Portal Sur, Artes Vivas es un colectivo de mujeres latinoamericanas residentes en Europa (Berlín y Lisboa) que presentan su primer montaje teatral en el ACUD Theater el sábado 11.07 y el domingo 11.07. Hemos hablado con las cuatro integrantes del grupo para conocer el colectivo y cómo surgió esta puesta escena, sobre los procesos creativos y el significado que le han querido dar al texto, que se resumen bien en la cita de Rosmary que encabeza la entrevista.
La guerra salpica a todos y nos duele a todos.
Rosmery Schoenborn Valencia
Estamos con el colectivo Portal Sur, Artes Vivas, que presenta la obra de teatro Transmigración (Los lobos no van a la guerra), en el teatro ACUD el 11 y 12 de julio. Vamos a conocer al colectivo y vamos a hablar de la obra. Me gustaría pedirles que se presenten.
ROSMERY. Mi nombre es Rosmery Schoenborn Valencia. Yo soy colombiana, de la ciudad de Cali. Vivo hace 20 años en Alemania, soy actriz y pedagoga de teatro, gestora cultural, y en la obra, soy la directora y también actúo.
NATALIE. Yo soy Natalie Florez, no soy ni de aquí ni de allá. Mi mamá es mexicana, mi papá es colombiano y yo nací en Estados Unidos. Llevo ya siete años en Alemania. Soy también actriz, profesora de inglés de profesión, también hago un poco de producción con video y fotografía, y en la obra actúo y hacemos entre todas producción.
MARINA. Bueno, mi nombre es Marina Candolino, y yo vengo del sur, bien al sur de América, vengo de Argentina. Nací en Mendoza y trabajé mayoritariamente como actriz y también docente teatral en Mendoza y en Buenos Aires. Y ahora resido en Berlín hace siete años. Y además de la actuación y la pedagogía, me he involucrado cada vez más en el mundo de la performance y la dirección. En la obra actúo y hago asistencia de dirección.
SANDRA. Yo soy Sandra Camacho, soy colombiana de Bogotá. Vivo hace ocho años ya en Portugal. Soy antropóloga, actriz y música. En la obra hice todo el diseño sonoro de la música y también actúo. Ahora estoy en Portugal, y en Berlín la próxima semana para las funciones. Ya nos presentamos en Portugal, en junio, estuvo muy bien, vinieron todas ellas desde Berlín, esa vez estaba yo de local, de anfitriona. Nos presentamos en Sintra en el teatro Chão de Oliva.

¿Cómo apareció el colectivo? ¿Es un colectivo? ¿Es una asociación? ¿Cómo le llaman?
ROSMERY. En este momento somos un colectivo, Portal Sur, Artes Vivas. Yo tengo varios años ya trabajando en trabajo comunitario, y mucho con la diáspora colombiana, y también latinoamericana. Hace algunos años hice un proceso artístico a través de pedagogías de paz, y trabajé el tema de la paz. Después de eso, tuve la idea de hacer algo más. Ya se experimentó la paz, para experimentar la paz tú tienes que pasar por tus lados oscuros también. Y dije, “bueno, sería muy interesante montar una obra sobre la guerra”, y busqué algunos textos. Dio la casualidad de encontrarme con el texto de Carlos Enrique Lozano, que fue maestro mío en la Universidad. Él es vallecaucano también, de la parte de donde yo vengo. Me gustó el texto. A partir de eso, empecé a convocar a mis compañeras que están aquí, que fui conociendo en espacios independientes del arte. Les dije, “bueno, hay una opción de montar una obra y la idea es que lo hagamos híbridamente”, porque conocí a Sandra en Portugal y me encantó lo que ella hacía, ya yo venía con lo de la pandemia también haciendo trabajos híbridos, aprendiendo cómo se hacía y cómo se podía trabajar a través de internet. Ellas leyeron el texto, les gustó, y empezamos esta experiencia y también como la experimentación de que iba a ser nuestro trabajo. Así fue la forma en que nos fuimos uniendo y nuestras primeras reuniones siempre fueron una vez a la semana online. Después de eso ya vinieron las residencias, porque el mismo proceso nos llevó a estar juntas en el escenario.
