los niños hace que después, cuando van pasando los años y los tengamos clases de adolescentes y/o de  adultos, los caminos sean mucho más ricos, nos faciliten el proceso de adquisición de saberes Son cabecitas que aprendieron, de alguna forma, a estar dispuestos a aceptar lo diferente, la otredad, a pensar diferente. El pensamiento crítico no debería empezar como teoría pedagógica a los 14 o 15 años. Eso es Marcela: Marcela es Sin Fronteras, a mí me gusta el aprendizaje en todo momento y en todo lugar no importa dónde sea o qué tema sea. De todo se aprende en la vida.

¿Por qué vives en Israel?

En el año 1994 tuve la suerte de salvarme del atentado que hubo en Argentina contra la AMIA, la Asociación israelita de Argentina. Aquella mañana tenía que trabajar enfrente y no me sentía bien. Así que no fui y hoy estamos hablando… Por otro lado, veía que  en Argentina, lamentablemente, los parámetros sociales con los que yo había crecido, los principios con los que me habían educados iban cada vez en menos: se valoraba menos la educación, el sentido de futuro, ahorrar para un mañana mejor. Es que empezábamos a no creer en el gobierno y se dejaba de apoyar a las instituciones.  Allí comenzó la búsqueda de nuevos horizontes para nuestros hijos. Por la nacionalidad alemana de mi marido y mis hijos,  podríamos haber optado por ese país, pero nos salió una posibilidad de trabajo, casa y estudios  en Israel. Podíamos venir como familia, él como agrónomo y yo como docente. Así decidimos emigrar, con lo bueno y lo malo de haber venido a una cultura tan diferente.

Además tienes una vinculación con Berlín.

Tengo una vinculación muy grande con Alemania en sí, porque la hemos recorrido casi toda, buscando las raíces familiares. Pudimos armar el árbol genealógico hasta 1786. Por ejemplo, hay un pueblo que se llama Fritzlar, a unos cuarenta km de donde nació mi suegro. Además de eso, después de 70 años de la salida de su abuelo,  uno de mis hijos volvió a vivir, a estudiar y  trabajar en Berlín. Así que nuestra relación con Alemania es muy cercana, de afectos, historia y costumbres. Mi marido  solo habló alemán en el seno del hogar en Argentina, hasta los seis o siete años. Su léxico era relativo al mundo de los niños, de lo cotidiano.  Y al entrar a la escuela, le los docentes obligaron a sus padres a dejar de hablar la lengua heredada. Hoy por hoy, puede entender las palabras de aquellos relatos, del contexto de la casa. Para mí, descubrir esto fue un hito muy interesante, el de su lengua de herencia, porque él la conserva dentro: él conserva sus raíces, su forma de pensar, el gusto por las comidas y se lo transmitió a los hijos sin darse cuenta. Por eso, ellos  se sienten tan identificados cuando viajan a Alemania, es como su segunda casa.

Tú no hablas yidis, ¿no?

No, yo vengo de familia italiana, española y portuguesa. Mis abuelos maternos son de Piamonte, Lisboa y Galicia. Y los paternos son de Calabria. Creo que esta rica ensalada también ha aportado a mi familia tonos multicolores. Solo que cuando llegué a Israel me cambiaron el apellido, antes era De Angelo. 

¿Cómo te defines como madre que ha criado niños bilingües o multilingües? ¿Qué tipo de familia multilingüe son ustedes?

Qué buena pregunta. Los que me conocen saben que le digo a mi casa, “la casa de la ONU”, porque en mi mesa tengo hijos que hablan cuatro lenguas, que pueden cambiar de una lengua a la otra sin problemas, depende del interlocutor con el que estén hablando. Entre nosotros cinco hablamos español, excepto que mis hijos tengan alguna palabra o algún concepto que lo aprendieron en hebreo o en inglés y entonces lo incorporan a la conversación. Típico translenguaje, cambio de código. Pero, en general, siempre hablamos en español. Para mí fue un regalo haber llegado a un entorno que me permitió, luchando, porque no fue fácil, conservar mi identidad, por un lado, y, por otro lado, poder abrirles a ellos el mundo a otras lenguas. Yo tuve en la Argentina una educación muy buena, interdisciplinaria totalmente y no siento que me faltara nada, ni  a nivel profesional  o personal. Aunque reconozco, con el correr de los años, que fue insuficiente para los tiempos modernos. No nos despertaron la curiosidad ni la importancia hacia los idiomas extranjeros, el bilingüismo. Al salir de mi tierra en español y comenzar a  conocer el mundo de otra forma, sentí, en carne propia, la necesidad de hablar otras lenguas. Primero si quería integrar a mi familia e integrarme al país en que estaba, tenía que hablar hebreo. Y descubrí que mis buenas notas en  inglés eran muy “gramaticales”, no medios para comunicarme. Yo creo en la gramática, soy una persona que estudió gramática toda su vida, pero no me abría las puertas en Israel para hablar. Todos mis estudios de hebreo son estudios gramaticales: yo lo ordenaba todo por grupos de verbos, sustantivos, adjetivos… Es mi forma de comprender el mundo lingüístico. Esta es la causa principal que me movilizó para proponerme que mis hijos e se pudieran comunicarse en otras lenguas, que pudieran entender el mundo de otra forma, no de la forma en que lo había entendido yo en mi familia italoargentina. Viajar por Alemania me hizo abrir una puerta, Israel la otra. Hoy por hoy mis hijos viene en distintas ciudades de Europa o Israel, viven el multilingüismo, trabajan en un abanico de lenguas y culturas.

