En los últimos dos artículos nos hemos dedicado a explorar las criaturas legendarias del folklore alemán. Queda hoy hablar de una de ellas, acaso la más temible de todas por su dificilísima identificación; ya veremos a qué nos referimos con esto.
En esta ocasión nos iremos al oeste de Alemania, bien al oeste, en realidad, casi en la frontera con Bélgica y los Países Bajos. Al llegar a esa región oscura, boscosa y fronteriza, casi donde se termina Alemania, estaremos en la zona de Aquisgrán (Aachen). Lugar central de la historia europea durante el reinado de Carlomagno, rica en palacios y mitos, es un faro para los amantes de la historia; pero no será para eso que hoy nos dirigiremos a ese rincón último de la geografía alemana.
Hoy haremos este viaje imaginario para conocer a una de la criaturas más temibles y menos conocida del folklore alemán que tiene a esta región como su hogar. Lo haremos con cuidado, porque es una bestia peligrosa.
Allí nos encontraremos –si tenemos mala suerte, o como ya veremos, si nuestras acciones no son las correctas– al Aufhocker. Se trata de un espíritu maligno, una especie de duende vampiro, que salta sobre la espalda de los viajeros que están fuera por la noche, poseyéndolos de inmediato y matándolos en poco tiempo entre atroces sufrimientos físicos y mentales.
Como hicimos en los casos anteriores, vayamos a la etimología alemana: El nombre Aufhocker en alemán se traduce literalmente como “el que salta encima” o “el que se sube”. Viene del verbo aufhocken, que significa “subirse a la espalda de alguien” o “montar encima”. Es un término muy gráfico, porque describe exactamente lo que hace esta criatura: abalanzarse sobre sus víctimas.
Pero aclaremos los conceptos. Vayamos primero a uno de los mejores diccionarios de alemán en línea para definir a este monstruo con la precisión que caracteriza a estos libros.
«El Aufhocker es una criatura del folklore alemán: Se trata de un espíritu que salta sobre el hombro de un vagabundo solitario por la espalda, estrangulándolo y aplastándolo contra el suelo.” 1
Esta definición, breve y certera, nos acompañará en el camino de esta investigación.
Del Aufhocker hay, en realidad, poca información documentada. Pocas son las fuentes directas, y su presencia en la cultura popular es más bien escasa. Sabemos, eso sí, algunas cosas puntuales y precisas que están en el origen de esta leyenda.
Pero eso no nos detendrá; iremos en su búsqueda de todos modos.
Para contar la historia del Aufhocker, acompañemos imaginariamente a una persona cualquiera, mientras camina por una zona boscosa por la noche.
Quizás el hombre en cuestión salga de una taberna, quizás vuelve a su hogar después de su trabajo, quizás de algún encuentro con una mujer.
La cuestión es que esta persona, de repente, se cruza con “algún” tipo de animal en su camino, al que no le presta ninguna atención. Esta escena siempre sucede de noche; jamás se ha visto al Aufhocker a la luz del día. Siempre se aparece en parajes oscuros; la tiniebla es su casa.
No es casual que las fuentes hablen de “algún animal”, ya que la criatura en cuestión no tiene la forma de ninguno determinado; es huidiza y elusiva, pudiendo ser, según el momento, un caballo, un perro, un gato, o un hombre rico, o quizás un vagabundo.
Nadie puede saber con certeza qué forma tendrá el Aufhocker ese día.
Aunque las fuentes dicen, en su gran mayoría, que por alguna razón elige disfrazarse mayormente como un perro negro –quizás para hacer sentir más cómodo a su futura víctima ante la vista de un perrito aparentemente inofensivo–, es cierto que también puede ocasionalmente aparecer como un caballo negro, que invita, con su belleza, a los viajantes a montarlo. Una vez que lo hacen, estos viajeros parece que descubren, con gran alarma de su parte, que no pueden desmontar, a medida que el caballo acelera más. En ese momento se produce, en esta extraña versión, la posesión de la víctima.
Esta detección difícil, éste no tener una forma fija, es lo que le permite proveerse de víctimas a nuestro monstruo en cuestión, ya que nadie sabe cómo luce realmente el Aufhocker.
Esto nos arroja prácticamente a sus garras si no somos cuidadosos. Conviene evitar en todo caso zonas como puentes, lagos, bosques, zanjas, cruces oscuros de caminos y callejones. También, obviamente, debemos pasar lejos de los cementerios por la noche.
Los arroyos y cruces de ríos, parece, son los lugares donde ocurre la mayoría de los ataques.
El animal en cuestión, a quien nuestra víctima se cruzó, esperará entonces a que el paseante ocasional cruce por delante suyo y subirá entonces, de un salto, sobre los hombros del desdichado, que no parecerá darse cuenta de nada por un tiempo; la posesión es espiritual y no física. Según las fuentes consultadas, el tormento comienza en ese mismo instante, sin dolor físico.
Se hará, siempre, en tres etapas.
Primero, la víctima es abordada por un ser inquietante. Luego, la criatura crece de tamaño, y, finalmente, salta sobre la espalda de su víctima.
En ese momento la criatura retomará su condición de espíritu intangible y ya estará, entonces, todo perdido para el inocente paseante que ahora carga para siempre con un Aufhocker en la espalda. La criatura aumenta de peso con cada paso que da la víctima y no lo abandonará.
Todo estará terminado para quien se lo cruzó, quien, a partir de entonces, vivirá con la criatura que lo atormentará hasta la muerte: esta será cuestión de tiempo.
