Un artículo de opinión de David Casarejos
La ministra española de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha presentado recientemente el balance del año 2024 y los objetivos para 2025 y entre ellos está el nuevo Plan de retorno que facilite el retorno de los que estamos fuera de nuestro país expulsados por la falta de oportunidades. Desde 2019, cuando se presentó el último plan retorno por parte del Gobierno, he revisitado periódicamente las posibilidades que nuestro país ofrece a los que vivimos en el exterior para retornar. Este año se superar los 3 millones de españolas y españoles residentes en el extranjero.

En marzo de 2019, mediante Resolución de la Secretaría de Estado de Migraciones, se publicó en el BOE el Acuerdo del Consejo de Ministros por el que se aprobaba el Plan Retorno, con el título “Un país para volver”. Este plan era cortoplacista y elitista, pero se presentaba como una oportunidad para empezar a marcar un camino para muchos de los emigrantes que desean volver a nuestro país. Ya sabemos lo que pasó en 2020, y cómo este plan nunca llegó a mostrar el potencial real al que pudo o debió llegar. De aquel plan nunca supimos si cumplió alguno de sus objetivos a pesar de que en ningún caso eran muy ambiciosos. Quizás sin una pandemia de por medio, y con una economía como la de los dos últimos años, hubiera logrado cumplir muchos más de aquellos objetivos para los que originalmente se creó.
Desde hace unos meses se nos ha prometido un nuevo plan y esperamos que conlleve muchas más ventajas y abra más puertas y ventanas facilitando un retorno mucho más ambicioso del que esperaban con el plan de 2019, y cuyo objetivo era ayudar solo a 23 mil emigrantes con sus 24 millones de presupuesto. La secretaria de Estado de Migraciones, Pilar Cancela, ha anunciado la creación de este nuevo Plan de Retorno para el regreso de los españoles residentes en el extranjero. El nuevo plan que, espero, llegue en 2025, buscará “atender las necesidades de quienes desean volver a España, ofreciendo apoyo integral para su reintegración social y laboral”. Complementa una estrategia más amplia que incluye el desarrollo del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior que está retrasándose más de la cuenta ante los continuos malabares que el actual gobierno ha de realizar para conseguir los apoyos suficientes para aprobar cualquiera de sus propuestas.
El estatuto, creado hace dos décadas, carece aún de un reglamento de desarrollo y desde hace meses se nos ha compartido a través de la Secretaría de Estado de Migraciones el trabajo que se está realizando para finalizar un borrador con el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE), grupos parlamentarios, ministerios competentes y comunidades autónomas.
Los estatutos, reglamentos, instituciones y planes de retorno pueden tener las mejores intenciones del mundo, pero si llegan en mal momento y con una economía que no pueda atraer y acoger a los que se fueron, no sirven de nada. Un plan retorno con medidas ambiciosas y atractivas en 2025 pueden lograr convencer a muchos de esos 3 millones de españoles en el exterior para volver a su país, y, de hecho, en los últimos meses vemos cómo muchos españoles nacidos en el exterior retornan al país de sus abuelas o de sus padres, y lo hacen con éxito, encontrando puestos de trabajo en una economía que parece que vuelve a necesitar de toda la mano de obra disponible. La Ley de Memoria Democrática y la obtención de nacionalidad española por parte de descendientes está facilitando este crecimiento de población en muchas provincias.
En los tres últimos años, la economía española ha mostrado una notable recuperación y crecimiento, y supera en muchos aspectos a otras economías avanzadas. Ya quisieran Alemania y Reino Unido acercarse al crecimiento español en este momento. En 2023, creció un 2,5%, impulsada tanto por la demanda interna como por la externa, y para 2024 el Banco de España elevó su previsión de crecimiento al 3,1%, consolidando a España como una de las economías avanzadas de mayor crecimiento. Para 2025 el crecimiento no parece que se vaya a estancar, y aunque baje su ritmo, se situará en torno al 2,5%. La inflación, por su parte, ha mostrado una tendencia a la baja, situándose en el 3,2% interanual en mayo de 2023, una de las tasas más bajas de la eurozona, y se estima que continúe disminuyendo gradualmente, alcanzando el 2,4% en 2027. Los marcadores de empleo también son positivos y la tasa de desempleo ha experimentado una reducción significativa, con expectativas de caer por debajo del 10% para 2027. En los últimos años, se han creado aproximadamente medio millón de empleos, reflejando una mejora en el mercado laboral que va de la mano de unas subidas del salario mínimo que muchos agoreros predecían que acabaría con cualquier atisbo de crecimiento económico.
Desde el exterior vemos cómo, a pesar de que los datos económicos son muy positivos y nos ponen a la cabeza del mundo en crecimiento, hay medios, redes sociales y gran parte de la población que prefiere enterrar la cabeza bajo la arena y seguir vendiendo que el país es un desastre. Esos indicadores positivos no evitan que solo un 20% de los españoles evalúe favorablemente la situación económica del país, evidenciando una desconexión entre las cifras macroeconómicas y la percepción ciudadana, quizá porque muchos recordamos aún aquellos tiempos en los que los informativos se abrían con las noticias sobre una prima de riesgo que en 2011 llegó a superar los 600 puntos pero que a fecha de 20 de diciembre de 2024 está en 68 puntos básicos. Por contra, Francia ha superado los 80 puntos básicos tras la reciente rebaja de su calificación crediticia por parte de Moody’s, Italia casi nos triplica con 177 puntos básicos, y Grecia parece que no logra bajar de los 366,16 puntos básicos. El poder de los medios para enfangar y crear una imagen no realista de lo que sucede se acentúa cuando parte de la población no se entera ni se quiere enterar de lo que sucede fuera de nuestras fronteras.
