Escribe Humberto Eco en su libro La isla del día anterior que: “Para sobrevivir debes contar historias”. Y quizá tenga razón. Contar historias. Propias, ajenas, inventadas, urdidas, soñadas.
¿Qué hay más agradable que sentarse a la lumbre y que le cuenten historias? Para nosotros, en el taller de lectura y escritura creativa de cuento corto que llevamos con Sandra Russo, hay algo más placentero: contarlas. Y es lo que hacemos de abril a noviembre; inspirarnos en trocitos de experiencia vivida y escribir historias que nos conmueven y que hoy queremos compartir, empezando por las dos de nuestras talleristas que siguen a continuación.
Ha dicho Virginia Woolf que: “La escritura es una forma de autodescubrimiento, un viaje hacia la propia verdad y autenticidad”. Por ello partimos de experiencias propias, de esos momentos en los que algo se nos quedó grabado en la memoria; personas, situaciones, objetos, que se quedan con nosotros y que luego podemos revisitar en las historias, revivirlos a través del acto creativo. Muchas veces la mirada nueva revela aspectos desconocidos, o agrega profundidad a la reflexión sobre esas experiencias, porque, como ha dicho Joan Didion: “Escribir es un acto de descubrimiento; a veces no sabes realmente lo que piensas hasta que lo pones en palabras”. El acto de escribir implica previamente pensar el mundo, ordenar nuestros pensamientos y profundizar sobre ellos.
Y aunque quizá sea cierto lo que ha dicho Haruki Murakami, que: “Escribir es como abrir una ventana y dejar que el mundo entre en tu habitación”, lo que en realidad hacemos en el taller es abrir la puerta para salir a jugar o para que salga lo que necesitemos que salga.
Y cuando lo que llevamos adentro sale al mundo, ve la luz, interactúa, puede conectarse con la experiencia de otros, provocar identificación, resonar, así como lo ha descrito Chimananda Ngozi Adiche: “Escribir es un acto de empatía, una forma de conectar con los demás a través de las palabras”. Un puente de palabras que atraviesa los tiempos y las distancias. Porque en nuestro taller nos reunimos personas que vivimos en Latinoamérica y en Europa para compartir el amor por la literatura y el gusto por la creación. Un momento que para muchos es catártico o incluso terapéutico, porque nos da un respiro de la realidad, a veces agobiante, de nuestros países. Por eso entendemos a Graham Green cuando afirma: “Escribir es una forma de terapia; a veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, cómo se las arreglan para soportar la vida”.
Porque el acto de enfrentarnos a nuestros miedos, dolores, monstruos internos, a nuestras emociones y nuestros sueños, para dejarlos que se derramen sobre el papel, requiere de mucha valentía, y el profundo deseo de transformarlos en algo fecundo.
Y quizá sea verdad lo que tan bellamente ha expresado Toni Morrison:
“Escribir es un acto de resistencia, una forma de desafiar al mundo y dejar una huella duradera en él”.
Y, además, escribir nos hace sentir mejor. ¡Pruébenlo!
Romina Tumini
Docente, psicóloga, trauma-terapeuta, magíster en Creación Literaria, diplomada en Escritura Creativa con posgrado en Periodismo Narrativo. Obras publicadas: Historias para niños valientes, (Abrazos, 2023) y La elegida del mar, (novela, Avant Editorial, 2024). Premio Leopoldo Alas Clarín de Cuento Corto, 2024. www.rominatuminicuenta.com – @rominatumini (YouTube)

Imagen de portada: ©Giulia May en Unsplash
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2 comentarios sobre “Para sobrevivir hay que contar historias”