En realidad, la muerte del poseído sobreviene, dicen algunos, tras una fuente depresión, un período de gran tristeza o de desesperación- Lo que está sucediendo en ese momento es que la criatura se está alimentando del espíritu de nuestro pobre desdichado paseante que sufre y que siente cómo su fuerza espiritual se consume minuto a minuto.
Lo que está perdiendo el atacado es su esencia, sorbida por la criatura que carga, sin saberlo, en sus espaldas. Es una muerte horrible, porque viene con la tristeza y la oscuridad, y sin la esperanza de un mañana.
Una aclaración importante, que cambia, quizás, toda la concepción sobre este monstruo: el Aufhocker, dicen algunos –aunque muy pocos– no ataca a sus víctimas al azar, sino que elige a los delincuentes o pecadores impenitentes; a malas personas y a criminales sin castigo. Esta indicación, sin embargo, no aparece como parte original de la leyenda; quizás haya sido agregada después como una interpolación moral.
Como dijimos, esta criatura es originaria de la zona de Aquisgrán, aunque hallamos algunos antecedentes: una criatura parecida, muy similar, se puede rastrear en las fábulas de Las mil y una noches.
En esta obra se lo llama “vampiro”, y conceptualmente, lo es. Pero hay una distinción importante: al igual que el Nachzehrer –del cual hablamos en el artículo anterior–, esta criatura es un vampiro “espiritual”, si cabe el término, aunque el ataque se produzca de forma distinta, como vimos. Ambos se alimentan de energía vital, y no de sangre o fluidos corporales.
Algunas fuentes, como corresponde a toda leyenda, cuyos bordes son difusos, dicen que en ocasiones sí se alimentan de la sangre de la persona atacada.
El caso es que no parece haber solución: después del encuentro comenzaremos a morir inevitable y lentamente.
Un dato tremendo es que el Aufhocker no puede ser matado. Aparentemente, huye de las campanas de las iglesias, que lo dañan mucho, y obviamente de la luz de día, ambas cosas le producen algún tipo de lesión. Pero no se sabe mucho más sobre como deshacerse de él.
Encontramos un poco más sobre su historia en un excelente blog acerca de criaturas folklóricas. Leemos allí con asombro:
“En la Edad Media el Aufhocker pasó a engrosar los diccionarios demonológicos como un vampiro. Se lo consideraba un ser muy poderoso, que acechaba a sus presas por detrás para desgarrarles el cuello en un descuido. De hecho, Aufhocker significa literalmente «saltar sobre», y refiere a la detestable práctica de saltar sobre la espalda de sus víctimas. Los métodos tradicionales para matar a un vampiro eran insuficientes con él, aunque algunas leyendas sostienen que el sonido de las campanas, y la luz del sol, podían tener alguna eficacia.
En cualquier caso, las leyendas más antiguas explican que el Aufhocker se sitúa detrás nuestro, nos sigue, nos acecha, en ocasiones durante años. Las sensaciones evidentes que produce esta criatura execrable a menudo son precedidas por otras mucho más sutiles.” 2
En Hildesheim, Baja Sajonia, también se lo conoce y se le teme; se tomó la versión de la criatura que castiga a quien se porta mal.
Curiosamente allí erigieron un monumento a esta criatura –en el que parece un duende siniestro–. El pequeño verso grabado en él dice así:
«Junge, lat die Appelsstahn,/süspacketdeckdei Huckup an / Dei Huckupis en starkenWicht,/höltmitdeiStehldeifsbös Gericht».
Niño, deja de robar manzanas, / o el ladrón te atrapará, / el ladrón es un duende poderoso, / que te juzgará con valentía. 3
Algunas fuentes sugieren, para terminar, algo inquietante. La falta de zonas boscosas –proverbial en esta época urbana, de metrópolis gigantes y grises, alejadas de todo verdor– parece decir a las claras que el Aufhocker desapareció. Pero no.
Cuentan algunos que con el correr de los años, a medida que su hogar se cubría de cemento, el Aufhocker se negó a morir, que pudo adaptarse a los tiempos que corren, y que dejó de ser un perro salvaje negro. También dicen que ya no habita solamente en Aquisgrán.
Ahora, dicen, podría con sus nuevos poderes asumir la forma de un sujeto desalineado que nos mira en el metro, de una criatura en un oscuro bus suburbano, o de alguien que simplemente camina detrás nuestro en la vía pública: su mayor camuflaje es la multitud, y nada podrá salvarnos.
Conviene tener cuidado.
Fuentes:
1 https://www.dwds.de/wb/Aufhocker
2 https://elespejogotico.blogspot.com/2019/05/aufhocker-alguna-vez-sentiste-que-habia.html
Imagen de portada: ©Longbow4u – Selbst fotografiert, Gemeinfrei – modificada

Alejandro Eduardo Perdomo
Tengo 42 años, vivo en Buenos Aires y soy Profesor de Historia. Además soy técnico en turismo y me gusta viajar por el mundo. De mañana doy clases en un Instituto y por la tarde investigo en los archivos y escribo.
Intenté mixturar estas dos pasiones en los tres libros que tengo publicados, titulados A un paso de María Antonieta (primera y segunda parte), donde cuento historias de Francia y de París, junto con mis impresiones al visitar esos lugares, y Reinas tristes de la historia de Europa, donde investigué sobre la vida de doce monarcas de todos los tiempos y sus vidas, pasiones y destinos. Actualmente estoy preparando otro libro titulado Misteriosa Europa, con enigmas sin resolver sobre la historia del Viejo Continente. Algunos de mis relatos se pueden escuchar en forma de audiolibros en Soundcloud.
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