Una colaboración de Montse Majench, responsable del Cicle Gaudí en Berlín
Versió en català.
Karmina es una apasionada del cine y el próximo sábado, 26 de abril, acudirá a la cita del Cicle Gaudí en el Babylon para ver El mestre que va prometre el mar, con la presencia de la directora, Patricia Font.

Los miércoles, junto a la estación de la S-Bahn Nordbahnhof, en la Invalidenstraße, hay un mercado semanal de comida formado por cuatro o cinco caravanas, en un espacio que no existe cuando pasas por allí cualquier otro día de la semana. Merece la pena aprovechar la posibilidad de tener un mercado a quince minutos de paseo y saber que allí encontrarás pan, pescado, quesos y frutas, huevos y verduras KM 0 y flores. Vamos siempre que podemos, trabajamos en casa e ir al mercado una vez a la semana es una forma de apagar la pantalla y tomar el pulso del barrio, de la ciudad, de la vida. Mi compañero es alemán, pero nos conocimos en Barcelona hace más de treinta años y hablamos en catalán. Un miércoles soleado del pasado año estábamos frente a la caravana del pan, muy bien surtida con diferentes variedades de pan, desde masa madre hasta pan de levadura, con todo tipo de semillas y varios tipos de pasteles deliciosos, de queso, de manzana, de nísperos. Allí estábamos, estudiando la oferta y debatiendo qué pan comprar cuando, de repente, la vendedora, una mujer que acumula una cantidad de juventud interesante, nos pregunta si somos catalanes, ella también lo es. Sorpresa, por el aspecto, nunca lo habría dicho, será que con los años que lleva en Berlín se ha integrado en el paisaje.

Es Karmina Juan Ruiz. Cuando le expliqué el proyecto del Cicle Gaudí de cine catalán un sábado al mes en el Babylon, enseguida se encendió una chispa pues es una cinéfila empedernida y, por supuesto, ya ha visto todas las películas que presentamos en el Cicle Gaudí, ya sea a través de Filmin (la plataforma catalana de cine, indispensable) o porque está pendiente de la cartelera berlinesa dónde, de vez en cuando, te sorprenden con una película catalana o española. Ahora mismo Karmina ostenta el título de “Prescriptora mayor del Cicle Gaudí en Berlín”, se ha hecho un postalero para la caravana de pan y coloca las postales del Cicle y el cartel de la película, que se pasean con ella vaya donde vaya. Me emocioné.
Cuando te encuentras catalanes que viven en Berlín, siempre quieres saber qué los ha llevado hasta aquí y por qué se han quedado, ¿qué buscan en esta ciudad? Pues Karmina tenía una muy buena amiga, Marta, que todavía la tiene, que vivía en Berlín y la visitaba a menudo. La ciudad le gustaba mucho, le ofrecía un anonimato que le atraía. En una de estas visitas, Karmina conoció a una chica que era amiga de la pareja de Marta y se enamoraron. Después de ir y venir durante un tiempo, al final decidió quedarse, de eso hará 25 años en septiembre. El amor, más fuerte que el viento, una razón preciosa para descubrir una ciudad justo en uno de esos momentos en los que una necesita un cambio. Hacía tres años que habían muerto sus padres.
Su padre fue uno de los 30.000 jóvenes que formaron parte de la Quinta del Biberón en la guerra civil española y uno de los 307 supervivientes, con el corazón profundamente republicano. En casa de Karmina, una familia obrera trabajadora, no se hablaba mucho del tema, imperaba el miedo del perdedor. Cuando Karmina cumplió 8 años murió el dictador, “Paco”, y este hecho forjó su postura ante la vida de ir a contracorriente, libertaria por instinto y con la convicción de la fuerza que tenemos cuando vamos todos a una.


Derecha: Un jueves al mes del año 2000, en el Lola, “Tri Ciclos” de cine español organizado por Karmina
Como mujer, sobre todo hace 25 años, Berlín le ofrecía unas posibilidades que no existían en Barcelona. Berlín, dice Karmina, es una ciudad que no te juzga, que te deja espacio para ser y hacer. Se instala en Kreuzberg, donde sigue viviendo. En Barcelona, de joven, había trabajado en Trèvol, una cooperativa pionera en servicios de mensajería en bicicleta que todavía existe, en la que había participado en las asambleas y había conocido un modelo laboral sin jerarquías. En Berlín, su amiga Marta tenía un restaurante de tapas con unos amigos sus catalanes, el Lola en Friedrichshain y así fue cómo se introdujo en el mundo de la gastronomía, un sector que desconocía completamente. Lola tenía un espacio en el fondo donde ponían 50 sillas delante de un televisor y cada jueves, a las 19.30 h, Karmina presentaba una película española en formato VHS, joyas como “Solas” de Benito Zambrano (1998) con el comentario “mejor que mal acompañadas”, o “La estrategia del caracol” de sergio Cabrera, “casa ocupada, casa encantada”, o “Ay, Carmela” de Carlos Saura, “pasaron, pero no nos callaron”. Cuando aún vivía en Barcelona, grababa las películas de la tele y los domingos iba al Mercado de Sant Antoni a buscar imágenes para hacer las carátulas y después en Berlín, los jueves, un público variado, de españoles y alemanes, llenaba la trastienda del Lola. El programa que reproducimos es un tesoro que Karmina conserva en una bolsita de celofán. Esta aventura duró un par de años, el Lola cerró, pero Karmina continuó haciendo sesiones de cine en una librería de la Skalitzerstraße, La Tortuga, regentada por un cántabro, Miguel, y fue muy bien.

