Una entrevista de Gladys Lizarazu
Fernando Pessoa inmortalizó la frase en Libro del Desasosiego, uno de sus títulos más conocidos. Una expresión que abre muchas preguntas; ¿qué significa sentirse extranjero? ¿qué nos pasa cuando deseamos estar en otro lugar? Hay quienes responden a eso con originalidad y crean su propia realidad. El camino entre una realidad heredada y una realidad elegida implica siempre un movimiento emocional gigante plagado de añoranzas, recuerdos y costumbres inscritas en nuestro ADN cultural. Abrazar una cultura ajena como propia ha sido, para muchos, una alternativa de vida en respuesta a ese sentir.
Este ciclo de entrevistas invita reflexionar sobre esa forma de extranjería con algunos de sus protagonistas. Personas que abrazan culturas diferentes a las que heredaron y que han hecho de ello una pasión y, en muchos casos, hasta una profesión.
Nuestra primera entrevistada es Marta Topferova. Una cantautora checa, cuya voz aterciopelada y profunda nos introduce en un mundo sonoro diverso y familiar para quienes tenemos raíces latinas. Su apropiación del vasto repertorio musical latinoamericano incluye cumbias, zambas, llaneros, boleros, huaynos y cuecas. Un repertorio que maneja con precisión y sensibilidad. Nacida en lo que hoy es la República Checa, a los 15 años Marta ya sabía no solo que quería un futuro musical, sino también qué música quería tocar. Su estadía en Nueva York, donde vivió dieciseis años, la acercó a ese sueño, pero también la puso a prueba. Entre las postales de su infancia aparece de forma recurrente un disco de Inti Illimani como el gran tesoro de sus primeros años de vida en la Checoslovaquia de los años 70. Del otro lado del océano Latinoamérica comenzaba, probablemente el período más oscuro de su historia reciente con el avance de las dictaduras en los países de la región. El exilio marcó la vida de quienes emigraron y de alguna forma también marcó la suya. En esta entrevista nos cuenta cómo y nos abre su universo personal plagado de música, sensaciones y añoranzas.
Cantas y tocas varios instrumentos. ¿Sentís que sos más lo uno que lo otro? ¿Cómo te definirías?
Soy una cantautora, no me considero una música muy virtuosa, no soy una instrumentista virtuosa, siempre me interesó el canto como medio para comunicar una historia, algo importante. Me acompaño a la hora de cantar con una guitarra, un cuatro, alguna percusión, tampoco soy una cantante virtuosa, pero me ha fascinado ese medio. Cantar de forma sincera, idealmente letra propia o puede ser interpretando canciones de otros pero tiene que ser algo que me represente, una letra con la que me identifique. La música folclórica ha sido una inspiración increíble en mi vida y sin eso yo no sería una cantautora, ni interprete. Aprendí mucho al acercarme a la música folclórica de distintas regiones, de distintas partes del mundo.

Pero tu conexión más fuerte fue con el folclore latinoamericano. ¿Cómo empezó?
