Entrevista con el autor argentino, de Elsa Mogollón Wendeborn, del Instituto Cervantes de Bremen.
Durante cinco años viví más en ese mundo que en el mío
No me interesan señalar con el dedo el racismo o la insensibilidad de otras personas, sino que los lectores –y yo– reflexionemos sobre nuestras actitudes de vergüenza o desprecio por lo propio, nuestros propios sentimientos racistas, nuestra propia insensibilidad
De todos los países de América, la Argentina es el que más sistemáticamente se ha esforzado en borrar la presencia de la cultura indígena y los pueblo originarios en su cultura y su identidad.
El 2 de noviembre de 2024, Carlos Gamerro presentó su obra La jaula de los onas dentro del marco del festival de Literatura Transfronteriza Globale, que se celebró en Bremen con el apoyo del Instituto Cervantes de Bremen. Lo acompañó la catedrática Sabine Schlickers (Universidad de Bremen). Conversamos entonces con el reconocido escritor argentino sobre su novela.
La jaula de los onas (Alfaguara, 2021) narra la increíble historia de Kalapakte, un indígena selk’nam (ona) que, tras haber sido secuestrado junto con su familia y ser exhibido en la Exposición Universal de París de 1889, emprende un largo periplo a través de Europa y América para regresar a su Tierra del Fuego natal.
Carlos Gamerro nació en Buenos Aires en 1962. Es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeñó como docente hasta 2002. Su obra de ficción publicada comprende las novelas Las Islas, El sueño del señor juez, El secreto y las voces, La aventura de los bustos de Eva, Un yuppie en la columna del Che Guevara, Cardenio, los cuentos de El libro de los afectos raros y su última novela La jaula de los onas (Finalista del Premio Fundación Medifé Filba 2022). Entre sus ensayos encontramos: El nacimiento de la literatura argentina y otros ensayos, Ulises. Claves de lectura, Ficciones barrocas, Facundo o Martín Fierro (Premio de la Crítica Fundación El Libro, 2015), Borges y los clásicos y Shakespeare en Malvinas.

En su última novela, Gamerro hace una rigurosa investigación de este acontecimiento histórico y a través de la historia ejercer una aguda crítica a la sociedad y la política argentina. Esta obra sorprende al lector por su pluralidad de géneros literarios y la presencia de varios narradores que crean una trama muy bien urdida. Una novela novedosa y profundamente humana.
¿Por qué decidiste escribir un libro sobre los onas o selk’nam?
Siempre fui un enamorado de la Patagonia, que he recorrido en buena parte de su extensión; y sobre todo me atraen las tierras de su extremo sur. También me he sentido siempre muy atraído por las culturas indígenas, y de joven tuve la ocasión de vivir por algunas semanas en San Francisco de Yarinacocha, un poblado shipibo en el Amazonas peruano, una experiencia que recuerdo con gran felicidad. Me topé con la historia de los selk´nam exhibidos en la Exposición Universal de París de 1889 a mis tempranos veinte años, en el libro La Patagonia trágica de José María Borrero, y desde ese momento supe que algún día escribiría sobre ellos. Todos estos factores y experiencias confluyeron finalmente en esta novela.
¿Cómo fue la investigación previa a la escritura del libro?
Muy variada, muy minuciosa. Leí los principales escritos sobre los selk’nam, sobre todo la memoria El último confín de la Tierra de Lucas Bridges, Los indios de Tierra de Fuego de Martin Gusinde, los libros de la antropóloga Anne Chapman; mucha literatura francesa del siglo XIX, sobre todo Émile Zola y Alejandro Dumas, novelas y crónicas sobre los latinoamericanos en París, libros sobre la Exposición universal y el pabellón argentino, manuales de frenología, antropología y antropometría del siglo XIX, muchos libros sobre la exploración el Polo Norte y la Exposición colombina de Chicago, las cartas de Franz Boas, sobre la huelga de los ferrocarriles estadounidenses de 1984, las historias de las misiones salesianas en Tierra del Fuego, buceé en los archivos de la orden, en Tierra del Fuego, Magallanes y Buenos Aires… Trabaje sobre todo con documentos de época, más que obras históricas actuales. Y visité todos los lugares en que transcurre la novela, salvo Groenlandia. Durante cinco años viví más en ese mundo que en el mío.