Es lo que tiene Berlín, permite hacer estas cosas y las que te puedas imaginar y eso tiene un punto que engancha, dice Karmina, que después de valorarlo detenidamente y con la experiencia del Lola abrió un bar de tapas mediterráneas en la Wrangelstr., Las Primas, que funcionó de 2008 a 2019, con Marta al frente de la cocina. Para Karmina, dar de comer es cultura y le gusta la cocina. 11 años dan para mucho, para ver qué pasa si abres por la mañana, para hacer un menú y darse cuenta de que aquí este modelo no funciona, hasta que encuentras el punto y abres la cocina de 16 h a 23 h y la noche se estira y cierras el bar cuando se ha ido todo el mundo. Las Primas se convirtió en un punto de encuentro y de referencia del barrio, pero, sobre todo para Karmina fue una gran experiencia, establecerse por su cuenta, jugársela, «siempre estás a tiempo de bajar la persiana y de trabajar para otro. Aunque económicamente no dejara grandes frutos, sí que hice grandes amigas y amigos, al final el dinero es solo una herramienta, no es el objetivo de la vida, lo pruebas y ya está”.

El próximo trabajo, donde estuvo seis años, lo encontró en el Hostel de la Regenbogenfabrik, también en Kreuzberg, un espacio autogestionado desde hace más de 40 años, en el que sigue colaborando en la oficina general, con la contabilidad. «Para mí trabajar en colectividad es también enseñar al mundo que hay otras maneras de funcionar. Y a mí esto me llena mucho, no estás engordando un tiburón. Y el espacio, no sé si lo conoces, el espacio es maravilloso. Es una antigua fábrica ocupada, hay una guardería, la Kantina, dónde preparan un menú que está muy bien cuando hace buen tiempo; se hacen muchas exposiciones, también hay un taller de bicicletas, increíble, un taller de carpintería, donde puedes utilizar las máquinas… Es un espacio vecinal anticapitalista, en el trabajo todos somos iguales, y a mí me llena, ya me llenaba en Barcelona trabajar en Trèvol, siempre ha sido mi manera de funcionar. También en Las Primas, de alguna manera, aunque fuera mío y yo fuera la “jefa”, pero todas éramos iguales, creo que hay otras vías de funcionamiento que no sea el capitalismo tal y como está, dónde sólo somos números, números y nada más, no somos personas, y eso genera diferencias”.
¿Y ahora qué?
Ahora mismo Karmina compagina la actividad en la Regenbogenfabrik y la caravana de la panadería donde nos hemos conocido, la Mehlwurm Bio Vollkornbäckerei, donde hacen un pan de mucha calidad, artesanalmente y trabajan también sin ninguna estructura jerárquica, aunque ya no son el colectivo de cuando se fundó, hace 42 años. Para ella es importante que no sean ningún tiburón y, además, tratar con un buen pan, siempre es agradable. Durante los 11 años que estuvo en primera línea del bar Las Primas, su vida se reducía a trabajar, por la noche salía cansada y no le quedaban ganas de explorar lo que ofrecía Berlín. Al cerrar el bar, pudo volver a disfrutar de sus aficiones, cenar en casa, con gente, ir a ver exposiciones, ir a charlas, tertulias y sobre todo recuperó una de las cosas que más le gustan: ir al cine. Así como ir al teatro le cuesta más, quizás porque no acaba de dominar la lengua, con el cine no tiene ningún problema y al menos un par de veces al mes va a ver películas en versión original. Va al Babylon, al Klick y a los cines indies de Berlín, todavía compra DVD’s y disfruta en casa de la suscripción a Filmin, con un proyector y pantalla grande. En esta pantalla también sigue al Barça, todas tenemos nuestras incoherencias, reconoce, pero desde que existe el Barça femenino, se ha hecho devota y las ha seguido en las finales de Budapest, Eindhoven y Bilbao.


