Tres memorias y un país en tensión: el cine de Edison Cájas en Berlín

Entre archivos, heridas y resistencias, el cineasta chileno Edison Cájas reconstruye fragmentos de una memoria que el poder intenta borrar. Desde Berlín, sus cortometrajes dialogan con un país que aún no decide si mirar o no su propio pasado. A poco de una elección presidencial en Chile este domingo 16, el debate sobre la memoria histórica vuelve a ocupar un lugar central.

En Chile, la memoria no descansa.

A poco de una elección presidencial en Chile, el debate sobre la memoria histórica vuelve a ocupar un lugar central. Aún persisten causas abiertas por violaciones a los derechos humanos, tanto de la dictadura de 1973 como del estallido social de 2019. En este contexto, el riesgo de retroceso se asoma: algunos sectores políticos promueven una narrativa represiva o directamente negacionista.

En todos los intentos por preservar la memoria hay una certeza: la memoria la hacen los pueblos, y en ese campo de batalla simbólico, el cine se vuelve trinchera; y eso, el cineasta chileno Edison Cájas (43), lo sabe.

Cájas lleva más de quince años trabajando con archivos de derechos humanos, con víctimas de tortura y movimientos sociales. Con El vals de los inútiles (2013) exploró el descontento juvenil en democracia, tal vez, la antesala del estallido de 2019.

La memoria como oficio

De gira por Europa, gracias al Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas, Convocatoria 2025,  en Berlín presentó tres cortometrajes que, más que relatos, son heridas abiertas, ecos persistentes y preguntas sin respuesta en la historia.

Edison Cájas

“Lo que me mueve en el arte y en el cine es trabajar con la memoria”, dice. “Rescatar historias que quedaron a la deriva y así instalar ideas interesantes, porque en cada investigación se van abriendo ventanas de rescate para no dejarlas en manos de un sector negacionista.”

Cájas estuvo en el b-ware Ladenkino de Berlín, en el ciclo Chile und Erinnerung in Berlin, apoyado por el colectivo que documenta experiencias de resistencia, Rayuela Kollektiv. Toda toda una experiencia. Y no solo eso, con el mismo colectivo organizaron a principios de noviembre el taller Memoria y Fragmento: una invitación a trabajar creativamente con materiales documentales, abrir preguntas y compartir distintas prácticas sobre la memoria.

Un trabajo conjunto que nació justamente tras una colaboración previa entre Cájas y Evelyn Hevia (co-fundadora del colectivo) en el marco de investigaciones sobre el centro de tortura durante la dictadura chilena Villa Grimaldi.

Evelyn Hevia (Rayuela Kollektiv), Daniela Contrera López, Edison Cajás y Diego Aguirre (Rayuela Kollektiv) en el b-ware ladenkino ©Renée Boche

Para el ciclo, el cineasta escogió tres de sus trabajos, una triada para mostrar tres diferentes momentos de la historia moderna de Chile.

Antes de continuar la lectura aclaramos que no hay spoilers. Los invitamos a estar atentos a la cartelera de b-ware Ladenkino ante nuevas fechas de exhibición de los cortometrajes.

©Edison Cájas

El primer cortometraje fue Los anillos de la serpiente (2020), ambientado en el Chile de inicios de los noventa, en un sistema democrático aún débil y bajo las sombras de la dictadura.

Protagonizado por una implacable Paulina García, que interpreta a una ex agente de la CNI (Central Nacional de Informaciones), madre de una adolescente con autismo, (Daniela Contreras-López), doctora y profesora de medicina forense, quien durante la dictadura “mejoraba” a los presos de los centros de tortura de Cuatro Álamos y Villa Grimaldi en la clínica clandestina Santa Lucía para luego regresarlos a la tortura. Con el anuncio de la Comisión Rettig en democracia, es citada a declarar. Es ahí donde la historia da un vuelco inesperado: el pasado la persigue, y uno de sus alumnos la reconoce.

Cájas explica que una de sus líneas de trabajo tiene que ver en cómo el horror de la dictadura aparece en las casas de los chilenos, en la vida íntima de los personajes, en medio del horror político.

El segundo cortometraje, Magma (2022), nos sitúa en 2019. Chile explota en un estallido social cuyo epicentro fue Santiago. Inspirado en la violencia desatada y en los casos aún sin justicia, Magma es un juego temporal: un registro de imágenes captadas in situ que muestran el descontento, el vértigo, la violencia policial.

©Edison Cájas

Es una entrega lúcida y activa, un relato donde el narrador se mueve entre la confusión y la búsqueda de sentido (que luego encuentra). No se sabe bien quién habla, ni desde cuándo, y ese desconcierto también es parte del país que muestra.

Finalmente, con Úrsula (2024), Cájas regresa a la dictadura para abordar otro de sus silencios más profundos: las adopciones ilegales de niños chilenos por familias extranjeras.

Una magistral Paulina Urrutia interpreta a otra agente de la CNI encargada de coordinar esos traspasos. Ella entrega todo lo necesario: nuevas identidades, libretas de familia, pasaportes. Pero su vida privada también está atravesada por la culpa: tiene una hija con autismo severo, Úrsula (sí, la misma de Los anillos de la serpiente).

Años después, la trama se reabre cuando una mujer sueca comienza a sospechar de su origen.
El cortometraje se enlaza con el universo de Los anillos de la serpiente, como si los fantasmas del pasado se negaran a permanecer en un solo film.

En solo diecisiete minutos, Úrsula logra lo que muchos largometrajes no consiguen: convertir la historia oficial en un drama humano.

Paulina Urrutia y Daniela Contrera López en Ürsula ©Edison Cájas

No es casual el paso de Cájas: pocas ciudades en el mundo conviven tan de frente con su pasado. “Berlín tiene siempre un espacio para hablar de la memoria”, reconoce Cájas, que viajó con Daniela Contreras-López, co-protagonista en dos de sus cortos (Los anillos de la serpiente y Úrsula) y con quien fundó el Núcleo Creativo, colectivo dedicado a la producción de obras teatrales basadas en hechos reales.

Daniela Contreras-López en Úrsula ©Edison Cájas

El cine como trinchera

Hoy, la filmografía de Edison Cájas se consolida como una obra coherente y valiente: una cartografía del trauma chileno que se resiste a la amnesia colectiva.

“El mayor problema en Chile no es la ignorancia, sino la ignorancia disfrazada”, dice. “Eso fue lo que dejó la dictadura: mantener a la gente sin reflexión, en un espacio donde no se cuestiona nada.”

En tiempos en que algunos políticos llaman a “superar el pasado”, su cine responde con imágenes que insisten en recordar. No desde el museo, sino desde la herida viva. Porque, como se siente en cada uno de sus cortos, la memoria no es pasado: es una forma de futuro.

“El cine chileno tiene una vida larga y bastante sana. Hay una camada de nuevos directores, hombres y mujeres, que vienen con fuerza y temas de memoria. Respecto a dar o no vuelta la página, creo que la pregunta correcta es: ¿somos un país maduro para hacerlo? Creo que aún estamos en una adolescencia. Y eso significa que tenemos muchas preguntas que responder antes de pensar siquiera en poner punto final.”


Trailer de Úrsula

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Renée Boche

Periodista ¡múltiple! Me vine a Alemania a cursar un máster. Ahora construyo una nueva vida y en eso aprendí a preparar cappuccinos. Fanática de los recitales y de la lectura. Tengo muchas historias... muchas aún sin escribir ✍🏻 Estudio alemán.

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