El martilleo constante de mentiras y de eslóganes populistas se repiten hasta la saciedad, pero los que vivimos fuera vemos cómo los medios internacionales alaban la situación actual de nuestro país y para muchos esta oportunidad de intentar retornar puede ser uno de esos últimos trenes para volver a las ciudades y pueblos de los que no debimos ser expulsados.
Pasando el nuevo plan de retorno anunciado para este año 2025, parece que la ministra, Elma Saiz, ha querido destacar como uno de los objetivos principales el llamado Plan Estatal de Retorno Voluntario de españoles en el exterior sin dejar de lado el lograr una mayor integración de las personas extranjeras en nuestro mercado laboral. Elma Saiz explicó que “muchos de ellos [las y los emigrantes españoles] tuvieron que dejar nuestro país porque la situación económica y el panorama laboral que se les ofrecía no respondía a sus necesidades. Pensamos que eso ha cambiado, nuestro mercado laboral es mucho mejor ahora, y queremos facilitarles que regresen, si así lo desean».
Desde hace meses conocíamos el trabajo en este plan, pero la verdad es que no se había explicado nada de las propuestas incluidas, ni al público en general ni siquiera a la institución que representa a esos 3 millones de emigrantes. Hay que destacar que no se ha compartido con el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE) ninguno de los borradores de este plan y no se ha contactado con el que por otro lado se supone que es el órgano asesor y consultivo del gobierno y que además estamos bajo el paraguas del ministerio encargado de este trabajo. Es muy curioso que durante este VIII Mandato del CGCEE se nos ha pedido que aportáramos nuestra visión a diferentes propuestas y planes del gobierno realizados en varios ministerios, y justamente el ministerio que mejor debería conocer de nuestra existencia y ante un plan dirigido hacia la diáspora no se nos ha preguntado ni consultado nada de nada. Personalmente no voy a dejar de opinar y criticar sobre el paternalismo y condescendencia con que se nos trata a los consejeros y consejeras electas, y la falta de consideración en muchas ocasiones, sin permitirnos opinar sobre muchas de las decisiones que nos afectan directamente. incluidos los equipos que trabajan para nuestra institución, otro melón a abrir. Ya me he expresado sobre el continuo cambio de responsables que nos han dirigido, y la rotación continua que tuvimos de secretarias y secretarios de estado y directores y directoras generales que hemos sufrido. Parece que en este sentido, al menos, se ha estabilizado la noria de nuevos dirigentes que llegan y se van, aunque ya nada nos pillará de sorpresa.
Así, los consejeros de los CRE del mundo y del CGCEE veremos el Plan al mismo tiempo que cualquier persona de la calle. Ni consultas, ni comentarios sobre el borrador, ni ninguna idea a aportar, y lo que se nos dé, sea lo que sea, se esperará que lo aplaudamos fervorosamente cuando quiera que nos reúnan para el Pleno que nunca sucedió en 2024, y que ahora habrá de hacerse por partida doble en 2025. El que quiera aplaudir un plan en el que se nos han dejado de lado que lo haga, pero personalmente no creo que me vaya a dejar un sabor menos agridulce que el de 2019, que tenía muchos huecos y errores que podrían haber sido corregidos de haber contado con aquellos y aquellas que hemos sido elegidos en el exterior para representar a la tercera provincia de España en número de habitantes, la provincia exterior. No hay mucho más que explicar sobre este plan hasta que lo veamos, pero sí que habrá que dejar claro que, al parecer, sobre retorno de la emigración sabe mucho más un señor o una señora sentada en un despacho en el ministerio en Madrid, que los 43 representantes esparcidos por cuatro de los cinco continentes.
Espero que dejen de lado esta vez los errores y banalizaciones del pasado, como aquel párrafo del Plan Retorno de 2019 en la que decían sobre los jóvenes emigrados y que acudieron a un encuentro en Londres y Berlín:
“En los dos encuentros se percibió una tendencia a la idealización de estos sistemas laborales en comparación con el español. La proliferación de noticias negativas sobre la situación en España ha contribuido a empeorar su percepción del mercado laboral español, que describen como un sistema basado en valores que ni comparten ni aceptan”.
Y voy a repetir lo que dije hace 5 años teniendo en cuenta la situación antes del Brexit de entonces: “¿Idealización? ¿Realmente con lo que hay en España creen que se idealiza? La tasa de paro de Reino Unido se idealiza, o es un hecho que el 4% es mejor que el 14% (datos de 2019 y que ahora en España han bajado del 14 al 11%). La posibilidad de encontrar trabajo en Alemania se idealiza también, me imagino, y el problema es que, o bien los emigrantes nos vamos por nuestro afán aventurero o explorador, o porque idealizamos el extranjero.”
Todo se puede mejorar, y mucho, cuando se pide la opinión y se escucha en vez de venir en plan paternalista a decirnos lo que necesitamos sin haber sido nunca consultados.
Nota del editor. Más información sobre los planes de retorno en la página de la iniciativa Volvemos.org. Es importante recordar que las Comunidades Autónomas tienen su propios planes de retorno.

David Casarejos vive en Reino Unido. Se define como emigrante comprometido con la lucha por los derechos que pertenecen a todos los españoles de la diáspora, y que las instituciones no siempre respetan. No siente la necesidad de mostrar banderas, pero sí la de no tolerar a intolerantes. Colabora en numerosas publicaciones, como el HuffPost, Nueva Tribuna o La Región Internacional. Es presidente del Consejo de Residentes Españoles del Norte del Reino Unido y miembro del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior (CGCEE).




Un comentario sobre “Este 2025 podría ser el año del retorno de muchos españoles”