Si. La primera vez que escuché música sudamericana fue en lo que antes era Checoslovaquia, donde nací. Cuando tenía cuatro años. Mis padres tenían colegas chilenos que se habían ido de Chile huyendo del régimen de Pinochet y nos regalaron discos de Inti Illimani, esos LPs increíbles, cantos de pueblos andinos y esas antologías. Yo me enamoré de esa música, no hablaba español, era una niña y me imaginaba Chile como un país lejano. Imaginaba montañas porque la música suena a montañas, evoca eso y yo me obsesioné con esa música. Yo era una niña de Ústí nad Labem, una ciudad industrial muy sucia, contaminada pero al escuchar esa música veía verdes y azules. Esa música me abrió paisajes y de alguna manera sabía que eso había cambiado mi vida. Esos recuerdos son muy especiales para mí porque fue la última etapa de cuando mis padres aun estaban juntos y teníamos un hogar más integro. Recuerdo a mis padres abrazándose, escuchando esta música maravillosa. Algo paso ahí y cada vez que vuelvo a escuchar esta música para mí es como volver a un lugar espiritual, más integro, más hermoso.(Hay algunos discos de Inti Illimani que ya no los puedo escuchar porque me provocan emoción. Así empezó todo, pero en Checoslovaquia en aquella época, los años 80 no había discos de música latinoamericana disponibles, yo me enamoré de esa música pero no pude investigar hasta que mi madre nos llevó a Estados Unidos y allí estaba la comunidad hispanoparlante y eso fue determinante. Primero nos instalamos en Seattle y ahí me tocó estudiar inglés, el primer año estuve en una clase de puro inmigrantes, asiáticos y latinos en mayoría. Yo era la única europea ahí. Me encantó estar rodeada de niños inmigrantes de familias humildes, fue una experiencia muy linda. Pero el choque cultural llegó una vez que aprendí el idioma, porque ahí me pasaron a un colegio normal en inglés y entonces sentí un choque cultural muy grande que me llevo a darme cuenta que necesitaba una hilo conductor en mi vida y la música se convierte en algo muy importante para mi. Empecé a cantar en coros, en un coro de muy buen nivel que para mí fue como un conservatorio donde hacíamos un repertorio más clásico y contemporáneo en distintos idiomas, cantábamos Hayden Poulanc, Brahms, cantos gregorianos. Fue una tremenda experiencia porque incluso grabamos discos. Pero ya con 15 años me saturé de ese mundo clásico, quería tocar folclore y empecé a tomar clases de guitarra, clases de flamenco e investigar ritmos latinos y dejé el coro.
Largo el camino (video)
Se puede decir que la música termina ocupando un lugar de salvataje en tu vida al reconfigurar tu experiencia migratoria de forma positiva y también define tu futuro. Pero encontrar un repertorio propio, elaborar una sonoridad propia, puede ser una búsqueda de años. ¿Cómo llegas a tener esa claridad a los 15 años?
Bueno la verdad es que a mí me encantaba la experiencia en el coro pero cuando llegaba a casa no escuchaba arias, yo llegaba a casa y escuchaba a Atahualpa Yupanqui, a Mercedes Sosa, a João Gilberto, esa era la música que me apasionada. Y claro noté que era distinta a los chicos de mi edad porque en Seattle estaba surgiendo el movimiento grunge y yo estaba obsesionada con el folklore y el flamenco mientras los chicos de mi edad escuchaban Nirvana.
¿Y cómo accediste a todo ese material musical tan específico en una época en la que no existía internet, cuáles eran tus fuentes?

Yo iba a la biblioteca en Seattle y tenían una colección increíble de música en Lps y cassettes, ahí descubrí a Pepe de la Matrona, Camarón de la Isla, Paco de Lucia. Claro no era como pasa hoy que se puede acceder a miles de discos, eran unos 30 o 40 discos que yo conocía íntimamente. El flamenco también me influyó mucho en esa época, yo veía en esos cantores como que el alma se les salía por la boca, trasmitían una gran verdad, algo muy antiguo. Yo conectaba con eso porque sentía un gran dolor por el destierro, por estar lejos de mi padre. Para mí era como una catarsis ver que hay un pueblo que canta así con esa pasión y entrega, con ese llanto, porque el llanto es el primer sonido del ser humano, cuando nacemos lloramos y eso me parecía increíble. Yo nunca canté flamenco, le tengo tanto respeto que no me animé pero si me acerqué mucho y aunque no cante de esa manera mi música tiene esas influencias. Llegué a ir a España para estudiar flamenco y ahí entendí que para cantar así había que estar cada día estudiando 8 horas. Eso me hizo dar cuenta que mi camino era el de una cantante con influencia varias, mis influencias eslavas, el coro, el flamenco, el folclore latinoamericano y fue así como terminé instalándome en Nueva York, donde conocí a grandes intérpretes de Venezuela, Colombia y Cuba y empecé a estudiar con más regularidad guitarra, percusión y el cuatro.
Recién hablabas de esos álbumes que cambiaron tu vida y pienso en esa época en la que se escuchaban los discos completos. ¿Cómo viviste el cambio de lo analógico a lo digital?
Me gusta haber tenido la experiencia de la escasez, porque eso me hizo valorar mucho más esos discos, esos artistas que fueron parte de mi historia y me marcaron. Hoy en día un adolescente que tiene acceso a todo, no se cómo se sentirá. La gente está muy saturada de música supongo y es más difícil quizás encontrarse. Es maravilloso poder escuchar toda la música del mundo pero tal vez hoy en día sea más más difícil poder decir; sí esta es la música que me apasiona.
