Maite Alberdi – La memoria infinita: Una gran historia de amor

La última entrega de la cineasta Maite Alberdi es una historia de amor sostenida en la persistencia del recuerdo y de una vida en pareja marcada por un período de la historia de Chile. La galardonada cinta chilena, candidata a los premios Goya y preseleccionada dentro del short list a los Oscars, se estrena en Berlín y en otras ciudades de Alemania este 28 de diciembre.

Sobre la producción del documental y otros sentimientos, Desbandada conversó con la directora, Maite Alberdi.

Paulina Urrutia y Augusto Góngora estuvieron juntos por más de 20 años. Ambos son íconos reconocidos por sus aportes en el mundo de la cultura, las artes y de la sociedad en Chile. 

Góngora fue un periodista que consagró su carrera periodística durante los ’80 en el programa Teleanálisis, cubriendo en terreno las acentuadas inequidades sociales de los sectores más desfavorecidos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, en una época en la que hacer ese tipo de periodismo era cosa de valentía y compromiso. Una vez en democracia fue el realizador de piezas periodísticas de renombre como “El Mirador” y “El Show de los libros”, todo por Televisión Nacional, el único canal público del país, de cuyo directorio formaría parte hasta 2015. 

Mientras que Urrutia es una destacada actriz con una larga trayectoria en el teatro, cine, academia y televisión. Fue además Ministra de Cultura durante el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010) y, entre otras relevantes gestiones, empujó la reconstrucción del Centro Cultural Gabriela Mistral, el complejo cultural más grande del país, emplazado en el corazón de Santiago.

En medio de esa vorágine cultural, ambos se conocieron en una obra de teatro en la que actuaba Paulina. Cuentan “las fuentes” que todo se fue dando natural y orgánicamente. “Ese tipo de relación que todos añoran tener” se llegó a decir… Así las cosas hasta que un Alzheimer prematuro fue diagnosticado a Góngora en 2014 a los 62 años, lo que lógicamente dio un giro en sus vidas. No un giro al olvido, sino un giro a la conservación de la memoria y al legado propio.  

Comienza el rodaje

La directora Maite Alberdi tiene ese “algo” tan característico de su cine, esa agudeza en detectar una problemática imperceptible y encontrar el personaje ideal, casi perfecto e impoluto que pondrá sobre la mesa estos tabúes que la sociedad no se atreve a tratar. Así lo han reflejado sus trabajos anteriores como Los niños y El agente topo, film nominado a los Oscars en 2022.

Así, mientras estaba en alguno de sus múltiples proyectos, Alberdi conoció a la pareja en la universidad en la que esta última trabajaba. La integración de Augusto a las actividades laborales de Paulina, pese al avance del Alzheimer, la dejó poderosamente sorprendida. Era amor puro.

Tras este encuentro y con la aprobación del mismísimo Góngora, que estuvo siempre de acuerdo con visibilizar su Alzheimer, comienzan las grabaciones. El equipo de producción instaló una cámara que estuvo de punto fijo durante 5 años, incluidos los años de pandemia, en la casa de matrimonio. Esas grabaciones son un registro valioso sobre lo que no se ve en intimidad, los pequeños gestos, las miradas, los momentos de olvido, la frustración y los ejercicios memoria.

Con este material en mano, al que agrega otros formidables recursos cinematográficos, Alberdi reproduce paralelismos entre lo que fue la memoria y lo que va quedando… 

El documental se estrenó en Chile el 24 de agosto convirtiéndola en la película más vista en el país. En su primer día de estreno la vieron más de 6000 espectadores, superando incluso a Barbie y a Oppenheimer.

Estreno, que además se dio en un contexto bastante particular, porque fue solo a días de la conmemoración de los 50 años de la dictadura, en un momento en el que, a nivel social y país, se comenzó a discutir otra vez sobre la preservación de la memoria e historia chilena.

Hasta este punto La Memoria Infinita es imbatible. Comenzó el año con una premiación en el festival Sundance, luego siguió en la Berlinale a salones llenos con sus coterráneos alentando. Ahora está nominada a los premios Goya, en la categoría Mejor Película Latinoamericana, y acaba de recibir en España el máximo galardón de los premios Forqué, en la misma categoría. Al cierre de esta edición fue preseleccionada a los Oscars en la categoría Mejor Documental.

