Cine iberoamericano en corto: segunda edición de Usina Berlin Festival (II). Entrevista

FLECHAS DIRECTO AL CORAZON. Segunda edición de Usina Berlín – Festival de cortos iberoamericanos 2025. En el Passage Kino de Berlín-Neukölln, el 18 de septiembre. Entrevista con Lucía G. Romero (Casi septiembre), Lau Charles (Casa chica), Irati Dojura (Akababuru), Rosa Caldeira & Luiza Calagian (Anba dlo) y Matías Rojas Valencia (Atardecer en América), creadores de los 5 cortos seleccionados en la nueva edición del Festival. Info in English. Info auf Deutsch.
Por Sonja Ortiz

En su segunda edición, el Festival nos invita a recorrer un mapa de miradas que expanden tanto el horizonte geográfico como el narrativo. Viajaremos de los altiplanos andinos a los bosques cubanos, de un camping en el Mediterráneo a las calles de México, hasta llegar a la comunidad indígena de Karmata Rúa en Colombia. Lo que los une es que cada cortometraje abre una ventana íntima hacia experiencias de infancia, migración e identidad. Son relatos tejidos desde perspectivas profundamente personales que nos conducen al corazón de los mundos de sus jóvenes protagonistas. 

Tuve la oportunidad de conversar con las realizadoras y realizadores de los cinco cortometrajes presentes este año sobre las urgencias que los impulsan al plantear preguntas muy personales al público en la gran pantalla.

En un estreno muchas veces se alude al nacimiento de una película. Pero ese nacimiento suele provenir de un lugar que podríamos llamar urgencia creativa. Como creadores, a diario nos atraviesan ideas e historias, pero solo unas pocas se aferran con tanta fuerza que logran abrirse camino hacia el mundo. ¿Cuál fue la urgencia que les  impulsó a filmar esta historia en particular?

Lau Charles. Durante la pandemia realicé un documental muy íntimo con mi madre y mi hermano, que surgió de la pregunta: “¿Cuándo me enteré de que tenía una media hermana de mi edad?”  Ese fue el primer detonante: querer encapsular esas memorias en el tiempo. Posteriormente, la urgencia creativa se transformó en la inquietud de explorar la perspectiva múltiple. Descubrí que mi hermano, mi madre y yo recordábamos el pasado de maneras muy distintas. Esa distancia entre recuerdos se convirtió en la motivación formal y conceptual más importante para consolidar Casa Chica.

Irati Dojura Landa Yagarí. La urgencia no siempre tiene palabras claras; a veces es solo un fuego dentro, una necesidad profunda de crear, de no dejar que ciertas historias se pierdan. Con Akababuru, le estoy cumpliendo el sueño a la niña que fui. A esa pequeña que creció escuchando la historia de Kiraparamia y que, en silencio, deseaba darle un final menos doloroso, más luminoso, más justo. Para mí, el arte ha sido un camino para darle sentido a mi vida, para conectar con mi cultura y, sobre todo, para hablar desde lugares que han sido históricamente silenciados.

Matías Rojas Valencia. Atardecer en América es un proyecto que nació durante el proceso de desarrollo y escritura de mi tercer largometraje de ficción. En ese tiempo me adentré en una extensa investigación cinematográfica, también en el ámbito documental, un formato y género que me interesa mucho. A ello se sumaban, en ese entonces, las constantes noticias que escuchaba y leía sobre la migración en Chile, particularmente de personas provenientes de Venezuela. En un programa de televisión, uno de los panelistas mencionaba que las autoridades no debían dejar ingresar a más “delincuentes” o “criminales”. Sin embargo, en las imágenes de la frontera aparecían familias, niños, niñas y personas de la tercera edad. Descubrí que muchos migrantes cruzan la frontera en el altiplano andino al anochecer, para no ser descubiertos, algo que también ocurre en otras fronteras del mundo. La pregunta que impulsó el proyecto cinematográfico fue: ¿qué ocurre en esos lugares cuando sale el sol y el cambio al atardecer?

El cortometraje, con su esencia breve y contundente, aunque emparentado con el largometraje, tiene sus propias exigencias y oportunidades. ¿Qué les permite explorar o qué les exige este formato en comparación con un largo?

Rosa Caldeira & Luiza Calagian. «El cortometraje es una flecha directa al corazón.» Esta frase, escrita en los muros de la EICTV (Escuela Internacional de Cine y Televisión) por el gran profesor y guionista cubano Eliseo Altunaga, resume con precisión el poder del formato: una flecha veloz y certera que desestabiliza, conmueve y alcanza su objetivo sin titubeos. Es una plataforma vital de expresión para artistas marginales: voces disidentes, trans, de clase trabajadora y latinoamericanas. Apostar por el corto es celebrar una cinematografía que rompe con la burbuja del cine euroamericano, blanco y elitista, para forjar narrativas verdaderamente contemporáneas.

