"¿Perdón? ¿Hemos abierto el muro? ¡Eso no puede ser! ¡Nosotros somos el muro!"

Hace 28 años, mientras caía el Muro de Berlín, Jan Steffen dormía plácidamente. Y sin embargo, fue protagonista y testigo directo del hito histórico que cambiaría las reglas de juego en el tablero internacional: era nada menos que un soldado al lado oriental de la capital dividida. Un joven que fue al Muro para poder estudiar Derecho.


La Historia nos marca, dependiendo de la época, el lugar y la perspectiva vivida. Nos encontramos con un antiguo conocido en el parque comunal más antiguo de Berlín, el Volkspark Friedrichshain.

En un Biergarten al más puro estilo años 70, aunque renovado, en el tejado de la cafetería escrito el nombre, un cartel para cada letra, un conjunto separado. Él es berlinés, nacido en la zona oriental, en los turbios años 60 de la antigua RDA.

Revista Desbandada: Como adulto, ¿qué recuerdos tienes de tu infancia?

Jan Steffen: En general, la infancia siempre es una época de felicidad y alegría, las ideologías no tienen cabida, pero está claro que tanto las clases como la FDJ estaban fuertemente influenciadas por la ideología comunista. Los profesores lo apoyaban y la relación alumno-profesor se veía cohibida por estas influencias. Visitábamos cuarteles o campos de concentración, la ideología estaba integrada; por ejemplo, los problemas de resolución matemática tenían un trasfondo militar, pero esto para nosotros era normal. En la Jungendweihe [la consagración de la juventud, es una ceremonia laica de iniciación de los jóvenes sobre los 14 años de edad] lo importante para nosotros eran más que nada los regalos.

RD: ¿Qué ocurría después de la Selectividad?

J.S.: Todo estaba desde hacía tiempo ya organizado, muy centralista. Había todo un procedimiento para acceder a poder solicitar la carrera, yo quería estudiar Derecho, algo que hoy día me suena totalmente absurdo. Después de la Selectividad comenzaba el servicio militar, de 18 meses.

Había muchos profesores que nos intentaban convencer para que estudiásemos lo que tenían previsto en su “plan”; muchos jóvenes cedían y por tanto no estudiaban lo que a ellos les interesase, sino lo que los profesores les proponían. Sólo había dos alternativas, o hacías lo que ellos te “recomendaban” y menos tiempo de servicio militar o lo que tu querías pero con un servicio militar más largo y duro. Leí hace unos años que casi el 80% de los jóvenes aceptaron estas “recomendaciones”.

El compromiso de palabra consistía en que, si el estado te financiaba unos estudios elegidos libremente por ti, entonces estabas también predispuesto y preparado para devolver el favor al estado, de manera más concreta, debías estar preparado para hacer tres años de servicio militar en vez de 18 meses. Este fue mi caso.

RD: ¿Podría haber sido sólo manipulación?

J.S.: No teníamos ningún tipo de seguridad, por eso nos dejábamos manipular. Yo me dije a mí mismo, da igual, lo hago. Da igual cómo. Todos los demás lo hacen, era solo seguir la dinámica de grupo que ya se había creado, no era algo raro ni extraño. Mi servicio militar debía durar desde 1988 a 1991, pero fue hasta el 1989, por la caída del muro.

Textil decorativo con imágenes de soldados frente a la Puerta de Brandemburgo

RD: ¿Qué tarea desempeñaste en el muro?

J.S.: Después del llamado Vergatterungsbefehl, un tipo de juramento, íbamos con los coches a Potsdam, hasta la frontera del muro. Desde allí llamábamos a los soldados que acaban su turno, los nuevos soldados comenzaban, subían a las torres, todo esto duraba una media hora. Pocas veces tuve que estar en una torre, yo estaba en las patrullas, es decir, iba de torre en torre, volviendo a explicar con mucho detalle qué es lo que cada uno debía de hacer. Cuando me tocó de servicio en una torre, estuve ahí sentado controlando desde la ventana. Llevábamos un kalashnikov.

RD: ¿Y tu familia, qué pensaba acerca de hacer tres años en vez de 18 meses para poder acceder a los estudios de Derecho?

JS: Lo más grave y por lo que todos estábamos preocupados era por la orden de disparo. Estuve de vacaciones unos días en casa de mis padres, les parecía una mierda que tuviera que pasar por ello, dar consejos en esa situación era imposible, lo más importante era que saliese sin ningún tipo de culpa moral. La gente no lo veía como si estuviese a favor de la RDA, sino como algo por lo que había que pasar, había mucha compasión.

RD: ¿Disparaste?

