El sueño de la razón

Artículo de opinión de Luis Miguel Fernández

El 25 de abril del ya lejano 1945 la primavera llegaba a Italia cargada de esperanzas. Por fin, el salvaje invasor teutónico había sido vencido y expulsado de su último reducto, las principales ciudades del norte del país. La derrota de la Wehrmacht arrastró a la república títere de Saló, cuyos máximos dirigentes fueron interceptados por partisanos al intentar huir disfrazados de soldados alemanes. La mayoría de ellos, incluido el ”Duce” Mussolini, fueron ejecutados sumariamente, y sus cadáveres expuestos a escarnio público en la plaza Loreto de Milán. El fin definitivo del régimen fascista, simbolizado en la ejecución del dictador y sus colaboradores más próximos, abría una nueva etapa para el conjunto del país, una etapa de libertades políticas y de prosperidad económica. Sin embargo, y al contrario que en la Alemania nazi, en Italia no produjo un proceso de depuración de responsabilidades con la profundidad requerida, y salvo el puñado de ejecutados en abril del 45, apenas se castigó a los responsables de haber colaborado activamente en la instauración del régimen fascista y de haber apoyado u ordenado sus numerosos crímenes. Así, es fácil de entender que ya en 1946 un grupo de antiguos miembros del Partido Fascista capitaneados por Giorgio Almirante, fundasen el Movimiento Social Italiano (MSI), que representaría parlamentariamente con mayor o menor éxito electoral a los nostálgicos del régimen fascista durante los años de la I República. El sucesor de Almirante, Gianfranco Fini, trató a partir de la década de los 90 de moderar el partido para convertirlo en una alternativa presentable de gobierno. Su proyecto, rebautizado como “Alianza Nacional”, terminó diluido entre los diferentes partidos que ahora representan a la derecha italiana.

Cúpula del Panteón en Roma.

Ahora, también un día 25, pero esta vez de septiembre, el inevitable otoño de Occidente nos trae en cambio la desesperanza y la confirmación de la degradación moral en la que se encuentran inmersas la sociedad y la política italianas desde hace décadas. La incontestable victoria del partido ultraderechista ”Fratelli d’Italia” fundado por la inefable Giorgia Meloni, antigua militante del MSI, en el año 2012, convierte en realidad política lo que ya desde hace demasiados años venían anunciando los arúspices demoscópicos, esto es, la imparable derechización  de los votantes italianos.

Pero para empezar a entender algunas claves de esta evolución de la sociedad del país transalpino debemos retroceder algunos años, en concreto hasta 1969, año en el que un joven y ambicioso licenciado en derecho construía con su empresa “Edilnord Centri Residenziali” la urbanización “Milano 2” en la localidad de Segrete, cercana a la capital de Lombardía y gran centro económico, junto con Turín, del país. Este joven empresario, de nombre Silvio Berlusconi, hijo de un gris empleado de banca, y licenciado en derecho después de 7 años en la universidad de Milán, financió sus estudios trabajando como animador y cantante en fiestas privadas y cruceros por el Mediterráneo, y en su última etapa, como agente inmobiliario. De esta forma ganó un pequeño capital y los contactos necesarios para fundar su primera empresa constructora, la antecesora de la que construiría “Milano 2”. Sin embargo, permanece todavía rodeado de un halo de misterio de dónde salió el dinero no solo para financiar la construcción de “Milano 2”, sino para la capitalización de todo el conglomerado empresarial que fue conformando Berlusconi a lo largo de los años 70. Una tupida red de testaferros, hombres de paja, sociedades fantasma y cuentas en Suiza han impedido hasta ahora a la justicia italiana aclarar este aspecto. Dado que todo apunta a que para levantar este imperio se utilizó dinero procedente de la mafia, no es esta cuestión ni mucho menos baladí, y nos ayudaría mucho a poder comprender mejor quién es realmente este personaje, que afirma, como tantos otros, “haberse hecho a sí mismo”. Lástima que la realidad triture tan fácilmente las hagiografías de los triviales y mediocres héroes de esta nuestra difícil época.

Un quiosco de Roma.

Lo que realmente nos interesa sin embargo de la actividad empresarial berlusconiana  de esta primera etapa es la creación de un canal por cable, ya que las antenas de televisión se suprimieron por resultar antiestéticas, en “Milano 2” en 1974. Este inocente canal, creado en un principio para el entretenimiento de los vecinos, será el germen de lo posteriormente sería llamado Canal 5, una vez que Berlusconi intuyó el potencial económico que albergaba aquella forma lúdica de hacer televisión.

Suelo romano.

