El valor de los rituales

Se viene el fin de año y comienzan a sucederse una serie de rituales que nos atraviesan a todos. Cuando se habla de ritual o rito se hace referencia  a una serie de acciones ceremoniales que tienen un valor simbólico o representativo. Muchas veces representan acciones vinculadas a un credo, una ideología o una tradición cultural.

En los casos cuyo origen es de índole ancestral, suelen estar vinculados con ceremonias iniciáticas, ceremonias funerarias, ritos de fertilidad, los ciclos de la naturaleza, las épocas de las faenas agrarias, las etapas de la vida humana, u otros acontecimientos trascendentales para la vida comunitaria.

Distintas culturas y tradiciones, cosmovisiones, memorias colectivas, han construido diversas representaciones sobre sí mismas y sobre su forma de entender el mundo circundante y relacionarse con él; todas ellas comparten una forma común, el hecho grupal.  El verdadero valor de los rituales reside, entonces, en generar un  vínculo entre quienes participan en ellos.

Los rituales no sólo nos remiten al pasado. Actualmente seguimos realizando numerosas formas de comportamiento ritual, algunas que incorporamos de otras culturas y muchas que reivindican nuestras culturas ancestrales.

En este sentido podemos citar desde los Baby Shower (Fiesta de bienvenida al bebé) y Halloween (Víspera de Todos los Santos también conocido como Noche de Brujas) hasta rituales tales como el Temazcal (baño de vapor ceremonial y terapéutico tradicional de Mesoamérica de origen prehispánico) y la Ceremonia de cacao (que tiene su origen en los mayas y aztecas), entre otras.

Por otra parte, nuestra historia de vida está atravesada por rituales algunos se denominan imitativos como por ejemplo: la comunión, en que se toma vino tinto y se come una hostia en rememoración de la última cena de Jesucristo con sus apóstoles; otros que se definen como iniciáticos y están vinculados a las distintas etapas que transitamos como, por ejemplo, el ingreso de una chica de 15 años del brazo de su padre, costumbre proveniente de las grandes culturas precolombinas de México –aztecas y mayas– que realizaban los ritos de pubertad para indicar la entrada a la vida adulta, por citar ejemplos de posibles categorizaciones.

Ahora bien, existen prejuicios acerca de muchos de estos rituales. Muchos de ellos vinculados al desconocimiento acerca del valor que los mismos tienen y otros condicionados por cuestiones morales o religiosas.

Cabe detenerse en este punto que considero central a fin de desmitificar aquello que se denomina pagano sin entrar en polémicas y respetando las creencias de las distintas personas. 

El término «pagano» –en latín paganus, significa ‘campesinado’, ‘rústico’, ‘de aldea’ o ‘de pago’– y el de «paganismo» constituyen un concepto religioso genérico empleado por los cristianos desde el siglo IV, en el Imperio romano, para designar a las creencias que no pertenecían ni al cristianismo ni al judaísmo.

Si nos ajustamos a este marco, cabe preguntarse: ¿cuándo realizamos rituales para el solsticio de verano estamos realizando un ritual pagano o estamos reconociendo el valor que nuestras culturas ancestrales le otorgaban a esa fecha en la que celebraban la fertilidad y la alegría?

¿Cuándo celebramos la fiesta de la Pachamama estamos realizando un ritual pagano o estamos honrando a la Madre Tierra tal como lo hacían nuestros antepasados en los pueblos andinos quechua y aimara de los Andes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú?

¿Cuándo colocamos una cinta roja para inaugurar un edificio recién construido estamos realizando un ritual pagano?

Lo cierto es que los rituales o los ritos atraviesan nuestra cotidianidad. Despedidas de solteras, jubileos, cenas para despedir o recibir años, entrega de diplomas a estudiantes cuando finalizan una etapa de su escolaridad, viajes de egresados y todos tienen un mismo sentido: el valor de unir, de compartir, de crear lazos, de encontrarnos en comunidad.

Citando a Antoine de Saint-Exupéry en El Principito cuando dialogaba con el zorro, les dejo este párrafo que define el sentido de un rito: “Hubiera sido mejor –dijo el zorro– que volvieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz. Y cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro ya estaré inquieto y preocupado; ¡y así, cuando llegues, descubriré el precio de la felicidad! Pero si llegas a cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…   Los ritos son necesarios.  –¿Qué es un rito? –dijo el Principito.   –Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–.   Es lo que hace que un día sea distinto de otros días, una hora, distinta de otras horas…”

En estos tiempos, muchas mujeres hemos reiniciado este camino de encuentro, de recuperar saberes y ritos ancestrales, de volver al sagrado femenino recuperando el poder transformador al unirnos.

Recuperar los ritos es en parte recuperar nuestra historia para sanarla, para sanar a nuestra descendencia y es, también, honrar a nuestros ancestros y a nuestra cultura.


María Isabel «Mary» Cassino es profesora y Licenciada en Educación y Facilitadora de Rituales en Círculos de Mujeres. Es instructora de Meditación y Yoga Thai y reikista desde hace 20 años. Realiza distintas actividades de formación, divulgación y trabajo grupal con mujeres. Trabaja también dentro del ámbito de la Sanación Sesen y de Linajes y de la Bioenergética. Para su formación participó en grupos de Mujeres de los Pueblos Originarios de Argentina. También recavó experiencia en India y Tailandia.

Imagen de portada: © Toa Heftiba / Unsplash

Colaboradores de DESBANDADA

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