Más allá de la casualidad, el programa de noviembre del Cicle Gaudí en Berlín presenta dos películas aparentemente muy dispares que comparten un eje central importante: la madre. Un lugar común de Celia Giraldo se proyecta el 15 de noviembre y Casa en flames de Dani de la Orden, el 22 de noviembre, como siempre en el Babylon de la Rosa-Luxemburg-Str. de Berlin-Mitte.
15 de noviembre: Celia Giraldo, Un lugar común
22 de noviembre: Dani de la Orden, Una casa ardiendo
Dani de la Orden, Una casa ardiendo
La familia que nos presenta el director Dani de la Orden no se hubiera conocido con la de Celia Giraldo, ni que hubieran tenido que ir al hospital donde trabajaba Pilar, ya que seguramente tienen una mutua y cuando se enferman acuden al hospital privado. En el primer plano de Casa en flames, descubrimos a Montse, la actriz Emma Vilarasau, en la calle Muntaner de Barcelona a punto de salir hacia Cadaqués, la preciosa localidad de la Costa Brava dónde la familia tiene una segunda residencia y un barquito para salir a navegar. Ha convocado a la familia a pasar allí un fin de semana pues quiere vender la casa donde solían pasar los veranos.
Fotos cortesía de @Ver Cine
Bajo esta premisa del director Dani de la Orden Montoliu, nacido en la zona alta de Barcelona en junio de 1989, cinco meses antes de la caída del Muro de Berlín, el guionista Eduard Sola escribe esta parodia sobre una familia de la burguesía catalana, combinando el catalán y el castellano con una naturalidad aplastante, lo mismo que hacen los padres de Dani con él, la madre le habla en catalán y el padre en castellano.
Desde el principio queda claro que Montse/Emma Vilarasau, será la protagonista del relato. Una madre poliédrica, patética, pintoresca, detestable, con muchas capas, y terriblemente humana, pobre, como la definió la misma Vilarasau al recibir el Premio Feroz de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, agradecida por haber podido dar vida a este personaje tan complejo.
Reunir a la familia en la casa de veraneo es un deseo que la motiva por encima de cualquier consideración. Además de sus dos hijos, David/Enric Auquer y Júlia/María Rodríguez Soto, sus parejas Marta/Macarena García y Toni/José Pérez Ocaña y las hijas de su hija, aparece su exmarido, Carlos/Alberto Sanjuán, acompañado de su novia psicóloga, Sushi/Clara Segura, que tiene razones ocultas para que la operación de la venta de la casa no se lleve a cabo. El reencuentro de la familia en ese paraje idílico hará aflorar fantasmas del pasado y tensiones contenidas, contadas en clave de comedia. El juego inspirado en las terapias Gestalt que propone la psicóloga después de la cena para apaciguar las tensiones, seduce a los hermanos, a la pareja de David y a la madre. Es un momento clave de la película dónde cada uno se enfrentará con sus miedos y su salvación. Para Dani de la Orden una familia es una historia de secretos y presión: haberse querido mal, es decir, quererse desde un motor que no es el amor. Desde la necesidad, la manipulación, tus miedos, inseguridades y expectativas. Cree que la familia de Casa en flames se quiere, pero a saber querer bien solo se aprende con empeño.

Dani de la Orden tiene oficio, y su prolífica trayectoria de director incluye 11 largometrajes de ficción, 3 cortometrajes, 4 videoclips, 2 documentales y 4 series de televisión, la última, La Casa Nostra, recién estrenada en 3Cat. Desde sus inicios, lo acompaña un grupo de personas, amigos, afines a la ESCAC, en todas sus aventuras. Casa en flames se estrenó en abril de 2024 el Festival de cine de Barcelona y llegó a los cines en el mes de junio, a principios del verano, cuando hay más ganas de ir a la playa que de encerrarnos en un cine. La gran sorpresa fue que, a los pocos días, la venta de entradas alcanzó cifras poco habituales para una película catalana, en catalán. Casa en flames ha sabido conectar con los espectadores a través de las discusiones de la familia. Activa el debate sobre cómo nos queremos y cómo tratamos a nuestras madres, afirma el guionista, Eduard Sola, autor de una historia que toca la fibra, escrita durante el confinamiento en un piso en Gracia, con su mujer embarazada, ni soñar con la casa de Cadaqués. La cúspide es, según Edu Sola, cuando alguien sale del cine y llama a su madre. “Esto es muy gratificante. Solo para llegar hasta aquí ya ha valido la pena”.