Entiendo, entonces, que el colectivo se formó para montar la obra. En realidad sería más una compañía de teatro que un colectivo migrante, por decirlo de alguna forma.
ROSMERY. Justamente estábamos reflexionando sobre eso, porque la necesidad de volvernos un colectivo también venía de la búsqueda de los recursos, nos dimos cuenta de que teníamos que tener un nombre, y ahí llegó la pregunta “¿Qué somos?”. Mi trabajo siempre ha sido comunitario y colectivo, yo decía que es una producción de todas, aquí no hay una jerarquía, sino que todas estamos haciendo lo que sabemos hacer y lo compartimos entre todas, y de ahí mismo nace cada escena de la obra. Entonces, por ahora somos un colectivo de mujeres latinoamericanas que hacemos teatro en español con subtítulos en cualquier idioma del mundo.
¿Y los subtítulos en Berlín serán en alemán, o serán en alemán y en portugués?
En alemán. La traducción es de Darinka Ezeta, actriz mexicana residente en Berlín, y portavoz.

¿Cuál es el aporte de cada una al colectivo y a la obra?
NATALIE. Rosmery me invitó como actriz, pero todas traemos también un poquito de experiencia de otras cosas. Como ya mencioné antes, todas hacemos producción, pero en ese entonces, cuando Rosmery y yo nos conocimos era a finales de la pandemia, y yo estaba haciendo producción con un performance en el que se trabajaba también en línea, era híbrido. A Rosmery eso le llamó la atención, que yo tuviera experiencia en trabajar híbridamente.
SANDRA. Soy la única que está en Portugal. En algún momento hubo también otras participantes desde Portugal, pero ahora soy la única. A mí me invita Rosemary a esta cosa que parecía un poco una locura, que era hacerle la música a esta obra. Estamos lejísimos, estamos a tres horas y media en avión, pero yo leí la obra, me pareció absolutamente maravillosa, y también la propuesta de trabajo que se iba a hacer, que no era una compañía que te dice “Te voy a pedir que me hagas esta música y este diseño y esto, y que participes en la investigación”, sino que era un encuentro humano entre mujeres que somos migrantes, vamos a encontrarnos alrededor de una excusa, de alguna manera, que es esta obra, y vamos a trabajar sobre esto. Entonces, empiezo yo a hacer la música, unas canciones para esto. Luego se amplía al diseño sonoro en general de la obra. Y por la misma dinámica del grupo, que era online, yo hacía propuestas acá desde Portugal, y para poder como proponer cosas desde la música, en algún momento propuse movimiento del cuerpo, y terminé también actuando. Yo también soy actriz de la obra, pero, bueno, en principio el aporte era organizar, más que componer, todo el sonido que viene de estas mujeres.
SANDRA. Hay un par de canciones, un par de composiciones con letra y música, que salieron del trabajo con ellas, no fui yo que me senté a componer algo, sino que en el trabajo colectivo con ellas, en el contacto con ellas, fuera físico, en las residencias, u online, me iba surgiendo e iban saliendo inevitablemente estas canciones. Yo fui, digamos, un canal para que esto sucediera. El resto del ambiente sonoro de la obra reúne todos los sonidos emitidos por nosotras en distintos contextos, en algunos talleres de la obra que dirigí yo, en otros momentos en los que prendíamos el micrófono. Así que todos los sonidos de la obra son emitidos, digamos, por nosotras en diferentes contextos. Sí, yo fui la médium, digamos que no compuse nada, solo fui el canal para poder entregar, digamos, toda esta maravilla que está sucediendo en todo el proceso de investigación de la obra, en todo este proceso, y que la voz también expresa, no es necesariamente un canto afinadísimo, sino todo esto que expresa, yo lo reúno y vengo y lo podemos mostrar.

Me recuerda al tipo de trabajo que hace en Berlín el grupo de mujeres que se llama Aquí Theater, con Lorena Valdenegro.
SANDRA. Más que la biografía era el encuentro de nosotras, y sólo de nosotras, al encontrarse todo lo que trae cada una, lo que produce un alma a la otra.