La primera lengua sería el hebreo.

Mis hijos menores tienen un bilingüismo simultáneo. Nosotros hablábamos español pero favorecíamos el contacto  con las otras lenguas. Por ejemplo, como yo no podía leer bien hebreo por la pronunciación y no me sentía segura, entonces  solicitaba ayuda a alguna persona joven que viniera a leer cuentos a casa, en hebreo. Es que  quería darles input en hebreo fuerte, significativo, no se prohibía la hebreo en casa: mirábamos televisión, jugaban al fútbol, íbamos a eventos en hebreo o inglés. Sin embargo, nunca dejamos de hacer hincapié en mantener nuestra lengua heredada, con libros, películas, comidas, fiestas, comunicarse con los abuelos en español. Entre la vivencias que recordamos, están los viajes conociendo el nuevo país.  A mí me gusta cantar, y en el auto con mis hijos ponía música en español, de mi época, rock argentino, boleros, etc.  Los años pasaron y tenemos  la suerte de que canten los boleros de verdad, reconozcan autores argentinos. Y algo muy especial para mí, la semana pasada mi hijo menor,  que tiene diecinueve años, me mandó de regalo  su lista de Spotify que se llama “Mi amor”. Contiene canciones de autores, interpretes que me gustaban mucho pero además que yo le cantaba. Entonces dije, “acá está”, ¿entendés? Acá está todo lo que transmitimos.

De alguna forma te devuelven lo que les diste.

Sí, claro. Además  todos ellos saben definir qué significa ser hablante de lengua heredada, suelen escuchar mis ponencias, me critican, y son, sobre todo, los que me apoyan porque cada vez que voy a otro país, como Alemania, para difundir el multilingüismo como fundamento de una sociedad. El arte hispanohablante, los platos típicos argentinos, la literatura latinoamericana está latente. Lo más lindo es que puedan comprender el mundo de otra forma, construir su identidad con las piezas de cada idioma que van aprendiendo, cantar y bailar sin fronteras lingüísticas, ojalá sin fuera sin geográficas. ¡Qué más puedo pedir!

Volviendo a la experiencia israelí, ¿dirías que el hebreo de Israel es una lengua hegemónica?

Cuando inmigramos, a finales del 95,  todavía el concepto “una tierra, una lengua, una nación” tenía peso. La religión también sumaba. Se necesitaba una lengua que unificara la cantidad de inmigrantes que conforman la población de este país. El mosaico de lenguas, historias, culturas y problemas, incluso necesitaba tener un común denominador y el  hebreo fue la fuente de unificación para que todos se comprendieran. Se mantenía esa idea de que hablar a los hijos en nuestra lengua materna podía entorpecer el aprendizaje del hebreo. Es posible leer más sobre el panorama descrito en Migrant language and identity in the Spanish-speaking community in Israel,  Journal of World Languages.

Traté de mantener mi principio de que mi lengua contenía no solo léxico sino también afecto, identidad. Viví aquella  época que me decían “no les hables en español, háblales en hebreo”, pero yo en la otra lengua no era  la misma persona, no me sentía segura. Pero, por suerte, las cosas fueron cambiando. La inmigración masiva de personas del ex bloque soviético sumado al pluralismo y multiculturalismo en el ámbito mundial en los años 90 cambió el panorama lingüístico dando espacio a comunicarse en la lengua migrada, ya sea tanto dentro del seno familiar como en el ámbito social, laboral y educativo. Esto permitió a los inmigrantes hablantes de ruso como la gente de  Etiopía  pudieran estudiar su lengua fuera del horario escolar.

