De Stuttgart a Barcelona: por qué publicamos una rana desafinada en seis lenguas

Un cuento infantil ilustrado que habla de la autoestima, la amistad y la confianza en uno mismo. Ideal para niños y niñas a partir de 4 años. Inspirado en una sensibilidad cercana a la pedagogía Waldorf. Mario Salomé, director de la editorial independiente Hasselberg Books de Madrid, nos lo presenta y reflexiona sobre la literatura inclusiva. Compartimos también un anticipo del libro.

Una rana que no sabe croar y un grillo que no sabe afinar se encuentran junto a un castaño enorme, una noche de luna llena, y en vez de corregirse el uno al otro, cantan juntos. De ahí sale una canción nueva –Cra, cra, cra, ro, ro, ro– que no se parece a nada que hubieran cantado por separado. Esa es toda la trama de La rana Ana y el grillo Tomasillo. Cuando decidimos en Hasselberg Books publicarlo, sabíamos que estábamos apostando por un cuento sencillo. No sabíamos todavía que estábamos apostando también por toda una manera de entender nuestro oficio.

En un principio, cuando debatíamos el título del libro con la autora, pensamos precisamente en el nombre de la canción, «Cra, cra, cra «. Enseguida caímos en la cuenta de que así eliminaríamos al coprotagonista de la aventura, y de paso estaríamos opacando el sentido particular que la autora había querido darle a todo el cuento. Preferimos respetar la misma filosofía de libertad que subyace en la creación y en el propio proceso de publicación de esta pequeña historia.

Somos una editorial pequeña, y eso, en este negocio, significa sobre todo una cosa: no podemos permitirnos publicar sin criterio. No tenemos el margen para sacar cien títulos al año y ver cuáles funcionan. Cada libro que entra en nuestro catálogo tiene que responder a dos preguntas que nos hacemos en cada reunión: ¿por qué este? y ¿por qué ahora? Con La rana Ana y el grillo Tomasillo  la respuesta llegó, en realidad, antes de terminar la primera lectura del manuscrito.

Conviene decir quién firma este cuento, porque no es un dato accesorio para lo que viene después. Patricia Araújo Marcote, la autora, es docente en filosofía y cursó estudios como «Hegel: el acceso al saber», sobre fenomenología y estética y  «El arte alemán: encuentro, sintonía y ruptura entre Nietzsche y Wagner». Cuando más adelante hablemos de Goethe o del idealismo alemán no será un barniz que le hayamos puesto nosotros desde la editorial a un cuento de ranas: es la formación de quien lo escribió, que se nota en una frase que vuelve una y otra vez, en un castaño, en una luna que canta. Las ilustraciones pertenecen a su hija de once años, que aprendió a dibujar antes que a leer –un detalle que, si el resto de este artículo tiene algún sentido, no hace falta que expliquemos por qué nos parece el más Waldorf de todos.

El cuento no explica nada. Ana no croa bien; punto, sin diagnóstico ni discurso. Tomasillo desafina; punto, sin lección sobre la discapacidad. Cuando el padre de Ana la rechaza y, horas después, al ver lo que su hija ha creado junto a Tomasillo y cómo todos lo celebran, se avergüenza de sí mismo y la abraza, no hay una voz narradora que le diga al niño lector qué debe sentir. Esa confianza en que el lector entienda sin que se lo expliquen es, para nosotros como editorial, un criterio casi tan importante como la calidad de la prosa: rechazamos sistemáticamente los cuentos «inclusivos» que funcionan como panfletos ilustrados. Preferimos los que muestran y callan. Y no es casualidad que esa forma de callar tenga nombre y apellido: Rudolf Steiner, heredero de esa mirada goethiana que prefiere observar cómo cambia una planta antes que definirla, y de una idea, más romántica que académica, de que la libertad del individuo se cultiva y no se impone. Nosotros no citamos nada de esto en la ficha del libro, pero sus ideas subyacen en el texto.