MARINA. Inicialmente empecé desde el rol de la actuación. Lo interesante que tiene nuestro modo de trabajo, que agrego a lo que ya venía hablando Sandra, es que parte de encontrarnos con el material desde una pregunta que nos ha hecho Rosmary en su momento en algún taller que ella dio sobre cómo encontrar un puente entre nosotras y ese material con el que vamos a trabajar. Todo esto que estoy tratando de decir tiene que ver con ponerle palabras a algo a lo que quizás no le puedo poner palabras, porque siento que cuando una habla de actuación a veces se acota mucho y quizás es como un marco. No fue de un modo tradicional como yo siento que me involucré con la obra. Mi manera de trabajar es que me empiezo a desplegar. Empiezo a pensar la obra desde diferentes aspectos. Esa manera desembocó naturalmente en que yo terminé asumiendo este otro rol, al que pusimos el nombre de asistencia de dirección. Estuve ahí aportando, a veces, desde afuera, con la mirada. Quería agregar una cuestión a lo que estaban hablando de la música, y ahora ves que me paso hacia otros lenguajes, pero tiene que ver también con cómo trabajamos. No es que a Sandra se le encarga la música para tal escena. No, esa no es la manera en la que nosotras trabajamos, sino que ella trabaja en la obra desde su lenguaje, que es el musical, y desde ese lenguaje ella empieza a habitar la escena y habitar la obra de teatro. Entonces, creo que ha tenido que ver mucho con la idea de hablar cada una su idioma, con que cada una pueda estar ahí muy parada y nutrir este proyecto.
¿Y cómo lo definirías tu propio lenguaje actoral?
MARINA. Creo que es una mezcla de diferentes lenguajes.Los que me han formado a mí como actriz y a los cuales me enfrento a la hora de crear. Sin duda he estado muy atravesada por el teatro más bien experimental, por el cruce de lenguajes. Si bien tengo, por un lado, una formación más clásica, pues mi base fue, digamos, más académica, después siempre estuve muy involucrada con corrientes más alternativas que han surgido en Argentina, que tienen que ver con el teatro independiente o con el teatro off.
En ustedes hayan confluido al menos dos tradiciones teatrales fuertes en Latinoamérica como son la argentina y la colombiana, la primera más experimental y la segunda más de texto. ¿Han podido combinar esas dos tradiciones teatrales?
MARINA. No hemos tenido tantas discusiones de ese tipo, pero yo sí lo puedo percibir, digamos, no sé qué dicen mis compañeras, desde mi mirada más local, pensándome desde Argentina. A veces sentía que las maneras de encarar la creación, en algunas cuestiones, me mostraban esas diferencias. Sin embargo, no creo que sean tan grandes, siento que fuimos complementando nuestras miradas.
NATALIE. Como Sandra ya lo comentó. La forma en que trabajamos se dio desde el principio, más que todo por estas residencias y talleres que nosotras hicimos, cada una nutría la obra. Por ejemplo, a cada quien le tocaba una escena de la obra y uno tenía la libertad de trabajar esa escena como uno quisiera, trayendo ideas de aquí y de allá. Una de mis escenas fue una del soldado, y mi propuesta fue hacer un calentamiento teatral. Hice ejercicios teatrales, pues de eso venía yo, hacer imágenes, quería que trabajáramos con nuestro cuerpo. Después les repartí un texto que no tenía nada que ver con la obra para traer un poco de emoción o de otras ideas, quizá de otros soldados o de otras madres con hijos soldados, por ejemplo, eso es lo que yo pensaba que necesitábamos para esa escena. Al último cerré con unos minutos en que cada quien, aparte, iba y trabajaba su idea, y traía una propuesta sobre eso que acabábamos de trabajar. Ellas no habían leído el texto de esa escena en específico, sino el texto que yo les había dado, y de ahí nació mucho de la escena del soldado visualmente, cómo se iba a ver, con Marina, en qué parte del escenario, con qué objetos. O sea, tuvimos un borrador sobre todo, a eso me refiero. De ese mismo trabajó salió también una canción, yo pedí que hicieran una especie de monólogo, o más bien mi idea era que saliera una especie de monólogo. Sandra hizo una canción que es hermosa, y que también se incluyó en la obra, y que al final todas cantamos. La obra es una mezcla de todas, del trabajo que hemos traído de nuestra experiencia, y de lo que se armó dentro de estos encuentros y talleres que nosotras hicimos.