Instituto Cervantes de Bruselas. ©Marcela Fritzler

Aunque del dicho al hecho, existe un largo trecho, la realidad mostró el problema clásico, presupuestos, ante todo.

Con las telenovelas, la televisión de cable y, por supuesto, el internet la gente empezó a tener acceso a otra información, a ver que existía otro mundo lingüístico, a facilitarse los viajes, a traer libros por internet y también conllevó la incorporación de otras lenguas extranjeras en el sistema escolar. Ahora el español, el francés o el ruso se pueden estudiar en forma optativa, en los todas las escuelas secundarias, tanto para israelíes como para hispanohablantes, y reciben cinco créditos.

En el marco de estas clases de español observamos la presencia de hijos o nietos de hispanohablantes, que venían con español desde sus hogares. Por eso, el enfoque debía y es diferente.

De todas formas, no siempre es accesible porque el sistema educativo no difunde esta posibilidad y la responsabilidad cae en las familias. La lucha continúa.

¿Cómo llegaste al concepto y al interés por formar en enseñanza de español como lengua de herencia?

Desde muy joven doy clases de lengua y literatura. De hecho,  empecé a trabajar como voluntaria a los quince. A los veinticuatro ya estaba trabajando en la misma escuela donde había estudiado. Cuando llegué a Israel eso era otro mundo, porque acá el español era lengua extranjera, en un contexto de no inmersión lingüística. Y la verdad, en un principio, me quedé aquí porque podía enseñar español. Primero entré a trabajar a la Universidad Abierta, y cuando se creó el Instituto Cervantes de Tel Aviv en 1998, fui, creo, la segunda o la tercera profesora en incorporarse al equipo. Entre los alumnos contábamos con israelíes que estudiaban español como lengua extranjera, pero también adultos que habían escuchado español en su casa, y venían con palabras del ladino, del judeoespañol. Así fue que comencé a investigar de dónde venía ese español. Por otro lado, asistían niños que hablaban, cantaban e incluso leían cuentos en español.

¿De dónde provenía ese conocimiento?

La respuesta podía ser de las telenovelas pero lo más importante era  “bueno pues mi mamá, mi papá habla argentino…”. Una anécdota muy significativa ocurrió en el año 2000 o 2001, que apareció en una de mis clases una señora que traía a su nieto. Y me preguntó:  “¿Vos te acordás de mí?”, y yo le dije que no, perdón. Entonces me respondió: “Vos fuiste alumna mía en el profesorado en Argentina, y mi nieto viene acá porque estás enseñando español”. Me quedé paralizada, había sido mi profesora y se había tenido que escapar de Argentina en la dictadura. Nos rencontramos en mi clase de español como lengua de herencia. El golpe fue fuerte: había que buscar medios, caminos, recursos para mantener nuestra lengua, nuestra identidad. Fue la gota de agua que rebasó el vaso. Si con mis hijos creaba materiales, jugábamos en castellano o armaba campamentos de verano con las familias hispanohablantes… el español era más que una canción de moda o un capítulo de la telenovela. Ya van casi 28 años y puedo afirmar que el español como lengua extranjera no es lo mismo que como lengua patrimonial.

O sea, los adultos hablaban ladino, y los niños hablaba español moderno del país de Latinoamérica que fuera.

Había diferentes betas: había estudiantes que venían con un español cargado de afectos y tradiciones, un sentido muy fuerte de la identidad, pero con un miedo terrible porque no sabían la terminología que sus compañeros de lengua extrajera utilizaban. Fuimos sumando experiencias de diseñar actividades de lectoescritura para niños latinoamericanos, como también dimos clases a los hijos de jefes de estudio del Instituto Cervantes. El idioma debía ampliar registros, contextos, repertorios, metodología. La necesidad tiene cara de hereje y dio lugar a la creatividad. Desde lo empírico, de adaptar e inventar, de buscar y construir. No había nada, y era un contexto de no inmersión lingüística cuya lengua mayoritaria no aportaba ni el alfabeto. Todo un desafío que me enriqueció como profesora, como madre y como argentina. Y tomar conciencia de que hablar en casa no es suficiente.

Bueno, el español de casa puede ser un español muy rico, depende de lo que hagas.

Depende de la actitud de la madre y del padre, y depende también incluso de su biografía lingüística, o de su formación en sí.