J.S.: Por suerte no me vi en la horrible situación de tener que hacerlo, hubo compañeros que sí. Durante la formación recibimos ideología pura, había momentos en los que podías hasta justificar la orden de disparar, nos habían lavado el cerebro. Si hubiese estado en tal situación de estrés, no sé si habría hecho lo que “debía” hacer. Nos repetían constantemente: “lo primordial es que no haya ninguna huida”. Tenía compañeros que lo justificaban, si el fugitivo lo consigue y no disparas, te jode la vida, y el otro se salva. Era una lucha.

Entre nosotros casi nadie hablaba, el ambiente era lo más alejado de la confianza. No te puedo decir qué hubiese hecho, no sé cómo habría reaccionado.

Documento de Jan Steffen con reconocimiento a “altos méritos” en el ejército de la RDA

RD: Con adjetivos, ¿puedes describirnos aquellos recuerdos y sentimientos?

J.S. Esta es una pregunta que nunca me habían hecho, pero que es muy bonita. ¿Sonidos? Silencioso. Silencio. Había ruidos pero eran amortiguados por el muro, los sonidos no se oían de manera directa. Naturaleza, claro, bosque, bosque, bosque, crujido de la madera, de los animales en el bosque, daba igual si era durante el día o por la noche. Por la noche la luz de las farolas. Olores, el típico olor del bosque de Brandenburgo, a pino. ¿Tacto? quizás cómo chirriaba cuando abrías la puerta de metal de la torre; y obviamente recuerdo cómo era el sostener el kalashnikov.

RD: ¿Y la noche de la caída del muro?

J.S.: La noche de la caída del muro teníamos servicio hasta por la noche y al día siguiente de nuevo. Después de dormir dos horas nos levantó la alarma. No podía ser, al día siguiente teníamos servicio, la alarma debía ser algo importante. Todavía no habíamos oído nada de la apertura del muro. El muro se abrió a las once y media, a las once estábamos en la cama.

Teníamos radios, aunque fuese un poco ilegal, deberíamos haber oído desde hacía ya tiempo en las noticias sobre la rueda de prensa, pero no sé por qué no oímos nada. Probablemente escuchábamos una emisora privada de Berlin del oeste, sin muchas noticias. Esa noche en la radio daba igual qué emisora escucháramos, siempre el descorchar botellas de champán y gente alegre, gritos de júbilo. Uno de nosotros dijo, ¡déjalo ya en cualquier canal! Y escuchamos: “¡Escenas increíbles desde que ayer por la noche la RDA abrió el muro!”. “¿Perdón? ¿Hemos abierto el muro? ¡Eso no puede ser! ¡Nosotros somos el muro!”. Teníamos que seguir yendo a las patrullas, decían: los negocios son negocios, todo se queda como está.

Pequeña insignia que llevaban en el traje durante el servicio militar

RD: Si pudieses volver a aquel entonces, ¿habrías hecho las cosas de otra manera?

J.S.: He pensado mucho sobre esto, en si no fui muy oportunista, porque siempre tuve que aceptar muchas cosas. Acepté que que no iba a hacer 18 meses, sino tres años. Entonces intenté, ya que iban a ser tres años, quedarme como formador en la preparación militar, pero eso también fue una negativa por su parte, tenía que ir sí o sí de servicio militar al muro.

Me dijeron que podría hacer otro servicio si me afiliaba al SED (Partido Socialista Unificado de Alemania), pero yo no quería aceptar ese tipo de compromiso. La única posibilidad era ir al muro, me dije a mí mismo: “bueno, ya encontraré una salida.” Yo no pensé en eso, pero claro, años después, cuando tienes otros valores morales y piensas de manera distinta a entonces, cuando solo tenía 20 años, hubiese hecho las cosas de otra manera. Hubiese sido mucho más sincero conmigo mismo y cuando me hubiesen propuesto ir al muro, hubiese contestado: “¿Cómo? ¿Al muro de Berlín? No, no lo hago.” Me hubiesen dicho que no podría estudiar Derecho y yo les hubiese contestado: “Me da igual”.

De esta manera se hace una oposición, pero en aquel momento cuando yo debía ir al servicio militar, la RDA era todavía lo suficientemente estable como para poder negarse, pensé que si me negaba iba a tener consecuencias futuras. Todos los demás lo hicieron igual que yo.

Ahora, con el paso de los años, lo vuelvo a pensar y creo que si me hubiese negado, habría encontrado igualmente otras alternativas. Habría sido mucho más improbable que algo malo hubiese pasado de lo que yo podría haber pensado en aquellos momentos. Con esa edad no tienes ni seguridad ni estabilidad para poder oponerte de tal manera, decir que no, y no hacerlo.

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