Un relato breve de Javier Rosenberg
De ahora en adelante solo debo usar zapatillas, me dijo el médico. Zapatillas con suelas blandas, lo más cómodas posible. Así que, por más que no quiera, hago el esfuerzo de salir de casa e ir hasta la zapatería más cercana.
Entro y pido unas zapatillas a la joven vendedora.
—¿De qué tipo? —pregunta ella.
Yo no contesto. No entiendo la pregunta. Unas zapatillas, nada más. Cualquiera.
—Tenemos para correr, para trekking, ¿o las necesita para algún deporte en especial?
—Solo para caminar, por favor.
—Acompáñeme, entonces —dijo con voz amable.
La vendedora camina rápido. Yo trato de apurar el paso, pero la pierna apenas me responde. Con una seña me indica una hilera de estantes.
—¿Qué número tiene? —pregunta.
No lo sé. No lo recuerdo. Me miro los pies como buscando una respuesta.
—Debe ser un cuarenta y cinco —dice, y se va.
Yo no la sigo. Ella busca dentro de algunas cajas y vuelve con dos pares de colores fosforescentes. No me gusta ninguno. Me digo que tal vez sería mejor dejar todo esto y volver a casa.
—Pruébese estas —dice dejándolas sobre un banco.
Cuando quiero decirle que preferiría unas negras, ella ya no está. Miro por sobre los estantes. No la veo. Decido buscar por mi cuenta. Camino hacia el fondo del local. Después de la parte de hombres siguen la de las mujeres. Hay zapatos con tacos y más allá está lleno de sandalias. Se ve un poco desordenado. No sé por qué pienso que tal vez, de una forma u otra, haya un orden oculto en todo este caos.
Al final del pasillo llego a la parte de los niños. Hay dibujos en las columnas y zapatitos de todos los colores. Agarro uno rosado. Tiene flores amarillas en la punta y a los costados. Me siento en uno de los bancos. No sé por qué lo hago. Miro el pequeño zapato con atención. Es número veintiuno y cabe en la palma de mi mano. Entonces lo recuerdo: Volvíamos de las montañas. Íbamos discutiendo y la niña lloraba atrás. Entonces el golpe seco y el silencio. Después las cosas que flotan en el aire y se mueven como en cámara lenta. Ya no hay vuelta atrás. Sé que debo volver a casa lo antes posible. Es demasiado para mí. Nunca podré con esto.

Javier Rosenberg (Montecarlos, Argentina, 1976). Profesor de música y escritor apasionado. En el 2005 emigró a Alemania. En el 2009 participó en el proyecto Sharazad-Geschichten fürs Leben organizado por la Comunidad Europea y apoyado por el Liprom (Sociedad para la Promoción de la Literatura de África, Asia y América Latina) conjuntamente con el Instituto Cervantes. Fue miembro fundador de «Dámaso y los Demás», grupo creado con el objetivo de estimular y fomentar la creación literaria en español entre los escritores hispanoamericanos residentes en la región del Meno. En el 2011, participó en la antología de cuentos bilingües “No te va a doler / Es tut gar nicht weh”, Editorial Abrazos, Stuttgart, Alemania. En el 2012 asistió de los talleres dictados por El instituto Cervantes de Berlín. Desde el 2012 hasta el 2020 vivió en Berlín donde participó en los talleres de escritura creativa de Samanta Schweblin. En el 2019 publicó el libro de cuentos “Después del vacío”, editorial Abrazos. Otros talleres literarios a los que asistió: Julian López, Vera Giaconi. Desde el 2020 vive en Puerto Rico, Misiones. En el corriente año participó en el proyecto “El camino de la lectura” organizado por la biblioteca 2 de Abril de Posadas, Misiones.