La novela arranca con la Exposición Universal de 1889 en París, el pabellón argentino y un personaje muy auténtico, Marcelo, que se ufana de hablar bien francés y se avergüenza de que al lado estén esos indios como muestra del salvajismo del país. ¿Existió o existe un Marcelo?
Existieron y existen miles. Argentinos – latinoamericanos – que se ven con ojos europeos, que juzgan su país, sus gentes y su cultura según parámetros europeístas o norteamericanos, que de tan colonizados necesitan a su vez convertirse en colonizadores de las clases o etnias subalternas –subalternizadas– de su propio país. También tiene su lado atractivo –no concibo crear un personaje, habitarlo, ver el mundo con sus ojos y tocarlo con sus manos, si no hay algún disfrute en hacerlo: Marcelo es joven, vital, está descubriendo el mundo, explora su sexualidad de modo muy libre con su amante francesa Camille–, necesito que el lector se identifique un poco con él, se divierta con él, para que luego quiera reflexionar con sus errores y su caída, que no los viva como algo totalmente ajeno. No me interesan señalar con el dedo el racismo o la insensibilidad de otras personas, sino que los lectores –y yo– reflexionemos sobre nuestras actitudes de vergüenza o desprecio por lo propio, nuestros propios sentimientos racistas, nuestra propia insensibilidad.
La novela cambia de géneros en varios capítulos, ¿Cómo logró encontrar las formas apropiadas para cada capítulo?
En cada capítulo, me pregunté cuál era la mejor manera de contar esa parte de la historia, apelando siempre a los géneros vigentes de la época. Así, el capítulo del pituco argentino que cumple su sueño de ir a París y se encuentra con los selk’nam exhibidos en la jaula está hecho de cartas que le dirige a su amigo y a su prometida en Buenos Aires, el del viaje de los selk’nam de Tierra del Fuego a Francia es un relato de marinero (sailor’s yarn) a la manera de Melville o Conrad, los mitos selk’nam son narrados por una anciana a una antropóloga, el paso de Kalapakte y su amigo Karl por la Buenos Aires de principio de siglo se convierte en una pieza del teatro popular –el sainete– que dio la voz a los criollos y a los inmigrantes –pero no al indio–, etc.
¿Podríamos decir que el libro presenta la dicotomía entre la civilización y la barbarie que ha marcado la historia de su país?
Sí, desde el descubrimiento de Marcelito, que se pregunta por qué los franceses desprecian a los refinados latinoamericanos de clase alta y admiran a los vulgares estadounidenses, y después de asistir al show de Buffalo Bill descubre que es porque “ellos vienen a venderles barbarie y nosotros apenas a comprarles civilización”, hasta la revelación que tiene Karl Bauer sobre el final, cuando es iniciado en la ceremonia del hain y se convierte en selk’nam, descubriendo un riquísimo y muy sofisticado mundo espiritual, una vida social regida por la teatralidad, un manejo de las emociones mucho más rica y compleja de la que había experimentado en la civilizada Europa: entiende que lo único que distingue a su civilización es su mayor desarrollo tecnológico.
El personaje principal, Kalapakte, sufre el desarraigo y la pérdida de su identidad, y viaja por medio mundo buscando sus raíces ¿cree que es posible recuperar la identidad?
Kalapakte nunca la ha perdido, simplemente no la ha completado. Fue secuestrado de niño, no llegó a iniciarse en el hain, a sus ojos no será un selk’nam hasta que lo logre.
¿Qué representa la ceremonia del hain para los onas?
En la superficie, es apenas un rito de iniciación para los varones jóvenes, el ingreso a la edad adulta, el aprendizaje del ‘secreto’, y una manera de mantener dóciles a las mujeres. Eso es lo que ve Karl al principio. A medida que ‘entra’ en el hain, descubre que iniciarse, hacerse selk’nam, significa mucho más: entender –vivir– la relación entre inframundo, tierra y cielo; la unidad de todo lo viviente, animal, humano, vegetal, sin jerarquías, de la vida y la muerte, de lo masculino y lo femenino; que la ficción –el teatro– del hain crea la realidad, que en el hain –originalmente creado por las mujeres cuando los selk’nam eran un matriarcado– hombres y mujeres no se engañan sino que se iluminan mutuamente sobre la naturaleza del mundo y de la vida. Es en el teatro del hain, más que en los mitos narrados, que los selk’nam tejen y retejen la trama de lo real.