La televisión pública italiana, la RAI, nació en los años posteriores a la II Guerra Mundial, como el resto de televisiones públicas europeas, con el noble fin de informar y hacer de núcleo difusor de conocimiento. El televisor fue visto como un medio divulgativo y formativo excelente, es decir, como una herramienta muy valiosa para que el conocimiento científico y humanista por fin fluyese de una forma barata, rápida y efectiva hacia todas las clases sociales. En el subconsciente de los creadores de las televisiones públicas de mitad de siglo estaba marcada a fuego la experiencia del periodo de entreguerras, durante el cual tan sencillo les resultó a los demagogos fascistas y nacionalsocialistas seducir a una parte importante de la población mediante la manipulación y la mentira. La intención era ahora impedir, mediante la formación política y cultural de la población, que esta situación volviera a repetirse. Por un momento pareció que el sueño ilustrado de formar y educar al pueblo para que solo se dejase guiar por la razón en la toma de decisiones políticas iba a poder convertirse en realidad.

Pero entretanto, a partir de los años 70, las élites políticas y económicas, preocupadas por la deriva de los movimientos de emancipación de la década de los 60 en todo el mundo, empezaron a ver en la televisión no solo una herramienta de entretenimiento del cual extraer pingües beneficios, sino sobre todo, un narcótico mediante el cual  prevenir posibles movimientos de protesta político-social.

Coliseo romano

Canale 5, fundada en 1980, no tardaría en tener gran éxito en Italia con su programación basada en concursos, series y shows de entretenimiento orientados a toda la familia. Pronto la empresa “Fininvest”, fundada en 1978 y dueña de Canale 5, se hará con otras televisiones privadas, y gracias a las amistades políticas de Berlusconi, el sector televisivo italiano terminará convertido en prácticamente un duopolio compartido con la RAI. A lo largo de los 80 y los 90 el boom de las televisiones privadas recorrerá toda Europa, y Finivest fundará muchas de ellas en diversos países occidentales. En los 90, el propio Berlusconi se lanzaría a la arena política, una vez desaparecida la antigua clase política italiana, engullida por un océano de corrupción, para así poder proteger su poder e intereses ya sin intermediarios.

De esta forma, se inicia en Italia la transformación cultural y de mentalidad que luego se ha ido extendiendo a gran parte del mundo. La comprensión del mundo y de la vida como mero espectáculo y entretenimiento, la fatuidad y banalidad de la propia existencia, y como consecuencia  el desprecio por todo tipo de conocimiento y formación, ya sea esta práctica o intelectual, nos lleva a un nuevo y quizá desconocido tipo de sociedad. Una sociedad donde la ética y la moral no juegan ya ningún papel importante, una sociedad en la cual la satisfacción de las necesidades personales más primarias  es lo único que cuenta, una sociedad por tanto muy egoísta y cortoplacista.

La razón, el pensamiento científico y racional, necesita de formación y educación para poder existir. Sin voluntad de aprendizaje las sociedades retroceden necesariamente a la época del mito, de la oscuridad, de las supersticiones y de las creencias. Es decir, a una etapa previa al siglo XVIII, en la cual los pilares de la sociedad eran la religión, el grupo étnico o tribu y por supuesto la familia. El trilema de “Fratelli d’Italia”, el partido de Meloni, es precisamente: “Dios, patria y familia”. Los fascismos son esencialmente movimientos irracionalistas y una reacción ante la Ilustración y los valores que ella representa, en un momento también de perdida de valores morales a causa de la tremenda catástrofe que supuso para Europa la I Guerra Mundial. En esta nueva época sin valores morales, iniciado con la gran catástrofe financiera de 2008, percibimos que en el nuevo y fatuo fascismo del siglo XXI sigue anidando la banalidad de ese mal que ya padecimos hace no tanto tiempo.

Sin palabras

El iniciador de todo esto, el viejo caimán Berlusconi, como lo bautizase el gran cineasta Nani Moretti, quedó prácticamente fuera del juego político a principios de la anterior década, debido no solo a la catastrófica situación económica italiana que él mismo, gran “gestor”, provocó, sino también a sus numerosos escándalos de índole privado. En su lujosa residencia privada de Arcore, organizaba las fiestas llamadas “Bunga-Bunga”, donde jovencísimas prostitutas eran invitadas para uso y disfrute de los poderosos ancianos allí reunidos. Una de ellas, y gracias a la cual se destaparon estas prácticas, la conocida como ”Ruby Rompecorazones”, era una muchacha de origen marroquí, cuyo padre es un humilde pescador residente en Sicilia. Inquirido por la prensa con respecto a su hija, este solo tuvo a bien contestar “mi hija está enferma de televisión”. Y este diagnóstico podría aplicarse a la sociedad italiana y por ende a la europea. Aunque bien pensado no solo estamos enfermos de televisión, sino también de banalidad, de ignorancia y de egoísmo, y ya sabemos por la experiencia del pasado que el sueño de la razón produce monstruos. Preparémonos pues, porque se acercan tiempos oscuros.

Foro de Roma

Luis Miguel Fernández López. Nacido a orillas del Pisuerga en el ya lejano año de 1976, es profesor de Historia y Lengua Española en un instituto de educación secundaria en Berlín. Apasionado de las artes, las letras y la política, escribe sesudos artículos de esta última disciplina cuando tiene ocasión.

Revista Desbandada

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