La critica la avala; el medio estadounidense, The New York Times elaboró un ranking de las 10 mejores películas de este 2023, donde ocupa el lugar número 9.   

En un esfuerzo casi sobrehumano logramos contactar a Maite Alberdi. La ocasión lo amerita. Casi en Navidad, ella de retorno a Chile desde España, en camino al aeropuerto, solo tuvimos escasos 18 minutos para entrevistarla y los estrujamos.

Por fin se estrena La Memoria Infinita en Alemania y seguramente las salas se repletarán de un público europeo y también hispanohablante no necesariamente chileno y sin duda ajeno a los personajes de Paulina Urrutia y Augusto Góngora. Sin hacer spoilers, ¿qué verá el público?

Yo creo que el público va a conocer una historia de amor muy potente. Una historia de amor que es de un gran aprendizaje, una lección sobre cómo funciona la memoria emocional y también un entendimiento de la memoria histórica que va más allá de la historia especifica de Chile.

En la película se tratan todos los valores que trae la memoria histórica y sobre eso, Alemania sabe, y tal vez es algo que va a entender mejor que nadie. Es un entendimiento universal, porque la película te enseña que, cuando olvidaste todo, todavía hay alegrías, amores y dolores que permanecen.

El dolor de la dictadura, por ejemplo, Augusto lo recuerda hasta el final. A su amigo José Manuel Parada (asesinado en dictadura), lo detalla y lo recuerda siempre.

Augusto no puede contar lo que ha hecho el día anterior, porque no lo recuerda, pero sí esa pena que sintió y que sí puede narrar. Las emociones nadie las puede borrar y esa es la herencia que tienen las personas y los países que han sufrido violaciones a los derechos humanos. Y por otra parte, la película muestra un amor que también trasciende y se queda para siempre. Y eso es lo más alucinante para mí de la película, porque te lleva a todos lados y no tiene que ver con una significancia especifica.    

En el mundo estamos viviendo en contextos políticos y sociales muy álgidos. Algunos se han referido a la falta de memoria en general de la sociedad. ¿Aparece La Memoria Infinita, tal vez, en un momento crucial?

Llega en un momento crucial en el que varios países estamos viviendo la aparición de figuras de derecha extrema que quieren reinterpretar la historia, que tratan de poner en contexto el tema de los derechos humanos y que creo que lo que hace la película es decirles: “Ok. Hay un sector político que puede tratar de reinterpretar, que puede intentar cambiar y manipular los hechos, pero a través de Augusto, vemos que se puede hacer lo que se quiera con la información, pero los dolores no los borra nadie”.

Eso es lo que pasa con los pueblos. El dolor esta ahí, esa es la narrativa que hay que contar en la historia. No podemos quedarnos solo en los hechos, tenemos que ser capaces de dar imágenes y heredar imágenes del dolor.

Tuviste la gran oportunidad de hacer un trabajo de memoria, de registrar vivencias e indagar en la intimidad de una pareja ¿Cómo se hace este trabajo, en tu caso, con este documental, sin caer en lo invasivo?

Yo creo que fue bastante orgánico cómo se fue trabajando el tema de la intimidad. Como una intimidad en cualquier relación. Uno la va construyendo con tiempos y de a poquito. Fueron 5 años de rodaje y el acceso se va dando de a poco, que es lo que hago en mi cine, el trabajo con tiempo y construyendo con tranquilidad.

Por otro lado, hay un regalo gigante que yo no había tenido nunca y es que la Paulina empezó a grabar no necesariamente haciendo la película y sin la obligatoriedad de tener que grabar una escena; y siento que por mucho que hubiese tenido todo el acceso del mundo, hay un nivel de intimidad en esas imágenes que solo se logra cuando una pareja está sola y te diría que casi la mitad del material está hecho por ella y tiene un nivel de profundidad inmenso.

Repasando todas tus entregas: ¿qué es lo que te lleva a hacer un trabajo tan testimonial y a poner temas un poco tabú sobre la mesa como la vejez, el amor, la amistad, temas que son parte de la esencia del ser humano, pero que nunca los hablamos?