Pero sobre todo de la actitud, y de la conciencia. Cada oportunidad es una excusa para practicar la lengua. Por ejemplo, Íbamos al supermercado y mi hijo tomaba nota en español de los productos, elegir la ropa para ir a la escuela, etc. No solo los cuentos o una película, cada input es importante. Además, hoy en día, la tecnología nos abrió el mundo, los servicios de las redes sociales como WhatsApp permiten compartir mensajes, imágenes, historias con otros miembros de la familia que viven en un contexto diferente al suyo. Por otro lado, la realidad es que el niño en un momento va a salir de casa, ¿no es cierto? Somos conscientes que en un momento los amigos pesan más que los padres, nos guste o no nos guste. El contacto con los chicos de la lengua más mayoritaria puede llevar a la rebelión lingüística: si los amigos vienen a casa, no quieren que hablemos en español, o que no pronunciamos bien hebreo… En un momento determinado el padre pasa como a segundo plano en cuanto a la lengua, y los niños empiezan a incorporar mucho vocabulario de esa lengua mayoritaria. Es decir, a debilitarse el español a nivel funcional, por ejemplo en matemáticas, que va a aprenderlas en la otra lengua. (Solo lo he visto con padres coreanos y con padres chinos, que en su tiempo libre les enseñan las matemáticas en chino o en coreano). Esto por un lado, y luego el contacto con el sistema escolar, con esa profesora que puede o no hacer más o menos fuerza de que conserve su lengua de herencia. Todo eso hace que tengamos que buscar, además de lo de casa, comunidades de práctica, grupos, para que la lengua se enriquezca en español y vaya creciendo con ellos. Los intereses que tienen cuando tienen cuatro o cinco años no van a ser los intereses o tienen con diez o doce años. Urge crear esa comunidad: ir a bibliotecas, ir al cine, que tengan un grupo de la comunidad, que participen en actividades de tipo comunitario. Las asociaciones para padres son muy importantes en este caso, por ejemplo. O buscar momentos con otras familias…

Una de las educadoras que va a estar en la jornada del 10 de junio me decía: “A mí ese término, lengua de herencia, no me gusta”. De hecho, en alemán no se utiliza, dicen “lengua de origen” o “primera lengua”, como si la herencia fuera algo impuesto, algo que te dejan y que tienes que conservar como algo sagrado. ¿Has oído algo de esta crítica al término?

De hecho, en los Estados Unidos, como pionero en este tema, está también en conflicto. Yo hago como una ensalada de definiciones. La primera definición que me viene a la mente es de la querida Guadalupe Valdés. Ella señala que un hablante de lengua heredada   «se ha criado en un hogar donde se habla otra lengua distinta al inglés, que habla o al menos comprende el idioma y que es, hasta cierto punto, bilingüe en esa lengua y en inglés»1(Valdés 2001:38). Todos tenemos una lengua que hemos heredado, que recibimos desde el momento que nacemos, que alguien se comunica con nosotros. Sin embargo, una diferencia sustancial entre la lengua materna o  ahora denominada L1 y la lengua heredada en el contexto de multilingüismo que estamos hablando, es que si bien tanto una como la otra se adquiere en el seno del hogar, en forma natural y cargada de afectos, historias y tradiciones, la lengua de herencia carece de contexto de inmersión lingüística. Es decir, es una semilla que no encuentra suelo fértil donde germinar. Necesitará condiciones favorables para crecer, dar flores y frutos y desarrollarse como la lengua materna.Este crecimiento sufre de momentos mejores, ricos y cálidos y de otros, en los que la influencia de la lengua vehicular mayoritaria podría entorpecer el proceso. Variantes como el prestigio de la lengua heredada, el estatus de los padres dentro del país de residencia, el desarraigo en sí o la lejanía del país de origen, puede acarrear la falta de interés o deseo en aprender la lengua patrimonial. Que nuestra lengua de flores, frutos eche raíces sostenida por la identidad de la familia migrante es un trabajo de todos los días, de negociación permanente, que la valore, que tome conciencia, que él es diferente, que esa diferencia le marca un punto en su vida para sumar y no un punto para restar. Variedad en el input, frecuencia, buena disposición, las actividades familiares, cosas que van  enriqueciendo su identidad etnolingüística  sin opacar la lengua mayoritaria para que el aprendizaje se torne duradero y significativo. No es tan importante la definición sino los conceptos que puede englobar la definición que sea: si quieres llamarla “lengua de origen”, si quieres llamarla “lengua heredada”, si quieres llamarla “la lengua de los hispanohablantes”. Lo que sí tenemos que tener en cuenta es que, la llamemos como lo llamemos, hay que enriquecerla todos los días. Que a nuestro hijo le  interese seguir creciendo en esa lengua. El input, el afecto, el sentido de pertenencia, el entorno en que el chico se maneja. Además, la aceptación de que es una realidad diferente, que es un contexto de no inmersión lingüística  e intentar de que  el hablante de la lengua mayoritaria -alemán, inglés, hebreo, por ejemplo- comprenda, sepa que estamos a favor de la interculturalidad, del multilingüismo como vía hacia la tolerancia, el respeto y la buena convivencia. Tomar elementos de las lenguas y las culturas y construir…. 