Da la sensación de que para esa escena tú eras la directora, o la médium.
NATALIE. Sí como la médium, y después todo fue creciendo, fueron entrando nuestras miradas y se habló muchísimo, teníamos muchos encuentros reflexivos, más que todo cuando nos encontramos en línea. Hubo mucha discusión porque teníamos que aprovechar el tiempo. Por ejemplo, qué significa para nosotras la guerra, recordando siempre el significado de la palabra transmigración. En estos encuentros podíamos dibujar un poco cómo iba a ser la escena, pero más bien reflexionábamos mucho desde donde nosotras veníamos, aportando a la obra, o qué significaba para nosotras la guerra o la paz. Y de ahí, pues es difícil decir que alguien dirigió cierta escena, pues obviamente Rosmery es la que lleva la visión global, y luego viene Marina, que también tiene otra experiencia dentro de la pedagogía, pero Sandra y yo también aportamos bastante.
SANDRA. Necesitamos que alguien nos diga que no, a veces, también, ¿no? Rosmery tenía el trabajo de decirnos que no.

¿Cuánto dura la obra?
ROSMERY. La obra dura 80 minutos. Cuando hago el primer trabajo de este tipo que se llamaba “La Paz por dentro, La Paz por fuera”, y trabajé con 10 personas latinoamericanas, hicimos un collage de performance donde la gente iba creando la búsqueda de una conciliación, interna o externa, para experimentar un proceso de paz desde dentro del mismo montaje de la propuesta experimental. Entonces, cuando llego yo a mis compañeras de trabajo y les hago la propuesta inicial, les digo que la obra solo puede existir a través del conocimiento, del amor, la pasión y la necesidad de cada una de nosotras. De ahí viene también la propuesta de que cada una escogiera una escena de la obra y a través de esa escena hiciera un taller con sus conocimientos, y de ahí empezaron a nacer las escenas de la obra. La música, y todo lo que está ahí viene de nuestro mismo aprendizaje en la vida como artistas reflejado a través de lo que nos inspiraba la obra, que era literalmente atravesar la guerra. Les pedía el disfrute y el respeto al trabajo, ya que no ha habido presupuesto, ha sido una inversión nuestra, privada. Por eso el poder disfrutar de lo que se hace, que es al final un lujo que podamos hacer nosotras teatro. Y entonces venía yo de unos estudios decoloniales, en un diplomado. Yo venía muchos años tratando de hacer este montaje, preguntándome “¿Cuál es la manera más digna de hacer un montaje sobre la guerra en tiempos de guerra?” Pensaba que somos cuatro mujeres blancas, todas vivimos en Europa, ninguna de nosotras es víctima directa del conflicto armado, o de los conflictos internos de los países de donde venimos, pero la guerra salpica a todos y nos duele a todos. Desde ahí nosotras podíamos contarle al mundo con esta obra que es muy hermosa y nostálgica, que sí, que nos interesa hablar de la guerra, que también queremos la paz, y que de esa forma nosotras podemos aportar, porque es muy fácil pedir la paz, pero es muy difícil aportar cuando te estás peleando con tu pareja, cuando te estás peleando contigo misma, hasta con tu propio cuerpo. Entonces, había que empezar haciendo esas preguntas dentro del mismo montaje, eso nos hizo vivenciar de una forma muy digna el dolor de lo que significa ser víctima de la guerra. Dijimos que tiene que ser para nosotras y tiene que ser que cada cosa que hagamos lo hicimos nosotras, porque todas tenemos las mismas capacidades. Yo sí tenía una visión y una idea de lo que, para mí, debería haber sido la escena, que era una propuesta muy minimalista, entre menos cosas carguemos, más liviano nos vamos también. Así que muy pocas cosas en el escenario, no quería tener una trasescena, sino que quería que todo pasara ahí, eso ya era un reto y había muchas preguntas, pero yo quise transmitir el poder que tiene confiar en lo que nosotras amamos y sabemos que es hacer arte. Creo que ha sido uno de los soportes de nuestro trabajo. Nosotras llevamos tres años montando esta obra. Ha sido un trabajo enorme de investigación, para mí casi es un doctorado, cada escena fue profundamente estudiada, valorada, amada, llorada, sufrida, y nos ha costado, igual, El proceso de creación combinó trabajo híbrido con encuentros presenciales en ocho residencias artísticas. En cada residencia desarrollamos la obra a través de talleres y sesiones de trabajo. Todo el proceso, incluidas las residencias y los desplazamientos, ha sido financiado íntegramente por nosotras.