Derecha: Detalle de la carta del Bar Las Primas. @Sun-Rabit Q. 2011
Comida alemana
¿Qué destacarías de la comida alemana? ¿Qué te gusta?
A mí me gustan mucho los Spätzle, esta pasta del sur de Alemania y también los Schnitzel, carne de ternera, aunque intento comer poca carne. No se le pueden pedir peras al tilo, ya lo sabemos, con este clima tan frío, tienen un tipo de comida que no es la nuestra. Para mí, la dieta mediterránea es lo mejor que hay. No hace falta disfrazar nada. Por ejemplo, coges un pimiento y lo haces en la parrilla, le echas un poquito de aceite y es maravilloso. Pero bueno, me he acostumbrado. Yo cocino mucho, casi cada día me cocino, creo que es una de las mejores herramientas para ser sostenibles, cocinar, cocinando y transformando lo que tienes. Está claro que a la huerta berlinesa no le podemos pedir gran cosa. Tienen lo que tienen, sí.
Tu círculo.
En mi círculo más cercano hay muchos catalanes y muchos españoles, que vienen de los 11 años de Las Primas, toda la gente que trabajaba allí, de alguna manera, era española o catalana. No es que yo la fuera a buscar, ¿eh?, sino porque, claro, cuando estás en la tesitura de poder dar trabajo, siempre viene a pedir trabajo el que acaba de llegar y la gente que acaba de llegar normalmente no es alemana. Hicimos un círculo que era como una pequeña familia y tengo buenas amigas alemanas, 3 o 4, y son muy buena gente, pero, básicamente, mi círculo es catalán y castellano.” Los 11 años del bar son un paréntesis importante en la vida de Karmina, una etapa que marcó completamente sus relaciones, «no tenía vida.

El alemán
El aspecto de Karmina es el de una alemana de nacimiento, quizá por los ojos claritos, el corte de pelo, pero, aunque tiene herramientas para hablar y seguir las conversaciones en alemán, el hecho de ponerse a trabajar inmediatamente a su llegada hizo que no tuviera la cabeza para ponerse a estudiar. «Los matices me cuestan mucho. Y eso me frustra, me frustra muchísimo. Nunca puedes acabar de profundizar.» Utiliza el traductor y, de vez en cuando, asiste a cursos puntuales de gramática en la Volkshochschule y también se ha enganchado al Duolingo, a base de repetir siempre se te queda algo.
Los alemanes
Cuando vives en una ciudad a 2.000 Km de tu lugar de origen, es lógico que sientas un choque cultural. El clima no condiciona sólo la comida sino también el carácter de la gente, pero Karmina se encontró pronto a gusto en Berlín.
«Una de las cosas que me gusta mucho de los alemanes es que siempre te dirán lo que piensan, para bien o para mal, ¿sabes? Al principio, me sorprendió, pero ahora lo valoro, porque quieras o no, siempre sabes lo que hay, ¿verdad? Sí que es una gente que, de alguna manera, va de cara. Claro, a mí eso me gusta. Tienen esta ética”.
Aunque el Berlín que conoció a su llegada y que la enamoró ha cambiado mucho, le gusta porque no es una sociedad que te juzga por otras cosas que no sean por lo que deben juzgarte. «Si vas a una entrevista de trabajo, por ejemplo, te juzgaran por aquello que ese trabajo precisa de ti. No miran cómo vas vestida, o si llevas miles de tatuajes, o si tal y cual. Y eso, para mí, es libertad, porque quiere decir que puedes ser como tú eres, y no tienes que disfrazarte. Y, ya lo sabemos, Barcelona es una ciudad maravillosa, pero, hostia, aún nos falta mucho para llegar a este punto, ¿verdad? y más como mujeres. Y esto me gusta de Berlín”.

¿Y lo que menos te gusta? «A ver, lo que menos me gusta… No sé cómo podríamos decirlo… encuentro una falta de empatía. Son un poquito fríos, ¿verdad? Son individualistas, ¿verdad?, pero no lo digo como algo peyorativo, ¿eh?, lo digo porque pienso que les han enseñado a ser así, quizás para sobrevivir».
La añoranza
Cuando le pregunto qué encuentra a faltar de Barcelona viviendo en Berlín, responde sin dudar: la luz. «Añoro este cielo azul nuestro, esta luz» y también «pasear por la calle, entrar en un bar sola y poder, quizás, tener una charla con alguien; ir al mercado y charlar con las tenderas, ¿sabes? El calor humano, eso es lo que extraño más. El clima hace mucho, claro. En un país donde hace frío 8 meses al año, la gente no vive en la calle. La calle la pisas como un medio que te transporta hacía otro lugar. Pero, eso sí, los 3 o 4 meses de verano en Berlín son una maravilla, te vas a un parque y te sientas y.… lo ves incluso en la cara de la gente. Pero, claro, en invierno no es así.” No. A mí también me pasa, me ha costado encontrarle el encanto al invierno berlinés, que lo tiene, con toda la gama de grises sin sol durante quince días, será el síndrome mediterráneo.