Lau Charles. Para quienes estudiamos cine en una escuela, el cortometraje se convierte en el laboratorio natural de nuestras principales inquietudes y apuestas creativas. En las escuelas de cine no hay tiempo para filmar un largometraje; todos los ejercicios se conciben desde el inicio en este formato. Sin embargo, para mí el corto no ha sido solo un paso previo, sino un formato que respeto, admiro y disfruto profundamente.

Lucía G. Romero. Creo que el cortometraje te dota de más libertad. Desgraciadamente, apenas hay industria para ello, así que a menudo hay una desprofesionalización de los proyectos cortos que por un lado nos empuja a la precariedad pero que mirándolo por el lado bueno nos deja crear con menos condicionantes creativos aunque con más barreras de recursos. Para mí el cortometraje siempre ha sido el fin y no el medio, y quiero que así siga siendo.

Matías Rojas Valencia. Me han preguntado más de una vez por qué decidí realizar un cortometraje si ya había hecho largometrajes. Creo que esa apreciación relega al cortometraje a un simple “paso hacia”, una especie de etapa por cumplir. Yo no lo veo así: Considero que la duración de una obra es también una herramienta cinematográfica y artística, del mismo modo que lo son el cuento y la novela en la literatura. En este caso en particular, sentí que el relato necesitaba precisamente ese tiempo de duración.

Varias historias de esta edición nos abren ventanas a la niñez. Irati, AKABABURU trata del mito de Kiraparamia que ha sido transmitido de generación en generación en tu comunidad. ¿Qué te motivó a reinterpretarlo desde una perspectiva infantil y feminista y qué es lo que hace que esa etapa de la niñez, con esa sabiduría que a veces perdemos de adultos y esa vulnerabilidad que a menudo sentimos, sea tan rica para la narrativa cinematográfica?

Irati Dojura Landa Yagarí. La infancia es un territorio muy fértil para narrar, porque tiene una sensibilidad pura, una conexión intuitiva con lo espiritual, con lo simbólico. Y al mismo tiempo, es una etapa profundamente vulnerable, especialmente para las niñas indígenas, que muchas veces cargan silencios y heridas. Por eso, darle una perspectiva femenina fue importante: para rescatar la voz de Kiraparamia, para decir que nuestras niñas también merecen finales más justos.

Lau, en tu caso CASA CHICA se inspira en tus propias vivencias infantiles. ¿Qué cualidades cinematográficas encontraste tu al acercarte a esta etapa?

Lau Charles. Creo que algo que el cine aprende de la infancia es la capacidad de asombro. Así como los niños y las niñas van descubriendo el mundo y desentrañando lo que cada espacio, persona, sabor, olor o emoción les construye como seres humanos, los cineastas redescubrimos nuestras propias historias e inquietudes, dando sentido a una imagen tras otra hasta convertirla en una ventana.

Esa ventana luego se replica con el espectador, que, acurrucado en la sala de cine —como en una cueva alrededor de una fogata— contempla una pantalla con luces titilantes y empieza a atar cabos desde el asombro, conectándose con el mundo que le proponemos. Quizás el cine nos permite seguir siendo niños de alguna manera; habitar la pantalla desde la crudeza que nos ofrecen se convierte en un espacio profundamente liberador y potente.

Matías, tu protagonista es Bárbara, una adolescente de 13 años, que deja atrás la crisis en Venezuela y viaja por Sudamérica. ¿Cuál fue su motivación para permitirte participar en un momento tan sensible y vulnerable de su vida? 

Matías Rojas Valencia. La motivación nació primero del impacto emocional y luego de la reflexión que surgió frente a las generalizaciones que se expresaban respecto a la migración desde Venezuela hacia Chile.

Bárbara y su madre fueron muy generosas al abrir su espacio, compartir su historia íntima y relatar su experiencia. Según sus propias palabras, para ellas era importante contar lo que habían vivido, ya que ingresar a Chile en condición “ilegal” las colocaba en una situación muy vulnerable, donde las constantes noticias que juzgaban a todas y todos los migrantes las afectaban profundamente.

ANBA DLO también nos lleva a un mundo marcado por la migración, donde adaptarse significa atravesar no solo fronteras físicas, sino también lingüísticas, culturales y sonoras. Con sus imágenes contemplativas y su paisaje sonoro, crean un territorio que parece existir entre lo conocido y lo desconocido. ¿Cómo abordaron la construcción de este mundo y qué recursos visuales y sonoros fueron clave para transmitir la experiencia de desarraigo?