Entiendo, Rosmery, que la palabra guerra tiene un sentido más existencialista que el sentido político del momento actual que estamos viviendo.
ROSMERY. Sí, en este caso investigamos lo que pasa realmente en la guerra. Es un caso real que hacemos nuestro. ¿Por qué Rosmery tiene la necesidad de hablar de un tema tan doloroso, si yo no tengo la necesidad? O sea, yo estoy bien, vivo en Berlín, puedo hacer arte, podría hacer también una comedia, ¿no? Pero hay esa pregunta existencial, como dices tú, ¿por qué hay dentro de mí la necesidad de hablar de este tema? También estoy involucrada políticamente, porque también necesito decir las cosas desde lo que yo puedo hacer y, en este caso, pues es el teatro.
Tengo la sensación de que, en las circunstancias actuales, se va a interpretar como una referencia a la guerra en la que está el planeta involucrado en este momento, y no tanto en un sentido más biográfico, que es el que ustedes le han intentado dar. Quizá hay una especie de desajuste entre lo que quieren presentar, y la interpretación.
MARINA. Yo siento, a medida que ustedes hablan, que ahí también reside un valor de este texto que es como una matriz que llega a nosotras, y, en mi caso, creo que en el de todas, nos cala muy hondo. Creo que el valor que tiene la obra es ese lenguaje más bien metafórico, simbólico casi, que en el contexto mundial quizás nos está faltando. ¿Qué tan necesario es hablar tan literalmente sobre una guerra que hoy en día es obscena tal y como se nos muestra ante nuestros ojos? Estamos hiperinformadas. Y bueno, nuestro lenguaje es este, nuestro lenguaje tiene que ver más con que el texto me interpele. El primer acercamiento sobre esta temática tuvo que ver con este texto. Si yo me preguntaba “Marina, ¿querés hablar sobre la guerra?», en una pregunta abstracta, quizás yo respondía que no, pero cuando leí ese texto sentí que podía atravesar a cualquier persona, y en ese sentido sí creo que es algo existencial. Yo creo que es un texto que tiene esa belleza.

Quería preguntar, en este sentido, a Sandra si ves una diferencia entre la manera como ellas se enfrentan a la guerra y a la migración, viviendo en Berlín, y tu manera, estando en Portugal. ¿Tú has visto una diferencia en el tratamiento de la obra de ellas frente al que haces tú, desde tu experiencia migratoria? En Berlín las referencias a la guerra están en cada esquina.
SANDRA. Sí, acá, digamos, el ambiente es más “mar y sardinas y tudo bem”. Yo viví en Berlín, hace muchos años, mi esposo es colombiano de origen alemán, y he estado siempre muy conectada a Berlín, hasta se me hace muy gracioso que en un momento de mi vida las opciones eran “O te vas a Berlín, o te vas a Lisboa”. Y decidí Lisboa pero terminé trabajando en Berlín igual. Entonces, creo que entiendo la diferencia que estás planteando entre, digamos, como se vive el ambiente de guerra en Berlín específicamente, que además es una ciudad cicatrizada por la guerra, por donde vas viendo también las cicatrices de conflictos antiguos. Pero no he sentido esa diferencia dentro del colectivo, entre ellas y yo. Creo que nos ha hecho muy bien cuando venimos aquí, al campo portugués, a hacer nuestra residencia, y estamos muy lejos de todo en un lugar muy abstraído, así como también nos hace mucho bien, aunque también me cansa un poco, eso tengo que decirlo, estar en el centro de Berlín y salir y encontrar gente y hay una manifestación y vamos a cenar y ahí llegan dieciséis policías porque alguna cosa pasó y todo este ambiente. Creo que eso nutre, pero dentro del colectivo no siento que haya esa diferencia, creo que lo vivimos juntas. Lo vamos como destilando de un lado para otro.