¿Sentís que en algún momento de tu carrera alguien te discriminó por hacer esta música y no ser latina, o por ser mujer?

Es interesante porque eso existe en todos los campos, pero debo decir que la mayoría de la gente y sobre todo en Latinoamérica siempre me sentí muy abrazada, la gente fue muy generosa conmigo, me compartieron mucha riqueza cultural, mucha música y me aceptaron. Quizás porque veían que yo me lo tomo muy en serio, para mí esto no es turismo musical, es como un llamado realmente. Pero siempre aparece por ahí una persona que es un poco recelosa, recuerdo que una vez descubrí por azar en internet una página venezolana de cuatristas y aparecía mi nombre, yo tenía una emoción de aparecer en esa lista! pero vi que en los comentarios alguien decía algo así como: “pero esta gringa que se cree tocando el cuatro” pero también había gente que respondía; “deberías estar orgulloso que alguien de república checa se interese por nuestro instrumento nacional”. Creo que fue solo un intercambio, pero me sentí defendida.
¿En este largo proceso de apropiación tuviste algún tipo de inseguridad a la hora de cantar en un idioma que no era el tuyo?
Yo siento que en los discos que empecé a grabar en español pronunciaba bien, pero si hubo un momento cuando estaba en Nueva York que tuve una crisis con ese tema. Yo estaba casada con un baterista de jazz y aunque nunca canté jazz me acerqué bastante al jazz y él me dijo porque no cantás en inglés, entonces compuse unas canciones en inglés y las grabamos. Fue un proceso interesante pero me di cuenta que no sé cantar en inglés y eso que yo ya hablaba perfectamente inglés incluso sin acento. Pero no tenía la experiencia de cantar música en inglés; blues, rock, gospel. Hice el disco pero se nota un poco el acento y ahí me di cuenta que aun tenía que asimilar muchas cosas y tuve esta crisis existencial. Pensé, soy un poco checa, un poco estadounidense y mi corazón está en Latinoamérica, entonces entendí que tenía que volver a mis raíces y decidí volver a la república checa. Y allí aprendí a cantar en checo porque me di cuenta que tenía un acento también cantando en checo, porque aunque uno hablé bien un idioma a la hora de cantar el sonido cambia. Tuve que aprender a cantar en checo porque habían pasados muchos años sin cantar en mi idioma y tenía acento. Pero eso proceso me hizo focalizar más en la voz como instrumento, en la pronunciación, el decir, y siento que ahora canto mejor en español. Porque hasta ese momento yo estaba siempre tan pendiente de aprender a tocar instrumentos incluso de gestionar conciertos, me ocupada de los músicos y me di cuenta que yo tenía que concentrarme más en la voz como intérprete, hice un trabajo casi lingüístico y espero que ahora que estoy grabando un nuevo disco eso se note. Igual es cierto que el español resuena mucho con mi espíritu y mi forma de ser, no sé porque, creo que es un poco un misterio.

¿Qué cantantes te inspiraron o influenciaron?
Lilia Vera, Cecilia Todd, Guillermo Portabales, Violeta Parra y Lucia Pulido. Ella fue mi maestra principal, canté 16 años con ella en un ensamble de música colombiana en Nueva York, esa fue una gran escuela para mi. Fue una gran maestra para mi porque me guió mucho en mi carrera. Yo tuve algunas oportunidades para ir en una dirección más comercial. Me quisieron tentar para ser como una Gloria Estefan, armarme una imagen más hot, con vestido rojo y los bravos detrás. En esos años eso funcionaba muy bien en Nueva York pero Lucia me lo puso bien claro, me dijo; vos querés vender tu «pechonalidad” o ser una cantante seria, que sigue el camino de las grandes cantautoras?. Gracias a ella mantuve una línea integra a la hora de hacer música, de no venderme de esa forma. Y le estoy infinitamente agradecida por eso.
¿Cómo ves la escena musical en Berlin? ¿Hay un público para tu música?
