Berlín judío

Pocas ciudades tienen tanta vinculación con el mundo judío como Berlín. La inmigración judía en la ciudad viene desde antiguo, pues ya el Gran Elector Federico Guillermo permitió que, en 1671, se asentaran a orillas del Spree cincuenta adineradas familias judías provenientes de Viena, dentro de su programa general de repoblar la ciudad con comunidades industriosas y trabajadoras después de la devastación que había dejado la Guerra de los Treinta Años. Poco a poco, muchas de estas familias llegarían a tener renombre e incluso a alcanzar notoriedad gracias a destacados representantes en las finanzas, en el pensamiento o en la política. De origen judío fueron —en tiempos barrocos, ilustrados y románticos—, el famoso dramaturgo Lessing, autor de la obra de teatro Nathan el Sabio, donde trata de conciliar las tres religiones bíblicas con una trama ejemplar; el comerciante y banquero de Federico II Veiter Heine Ephraim, cuyo “palacio” se puede admirar hoy en el barrio de San Nicolás; la familia Knoblauch, con sus destacados representantes; el filósofo Moses Mendelssohn, padre de Dorothea Veit y abuelo del músico romántico Félix Mendelssohn-Bartholdy; el editor, erudito y publicista de la Ilustración Friedrich Nicolai, que daría origen a la editorial del mismo nombre; pero también muchas de las refinadas damas que dirigen los salones literarios en el cambio de siglo, como Henriette Herz o Rahel Levin. Muchos de estos alemanes provenientes de familias judías se avergonzaron de sus orígenes y, mirando hacia la brillante aristocracia de su tiempo, trataron de cambiar religión, costumbres y hasta el nombre. Sin embargo, formaron una elite privilegiada, y su número nunca resultó excesivo.

Stolpersteine de la familia Berlin, en Kreuzberg

La emigración judía masiva a Alemania se produce sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, de la mano de la vertiginosa revolución industrial que se produce en Berlín y de las muchas persecuciones y pogroms que se dan en los países del Este de Europa contra los judíos. Hay que considerar, por tanto, que la animadversión contra la etnia y la religión judía no es un asunto exclusivo de Alemania, y que el odio hacia todo lo judío se ha dado prácticamente en casi todos los países europeos desde antes de la Edad Media. En España concretamente, tuvo su punto culminante con la expulsión de los judíos sefardíes por los Reyes Católicos en 1492. Quizás las comunidades judías asentadas en los diferentes países europeos fueran en parte responsables de esta hostilidad por parte de la población, puesto que hicieron muy poco por tratar de integrarse en la cultura del país y a menudo formaban guetos cerrados con sus propias costumbres, religión y leyes. En todo caso, la penosa historia del pueblo hebreo, en su perpetuo éxodo a la búsqueda de la Tierra Prometida, alcanza su punto culminante con la persecución sufrida durante el Tercer Reich

Antes, durante la República de Weimar, se produce un florecimiento extraordinario de las Artes y las Ciencias en el que tendrán parte innumerables alemanes de origen judío. La lista es casi interminable y debería ser encabezada por el escritor postromántico Heinrich Heine, que por cierto tiene un prólogo interesantísimo a una de las mejores traducciones del Quijote al alemán. Judíos fueron el industrial Emil Rathenau, padre del escritor y político Walter Rathenau, asesinado por extremistas de derecha en 1922; el pintor impresionista Max Liebermann; los escritores Lion Feuchtwanger, autor de La Judía de Toledo, y Alfred Döblin, autor de Berlin Alexanderplatz; el filósofo y crítico marxista Walter Benjamin, que se quita la vida en Port Bou creyendo caer en manos de los nazis; Joseph Roth, que muere alcoholizado en París; Stefan Zweig, que se suicida con su mujer en Brasil; el científico y creador de la Teoría de la Relatividad Albert Einstein; el arquitecto expresionista Erich Mendelssohn; y el satírico Kurt Tucholsky, entre muchos otros.

La Casa Blanca de la comunidad judía. Pankow

La masiva inmigración de judíos yíddish provenientes de Rusia, Ucrania y Polonia forman bolsas de pobreza en torno lo que se conoce como el suburbio o arrabal de Spandau (Spandauer Vorstadt). Allí tendrán su cementerio y sus instituciones, como la Residencia de ancianos o la Escuela judía, pero allí también, en el Scheunenviertel, es donde se encontraba la mayor oferta en vicios, drogas y prostitución del Berlín, situación alimentada por la inflación galopante a principios de los años 20 y por la crisis económica provocada por la caída de la bolsa en 1929. Consecuentemente, se produce una “criminalización” de la comunidad judía, acusada —con razón o sin ella— de aprovecharse de las bajas pasiones del ciudadano berlinés. La numerosa comunidad judía de Berlín (173.000 a principios de los años veinte) se ve cada vez más acosada por un sentimiento general antisemita a finales de los años veinte y principios de los treinta, para alcanzar su punto culminante con la llegada de los nazis al poder en 1933.