Tú te ocupas de formar a profesores que van a enseñar esta forma del español. ¿Cuáles son para ti los criterios básicos de esta formación? ¿Qué tiene que saber hacer un profesor que enseña español en este sentido? ¿Cuál es el perfil profesional específico de?

Lo que más me preocupa y me moviliza en una capacitación docente es ver sus ganas de aprender, de formarse para conocimiento del mundo. El respeto y la conciencia de que la otra persona, el niño, el estudiante, tiene un repertorio lingüístico y un bagaje cultural diferente. Por otro lado, ser docente implica una responsabilidad ante el contenido que facilitamos, la forma de transmitirlo y por ende, la preparación profesional. Es decir, a mí me parece muy superficial cuando veo que publican una infografía o una canción, y ya está la clase  armada. El profesor de lengua para niños tiene que tener el sentido real de que está formando una persona. Cuando recibimos niños somos parte de su desarrollo,  tenemos un compromiso que va más allá de los contenidos gramaticales. Saber de dónde parto, qué quiero desarrollar, y a dónde quiero llegar. Eso con la lengua de herencia es muy importante también,  no porque el chico ya va a poder leer el cuento o va a poder comprender las instrucciones, sino para que se pueda comunicar con fluidez, en el registro adecuado para el momento, con la riqueza que  la identidad etnolingüística le otorga. Darles las herramientas y recursos necesarios para ampliar su repertorio lingüístico, incorporar las variedades de sus compañeros e integrar el mosaico cultural de cada país. Entonces: tenemos que formarnos a nivel de lengua; aprender a diseñar materiales específicos, flexibles y multimodales, que propicien oportunidades naturales de práctica y respondan a sus necesidades como hablante de lengua heredada. No se trata de conocer todas las variedades dialectales pero sí tener presente de dónde vienen esos niños, conocer sus intereses y desde ya, el relato familiar. Hacerlos sentir parte del proceso de construcción de su identidad multilingüe.

El 10 de junio tenemos una jornada para hablar de todos estos temas, tú tienes un un espacio por la mañana. ¿De qué vas a hablar? ¿Qué quieres presentar en ese momento?

Universidad de Tel Aviv.

En primer lugar quiero escuchar las necesidades de los profesores, aprender de ellos y con ellos. Mi punto de partida es tratar de mostrar y compartir las experiencias que tenemos como profesores de lengua de herencia en diferentes contextos geográficos. Reflexionar sobre la importancia de fijarnos objetivos y metas claras para impartir clases en grupos mixtos, donde tienen chicos de lengua extranjera y lengua de herencia al mismo tiempo. Además, analizar los fundamentos para diseñar actividades didácticas y crear recursos específicos para este público y dar espacio para construir nuestra propia comunidad de trabajo. Nutrirnos mutuamente. Es importante que dialoguemos porque, en definitiva, todas y todos tenemos una meta en común: que los niños aprendan español, conserven las tradiciones y costumbres y desarrollen  nuestra identidad etnolingüística. El español es muy rico para mantenerlo en una cápsula cerrada, sin compartirlo con el mundo y lograr comunicarnos usando lengua. La política lingüística o una ley determinada nunca son suficientes si los agentes involucrados -niños, familias, docente4s, escuelas, instituciones- no asumen un papel responsable y comprometido con el desarrollo del multilingüismo como modelo de sociedad.

Pues entonces nos veremos en la jornada del 10 de junio en el Instituto Cervantes de Berlín, y podremos compartir todas estas cuestiones. Muchas gracias, Marcela, por esta conversación y por todas estas informaciones y explicaciones, y, bueno, también, que tengas mucho éxito con Sin Fronteras, que ya lo estás teniendo.

La comunidad está siempre abierta. Gracias a ustedes por la invitación.


Referencias

Fritzler, M. (2023). Migrant language and identity in the Spanish-speaking community in Israel. Journal of World Languages, 9,  De Gruyter Mouton  68-88.

Valdés, G. (2001). Heritage Language Students: Profiles and Possibilities. En J. Peyton, J. Ranard y S. McGinnis, eds. Heritage Languages in America: Preserving a National Resource. McHenry, IL / Washington DC: Delta Systems / Center for Applied Linguistics, 37-80.

Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

3 comentarios sobre “Marcela Fritzler y el español de herencia”

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