Aficiones
¿Qué aficiones tienes? «Aparte del cine, claro, tengo una pequeña furgoneta con una cama dentro, camperizada, y cuando el tiempo lo permite, me gusta mucho ir de camping, estar en la naturaleza, que aquí está muy cerca… viajar me gusta mucho. Hasta ahora tenía un perrito y me gustaba mucho ir a pasear con él. También me gusta mucho la música e ir a conciertos. Y me gusta ir a manifestaciones, luchar por cosas por las que creo que es necesario luchar. No milito en ninguna parte, pero creo que las pequeñas cosas que podemos hacer en nuestro día a día también pueden ayudar a hacer pequeños cambios, ¿no?
Berlín
¿Volverías a venir a Berlín si volvieras a nacer? «No sé si volvería a Berlín, pero yo pienso que todos, todas, todos, deberían salir de dónde han nacido, aunque sólo fuera una vez en la vida. Si me lo llegan a decir que acabaría en Berlín, no me lo habría creído nunca, yo era de mi trabajillo, mi pareja, mi casita, y al final es lo mejor que he hecho en mi vida. Te abre, la mente y el corazón, y eso es precioso.»
“Ahora tengo una relación de amor y odio con la ciudad. Le estoy dando vueltas. Pienso que, de momento, la ciudad de Europa en la que se puede vivir es Berlín. Tampoco tengo otros referentes, pero creo que todavía es una ciudad bastante habitable, es muy grande, tienes espacio, pero con todos los cambios que está haciendo, pues, ya no tengo tantas ganas. Está cambiando, como cambió Barcelona en su día. Berlín, tras la caída del muro, ha cambiado mucho, la han arreglado y la han vendido.

Antes, tenías que esforzarte por sobrevivir en la ciudad, pero tenías tus recompensas, podías vivir con poco dinero, era más fácil todo, había mucha cultura, mucha vida underground… ahora, con el precio de los alquileres y de todo, madre de Dios, ya no me compensa tanto. Evidentemente, tampoco me pregunto lo mismo ahora que hace 30 años. Lo que me da ahora la naturaleza, no me lo daba antes, pero quizás tampoco iba a buscarlo. Ahora quiero otro tipo de vida, ¿sabes?, porque… Por eso es el cambio. Y también creo que ahora todavía tengo energías y ganas de hacerlo. Porque también es duro vivir en el campo, no todo son flores y violas. No, no. Pero cada vez hay más gente que toma esta decisión, con lo que se están creando otras comunidades.”
Presente y futuro
Karmina: Soy muy pesimista, todo esto es una mierda, todo el sistema, el capitalismo se ha ido de madre. Por eso creo que cuanto más autosuficientes seamos, más podremos sobrevivir. En una ciudad no puedes tener la autosuficiencia que te puede dar el campo. No sólo por tener un huerto y tal, pero también tienes tu espacio, vives con poco, puedes disfrutar del tiempo, el tiempo real de la naturaleza, te levantas con el día, te vas a dormir cuando cae el sol… Es otra energía. Para mí, ahora mismo, es otra energía. Pero vaya, de momento, pienso que Berlín es válida, ¿eh? No quiero borrarla, no quiero tirarla hacia abajo, pero ¿por qué no? Quizás para mí, particularmente, esta etapa ya está, para mí, ¿eh?

Creo que deberíamos ser conscientes de la fuerza que tenemos, no sólo como individuos, sino cuando nos juntamos con otra gente con la que compartimos los mismos ideales y luchamos por las mismas cosas, que es básicamente lo que el capitalismo no quiere, que seamos conscientes de esa fuerza que tenemos. Está claro que los humanos siempre queremos ser parte de algo, ¿no? Por eso, por ejemplo, la gente se va al fútbol y grita, porque se siente parte de algo. Deberíamos dejar un poquito a un lado tantas redes sociales y tantas cosas inútiles y volver a buscar el calor humano que tiene el estar juntas, hacer cosas juntas y no detrás de una pantalla, ¿verdad? Aunque es una batalla muy complicada, ahora mismo, pero mira, nunca es tarde. Y sobre todo que la gente no deje de hacer estos pequeños gestos que, aunque parezca que no llevan a ninguna parte, yo pienso que sí llevan. No consumir tanto, intentar vivir con poco y hacernos más preguntas. ¿Dónde va el dinero? ¿Qué sentido tiene comprar cuatro camisetas por 10 euros? ¿De dónde vienen estas camisetas? ¿Quién las hace? Creo que deberíamos preguntarnos más a menudo dónde dejamos nuestro dinero. Yo lo intento, sin llegar a la paranoia, porque si no acabaría fatal, pero ser consciente de lo que hacemos y de que cada gesto, por pequeño que sea, cuenta.
Con esta contundente y firme declaración de principios, damos por terminada la entrevista con Karmina y quedamos que nos veremos el miércoles en la Nordbahnhof y le traeré las nuevas postales del Cicle Gaudí en Berlín y el cartel de la próxima película, que seguramente ya habrá visto pero que volverá a ver en el Babylon para sentir la comunidad que se crea alrededor de cada película y participar en el coloquio que nos enriquece a todas.
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Petits gestos a la gran ciutat
La Karmina és una apassionada del cinema i dissabte que ve, 26 d’abril, anirà amb unes amigues a la cita del Cicle Gaudí al Babylon per veure El mestre que va prometre el mar, amb la presència de la directora, Patricia Font.