Las conexiones entre ustedes han superado, digamos, esas posibles diferencias.
SANDRA. Sí, definitivamente. O sea, nosotras estamos en el mismo lugar y estamos hablando el mismo lenguaje cuando hablamos del colectivo Portal Sur. Ya si una tiene frío y la otra tiene un poquito más de calor, eso ya es otra cosa. Pero dentro del trabajo, la conexión aquí es muy redondita, estamos todas en lo mismo. Eso tiene el valor de nuestro método de trabajo, en donde hay un espacio siempre para encontrarnos primero desde lo personal, desde lo que nos es necesario decir en el momento cotidiano nuestro. Nuestros encuentros siempre comienzan con una ronda de cómo estamos nosotras. Y eso hace que se logren superar estas aparentes diferencias de un lugar o de otro, o de nuestra procedencia, y hace que logremos amalgamar todo y tramitarlo entre todas. Si alguien tuvo un problema con su hijo en Berlín, por una situación específica muy alemana, se tramita acá también.
NATALIE. Quería agregar algo sobre esa diferencia que nosotras creo que no habíamos visto hasta que nos presentamos en Portugal, y el director que nos estuvo apoyando en la Casa de Teatro en Sintra, después de haber visto la obra, nos hizo ver a través de una reflexión que se quedó mucho conmigo. El texto es de un colombiano, Carlos Enrique Lozano, que ganó el Premio Nacional de Dramaturgia en el 2015. Entonces, ¿de dónde vienen estas imágenes de guerra dentro del texto? La reflexión que nos hacía él es que, como portugués, es muy diferente cómo han vivido la guerra, porque sus soldados siempre se han ido a otros países a hacer la guerra. Dentro de la obra hay escenas de algo muy común, desafortunadamente, en Latinoamérica, en general, hablando de mi experiencia también de mi lado mexicano: una madre buscando a sus hijos. Él decía que le impresionaba muchísimo eso, porque para ellos, dentro de su guerra, ellos no han tenido madres que tengan que ir a buscar los huesos de sus hijos, en comparación con nuestras madres en Latinoamérica. Entonces, nos habló de esas diferencias de ideas, o de imágenes, o de experiencias de guerras que pueden tener los países. Entiende la guerra, y entiende el dolor de la madre, pero en ese contexto sí viene un toque más latinoamericano en específico.
Todo esto me hace recordar la performance llamada Backyard en el Gorki Theater de Berlín. Rosemary, quería preguntarte por la producción.
ROSMERY. Llevo muchos años trabajando con la diáspora en la parte artística. En realidad, desde que llegué a Alemania muy juiciosamente empecé a buscar mis espacios de habla hispana. Creo que tengo una comunidad que me apoya y hemos tenido mucha gente -directores, fotógrafos, artistas visuales, gente también de parte de las compañeras-, que tienen también sus comunidades artísticas. En la ficha técnica de toda esta producción hay un montón de personas que confía mucho en nuestro trabajo y a la que le ha gustado mucho lo que hemos estado haciendo. Por ejemplo, Enrique Lozano, que fue mi maestro, me dio los derechos de autor de la obra. Tenemos también a Anton Krause, que es un director que yo conocí en Thalia Theater cuando trabajé en alemán. Por ahora solo trabajo en español con subtítulos, ha funcionado muy bien y me da a mí la libertad de estar más en paz con el escenario, porque me frustraba mucho el hecho de pensar que podía equivocarme con el idioma. Tomé esta decisión hace muchos años. Anton es director de teatro alemán, entiende español pero lo habla poco, nosotras le hablamos en español y él nos responde en alemán. Hizo todo el diseño lumínico de la obra. Está Melisa Sánchez, que es una artista audiovisual de Medellín, Colombia, que me hace casi todos mis trabajos audiovisuales, y que también hizo la parte de creación visual de la obra. Está Javier Blanco, que es un coreógrafo colombiano que ha trabajado también la Memoria. Él nos ayudó y nos ha aportado mucho en la parte coreográfica porque tenemos coreografías también. Darinka nos está haciendo hermosísimamente la traducción de la obra en alemán, un trabajo impecable para que la obra sea transmitida al público alemán. Y el Theaterhaus, que es nuestro espacio de ensayos y que es muy económico, la gente ha sido súper linda. Está Mauro Franceschetti, que nos hizo la fotografía y ahora nos va a ayudar también con el video en estas funciones. Y el amigo de Sandra Cristian Lujan que es alguien muy importante en la ópera portuguesa, es colombiano, y nos hizo la traducción al portugués. Entonces, hemos tenido mucho respaldo y mucho amor y solidaridad en el medio independiente artístico y de la diáspora latinoamericana, y un poquito Alemania, en Berlín.
