“El 47”, de Marcel Barrena: Una epopeya contemporánea en Barcelona

Estreno en Berlín de la aclamada película de Marcel Barrena. Manolo Vital conduce el autobús 47 hasta el Babylon, cine berlinés en el que tendrá lugar la nueva temporada del ciclo de cine catalán, el ya conocido Cicle Gaudí. La película se proyecta el día 20 de septiembre.

Por Montse Majench, responsable del Cicle Gaudí en Berlín

Creo que en Berlín no existe un barrio parecido a Torre Baró, auto construido por las personas que en los años cincuenta llegaron a Barcelona procedentes de Andalucía, Extremadura o Galicia en busca de trabajo y futuro. En la pendiente de la montaña de Collserola, con un desnivel del 10%, construyen sus casas, al principio son chamizos levantados a toda prisa entre todos los vecinos, paredes y techo, con nocturnidad y empeño. Si por la mañana las cuatro paredes tenían techo, según la ley, la policía no podía echarlo abajo. Luego, poco a poco, fueron consolidando y ampliando las barracas con los materiales que podían comprar. Crean un barrio de arquitectura popular muy alejado del centro de Barcelona, a 12 kilómetros de la plaza de Catalunya, con calles de tierra y sin suministro de agua hasta 1973, sin farolas y con los animales domésticos merodeando por las calles. Con perseverancia, las reclamaciones de los vecinos iban consiguiendo algunas mejoras para el barrio. Lo que se resistía, incluso con el fin de la dictadura, era la llegada del autobús.

Foto: ©Lucía Faraig

No conocía la historia de Manolo Vital y su barrio Torre Baró hasta que vi “El 47”, así que, aprovechando que en agosto paso unos días en Barcelona, me dispongo a tomar el autobús 47 en su punto de origen, el Paseo Marítimo de Barcelona. El conductor está sentado en el banco de la parada, comiéndose una manzana y mirando el móvil en su pausa entre trayecto y trayecto. Hace una temperatura que estofa, el típico calor húmedo y bochorno barcelonés (xafogor) y el conductor nos invita a subir al autobús por la puerta del centro, abierta, dónde se está más fresco, dice. Dentro hace un frío intenso, casi polar, estoy por cambiarme de asiento, pero tampoco quiero renunciar a la ventana que es justo dónde cae el chorro de aire acondicionado, sobre el cuello y la clavícula. Son las dos menos cuarto cuando arranca el autobús, con dos pasajeras más, dos mujeres. Una saca del bolso un libro bastante gordo, como si supiera que le espera un viaje largo y se sumerge en él concentrada y abstraída, como si estuviera en la biblioteca, sin una mirada al contexto. En algún momento cierra un poco el libro, alza la vista y mira hacia las calles de Barcelona y aprovecho para leer el título de la novela, “Nadie en esta tierra” de Víctor del Árbol, la novela más adictiva del año, según destaca su editor.

Foto Mediapro-Studio: ©Lucía Faraig

Nunca había subido al 47 y siento cierta emoción. Me pregunto cuántos pasajeros estarán haciendo el viaje con la misma intención que yo, hacer el trayecto hasta Torre Baró y conocer el escenario real de la película. Se trata de un autobús articulado de última generación, así me lo parece, con un acordeón gigante en el centro que une las dos partes; en lo alto, pantalla electrónica que va indicando el nombre de las paradas y las conexiones con otros transportes públicos y, de vez en cuando, advierte que viajar sin billete puede costar 100 €. Miro por todos lados, pero en todo el vehículo no hay ninguna referencia a la película que se estrenó en 2024, rompiendo la tela de la taquilla, no sólo en Barcelona o Catalunya sino también en España. 