Els dimecres, a tocar de l’estació de la S-Bahn Nordbahnhof, a la I Invalidenstraße, hi ha un mercat setmanal de menjar format per quatre o cinc caravanes, en un espai que no existeix quan passes per allà qualsevol altre dia de la setmana. Val la pena aprofitar la possibilitat de tenir un mercat a quinze minuts de passeig i saber que allà hi trobaràs pa, peix, formatges i fruites, ous i verdures KM 0 i flors. Hi anem sempre que podem, treballem a casa i anar al mercat un cop a la setmana és una manera d’apagar la pantalla i prendre el pols al barri, a la ciutat, a la vida. El meu company és alemany però ens vam conèixer a Barcelona fa més de trenta anys i parlem en català. Un dimecres solejat de l’any passat estàvem davant de la caravana del pa, molt ben assortida amb diferents varietats de pa, des de massa mare fins a pa de llevat, amb tota mena de llavors i uns quants tipus de pastissos deliciosos, de formatge, de poma, de nespres. Allà estàvem, estudiant l’oferta i debatent quin pa comprar quan, de cop, la venedora, una dona que acumula una quantitat de joventut interessant, ens pregunta si som catalans, ella també ho és. Sorpresa, per l’aspecte, mai no ho hauria dit, deu ser que amb els anys que porta a Berlín s’ha integrat en el paisatge.

És la Karmina Juan Ruiz. Quan li vaig explicar el projecte del Cicle Gaudí de cinema català un dissabte al mes al Babylon, de seguida es va encendre una espurna doncs és una cinèfila empedreïda i, per descomptat, ja ha vist totes les pel·lícules que presentem al Cicle Gaudí, ja sigui a través de Filmin (la plataforma catalana de cinema, imprescindible) o perquè està pendent de la cartellera berlinesa on, de tant en tant, en un cinema o altre et sorprenen amb la projecció d’una pel·lícula catalana o espanyola. Ara la Karmina té el títol de “Prescriptora major del Cicle Gaudí a Berlín”, s’ha fet un postaler per la caravana de pa i hi col·loca les postals del Cicle i un cartell, que es passegen amb ella vagi on vagi. Em vaig emocionar.
Quan et trobes catalans que viuen a Berlín, sempre vols saber què els ha portat fins aquí i per què s’hi han quedat, què hi busquen en aquesta ciutat? Doncs la Karmina tenia una molt bona amiga, la Marta, que encara la té, que vivia a Berlín i la visitava sovint. La ciutat li agradava molt, li oferia un anonimat que l’atreia. En una d’aquestes visites, la Karmina va conèixer una noia que era amiga de la parella de la Marta i es van enamorar. Després d’anar i venir durant un temps, al final va decidir quedar-s’hi, d’això farà 25 anys al setembre. L’amor, més fort que el vent, una raó preciosa per descobrir una ciutat just en un d’aquells moments en que una necessita un canvi. Només feia tres anys que havien mort els seus pares.
El seu pare va ser un dels 30.000 nois que van formar part de la Quinta del Biberó durant la guerra civil espanyola i un dels 307 supervivents, amb el cor profundament republicà. A casa, una família obrera treballadora, no es parlava gaire del tema, imperava la por del perdedor. Quan la Karmina va fer 8 anys va morir el dictador, “en Paco” i aquest fet va forjar la seva postura davant la vida d’anar a contracorrent, llibertària per instint i amb la convicció de la força que tenim quan anem tots a una.

Com a dona, sobretot fa 25 anys, Berlín li oferia unes possibilitats que a Barcelona no existien. Berlín, diu la Karmina, és una ciutat que no et jutja, que et deixa espai per ser i per fer. S’instal.la a Kreuzberg, on segueix vivint. A Barcelona, de joveneta, havia treballat a Trèvol, una cooperativa pionera en serveis de missatgeria en bicicleta que encara existeix, on havia participat a les assemblees i havia conegut un model laboral sense jerarquies. A Berlín, la seva amiga Marta tenia un restaurant de tapes amb uns amics seus catalans, el Lola a Friedrichshain i així va ser com es va introduir en el món de la gastronomia, un sector que desconeixia completament. El Lola tenia un espai al fons on hi posaven 50 cadires davant d’un televisor i cada dijous, a les 19.30 h, la Karmina hi presentava una pel·lícula espanyola en format VHS, joies com “Solas” de Benito Zambrano (1998) amb el comentari “mejor que mal acompañadas”, o “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera, “casa ocupada, casa encantada”, o “Ay, Carmela” de Carlos Saura, “pasaron, pero no nos callaron”. Quan encara vivia a Barcelona, les gravava de la tele i els diumenges anava al Mercat de Sant Antoni a buscar imatges per fer les caràtules i després a Berlín, els dijous, un públic variat, d’espanyols i alemanys, omplia la rebotiga del Lola. El programa que reproduïm és un tresor que la Karmina conserva dins d’una bosseta de cel·lofana. Aquesta aventura va durar un parell d’anys, el Lola va tancar però la Karmina va continuar fent sessions de cinema en una llibreria de la Skalitzerstraße, La Tortuga, regentada per un càntabre, el Miguel, i va anar molt bé.