SANDRA. En Portugal también tenemos un respaldo muy lindo y grande y una acogida enorme del teatro Chão de Oliva, que nos abrió sus puertas a ojo cerrado.
ROSMERY. Hay algo que quería añadir, y es que nosotras hicimos una adaptación de este texto. ¿Por qué le llamamos adaptación? Porque hay tres escenas que nosotras mismas creamos, como haciendo una línea de unión entre la obra y ese trabajo de nosotras mismas de decirle a la gente por qué queremos hablar de la guerra. La obra normalmente tiene diez escenas, pero en realidad son trece con la intervención, ya original, de nosotras dentro del mismo texto.
MARINA. Otra particularidad del texto es que la escena 8 no existe. Fue muy gracioso descubrirlo.
ROSMERY. Yo tuve una entrevista con Carlos Enrique hace algunos años y le hice varias preguntas sobre la obra. El me contó que Cuando él escribió la obra, decidió llevarle la contraria a la dramaturgia oficial. Ahí se enfrentó con los académicos, pero finalmente fue aceptada y hasta un premio ganó. Y creo que eso es lo que más me llamó la atención de esta obra, que es una obra diferente, que no está contada igual que todas las obras.

¿Qué es la TRANSMIGRACIÓN?
NATALIE. Según las primeras cosas que habíamos investigado, transmigración tiene dos significados. El primero es: emigración, emigración a otro país, especialmente de todo un pueblo o de una gran parte de él. Y el segundo significado es: en algunas religiones, es reencarnación del alma en otro ser vivo, o en otro cuerpo inanimado, en función de los méritos alcanzados de la existencia anterior.
ROSMERY. Para mí transmigración es el que yo probablemente pude haber sido tú, o Marina, o Sandra, o Natalie. Mi espíritu ha trascendido de cuerpo en cuerpo hasta llegar a este, que está muy chévere porque puedo hacer trabajo de teatro independiente y hablar sobre la guerra. Tú y yo somos lo mismo en un mismo espacio.
MARINA. No lo puedo simplificar. Quizás puede seguir Sandra y yo voy luego.
SANDRA. Yo creo que, quien va a ver la obra, al final, si algo le queda de alguna cosa, es la transmigración, ¿no? Creo que es muy evidente en la obra. ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo se habita? ¿Cómo se habita un cuerpo, un colectivo de una u otra manera? En algún momento hay dimensiones, además paralelas. La obra creo que lo explica. Creo que para entender qué es transmigración uno puede ir a ver la obra.
ROSMERY. Quisiera decir algo de la transmigración dentro del mismo montaje. Cuando la vayas a ver, te vas a dar cuenta de lo franca que es. El motivo para poner en escena la obra era, también, no fingir. De verdad estar ahí presente sin tener esa expectativa de cómo tiene que ser cada personaje. Somos nosotras contando una historia a través del teatro, y eso es, para mí, interesante: el estar transmigrando de personaje en personaje sin esa preocupación de que ahora yo tengo que interpretar este personaje y tiene que ser así porque si no, qué pasa si paso de este personaje a otro, porque somos cuatro actrices, pero son como trece personajes. Eso ha sido muy hermoso también, el poder, de pronto, alejarse de esas castraciones de la academia, de lo que te enseñan, qué es lo que tiene que ser el teatro, para simplemente vivenciarlo ahí en paz y en tranquilidad, ¿no? Del disfrute del hacer.