Cementerio judío de Prenzlauerberg

Berlín Judío se manifiesta hoy en día en una serie de monumentos, inscripciones e instituciones que, sin embargo, se encuentran bastante dispersos en el mosaico urbano de la gran ciudad. El cementerio judío más antiguo (fundado ya en 1672) se encontraba precisamente junto a la calle Große Hamburger, pero en su lugar hay simplemente un parque: en 1943 la Gestapo destruyó por completo las tumbas, entre ellas la del filósofo ilustrado Moses Mendelssohn. Una placa conmemorativa de la Comunidad Judía de Berlín menciona el hecho, acompañada por un grupo figurativo de los artistas Willi y Mark Lammert. En 1942 la cercana Residencia de ancianos y la Escuela judía servirían como lugar de concentración para cerca de 55.000 hombres, mujeres y niños judíos de Berlín, antes de ser enviados a la estación de trenes en Grunewald, donde serían finalmente transportados en vagones de mercancía hacia los campos de exterminio. 

Topografía del Terror es una exposición permanente acerca de las actividades represivas del Servicio de Seguridad del Reich, de las SS y de la Gestapo; que precisamente tuvieron allí, en la calle Prinz Albrecht (hoy calle Niederkirchner), su sede principal. La exposición no muestra solamente el exterminio y la persecución de los judíos, sino también todo el aparato de terror construido por el régimen nacional-socialista para acabar con cualquier tipo de disidencia ideológica, racial o sexual.

Como un rayo de esperanza refulge la cúpula bizantina de la Nueva Sinagoga situada en la calle Oranienburg, no lejos de la estación de cercanías de Hackescher Markt. Reconstruida en todo su esplendor, contiene hoy en día el Centro Judaico, que dispone de salas de exposiciones, centro de documentación y de investigación sobre la vida de la comunidad judía de Berlín. La sinagoga fue construida en estilo historicista en la segunda mitad del siglo XIX, de acuerdo a los planos del arquitecto judío Eduard Knoblauch, aunque la terminaría finalmente August Stüler. El mismo Canciller del Reich, Otto von Bismarck, estaría presente en la solemne inauguración del año 1866. Con ello se pretendía poner freno a las corrientes antisemitas que ya se venían sintiendo en la sociedad alemana. La sinagoga se salvó de la destrucción en la “Noche de los cristales rotos” gracias a la intervención de un policía, pero resulto seriamente dañada en los bombardeos sobre Berlín del año 1943.

Hay que reconocer el valor de los alemanes para enfrentar su reciente Historia mediante el Museo Judío  y el Memorial del Holocausto. El primero es obra del norteamericano de origen polaco (y judío) Daniel Libeskind, el segundo del también norteamericano Peter Eisenmann. Ambos son destacados representantes del deconstructivismo, lo que queda bien patente en el original edificio de Libeskind: una estrella de David “deslavazada” que se extiende en zig-zag al lado de un simétrico palacio barroco. Con ello el arquitecto busca en la topografía dispersa del Berlín Judío una cierta “conexión” entre la cultura alemana y la cultura judía, entre Rahel Varnhagen y Friedich Schleiermacher, entre Paul Celan y Mies van der Rohe. Para acceder al Museo Judío hay que recorrer un pasadizo subterráneo desde el vecino Colegio Real de 1730, obra de Philipp Gerlach en tiempos del Rey Soldado. 

El “Memorial por los judíos asesinados de Europa” nos recuerda, con su ondulante mar de estelas y el centro de interpretación situado debajo, algunos escalofriantes datos: El Reich de los Mil Años anunciado por Hitler estuvo en guerra con 67 países y causó aproximadamente 5.700.000 víctimas judías en el Holocausto, pero no únicamente. Hubo 22 millones de muertos en la Unión soviética, 10 millones de muertos entre Alemania y Austria, 12 millones de alemanes en prisiones y campos de concentración, 5 millones de alemanes desplazados de los países del Este y más de 10 millones de personas entre prisioneros de guerra, trabajadores forzados y prisioneros políticos en Alemania.

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Juan Pedro Ledesma

Germanista, traductor y publicista: juanpedro@arcor.de

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