El 47 también se estrenó por esas fechas y las dos películas iniciaron una carrera de récords que los llevó hasta los Gaudí, donde se pudo ver a Dani de la Orden y Marcel Barrena cogidos de una estatuilla, uno sujetándola por los pies y el otro por la cabeza.
En los Gaudí, Emma Vilarasau brilló especialmente con un discurso emotivo y reivindicativo al recibir el premio a la Mejor actriz. Empieza agradeciendo a Dani de la Orden que haya dado el protagonismo de la historia a una mujer de más de 60 años que ni está enferma ni necesita que la cuiden, que tiene problemas y vida propia. Aunque cada vez hay más mujeres de cierta edad presentes en las pantallas, estamos lejos de llegar a la normalidad, afirma, y reivindica la mirada de todas estas mujeres que después de una vida multi tasking, han llegado a una edad en la que han de decidir cómo quieren gestionar los últimos años de su vida y cómo quieren llegar al final. Cree que el cine, que ha puesto luz a la oscuridad en tantas cosas, que nos ha ayudado a entender realidades diferentes, que ha modificado comportamientos, que nos ha ayudado a vivir, nos podría ayudar también y dar una pista de cómo se viven estos últimos años, qué se hace, qué hacen las mujeres, hay vejeces luminosas, divertidas, curiosas, otras que no, pero si le ponemos el foco y lo normalizamos, a lo mejor perderíamos este miedo tan irracional que tenemos al envejecimiento, y a morir y quizás muchas mujeres dejaríamos de castigar nuestros cuerpos para retrasar este momento que, por otra parte, es inevitable. Subrayando la necesidad de dar visibilidad a las mujeres de edad avanzada y mostrar referentes para abrazar y aceptar el paso del tiempo sin someter el cuerpo al castigo que el miedo a envejecer suele imponer, Emma Vilarasau levantó la platea del Auditorio con aplausos tumultuosos.
No puedo evitar compartir la memorable intervención de Eduard Sola en la gala los Gaudí. Sola subió al escenario ataviado con un traje de pana marrón, que recordaba los que lucían los socialistas antes de alcanzar el gobierno del país. Un discurso, en catalán, preparado por si llegaba el momento de recoger el premio al Mejor guion: Mi familia está lejos de ser como la de Casa en flames, nos gustaría tener una casa en la Costa Brava y un barquito para salir a navegar, pero no, no lo tenemos, en casa somos orgullosamente charnegos, mis abuelos, todos, vinieron de Andalucía. El abuelo Eduardo, y creo que es un dato importante de ser recordado, no sabía leer ni escribir. Escondió toda su vida que era analfabeto. Él era analfabeto y yo me dedico a escribir. Querría entender este Gaudí como una venganza contra todos aquellos que engañaron a mi abuelo aprovechándose de sus carencias culturales, una venganza contra todos los que de una manera u otra, han hecho sentirse inferiores a mis abuelos, a mis padres, a mis tíos, una venganza a todas esas miradas de superioridad que en tres generaciones nos hemos tenido que tragar los que venimos de debajo de todo. Lo podría entender así (tímidos aplausos en la platea) pero no lo haré, dejadme entender este Gaudí como una celebración. Si mi abuelo era analfabeto y yo me dedico a escribir es porque ha pasado alguna cosa, y esta cosa se llama progreso, y el progreso es indudablemente un éxito colectivo. Si estoy aquí recogiendo un Gaudí, no es gracias solo a mí sino a la escuela pública, a l’Esplai, als Casals, al barrio donde he nacido y a las decenas de personas que me han acompañado (Más aplausos en platea) en esto de crecer y vivir. (Pausa, él también está emocionado y la cámara enfoca a Dani de la Orden y a Emma Vilarasau que aplauden emocionados). Si yo me dedico a escribir es que alguna cosa estamos haciendo bien y este premio es la prueba y estoy orgulloso de plantarles cara a los xenófobos y a los que se aprovechan de los demás. Sigamos por favor acogiendo a los de fuera con los brazos abiertos y veremos cómo dentro de unos años escribirán grandes historias catalanas. (Grandes aplausos. Edu emocionado, aún no levanta la vista de los papeles que ha escrito y acaba de leer. Por detrás suyo empieza a aparecer el personaje que intenta que los discursos de la gala no se alarguen. El público de la platea se levanta y aplaude. La cámara enfoca al director J. A. Bayona levantándose de la butaca y aplaudiendo convencido). Para acabar dedica este Gaudí al equipo de la película por la confianza y a sus padres “Os quiero, muchísimo, muchísimo, dice entre lágrimas. Y a María Codina, qué gusto masticar la vida a tu lado, con Jan, en Santa Eulàlia de Ronçana, ¡y a la madre que os parió a todos!»