Rosa Caldeira & Luiza Calagian. Nació de unas experiencias muy íntimas, por ejemplo, lidiar con el duelo a partir de la espiritualidad. El momento del baño de quimbombó es uno de los más significativos de la película, y es un ritual inspirado en la religión del Candomblé de la cual Luiza y yo formamos parte, y después se transformó en una escena donde se entrelazan también la Santería cubana y el Vodú haitiano. Al mismo tiempo, el tema de la lengua fue el punto de partida de todo: Buscamos a una actriz cuya primera lengua no fuera el español. Esa decisión abrió reflexiones sobre sonoridades, silencios, culturas y saberes ancestrales. A partir de ahí trabajamos un diseño sonoro en el que la protagonista escucha un llamado ambiguo, proveniente tanto de la selva como de su propio interior. Para lograrlo exploramos flautas, ocarinas, sonidos de la naturaleza, instrumentos indígenas y de culturas originarias de América Latina, hasta encontrar aquellos timbres capaces de transmitir esa sensación de extrañeza.

Lucía, casi septiembre nos lleva a un camping fuera de la ciudad, en el Mediterráneo. ¿Cómo dialoga, para ti el lugar donde ocurren los acontecimientos con la narrativa personal que decidiste contar? 

Lucía G. Romero. Yo soy de Barcelona, así que estos campings y hoteles de la Costa Brava han compuesto las vacaciones de la mayoría de mis recuerdos de la infancia y la adolescencia. Son lugares detenidos en el tiempo, que siempre que los frecuento me hacen sentir como me sentía entonces. Me interesaba mucho este espacio como cuna para el conflicto de la protagonista. Vive en un espacio de tránsito, donde la gente entra y sale de su casa de manera literal y metafórica, cosa que refuerza aún más su creencia de que nada permanece y nadie se va a quedar. Ella se esconde tras de ello para evitar profundidad, algo que requeriría de ella una vulnerabilidad que no está dispuesta a mostrar con cualquiera. 

Sus películas formulan preguntas profundamente personales ante un público colectivo y, en el caso de AKABABURU, al filmar en lengua Embera Chamí, abren la cosmovisión de una comunidad al mundo. ¿Cómo viven esa tensión entre la intimidad de lo narrado y su exposición en una sala de cine?

Irati Dojura Landa Yagarí. Filmar en nuestro idioma Embera Chamí es un acto de resistencia cultural. Fue, para mí, una decisión espiritual, política y artística. Es una forma de decir: “Aquí estamos. Este es nuestro mundo. Estas son nuestras palabras.” La lengua Embera Chamí no es solo un medio de comunicación, es un tejido que conecta nuestras memorias, nuestros saberes, nuestra forma de habitar el mundo. Es muy significativo estar en un espacio como Usina Berlín Festival de cortos iberoamericanos, donde convergen distintas miradas iberoamericanas y donde hay un público diverso y abierto a nuevas formas de narrar. Es un momento para tejer puentes entre culturas, para escuchar desde el corazón y para reafirmar que la diversidad no solo enriquece el cine, sino que lo transforma.

Lau Charles. Valoro enormemente que los festivales puedan convertirse en lugares de reflexión y diálogo, especialmente en torno a piezas que retratan infancias atravesadas por decisiones de adultos que marcaron sus vidas para siempre. Guardadas las proporciones, pienso que estos espacios son todavía más importantes en momentos históricos como el que vive Gaza, donde un genocidio perpetrado por el gobierno de Netanyahu convierte a niños y niñas en daño colateral, víctimas de una situación que excede sus capacidades de agencia y aplasta sus derechos humanos.

Lucía, en una entrevista con Vogue España el año pasado, refiriéndote a tu propia historia, dijiste: “La falta de representación deja mella y me emociona poder cambiar eso”. ¿De qué manera se reflejó esto en la experiencia de compartir Casi Septiembre?

Lucía G. Romero. Cuando estrenamos en la Berlinale, me emocionó poder ver a tanta audiencia queer hablando conmigo y con el equipo de sus impresiones sobre la película. Muchas de ellas nunca habían visto una protagonista con la expresión de género que tiene Alejandra, una butch. Otras recalcaban lo refrescante que era ver un relato queer sin que la identidad o el género supusieran un conflicto en la trama. A mí me emociona escribir personajes que puedan vehicular conflictos universales con los que todo el mundo, independientemente de su condición, se pueda sentir identificado. El foco no está en si Alejandra es lesbiana o si Amara es negra, está en su relación, sus heridas internas y sus ganas de quererse. Y eso me parece liberador.

¿Qué están creando ahora y qué nos pueden adelantar sobre las historias o mundos que explorarás en sus próximos proyectos?