Com a dona, sobretot fa 25 anys, Berlín li oferia unes possibilitats que a Barcelona no existien. Berlín, diu la Karmina, és una ciutat que no et jutja, que et deixa espai per ser i per fer. S’instal.la a Kreuzberg, on segueix vivint. A Barcelona, de joveneta, havia treballat a Trèvol, una cooperativa pionera en serveis de missatgeria en bicicleta que encara existeix, on havia participat a les assemblees i havia conegut un model laboral sense jerarquies. A Berlín, la seva amiga Marta tenia un restaurant de tapes amb uns amics seus catalans, el Lola a Friedrichshain i així va ser com es va introduir en el món de la gastronomia, un sector que desconeixia completament. El Lola tenia un espai al fons on hi posaven 50 cadires davant d’un televisor i cada dijous, a les 19.30 h, la Karmina hi presentava una pel·lícula espanyola en format VHS, joies com “Solas” de Benito Zambrano (1998) amb el comentari “mejor que mal acompañadas”, o “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera, “casa ocupada, casa encantada”, o “Ay, Carmela” de Carlos Saura, “pasaron, pero no nos callaron”. Quan encara vivia a Barcelona, les gravava de la tele i els diumenges anava al Mercat de Sant Antoni a buscar imatges per fer les caràtules i després a Berlín, els dijous, un públic variat, d’espanyols i alemanys, omplia la rebotiga del Lola. El programa que reproduïm és un tresor que la Karmina conserva dins d’una bosseta de cel·lofana. Aquesta aventura va durar un parell d’anys, el Lola va tancar però la Karmina va continuar fent sessions de cinema en una llibreria de la Skalitzerstraße, La Tortuga, regentada per un càntabre, el Miguel, i va anar molt bé.
És el que té Berlín, permet fer aquestes coses i les que et puguis imaginar i això té un punt que enganxa, diu la Karmina, que després de valorar-ho detingudament i amb l’experiència del Lola va obrir un bar de tapes mediterrànies a la Wrangelstr., Las Primas, que va funcionar del 2008 al 2019, amb la Marta al capdavant de la cuina. Per a ella, donar de menjar és cultura i li agrada la cuina. 11 anys donen per molt, per veure què passa si obres al matí, per fer un menú i adonar-se que aquí aquest model no funciona, fins que trobes el punt i obres la cuina de 16 h a 23 h i la nit s’estira i tanques el bar quan ha marxat tothom. Las Primas es va convertir en un punt de trobada i de referència del barri però, sobretot, per la Karmina va ser una gran experiència, establir-se pel seu compte, jugar-se-la, “sempre hi ets a temps de baixar la persiana i de treballar per un altre. Tot i que econòmicament no deixés grans fruits, sí que hi vaig fer grans amics, al final els diners no son més que una eina, no és el fi de la vida, ho proves i ja està”.


La propera feina, on va estar sis anys, la va trobar al Hostel de la Regenbogenfabrik, també a Kreuzberg, un espai autogestionat des de fa més de 40 anys, on segueix col·laborant a l’oficina general, amb la comptabilitat. “Per a mi treballar en col·lectivitat és també ensenyar al món que hi ha altres maneres de funcionar. I a mi això m’omple molt, no estàs engreixant un tauró. I l’espai, no sé si el coneixes, l’espai és meravellós. És una antiga fàbrica ocupada, hi ha una guarderia, la Kantina, on fem un menú quan fa bon temps, que està molt bé; s’hi fan moltes exposicions, també hi ha un taller de bicicletes, increïble, un taller de fusteria, on pots disposar de les màquines… És un espai veïnal anticapitalista, a la feina tots som iguals, i a mi això m’omple, ja m’omplia Barcelona treballar a Trèvol, sempre ha sigut la meva manera de funcionar. També a Las Primas, d’alguna manera, tot i que era meu i jo era la “jefa”, però totes érem iguals, penso que hi ha altres vies de funcionament que no sigui el capitalisme tal i com està, on només som números, números i prou, no som persones, i això genera diferències».
I ara què?

Ara mateix la Karmina compagina l’activitat a la Regenbogenfabrik i la caravana de la fleca on ens hem conegut, la Mehlwurm Bio Vollkornbäckerei, on fan un pa de molta qualitat, artesanalment i treballen també sense cap estructura jeràrquica, encara que ja no son el col·lectiu de quan es va fundar, fa 42 anys. Per ella és important que no siguin cap tauró i a més, tractar amb un bon pa, sempre és maco. Durant els 11 anys que va estar a primera línia del bar Las Primas, la seva vida es reduïa a treballar, a la nit sortia cansada i no li quedaven ganes d’explorar el que oferia Berlín. Al tancar el bar, va poder tornar a gaudir de les seves aficions, sopar a casa, amb gent, anar a veure exposicions, anar a xerrades, a tertúlies i sobretot va recuperar una de les coses que més li agraden: anar al cinema. Així com anar al teatre li costa més, potser perquè no acaba de dominar la llengua, amb el cinema no té cap problema i dos cops al mes va a veure pel·lícules en versió original. Va al Babylon, al Klick i als cinemes indies de Berlín, encara compra DVD’s i gaudeix a casa de la subscripció a Filmin, amb un projector i pantalla gran. En aquesta pantalla també segueix al Barça, totes tenim les nostres incoherències, reconeix, però des que existeix el Barça femení, s’ha fet devota i les ha seguit a les finals de Budapest, Eindhoven i Bilbao.

