Cien días: Viaje al corazón de las tinieblas

Cien días es una novela de Lukas Bärfuss, una de las voces más potentes de la literatura suiza actual. Con ironía sostenida e implacable Bärfuss escribe una historia donde creyendo hacer siempre lo mejor se hace lo peor. En una variante original del tópico del soldado que va a luchar por su patria y en el infierno de la guerra ve desmoronarse sus ideales de una causa justa, el protagonista de Cien días es un “soldado-casco-blanco-de-oficina” de las fuerzas de paz y desarrollo que va a ‘ayudar’ en nombre de la civilización occidental. Está traducida al español.

“La dictadura de la ayuda es violenta, arbitraria, ciega”, dice el narrador en Ayuda mortal /Assistance mortelle  (2012), el documental del director haitiano Raoul Peck. Su film es una demoledora crítica a la maquinaria de la ayuda humanitaria que invade Haití tras la inmensa catástrofe del terremoto que asoló el país en 2010.

Hundert Tage / Cien días (2008), la novela del autor suizo Lukas Bärfuss trata también de las organizaciones de cooperación para el desarrollo y ayuda humanitaria de los países centrales en países subdesarrollados y en conflicto. En este caso, de una organización suiza que trabaja en Ruanda cuando, fraguando desde emisoras de radios y aldeas el odio contra los tutsis, el asesinato del presidente ruandés desata una orgía de sangre: la muerte indiscriminada de los tutsis –pero también de hutus moderados– a manos de los hutus. Las fuerzas internacionales se limitan a sacar de Ruanda a los europeos. Lo que sigue es la mayor masacre sucedida después de 1945: el genocidio que en 100 días dejó un saldo de más de 800.000 personas asesinadas.

Abril de 1994. En Kigali se ha desatado el infierno de la masacre. David Hohl, joven suizo empleado de la Dirección de Ayuda para el Desarrollo de su gobierno, deja partir el avión con los últimos evacuados europeos. Cien días de matanza permanecerá escondido en su casa sobreviviendo con las provisiones que le alcanzará su jardinero y a la espera de noticias de Agathe, la mujer, hija de un empleado ministerial ruandés, por la que ha decidido quedarse.

David hará el racconto de cómo el joven idealista e ingenuo que cuatro años atrás llegó a ocupar un puesto insignificante, burocrático y aburrido en ese pequeño país que los europeos han convertido en un paraíso artificial, en “la Suiza de África”, llegará finalmente a vivir “el corazón de las tinieblas”, el infierno casi perfecto. Una historia de errores, desvíos y ceguera que significará el resquebrajamiento de un mundo que se creía sólido y que hará que cuando David encuentre finalmente a Agathe en un campo de refugiados de la ONU, ambos sean dos personas muy distintas de las que una vez se conocieron.

Con ironía sostenida e implacable, Bärfuss escribe una historia donde creyendo hacer siempre lo mejor se hace lo peor. Una novela política pero no de tesis, que encarna en sus personajes y en su trama. Una novela de acción, que constantemente va construyendo el suspenso y atrapa. Un relato clásico que retoma en una variante original el tópico del soldado que va a luchar por su patria y en el infierno de la guerra ve desmoronarse sus ideales de una causa justa –aquí: un “soldado-casco-blanco-de-oficina” de las fuerzas de paz y desarrollo que va a ‘ayudar’ en nombre de la civilización occidental.

Con un lenguaje claro y preciso, con una prosa de frases predominantemente cortas que fluyen en el racconto que hace el narrador en primera persona y que trae consigo a las voces de los demás personajes, Bärfuss escribe una novela de sólida estructura dramática.

Una novela que alcanza notable calidad literaria en potentes imágenes. Como cuando llueve por fin en los días de la matanza y David puede calmar la terrible sed: ¿pero acaso el agua que compone los cuerpos de los muertos se evapora y es parte de esa agua que bebe ahora y que no tiene cómo hervir?, piensa con espanto. Lo peor no es, sin embargo, el hambre o la sed: para el europeo oriundo de una latitud que lo acostumbró a la indecisión de la penumbra, a las lentas transiciones de la luz, lo más difícil es ese corte tajante entre el día y la noche africanos, esa noche profundamente negra que cae como una guillotina. Atravesada por una composición hecha de imágenes de «los que proveen el alimento al otro», composición que halla su culminación en el aguilucho carroñero que David alimenta procurando perros muertos, y que en sucesivos desplazamientos va generando una cadena de lealtades y traiciones, serán, sin embargo, imágenes de otra oscuridad las que progresivamente irán invadiendo el texto.

“Hasta dentro de la casa se olía, y yo tenía que obligarme a beber el agua de lluvia. Había oído hablar de los cadáveres que bajaban flotando por el río Nyabarongo hasta el Lago Kibu y no me podía quitar de la cabeza la idea de que el agua del que está formado en gran parte el cuerpo humano podía evaporarse también junto con otros fluidos. La lluvia entonces era en gran parte agua de cadáveres y yo hubiera dado cualquier cosa al menos para poder hervirla.” (Bärfuss, 16)