Matías Rojas Valencia. En estos momentos me encuentro trabajando en mi tercer largometraje de ficción, Patas de perro, una película basada en la novela homónima del escritor chileno Carlos Droguett. Relata la vida de un niño que nace con patas de perro reales y de un hombre solitario que intenta adoptarlo, lo que los enfrenta a una sociedad que rechaza al que llaman “niño monstruo”. Recientemente fuimos seleccionados en el Venice Production Bridge del Festival de Cine de Venecia.

Lau Charles. Estoy trabajando en la escritura de mi ópera prima. Lo que puedo adelantar es que, de nuevo, busco explorar el universo de los niños y las niñas, esta vez desde la mirada adolescente de María, de 13 años. Me interesa explorar la realidad que enfrentan los niños al entrar en el mundo del entretenimiento y del cine. Llevo 10 años trabajando en casting y coaching infantil, y he visto de todo. Tengo muchas preguntas sobre las regulaciones del trabajo infantil, sobre sus implicaciones en la psique, sobre la explotación de los padres y sobre mi propio rol como acting coach, acompañando proyectos que muchas veces terminan explotando a los niños. No tengo respuestas definitivas, pero justamente por eso estoy escribiendo esta película: para explorar estas preguntas y motivaciones desde la ficción.

Irati Dojura Landa Yagarí. Yo estoy desarrollando mi segundo cortometraje animado, que se titula Bekaura. Es un proyecto que me tiene muy emocionada, porque me permite seguir explorando el lenguaje visual desde una estética indígena, profundamente conectada con nuestros símbolos, colores y formas de ver el mundo. Estoy en una residencia artística donde estoy trabajando especialmente la parte visual del cortometraje, buscando cómo traducir esa espiritualidad, esa sabiduría ancestral, en imágenes que comuniquen sin necesidad de palabras. Bekaura es otra forma de seguir resistiendo desde la belleza, desde la creación, desde la memoria viva de mi pueblo.

Lucía G. Romero. Estoy escribiendo mi primero largometraje, un coming of age sobre una adolescente conflictiva en la periferia de Barcelona que es mandada junto a sus hermanas a un centro socieducativo tras una pelea callejera. Allí, entre normas, nuevos vínculos y un primer amor, comienza a enfrentarse a su duro pasado y a abrirse al amor. 

Rosa Caldeira & Luiza Calagian. Estamos trabajando en el largometraje que cuenta la misma historia de Anba Dlo, pero ahora en Brasil, y desarrolla y complejiza la experiencia de la personaje, su vida en un país extranjero. Creemos que expandir la historia del corto a un nuevo territorio y al formato del largometraje nos puede permitir profundizar en muchas cuestiones y anhelos personales y creativos, y estamos muy animados para seguir en esa jornada de creatividad y descubrimiento colectivo.

¡Muchas gracias por haber compartido este espacio y por profundizar en sus creaciones! Este jueves 18 sus películas hablarán por ustedes en el cine, ¡nos vemos allí!

Sonja Ortiz. Foto: ©18progray.

Sonja Ortiz es realizadora de teatro y cine radicada en Berlín. Formada en Filmwissenschaft en la Freie Universität Berlín y en Dirección y Actuación en Barcelona, además participó en la Masterclass de Cine de Autor de Werner Herzog. Con Latin Quarter Distribution impulsa la presencia del cine latinoamericano en Europa.


Organizado por Yorck Kinogruppe y el programa internacional de escritura de cortometrajes ugbb | Usina de guiones breves en Berlín. En colaboración con Urua Films y Latin Quarter Distribution.

La Usina de guiones breves en Berlín, ugbb, es el primer programa internacional de escritura de cortos en español de Alemania. El programa ya va por su sexta edición y es posible gracias a la colaboración del Instituto Cervantes en Berlín. Cada año selecciono hasta 10 ideas cinematográficas en estado embrionario y acompaño los procesos creativos de las y los autores de manera personalizada. El programa está especialmente dirigido a cineastas emergentes hispanohablantes, tanto españoles como de la diáspora latinoamericana en Berlín, Alemania y la Comunidad Europea, aunque también tenemos participantes que vienen desde Latinoamérica. La Usina es un espacio de creación y de intercambio entre cineastas de orígenes e identidades diversas, y una plataforma de difusión del talento emergente iberoamericano desde Berlín hacia el mundo. En relación al Usina Berlin Festival, nuestra apuesta es que siga creciendo y que funcione también como un medio de exhibición para los cortos que se originen en el programa de escritura. Pero los tiempos de producción y financiación del cine, aún en los cortos, son largos. Esperamos poder cumplir ese sueño en próximas ediciones. 


Duración total: 104 minutos
Edad recomendada: + 14

Entrada: 10 euros.

Se ofrecerá una copa de vino de cortesía al finalizar la función.

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