Hay una decisión editorial en este proyecto que nos costó más explicar de puertas afuera que la elección del propio texto: publicarlo en castellano, inglés, gallego y catalán, con el francés y el alemán ya en marcha. Desde fuera, a veces nos preguntan si tiene sentido comercial editar en gallego un libro que ya existe en castellano. La respuesta honesta es que no lo tiene, si medimos sentido en cifras de venta. Lo tiene si medimos sentido en coherencia: no íbamos a publicar un cuento que defiende el respeto al entorno concreto del niño y luego negarle a ese mismo niño su propia lengua. Un lector gallego que recibe a Ana en gallego no está leyendo una traducción secundaria; está leyendo el cuento en el único idioma en que ese cuento es completamente suyo. Eso es, para nosotros, bibliodiversidad: no una palabra de catálogo de subvención, sino la convicción de que sostener lenguas pequeñas –y editoriales pequeñas– es parte del trabajo, no un añadido simpático.

Hay una decisión más en la que llevamos más tiempo del habitual, y de la que estamos particularmente orgullosos: la traducción al alemán. No la vivimos como «exportar» un producto editorial mediterráneo a un mercado nuevo, ni tampoco como una vuelta a casa con sabor sentimental. Lo que nos pasó fue algo más modesto y, la verdad, algo que no vimos venir: al trabajar las traducciones al gallego, al catalán, al inglés, nos dimos cuenta de que ninguna frase del cuento se resistía a la lengua de llegada, ninguna sonaba forzada ni importada; encajaban como si llevaran un siglo esperando ahí. Fue entonces cuando caímos en algo que, dicho así, parece obvio, pero que no habíamos pensado hasta ese momento con estas palabras: la filosofía de Steiner nunca perteneció solo a Alemania. Se extendió por media Europa, se tradujo a decenas de lenguas y sistemas educativos, y cien años después sigue viva, sospechamos, precisamente porque dejó de ser un asunto local en cuanto salió de Stuttgart.

Por eso, cuando llegue el turno del alemán, no lo viviremos como una traducción más entre otras, sino como la prueba de algo que ya sospechábamos: que esas ideas tienen tanto sentido leídas en gallego como en la lengua en que Steiner las pensó por primera vez.

Somos conscientes de que Waldorf arrastra también sus propias sombras y sus propios debates –la antroposofía que hay detrás no es unánimemente aceptada, ni siquiera en Alemania– y de que publicar en seis lenguas puede leerse, con razón, como un gesto que también nos beneficia a nosotros como sello. No pretendemos ser los únicos que hacen bien las cosas en un mercado que en general no las hace. Simplemente creemos que, hechas las cuentas, esta es la forma de publicar con la que podemos vivir.

Publicar en cuatro lenguas –camino de seis– cuesta más de lo que se recupera en la mayoría de los casos, y cualquier hoja de cálculo lo diría con claridad; también sabemos que ese mismo cálculo es el que ha ido vaciando de diversidad el mercado editorial infantil en las últimas décadas. Nosotros preferimos estar del otro lado, aunque el balance nos lo recuerde cada trimestre.

No sabemos si dentro de cien años seguiremos hablando de Waldorf, ni si el catálogo que estamos construyendo ahora tendrá sentido para quien lo mire entonces. Lo que sí sabemos es que cada vez que decidimos sacar un libro en una lengua más, lo hacemos sin tener del todo claro si es una convicción o una obstinación.


Hasselberg Books

es una editorial independiente de Madrid en busca de libros que piensan, sueñan y a veces muerden. Comprometida con la sostenibilidad editorial, trabaja con impresión bajo demanda (POD) y formatos accesibles para democratizar el acceso a la cultura.

© Hasselberg Books 2023

PATRICIA ARAÚJO MARCOTE

es una escritora y docente con formación en Filosofía comprometida con la literatura infantil como herramienta de transformación social. Ha participado en proyectos de mediación lectora y creación colectiva. La rana Ana y el grillo Tomasillo es su primera publicación con el sello Boboscho.

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