Menjar alemany
Què destacaries del menjar alemany? Que t’agrada? “A mi m’agraden molt els Spätzle, aquesta pasta del sud d’Alemanya, i també els Schnitzel, carn de vedella, tot i que intento menjar poca carn. No se li poden demanar peres al til·ler, ja ho sabem, amb aquest clima tan fred, tenen un tipus de menjar que no és el nostre. Per a mi, la dieta mediterrània és el millor que hi ha. No l’has de disfressar. Tu agafes un pebrot i el fas a la planxa, li fots una miqueta d’oli i és meravellós. Però bé, m’hi he acostumat. Jo cuino molt, gairebé cada dia em cuino, crec que també és una de les millors eines de sostenibilitat al nostre abast, cuinar, cuinant i transformant el que tens. Està clar que a l’hort berlinès no li podem demanar molta coseta. Tenen el que tenen, sí”.
El teu cercle
KARMINA: ”Al meu cercle més proper hi ha molts catalans i molts espanyols, que venen dels 11 anys a Las Primas, tota la gent que treballava allà, d’alguna manera, era espanyola o catalana. No perquè jo l’anés a buscar, eh?, sinó perquè, clar, quan estàs en la tessitura de poder donar feina, sempre et ve a demanar feina gent que acaba d’arribar i la gent que acaba d’arribar normalment no és alemanya. Vam fer un cercle que era com una petita família i tinc bones amigues alemanyes, 3 o 4, i són molt bona gent, però, bàsicament, el meu cercle és català i castellà.” Els 11 anys del bar son un parèntesi important a la vida de la Karmina, una etapa que va marcar completament les seves relacions, “no tenia vida”, diu.

L’alemany
L’aspecte de la Karmina és el d’una alemanya de naixement, potser pels ulls clarets, el tall de cabell, però tot i que té eines per parlar i seguir les converses en alemany, el fet de posar-se a treballar a l’arribar va fer que no tingués el cap per posar-se a estudiar. “Els matisos em costen molt. I això em frustra, em frustra moltíssim. Mai pots acabar d’aprofundir.” Utilitza el traductor i, de tant en tant, assisteix a cursos puntuals de gramàtica a la Volkshochschule i també s’ha enganxat al Duolingo, a base de repetir sempre se’t queda alguna cosa.
Els alemanys
Quan vius en una ciutat a 2.000 Km del teu lloc d’origen, és lògic que sentis un xoc cultural. El clima no condiciona només el menjar sinó també el caràcter de la gent però la Karmina s’hi va trobar a gust ben aviat a Berlín.
“Una de les coses que m’agrada molt dels alemanys és que sempre et diran el que pensen, per a bé o per a mal, saps? Al principi, em va sobtar, però ara ho valoro, perquè vulguis o no, sempre saps el que hi ha, oi? Sí que és una gent que, d’alguna manera, va de cara. És clar, a mi això m’agrada. Tenen aquesta ètica.” Tot i que el Berlín que va conèixer a l’arribar i que la va enamorar ha canviat molt, li agrada perquè no és una societat que et jutja per altres coses que no siguin pel que t’han de jutjar. “Si vas a una entrevista de feina, et jutgen per allò que aquella feina precisa de tu. No miren com vas vestida, o si portes milers de tatuatges, o si tal i qual. I això, per mi, és llibertat, perquè vol dir que pots ser com tu ets, i que no t’has de disfressar. I, ja ho sabem, Barcelona és una ciutat meravellosa, però, hòstia, encara ens falta molt per arribar a aquest punt, oi?, i més com a dones. I això m’agrada de Berlín”.

I el que menys t’agrada? “Aviam, el que menys m’agrada… No sé com ho podríem dir… trobo una falta d’empatia. Són una miqueta freds, oi? Són individualistes, oi?, però no ho dic com una cosa pejorativa, eh?, ho dic perquè jo penso que els han ensenyat a ser així, potser per sobreviure.”
L’enyorança
Quan li pregunto què enyora de Barcelona vivint a Berlín, respon sense dubtar: la llum. “Enyoro aquest cel blau nostre, aquesta llum” i també “passejar pel carrer, entrar en un bar sola i poder, potser, tenir una xerrada amb algú; anar al mercat i xerrar amb les tenderes, saps? El calor humà, això és el que estranyo més. El clima hi fa molt, és clar. En un país on hi fa fred 8 mesos l’any, la gent no viu al carrer. El carrer el trepitges com un medi que et porta a un altre lloc. Això sí, els 3 o 4 mesos d’estiu a Berlín són una meravella, te’n vas a un parc i t’asseus i… ho veus fins i tot a les cares de la gent. Però, és clar, a l’hivern no és així.” No. A mi també em passa, m’ha costat trobar-li l’encant a l’hivern berlinès, amb tota la gamma de grisos sense sol durant quinze dies, deu ser la síndrome mediterrània.