“Pero el hambre y la sed no eran lo peor, lo peor era la oscuridad, la noche que puntualmente a las seis de la tarde se cernía sobre la tierra y me cubría; como algo físico, como un paño o un aluvión de brea. La luz más cercana que se veía era la de las estrellas; si hubiera sido un caminante a la búsqueda de un sitio para pernoctar, hubiera debido guiarme por ellas: por Procyon, estrella del Can Menor; por Ras Alhague en la constelación de Ofiuco, el portador de la serpiente. Yo no era muy ahorrativo, pronto había gastado ya toda mi reserva de velas y debía pasar las noches en la más absoluta oscuridad. Era como si cada noche me sumergiera en un barril de tinta negra y doce horas después, cuando el sol salía en el horizonte con la precisión de uno de esos relojes para fichar la entrada y salida del trabajo, yo quedara como una mancha negra, como un terrón de alquitrán andante. No me animaba a mirarme en el espejo, temía que la oscuridad se me hubiera quedado pegada como en los ojos tiznados de hollín de los mineros cuando salen de la galería al cabo de su turno de trabajo.” (Bärfuss, 17)

“Nosotros no fuimos hechos para esas noches, ni yo ni todos los demás de la Dirección, nosotros venimos de la zona del crepúsculo. Nosotros necesitamos las transiciones, la penumbra, nosotros dependemos de esos ritmos de la luz que acompañan nuestras vidas, con la pálida luz del sol al comienzo del otoño, con las sombras contundentes de abril. En nuestras latitudes jamás se puede afirmar con certeza si a determinada hora es todavía de mañana o quizá ya es el mediodía. ¿Cuándo comienza la noche y cuando termina? Nosotros nos movemos dentro de lo impreciso, pero allí, dos grados al sur del Ecuador, el sol no deja margen de maniobra. La noche cae como una guillotina, sin crepúsculo, solo un ligero y casi imperceptible tambalearse del sol anuncia el final del día.”  (Bärfuss, 18)

La fuerza visual de sus imágenes, su ritmo narrativo hacen de Hundert Tage/ Cien días una novela que atrapa y se lee de corrido. Como una película. El lector más interesado por la política y los temas de actualidad encontrará en ella una historia sobre un tema candente, el envío de contingentes internacionales a las zonas de conflicto, visto desde una perspectiva diferente y polémica. El lector interesado por la historia, podrá asomarse a la de Ruanda, de alguna manera modélica para las tantas colonias europeas –en este caso belga– en el continente africano. Toda esta información, no obstante, no pesará en la lectura de quien busque simplemente el placer de una novela, la narración de una historia de ficción. Una historia de aventuras –y desventuras–, y de una iniciación más que una historia de amor, como se la ha promocionado, ya que el personaje de Agathe no es el centro ni el mejor trazado, sino más bien un hilo conductor de la narración, un espejo más –como la galería de logrados personajes secundarios– donde se refleja la dificultad de comunicación, de comprensión, el abismo entre esos dos mundos. Y esto valdrá para todo lector hispanoparlante. Aunque con diferencias de matices quizá para un lector europeo o un lector latinoamericano en lo que se refiere a temas como colonia-metrópolis y el cuestionamiento de la perspectiva central, aquí eurocéntrica.

En momentos en que en la literatura en lengua alemana proliferan las historias familiares y de reelaboración del pasado –el pasado nazi, la RDA–, Hundert Tage/ Cien días resulta una obra de temática original y de suma actualidad que se anima a la reflexión y la polémica. Con calidad literaria y –absolutamente más allá de la crítica que el autor suizo hace a su propio país– con una proyección universal.

“Los días que no estremecieron al mundo”, titularon periódicos. Hundert Tage/Cien días es una novela del falso bien, de las falsas víctimas, de la falsa inocencia, del falso caos, de la falsa apoliticidad. No es simplemente la historia de un país africano al que se ayuda, porque aquí es precisamente esa ayuda la que contribuye esencialmente a que se desarrolle esa historia. ¿Las víctimas que se alimentan en los campos de refugiados son en realidad los asesinos? No es tal el caos de la masacre: el genocidio sólo es posible con organización, con un perfecto sistema de relojería. “¿Fracasamos?”, se pregunta un personaje. “No”, responde, “fueron buenos alumnos, si no, hubiera sido imposible”.


Lukas Bärfuss

Lukas Bärfuss (1971): dramaturgo, narrador y ensayista suizo. Vive en Zurich. Uno de los más exitosos dramaturgos de lengua alemana. Sus piezas más famosas incluyen: Las neurosis sexuales de nuestros padres, El autobús, Petróleo, Mrs. Schmitz,  Julien. Rot und Schwarz.  Su primera novela fue Hundert Tage / Cien días (2008). Por Koala fue galardonado con el Premio Suizo del Libro. Hagard/ Halcón es su última novela. Todas ellas han sido publicadas en español por Adriana Hidalgo Editora. Entre sus libros de ensayos cuentan Stil und Moral (Estilo y moral), Krieg und Liebe (Guerra y amor), Die Krone der Schöpfung (La coronación de la creación). En 2019 recibió el Premio Georg Büchner, el galardón literario más importante del mundo de la lengua alemana. El jurado escribió:

«En un lenguaje claro pero a la vez enigmático su obra mezcla de forma aguda y lacónica la conciencia nerviosa de la crisis política, la capacidad del análisis social, la sensibilidad psicológica y la voluntad de verdad».


Lukas Bärfuss, Hundert Tage, Wallstein Verlag, Göttingen, Alemania, 2008.  Novela, 197 pág. 

En español con traducción de Claudia Baricco: Lukas Bärfuss, Cien días, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires/Madrid. 2009. Novela,  262 pág.

Imagen de portada: ©Wallstein Verlag- Imágenes portadas en distintos idiomas: © Adriana Hidalgo Editora – @Cossee – © Edicije Bozicevic – ©Metis – ©Norstedts – ©Ili-Ili – ©Granta – ©Riva – ©Text – ©L’Arche. Foto Lukas Bärfuss ©Bryn Roberts.

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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