CASA EN FLAMES [ V.O. catalán, subtítulos en inglés] España-Italia 2024
Dirección: Dani de la Orden con Emma Vilarasau, Enric Auquer, Maria Rodríguez Soto, Alberto San Juan, Clara Segura, José Pérez-Ocaña, Macarena García. 102 Min.
Celia Giraldo, Un lugar común
El sábado 15 de noviembre contaremos con la presencia de la directora Celia Giraldo y el compositor de la banda sonora de Un lugar común, Jona Hamann, en la conversación con Olivia López Bremme después de la proyección.

El azar que ha reunido estas dos películas en el calendario es asombroso, tanto Celia como Dani estudiaron y se graduaron en la ESCAC (Escuela de Cine y Audiovisuales de Cataluña) en la especialidad de dirección, aunque no coincidieron en la prestigiosa escuela de Terrassa pues Celia Giraldo se graduó en 2019 y Dani de la Orden, recién graduado en el 2013, ya estaba rodando su primera y exitosa película Barcelona, nit d’estiu. Donde sí coincidieron los dos directores fue en la última gala de los Premios Gaudí, en febrero de 2024: Celia Giraldo recibió el Premio a la Mejor dirección Novel por Un lugar común, y la película de Dani de la Orden, Casa en flames, con 14 nominaciones, se llevó tres Gaudís: al Mejor guion original, para Eduard Sola; a la Mejor actriz protagonista, a Emma Vilarasau; y al Mejor actor secundario, para Enric Auquer. Casa en flames compitió codo a codo con El 47, la película que proyectamos en septiembre, que se llevó 8 Gaudís, entre ellos el Gaudí a la Mejor película y el premio del público.
Sorprende, por poco habitual, que en las dos películas que nos ocupan, la protagonista sea una madre de familia y que la historia gire a su alrededor. Unas madres que reclaman ser visibles y estar presentes como personas, más allá de su condición de madre cuidadora. Además, las dos cintas están calificadas como tragicomedias, y realmente, tanto suscitan el llanto como unas risas para presentar unas situaciones que podrían ser bastante dolorosas así tal cual, en crudo.
Celia Giraldo, Un lugar común
Hablamos con Celia Giraldo, (Cornellà de Llobregat, 1995), quien desde pequeña tenía muy claro que quería ser artista. Cursó el bachillerato artístico y sentía que todas las materias que tocaba se le daban bien. Barajó estudiar diseño, pero luego se decantó por el audiovisual. No pudo entrar en la Universidad Pompeu Fabra, y la ESCAC se presentó como una opción, y ahí se metió, a por todas, y a medida que iba probando cosas, encontró su vocación de directora entre un grupo de compañeros con los que sigue colaborando y que le permiten, paso a paso, encontrar su propia voz. Se graduó con el largometraje colectivo de su promoción La filla d’algú, protagonizado por Aina Clotet, con la que trabaría amistad y la invitaría a codirigir tres capítulos de la estupenda serie Això no és Suècia. Las oportunidades se han ido ligando de una manera armónica, hasta poder rodar su ópera prima, Un lugar común, producida por la ESCAC, sobre una mujer de 52 años que se encuentra inesperadamente en una situación que la obliga, mal que le pese, a replantearse a sí misma y, por defecto, a toda su familia.
No se trata de una ópera prima dónde la directora haya buceado en su yo interior, sino que, al igual que hizo en el corto Te busco en todos, con el que debutó en el Festival D’A de cine de autor de Barcelona en 2019, pone el foco en una mujer madura. “Me gustan mucho las películas de personajes femeninos atravesando crisis, y verlas desde la comedia”. En Un lugar común, Pilar, interpretada por una inmensa Eva Llorach, debe reinventarse para poder sobrevivir. “Me imaginaba que una madre como Pilar nunca se tumba en el sofá, sino que se sienta en una esquina, dejando a los hijos que ocupen el sofá. Es muy habitual eso de que una madre no puede molestar en su propia casa, de que deja el espacio para los demás, y ella, la última. O lo típico de cuando cocina la cena para toda la familia y ella se toma un yogurt”. Esta es Pilar, la madre, auxiliar de enfermería, un oficio que le encanta y con el que se realiza como persona hasta que el despido anticipado la confronta con el vacío y con la dependencia familiar que ella misma ha ido tejiendo, consolidada por comodidad y sin reconocimiento. “Me parecía interesante que el personaje no hiciese lástima. ¡Ay, pobre mujer! ¡Qué mal lo está pasando! Siento que por su parte también tiene la responsabilidad de comunicarlo. Quería que hubiera una complejidad en la película y que, al final, los hijos se dieran cuenta, es un sistema que alimentamos entre todos. Obviamente, nos aprovechamos de las madres, tenemos nuestra responsabilidad, pero es como un pez que se muerde la cola.” La propia madre, con su “generosidad y entrega” genera una relación de dependencia, invisible, como si fuera normal. ¿Qué haces mamá? le pregunta el hijo al volver de la escuela y encontrársela en casa, por sorpresa, tumbada en el sofá. La respuesta es contundente y lanza el primer dardo del film: “Ocupar espacio”.
El proyecto inicial de Celia Giraldo y la coguionista Bianca Franceza Omonte contemplaba explorar la vida de una familia tan normal y cotidiana como fuera posible. Durante el proceso de escritura descubrieron que el universo que habían configurado para la madre ofrecía la posibilidad de reflexionar sobre ese espacio invisible. Giraldo confiesa que de los referentes cinematográficos que la han inspirado, el más obvio, por el viaje que hace la protagonista, es Gloria del director chileno Sebastián Lelio. “Me encantan también las películas de Maren Ade, sobre todo Toni Erdmann donde verás la incomodidad dentro de las relaciones familiares y su intento de llevar las situaciones al extremo para que te rías. También me gustan mucho las de Miranda July, que evocan un imaginario un poco más loco y se permite tener fugas que me parecen interesantes, así como estos momentos oníricos dentro de la cotidianeidad.”
- -¿Te has inspirado también en tu madre?
- -Sí, evidentemente, la mujer que tengo más cerca es mi madre, pero si la protagonista fuese mi madre, en el minuto uno ya hubiera dicho lo que pensaba y lo que quería. Me ha ayudado mucho que ella fuera súper transparente con relación a cómo se estaba sintiendo, porque de alguna manera es poder tener acceso a todo el pensamiento de este personaje, que en el caso de la película lo retiene y lo guarda para ella, y no es capaz de expresarlo. Al final es una película que también habla mucho de la soledad y de la sensación de tener que ser responsable de todo y sentir que no te puedes dejar caer.
La hermana de Pilar, Inés, encarnada por Aina Clotet, vive en un mundo totalmente opuesto al de la protagonista, y cuando Pilar le cuenta que la han despedido, le dice para consolarla, “Se va un burro y entra un caballo”. Pilar la rechaza, es artista y lleva un estilo de vida que ella no conoce y no aprueba, pero también la envidia y sabe que es el referente para su hija, una joven Mia Sala-Patau, 19 años, que destaca en su primera aparición en una película. Todas ellas, junto al padre, Fèlix Pons y el hijo, Teo Soler, son el escenario de ese mundo al que Pilar se agarra antes de decidirse a explorar una versión más libre de sí misma ante la sorpresa de todos.
Eva Llorach sostiene el peso de la película y se implicó con pasión en el rodaje. “Tuve mucha suerte de que le gustara el papel y quisiera hacerlo. Eva ha hecho mucho cine underground y además de actuar, también formaba parte de los equipos, estuvo haciendo arte y también le interesa la producción. Eso hizo que se estableciera una relación más horizontal, no tan jerarquizada como ocurre habitualmente en los rodajes. Éramos un equipo de jóvenes con mucha ilusión haciendo nuestra primera película, compartiendo con personas que podrían tener la edad de nuestros padres o que podrían ser sus hermanos. Me gusta mucho este diálogo intergeneracional que se establece en el rodaje.”
Celia Giraldo y Jona Hamann se (re)encuentran en Berlín
Otro elemento importante de la película es la música, compuesta por Jona Hamann. “La música le acaba de dar el tono y la personalidad. Cada tema entra en un momento preciso y marca una situación, lo teníamos claro desde el principio. La verdad es que me hace mucha ilusión poder presentarla con Jona en Berlín y que él tenga también su espacio, porque realmente siento que el trabajo que hace es muy guay y me gusta que pueda explicar el concepto que hay detrás. No hemos tenido muchas oportunidades para presentar juntos la película.”

El pasado año, Un lugar común fue seleccionada para formar parte del Cicle Gaudí que se celebra en más de 120 ciudades de Catalunya. Celia Giraldo y el resto del equipo, artístico y técnico, acompañaron la presentación de la película por el territorio.
“Ha sido muy bonito, el Cicle Gaudí hace posible que la película llegue a lugares donde ya no hay cine y a otros como Cornellà, mi ciudad, dónde no hubiera llegado porque solo hay un cine y es súper comercial. Gracias a Un lugar común tuvimos la oportunidad de hablar con el alcalde de Cornellà, proyectar la película y explicarle los detalles del Cicle Gaudí. Lo convencimos, y desde entonces, una vez al mes, el Cicle Gaudí llega también a Cornellà. Lo guay ha sido que diferentes personas del equipo hemos acompañado la película a lo largo del territorio, y eso permite que la gente que va a ver las películas entienda el cine desde otra disciplina. No sólo desde la dirección, de la autoría, de la persona que escribe, sino desde el montaje o desde la música o desde la producción. Ha sido precioso poder repartirnos las presentaciones.”
Le pregunto cómo ha vivido los debates que se celebran después del pase con el público. “Hasta ahora no era consciente de que al estrenar una película vas a generar un relato sobre de qué va. Ha sido muy interesante ver cómo el público la interpretaba para poder entender yo también mi película. Y, sobre todo, sentir que muchas mujeres de mediana edad se han sentido súper identificadas. Y muchos hombres que me han dicho que ver la película les ha hecho pensar en sus mujeres o en sus madres.” Algo es algo.
Celia Giraldo reconoce que comenzó a hacer Un lugar común, sin tener ni idea de por qué la estaba haciendo. “Todo ha sido un proceso. Ahora que estoy escribiendo la segunda en la Residencia de guiones de la Acadèmia del Cinema Català, siento que tengo una madurez diferente de cuando hice la primera.”
UN LUGAR COMÚN [V.O. en castellano, subtítulos en inglés]. España, 2024
Dirección: Celia Giraldo con Eva Llorach, Mia Sala-Patau, Aina Clotet, Félix Pons, Teo Soler, Marta Aguilar, Jordina Sala. 88 M.in
El Cicle Gaudí en Berlín está organizado por la Acadèmia del Cinema Català, en colaboración con el Institut Ramon Llull, con el apoyo de la Delegación del Gobierno de Catalunya en Alemania y la revista Desbandada. Las películas se proyectan en el Babylon de Berlin-Mitte.
@ciclegaudiberlin

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Un comentario sobre “La madre que nos parió: «Un lugar común» y «Casa en flames», en el Cicle Gaudí”