Aficions
Quines aficions tens? “A part del cinema, és clar, tinc una petita furgoneta amb un llit dintre, camperitzada, i quan el temps ho permet, m’agrada molt anar de càmping, a la natura, aquí està molt a prop… viatjar m’agrada molt. Fins ara tenia un gosset i m’agradava molt fer passejades amb ell. També m’agrada molt la música, anar a concerts. I m’agrada anar a manifestacions, lluitar per coses per les quals penso que és necessari lluitar. No milito enlloc però crec que les petites coses que podem fer al nostre dia a dia també poden ajudar a fer petits canvis, no?”
Berlín
Tornaries a venir a Berlín si tornessis a néixer? «No sé si tornaria a Berlín, però jo penso que tothom, tothom, tothom, hauria de sortir d’on ha nascut, encara que fos una vegada a la vida. Si m’ho arriben a dir que acabaria a Berlín, no m’ho hauria cregut mai, jo era de la meva feineta, la meva parella, la meva caseta, i al final és el millor que he fet a la meva vida. T’obre, t’obre i això és molt maco.
Ara tinc una relació d’amor i odi amb la ciutat. Li estic donant voltes. Penso que, de moment, la ciutat d’Europa on es pot viure, és Berlín. Tampoc tinc altres referents, però em sembla que encara és una ciutat bastant habitable, és molt gran, tens espai, però amb tots els canvis que està fent, doncs, ja no en tinc tantes ganes. Està canviant, com va canviar Barcelona en el seu dia. Berlín, després de la caiguda del mur, ha canviat molt, l’han arreglat i l’han venut».

Abans, t’havies d’esforçar per sobreviure a la ciutat, però tenies les teves recompenses, hi podies viure amb pocs diners, era més fàcil tot, hi havia molta cultura, molta vida underground… ara, amb el preus dels lloguers i de tot plegat, mare de Déu, ja no em compensa tant. Evidentment, tampoc em pregunto el mateix ara que fa 30 anys. El que em dona ara la natura, no m’ho donava abans, però potser tampoc ho anava a buscar. Ara vull un altre tipus de vida, saps?, perquè… Per això és el canvi. I també penso que ara encara tinc energies i ganes de fer- ho. Perquè, també és dur viure al camp, o sigui, no tot son flors i violes. No, no. Però cada cop hi ha més gent que pren aquesta decisió, amb la qual cosa s’estan creant unes altres comunitats.”
Present i futur
KARMINA: Sóc molt pessimista, tot això és una merda, tot el sistema, el capitalisme se n’ha anat de mare, tot, se n’ha anat tot de mare. Llavors crec que com més autosuficients siguem, més podrem sobreviure. En una ciutat no pots tenir aquesta autosuficiència, com te la pot donar el camp, d’alguna manera. No només pel fet de tenir un hortet i tal, però també tens el teu espai, vius amb poc, pots gaudir del temps, el temps real de la natura, t’aixeques amb el dia, te’n vas a dormir quan cau el sol… És una altra energia. Per a mi, ara mateix, és una altra energia. Però vaja, de moment, penso que Berlín és vàlida, eh? No la vull esborrar, no la vull tirar cap a baix, però per què no? Potser per a mi, particularment, aquesta etapa ja està, per mi, eh?

Crec que tots hauríem de ser conscients de la força que tenim, no només com a individus, sinó quan ens ajuntem amb altra gent amb qui compartim els mateixos ideals i lluitem per les mateixes coses, que és bàsicament el que el capitalisme no vol, que siguem conscients d’aquesta força que tenim. Està clar que els humans sempre volem ser part d’alguna cosa, no? Per això, per exemple, la gent se’n va al futbol i crida perquè se sent part d’alguna cosa. Hauríem de deixar una miqueta de banda tantes xarxes socials i tantes coses inútils i tornar a buscar el caliu humà que té el fet d’estar juntes, fer coses juntes i no darrere d’una pantalla, oi? Per bé que és una batalla molt complicada, ara mateix, però mira, mai és tard. I sobretot que la gent no deixi de fer aquests petits gestos que encara que sembli que no porten enlloc, jo penso que sí que hi porten. No consumir tant, intentar viure amb poc, i fer-nos més preguntes. On van els diners? Quin sentit té comprar quatre samarretes per 10 euros? D’on venen aquestes samarretes? Qui les fa? Crec que ens hauríem de preguntar més sovint on deixem els nostres diners. Jo ho intento, sense arribar a la paranoia, perquè si no acabaria fatal, però ser conscient del que fem i de que cada gest, per petit que sigui, compta.
Amb aquesta contundent i ferma declaració de principis, donem per acabada l’entrevista amb la Karmina i quedem que ens veurem dimecres a la Nordbahnhof i li portaré les noves postals del Cicle Gaudí a Berlín i el cartell de la propera pel·lícula, que segurament ja haurà vist però que tornarà a veure al Babylon per sentir la comunitat que es crea al voltant d’una pel·lícula i participar en el col·loqui posterior que ens enriqueix totes.
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2 comentarios sobre “Pequeños gestos en la gran ciudad”