MARINA. A mí me viene la palabra “caleidoscopio”: la posibilidad de percibir algo que llamamos realidad desde diferentes ángulos. Lo que transmite la obra en ese sentido es esa capacidad de tener miradas diferentes desde diferentes ángulos pero a la vez pertenecer a un todo. Es a lo que invita quizás, como yo siento, muy personalmente, esta obra. Lo que decía Rosemery, no somos víctimas directas de la guerra, pero salpica para todos. Aunque nos pudiésemos abstraer del mundo en el que vivimos, por no estar en el campo de batalla, eso nos afecta. Es sentir que todos tenemos un vínculo con el mundo, con lo que nos rodea y nos repercute de una u otra manera. Lo representan los saltos que tiene la obra, un personaje es una madre pero después es la madre en un animal. La capacidad de observar la realidad desde tantos aspectos.
Muchas gracias a las cuatro por esta interesantísima conversación en la que nos han desplegado su método de trabajo y su pasión por el teatro. Les deseo mucha suerte y lleno completo los dos días de la función.
TRANSMIGRACIÓN (LOS LOBOS NO VAN A LA GUERRA) basada en la obra de teatro de Carlos Enrique Lozano, se presenta en Berlín.
—En español con subtítulos en alemán—


Producción independiente con aportes de colegas artistas
- Actúan: Natalie Florez, Marina Candolino, Rosmery Schoenborn, Sandra Camacho.
- Adaptación sobre la obra de Carlos Enrique Lozano –@c.enriquelozano-
- Creación escénica, producción: Portal sur, Artes Vivas, @portalsurartesvivas
- Dirección: Rosmery Schoenborn Valencia, @rosmeryschoenborn
- Asistencia de dirección: Marina Candolino, @marina.przyklenk
- Diseño de iluminación: Anton Kurt Krause, @antoninspaceholdingthings
- Diseño de sonido y música: Sandra Camacho, @sandecam
- Creación audiovisual: Melisa Sánchez H., @miel.sh
- Asistencia coreográfica: Javier Blanco Nuñez, @javier_blanco_sur
- Traducción al alemán: Darinka Ezeta, actriz mexicana y portavoz, @darinkaezeta
- Traducción al portugués: Christian Luján: @christianlujant
- Fotografía: Mauro Franceschetti, @franceschettimauro
- Redes sociales: Natalie Florez, @natxzy
- Espacio de ensayos: Theater Haus Mitte, @theaterhaus.berlin
A través de un lenguaje escénico fuertemente simbólico e híbrido, se relata cómo una serie de personajes de diferente naturaleza -no siempre humana- son atravesados por los efectos de “la guerra”. Una guerra -que si bien puede remitirse de manera sutil a conflictos en Latinoamérica- , actúa, sin duda, como espejo ante cualquier situación violenta, sin importar su nacionalidad o contexto.
Frente a las lógicas que deshumanizan, el arte te convoca a habitar un espacio de resistencia y a tejer, en comunidad, un horizonte de paz.
Te invitamos a ser parte de este viaje con nosotras.
TRANSMIGRATION, (DIE WÖLFE ZIEHEN NICHT IN DEN KRIEG)
Nach dem Theaterstück von Carlos Enrique Lozano, wird in Berlin aufgeführt. Auf Spanisch mit deutschen Übertiteln.
Über das Stück: Durch eine stark symbolische und hybride Bühnensprache wird erzählt, wie eine Reihe von Figuren unterschiedlicher Natur – nicht immer menschlich – von den Auswirkungen „des Krieges“ durchdrungen werden. Dieser Krieg, der sich zwar auf subtile Weise auf Konflikte in Lateinamerika beziehen lässt, fungiert zweifellos als Spiegel jeder Form von Gewalterfahrung, unabhängig von Nationalität oder Kontext.
Gegen die Kräfte, die das Menschliche verdrängen, ruft die Kunst dich auf die Bühne des Widerstands. Hier können wir gemeinsam Fäden der Verbundenheit knüpfen und einen Horizont des Friedens erschaffen.
Komm mit uns auf diese Reise und werde Teil dieser gemeinsamen Vision.
Veteranenstraße 21, Berlín-Mitte
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