Eso es lo que hace mi cine, poner temas sobre la mesa, pero no los pone explícitamente. Es como si las temáticas sociales traspasaran las paredes de esos lugares como microhistorias.

Yo te diría que llego a los temas algunas veces de manera casual como con la Paulina y Augusto; y otras veces, de forma muy dirigida y buscando, como lo que hice con El agente topo, en el que dije: “Ok. Quiero hacer un documental sobre detectives privados”, entonces fui a las oficinas a saber sobre agentes infiltrados e investigué los casos que me interesaron más. A partir de toda esa cadena encontré al personaje.

Lo mismo fue con Los niños. Vi que existe un grupo de personas con Síndrome de Down, que son mayores, que son adultos. No estaba haciendo un statement del síndrome de Down en general, porque pensar que estamos hablando de todos es pensar que son todos iguales.

Estaba enfocada en una persona adulta que fue educada siempre como niño, porque sus papás pensaban que su expectativa de vida sería baja y que además no tiene autonomía, etc.

Entonces parto por observar una problemática social y esas problemáticas me llevan a buscar historias.

Volviendo a La memoria infinita y lo que se ve del Alzheimer, ¿existe un temor a enfrentarlo considerando que no siempre están ni los medios ni las redes de apoyo? ¿Cuál es la reflexión que te queda después de haberlo visto desde un punto de vista tan íntimo?

Yo creo que no se puede hacer un solo statement. Lo único que puedo decir es que cada uno lo vive a su manera, y esa es la gracia de la película: mostrar otra manera, que no necesariamente es la única forma, para nada, porque también creo que es un acto de amor lo de institucionalizar y cuidar que fue lo que hizo la Paulina con Augusto. Ella lo cuida también porque tuvo una linda relación con él.  

No todo el mundo tiene, además, la condición social para cuidar. Hay un montón de factores que en este caso ayudan, como el nivel de amor y de personalidad.

Yo creo que la gran lección es que esta película es una fábrica de experiencias y que a cada uno le servirá para la suya.

¿Cuál es la relación que se establece en el intento de hacer prevalecer la memoria y la historia de un país con el avance progresivo de conflictos que nos hacen “olvidar” y “recordar”?

Yo creo que la política siempre va ligada a la vida privada. Si bien esta es una historia de amor, está totalmente ligada a batallas públicas y también a luchas colectivas.

Paulina y Augusto son personas que tienen muy clara la idea de lo colectivo. Entonces es interesante ver cómo se va construyendo una metáfora del país, a través de ellos, y cómo lo que parece una paradoja en la pérdida de memoria de alguien que luchó por preservarla, al final no lo es, porque no la pierde, porque siempre recuerda esas sensaciones, y ese es mi statement.

Esta es una película que se basa en lo que recuerda Augusto y en lo que recuerda cada uno. En cómo se forma un país, y los vínculos que se van estableciendo en base a lo que vas recordando.

Yo creo que cualquier historia de pareja está cruzada por contextos políticos, por las procesiones y los contextos sociales que no pasan por el lado.

Las críticas sobre la película, que están muy emotivas, dan a entender que la gente ha entendido el mensaje. Personalmente, ¿tienes esa valoración también?

Yo tengo la sensación–y es lo que más agradezco– de que sí, que el mensaje esta ahí, que se está entendiendo, pero más que entender el mensaje, yo siento que es una película que abraza, que emociona tanto, que al final la sensación es que todos sentimos lo mismo, por más que el mensaje sea la memoria y yo pueda articularla, yo creo que todos vivimos una historia de amor muy especial; y que verla nos mueve y nos conmueve.

¿Nos falta amor? ¿Vino La memoria infinita a inyectarnos de amor?

Yo creo que falta amor y falta hablar de amor, falta no tener problemas con hablar de amor. No se habla de amor. Esta ahí, pero no se aborda. Entonces creo que sí, que la gente quiere ver historias de amor. Mucho más de lo que se pensaría. Y esta es una gran historia de amor.

Renée Boche

Periodista ¡múltiple! Me vine a Alemania a cursar un máster. Ahora construyo una nueva vida y en eso aprendí a preparar cappuccinos. Fanática de los recitales y de la lectura. Tengo muchas historias... muchas aún sin escribir ✍🏻 Estudio alemán.

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