Bueno si cada vez hay más hispanoparlantes, lo notamos todos caminando por la calle cada vez se escucha más gente hablando en español, yo empecé a venir a Berlín en 2011 cuando conocí a Alejandro Soto Lacoste un músico chileno con quien colaboro desde entonces y con quien en este momento estoy grabando mi décimo disco. Hay un público. También hay interés de aprender esta música, yo doy un taller de música latinoamericana en Galeria Lunasol, donde abordamos toda esta música; se llama La Ronda. Es un ensamble integrado por mujeres que quieren aprender esta música, en el grupo hay latinas pero te diría incluso que hay más europeas. Además de cantar les enseño a tocar instrumentos, porque hacemos un repertorio muy amplio y cada género tiene su acompañamiento. La docencia es algo muy gratificante para mí porque es un espacio en el que puedo compartir todo lo que aprendí.
¿Cómo nace este nuevo disco que estas grabando ahora?
Bueno, después de haber hecho dos discos con Milokraj, mi grupo checo, me vine a Berlin y me agarró la pandemia, así que me puse a componer, pero volví a hacerlo en español porque aquí hablo mayormente español. Mis amigos son hispanohablantes y mis socios principales son de Chile y Argentina, así que este disco es en español. Hay una cueca, una danza venezolana, un bolero son, una zamba. Por fin compuse una zamba, entendí que hay una forma que tiene que ver con el baile, que no es solamente un ritmo, tengo una zamba que tiene forma de zamba. Hay un tema en el disco que se llama Son pandémico, que creo es el más divertido del álbum.
¿Sobre qué escribís?

En este disco además del son pandémico que habla de mi mudanza a Berlin, hay otro que se llama Invierno de encierro, que habla de esa situación, hay temas de amor, de profunda emoción. Hay una cueca más esperanzadora, y un huayno que es un poco más poético y habla de la incertidumbre. Trato de abordar distintas temáticas, yo admiro mucho a los cantautores que son capaces de abordar distintas temáticas en un mismo disco. No me veo haciendo canciones que únicamente hablan de corazones rotos. Hay gente que lo hace muy bien, por ejemplo mi maestra Lucia Pulido, ella tiene un proyecto increíble que se llama canciones de despecho y lo hace muy bien pero yo no me veo haciendo eso al menos ahora.
Al repasar tu obra discográfica, ¿sentís que hay algún tema que sigue presente?
Bueno, creo que el tema que me preocupa y me persigue es esa sensación de que soy como mitad y mitad, que anhelo vivir más en comunidad como se vive en Latinoamérica, que es una vida donde se comparte más y no se celebra tanto la soledad y el individualismo. Todo lo que acá en Europa se pone en un pedestal, la soledad creativa, intelectual. Yo veo que eso si me persigue porque soy una checa que viene de una familia de artistas e intelectuales y vivo sola en una metrópolis, una ciudad cosmopolita europea y no tengo esa vida latinoamericana que tanto me hubiese gustado tener. La vida que añoraba esa niña que se enamoró del disco de Inti ilimani viviendo en una familia integra, viendo al papá y a la mamá que cocinaban juntos y se abrazaban mientras escuchaban esa música hermosa. Siento que todavía hay una niña adentro que anhela ese paisaje. Eso es lo que sigue presente en mi música.
Próximos conciertos.
- Galeria lunasol
- Viernes 15.12.2023
- La Ronda, ensamble latino
Marta Topferova Latin trio (live)
Canal de YouTube de Marta Topferova
Marta Topferova & Edmar Castañeda (live)
Marta Topferova & Milokraj.
Dceři (live)
Gladys Lizarazu nació en Argentina. Es egresada de la Escuela de Arte Dramático de la Ciudad de Buenos Aires y de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) de Argentina. Asimismo se formó como Directora Escénica de Ópera en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. En 2002 debutó como dramaturga y directora en la Schaubühne de Berlín, desde entonces inició una fluida relación con Alemania donde realizó diversos proyectos artísticos como directora, actriz, guionista y cineasta. En 2017 se mudó a Berlin, donde continúa desarrollando proyectos varios relacionados con la música y el cine. Cada vez que llega el invierno al hemisferio Norte, emigra al barrio porteño de Almagro (Buenos Aires) donde pasa los veranos.