Antes de llegar a la primera parada, Hospital del Mar, delante del Paseo Marítimo y de la playa, se cruza con otro autobús de la misma línea y se hacen luces largas para saludarse. Qué simpático. En la parada no hay nadie esperando, pero en un segundo aparece un hombre de mediana edad, corriendo y alzando los brazos. El conductor lo ve, frena y lo espera un poco más allá de la parada. Estamos en buenas manos, me digo. Como si fuera el mismo Manuel Vital, que en mayo de 1978 trabajaba para la compañía Autobuses de Barcelona. Los guionistas de “El 47” han centrado en su figura el hilo conductor de la historia del barrio y las reivindicaciones de los vecinos.

Foto Mediapro-Studio: ©Lucía Faraig

La siguiente parada, frente al popular restaurante Salamanca de pescado y marisco en la Barceloneta, toma el nombre de la calle, Pepe Rubianes, en recuerdo del «actor galaico-catalán», según se autodefinía el querido humorista. Allí sube una familia con hijos, que viene de la playa con el parasol y una pareja joven de holandeses que claramente desconocen la importancia histórica de esta línea de autobús. También sube un hombre que saluda al conductor y le dice que va a casa, a comer. En Via Laietana, la avenida que se dirige hacia el Norte, el autobús empieza a llenarse de extraños. Han estado haciendo obras para ampliar las aceras durante tres largos años y hace sólo dos semanas que está abierta al tránsito, es como estrenar una calle de siempre. Cuando llegamos a la Catedral, los que suben buscan en vano un asiento. Una joven cede el suyo ante una mujer con sobrepeso, pero, en general, el resto, eludimos las miradas que imploran el asiento. La temperatura ambiente se ha sosegado y una voz en off ruega a los pasajeros que circulen hacía el fondo del bus para facilitar la movilidad, en catalán, castellano e inglés. 

Si el autobús fuera en línea recta, llegaríamos a Canyelles en un plis plas, pero el 47 se regodea por la cuadrícula del Eixample haciendo un culebreo caprichoso. Ese día, cuando llegamos a Paseo de Sant Joan a la altura de la calle Industria, donde está previsto que el 47 gire a la derecha, siguió recto por el Paseo de Sant Joan para sorpresa de todos, saltándose el itinerario establecido, como cuando el 7 de mayo de 1978, en un arrebato premeditado, Manolo Vital, al llegar a la Plaza Karl Marx secuestra el autobús y continua por la Ronda Guineueta Vella, cuesta arriba, antaño una pista sin asfaltar, hasta su barrio, Torre Baró. Fue un “Sí, se puede” en toda regla, tras años de reclamar a los políticos que el transporte público llegara a Torre Baró.

El Castell de Torre Baró. Foto: @Montse Majench

Este último tramo lo hace hoy el 182, que asciende a través de una carretera estrecha pero asfaltada, serpenteando por la falda de Collserola entre el bosque mediterráneo. A medida que va subiendo, desaparecen los árboles y asoman unas vistas espectaculares; por un lado, ves Barcelona en toda su extensión, del Llobregat al Besós y al fondo, el mar, y por el otro, distintas ciudades del Vallès con la montaña de Montserrat, orgullosa, en el infinito. Tomo aire para contener el asombro y la emoción. Luego hace una parada en el Castell de Torre Baró, que no es un castillo sino un edificio entre medieval y futurista construido a principios del S.XX para albergar un hotel que nunca llegó a inaugurarse al cambiar el plan urbanístico que planeaba una urbanización residencial en la zona con el hotel en el centro. Ahora, debidamente restaurado, el Castell de Torre Baró se ha convertido en un mirador privilegiado, sede del centro de interpretación del parque natural de Collserola, abierto al público con actividades para todos los públicos.

Torre Baró. Foto: @Dietrich_Grosse

La siguiente parada, fin de trayecto, es la misma donde Manolo Vital condujo al 47 hace cincuenta años para demostrar que el transporte público podía llegar a su barrio. Ahora se llama Parada Manolo Vital, en recuerdo del activista vecinal y conductor del 47, nacido en Valencia de Alcántara, Cáceres, Extremadura. Este verano en su pueblo natal, proyectaron “El 47” en un cine al aire libre en la plaza del pueblo donde asistieron 600 personas. Pocos días después, bautizaron la estación de autobuses con su nombre. A día de hoy, “El 47” es la película más vista en la historia de la Filmoteca de Extremadura.