Karl, es un anarquista que decide acompañar a su amigo y vivir con él las más diversas aventuras. ¿Cómo surgió este personaje?
Siempre me gustaron los anarquistas, sobre todo los italianos y españoles, que trajeron a la Argentina sus ideas, sus métodos de lucha, su integridad, su honestidad, combinándola con la cepa rebelde que ya se hallaba en los gauchos nativos, y que vieron en los indígenas un modelo a seguir, antes que un pueblo atrasado al que debían iluminar. Necesitaba de alguien que acompañara a Kalapakte en su odisea y que pudiera ser su narrador. Para contar el mundo selk’nam, para descubrir el hain, necesitaba alguien que no lo conociera y lo fuera descubriendo de a poco, junto con nosotros, acompañándonos también.
Usted comentaba que pensó en escribir una novela sobre la historia de los selk’nam hace casi treinta años. ¿qué necesito para que la novela madurara hasta llegar al papel?
Toda mi vida.
Su novela es políglota, se habla francés, inglés, alemán, incluso algo de selk‘nam. ¿El uso de estas lenguas le permitió dar visiones diferentes del mundo?
Sí, sin duda. Necesitaba de todas las otras lenguas para contar lo que ya no puede contar el selk’nam, una lengua que se perdió junto con el genocidio de su pueblo. Además, así es el mundo del lejano sur, así es la lengua de sus muchas historias. Tierra del Fuego era un rincón remoto pero no perdido: antes de la apertura del Canal de Panamá, buena parte del tráfico del mundo pasaba obligadamente por allí.
El libro muestra el desprecio de la sociedad hacia las culturas aborígenes. ¿Cree que esto todavía se mantiene en Argentina o en el mundo?
Sí. Basta ver el video que el gobierno nacional argentino difundió para el “Día de la raza” (ya no se llama así, sino “Día del respeto por la diversidad cultural” pero nuestros gobernantes volvieron a la antigua denominación sin molestarse en cambiarla oficialmente). En él se celebra la llegada de los españoles a América, que trajeron el progreso y la civilización, y según parecen sugerir las imágenes, también la escritura – que evidentemente, según sus realizadores, no existían antes en América.
De todos los países de América, la Argentina es el que más sistemáticamente se ha esforzado en borrar la presencia de la cultura indígena y los pueblo originarios en su cultura y su identidad.
Actualmente hay un movimiento de reivindicación de lo indígena en varios países de América Latina, ¿se da esto también en Argentina?
Sí, desde ya, hay muchos movimientos de los propios pueblos originarios en defensa de sus derechos, a la posesión comunitaria de las tierras sobre todo, la defensa de sus tradiciones, sus derechos políticos diferenciados, sus lenguas. Y también por la restitución de los restos conservados en museos e instituciones científicas, siempre sin su consentimiento.
Finalmente, ¿cómo es la situación de la cultura en la Argentina de hoy?
Está en su peor momento desde el fin de la dictadura. El gobierno actual no solo se desinteresa de la cultura, la educación y la investigación científica, desfinanciándolas y cerrando instituciones clave: las ataca sistemáticamente, se burla de sus reclamos, festeja públicamente cada recorte, cada cierre, la fuga de científicos, artistas e intelectuales que ha desencadenado. Nos llama parásitos, nos identifica con una supuesta ‘casta’ que vive a costa del estado y no produce nada útil, y llama a los ‘argentinos de bien’ a aprobar y festejar esta a la vez minuciosa y desordenada devastación. Un caso testigo es el virtual cierre del Programa sur de Cancillería, que subsidiaba la traducción de obras de la literatura argentina a lenguas extranjeras, a razón de 120 títulos por año desde 2010. Este año solo se subsidiarán ocho. Los editores extranjeros han declarado por múltiples canales que ya no pueden seguir contratando obras argentinas al antiguo ritmo pues sin el subsidio no es rentable encarar su traducción.
Presentación del libro La jaula de los Onas de Carlos Gamerro en el Instituto Cervantes de Bremen el 02. 11. 2024 a las 18:00. Entrada libre y gratuita. Lugar: Schwachhauser Ring 124, 28209 Bremen.