La película de Marcel Barrena ha sido un detonante impresionante para volver a poner Torre Baró en el imaginario colectivo de Barcelona. Cuenta con unos actores que se han convertido en los personajes que interpretan, bordado fino. Según el coguionista, Alberto Marini, cuando escribían el papel de Manolo Vital aún no sabían qué actor lo haría y cuando pensaron en Eduard Fernández, no sabían si estaría libre, pero, ya lo verán, no es ningún secreto, Eduard Fernández es Manolo Vital, ha absorbido su espíritu y ES el conductor del autobús que te está contando su historia y la del barrio. Clara Segura, elegante y contenida, es Carmen, ex monja, su contrapunto y su sostén. Al basarse en una historia real, un coro de actrices y actores participan, impecables, a representar a los vecinos: Zoe Bonafonte como Joana, su hija en la película, en la realidad Manolo tuvo un hijo y Joana es su nieta; Salva Reina como Felipín; Óscar de la Fuente como Antonio; Betsy Túrnez como Aurora; Aimar Vega como Josep; Vicente Romero como Ortega; Maria Morera como Mar; Borja Espinosa como El Rubio; Carlos Cuevas como Pasqual Maragall (antes de ser Alcalde); David Verdaguer como Serra; Carme Sansa como Senyora Vila; y Francesc Ferrer como abogado. Empatizas con ellos desde el minuto uno, cuando llegan a Barcelona para buscarse la vida y necesitan un techo urgentemente.

En agosto de 2025 “El 47” ha alcanzado el título de película más vista en lugares tan dispares como Grecia o Australia. Las academias de cine de México y Colombia la han incluido en la lista de nominadas a sus premios. Tiene eso que toca, emotiva y optimista, una verdad que acompaña a la historia. Es un tributo poético a la realidad, Alberto Marini dixit. Torre Baró es más accesible que antes, pero sigue estando muy lejos del centro y siguen faltando cosas básicas en alimentación, sanidad y educación. Acaba de cerrar el último bar y si pides una pizza por teléfono, no te la traen a Torre Baró. El barrio está prácticamente como en la película, en algunas cosas no parece que hayan pasado cincuenta años. Las calles no tienen aceras y no hay farmacia. Vivir allí, a pesar de tener las mejores vistas de la ciudad, sigue siendo una odisea y los vecinos reclaman un plan especial para el barrio que “proponga soluciones a partir de las dificultades técnicas evidentes que tiene”. En una entrevista, el protagonista de la película, Eduard Fernández, decía: “Habría que secuestrar un segundo autobús para que se hagan de nuevo mejoras en Torre Baró”.

Después de la proyección, como siempre, habrá un coloquio, moderado por Àngela Mora, acompañado de un aperitivo catalán, cortesía de la Delegación del Gobierno de Catalunya en Alemania.

Cicle Gaudí de Berlín
Próximas películas del Cicle Gaudí en Berlín
  • 18.10.25 – MARCO, dir.: Aitor Arregi y Jon Garaño (V.O. catalán – castellano)
  • 15.11.25 – UN LUGAR COMÚN, dir.: Celia Giraldo (V.O. castellano)
  • 22.11.25 – CASA EN FLAMES, dir.: Dani de la Orden (V.O. catalán)

El Cicle Gaudí en Berlín está organizado por la Acadèmia del Cinema Català, en colaboración con el Institut Ramon Llull, con el apoyo de la Delegación del Gobierno de Catalunya en Alemania y la revista Desbandada.

La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

¡Liberémonos del algoritmo! Si te gustó este artículo, te pedimos que te suscribas a la revista para recibir notificaciones de los nuevos artículos en tu propio correo electrónico. Te animamos además a dejar un comentario.

Montse Majench

2 comentarios sobre ““El 47”, de Marcel Barrena: Una epopeya contemporánea en Barcelona

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *