Una historia pocas veces contada. Mi recorrido por la historia de la electronic dance music latina en Berlín.
Por Tim Slawisch
Desde la caída del Muro en el año 1989, los sonidos agudos y sintéticos de la música electrónica empezaron a inscribirse cada vez más en lo que se podría llamar una identidad musical-cultural berlinesa. Debido a la multiculturalidad de la ciudad, la conformación de una escena musical estuvo desde sus inicios influenciada por artistas de todo el mundo, creando espacios donde no sólo se experimentaba con la mezcla de sonidos supuestamente ajenos, sino donde también se buscaban nuevos caminos que le dieran sustento musical a la autoconciencia berlinesa tolerante, heterogénea y libre. Sin embargo, la contribución y representación latinoamericana en este proyecto cultural muchas veces ha sido considerada escasa, incluso hasta inexistente. Hasta hace algunos años…
La inspiración me llegó cuando estaba justo en medio de una pista de baile, empapado de sudor, agotado, pero en un estado de confusión curiosa y alegre. Era el 5 de octubre de 2019, el famoso colectivo y sello discográfico “Suck Puck”de Europa del Este estaba dando el evento “Fuk the borders!” en el Kulturhaus Kili en Berlín. El evento era descrito como un “true breakcore extravaganza show from all over the world at the forefront of Berlin’s rave music scene”.
Fue cuando sonaron los primeros acordes de la canción del artista “Santísima Virgen María”. En vez de snares o hihats chillantes, típicos de artistas de este ámbito, pude distinguir la inconfundible apertura de “Venceremos” de Victor Jara, grotescamente distorsionado, que lentamente daba lugar a una fuerte kick áspera, pero llena y potente, acompañada por un creciente y maligno bajo que iba consumiendo las estrofas de la canción revolucionaria.
Esta mezcla, para mí tan extraordinaria, sorprendente, raramente vista, hizo florecer las siguientes preguntas en mi mente: conocía música electrónica con diversas influencias multiculturales, ¿pero música electrónica, o, mejor dicho, electronic dance music con influencias explícitamente latinas? ¿Cómo sería, y qué elementos la caracterizaría? ¿Quiénes serían sus representantes en Berlín, y cuál sería su rol aquí hoy en día? Y, por último, si este evento presentaba artistas “at the forefront of Berlin’s rave music scene”, ¿Qué tan latina es la escena de la electronic dance music en Berlín?
Aunque “Kraftwerk”, considerados los pioneros de la música electrónica sacaron su primer disco en los 70s, y las técnicas elaboradas en Jamaica en el área del Dub y Reggae tuvieron gran influencia en la producción musical antes incluso, no fue hasta finales de los 80s y comienzos de los 90s que la música electrónica, y sobre todo la electronic dance music (“EDM” en adelante), tuvo su auge. Esto respondió, en parte, a la correlación de diferentes desarrollos y procesos de ese momento: los avances tecnológicos como el MIDI, los samplers o los drum machines que innovaron los procedimientos de producción musical y, por consiguiente, las estéticas sonoras; la creciente globalización que no sólo facilitó el flujo de bienes, gente e ideas, sino que también incrementó el interés del mundo occidental en “lo ajeno” o “lo otro”; el acercamiento entre Este y Oeste y el previsible fin de la Guerra Fría que propició un ambiente unificador donde antes dominaban el odio, el miedo y la rivalidad, y que culminó en la caída del Muro de Berlín en 1989, acontecimiento histórico que aunque fue importante para todo el mundo, tuvo un impacto radical en la vida de más de tres millones de berlineses, de un día para otro.
El sound emergente de la EDM fue la banda sonora perfecta para este momento: no parecía seguir tradiciones obsoletas, rompía con los esquemas, e inicialmente no expresaba otra ideología que el amor y la unidad, reuniendo a jóvenes de ambas partes de la ciudad en las mismas pistas de baile para constatar que al final, no eran tan diferentes. Además, el movimiento de la música electrónica en Berlín desde sus principios fue un proyecto internacional. Fue impulsado por el notorio eje Berlín-Detroit a través de la colaboración entre Jeff Mills y Mike Banks, fundadores del sello discográfico estadounidense “Underground Resistance”, y los pioneros de la escena berlinesa como WolleXDP o Sven Väth. Reforzada por la llegada del colectivo inglés “Spiral Tribe”, quienes después de huir de las políticas represivas de su país de origen promovieron la cultura de la free party en los nuevos espacios abandonados de Berlín del Este.
Sin embargo, estas colaboraciones estuvieron limitadas principalmente a actores de países, digamos, “occidentales”. ¿Y la contribución, influencia y representación de la cultura latina en Berlín? Pues, la hubo, desde hace mucho. “Chico Trujillo”, los célebres representantes de la así llamada “nueva cumbia chilena”, tuvieron algo como su segundo hogar en la casa ocupa “Tacheles” y su “Café Zapata” en la Oranienburger Straße (que el lugar llevara ese nombre ya habla por sí mismo). Eventos como “La Regla”, sirven desde 1998 como punto de reunión para la diáspora latina y los aficionados de la salsa, la cumbia o el merengue.
Pero en el ámbito de la EDM, la contribución y representación cultural latina había sido escasa, diría que hasta inexistente hasta pocos años después del milenio. Fue en este momento cuando artistxs como Ricardo Villalobos, exiliado chileno de la dictadura militar y residente de un pueblito cerca de Darmstadt, se instaló en Berlín para promocionar su arte, recibiendo atención y fama tanto en Berlín, como globalmente. Es justo la figura de Villalobos la que probablemente es considerada la cara más representativa de una EDM latina en Berlín. En 2008 participó en «24h Berlin“, un documental de 24 horas que pretendía retratar la diversidad de la ciudad en todos sus aspectos. Desde entonces ha colaborado en la producción de varias películas que tratan sobre la escena berlinesa. Fue uno de los protagonistas de la exposición “No fotos on the dancefloor” en 2019, y sus closing sets tan salvajes en el “Watergate” ya son legendarios desde hace más que una década.
Pero, aunque muchos le testifican influencias musicales del país donde nació, tengo que admitir que no soy capaz de oírlos. Por ejemplo, la estética sonora de su primer disco, «Alcachofa“ (2003, playHOUSE), es demasiado minimalista y oscura, demasiado parecida al Techhouse o Rominimal europeo, para poder evocar lo que yo asocio con la música latinoamericana: emociones exuberantes, vida dinámica, melodías armónicas, y, obviamente, el canto. Lo que se asemeja más a algo que yo llamaría una estética latina dentro de la EDM es este tipo de sound cuyo nacimiento data cerca del 2008, año que se fundó el sello discográfico “ZZK Records” en Buenos Aires y desde el cual artistas como “Fauna” o “El Remolón” empezaron a elaborar un sonido que más tarde iba a conquistar paulatinamente las pistas de baile de todo el mundo, obteniendo nombres vagos como “Electrocumbia”, “Folktronic” o “Latintronic”. Canciones como “Bosques Via Temperley” de “Chancha Vía Circuito” (2008, ZZK Records), donde la característica percusión sincopada de la Cumbia se une a una four-to-the-floor kickdrum, cada cuatro compases interrumpida por el sonido agudo, pero inequívoco del sintetizador “Moog Prodigy”, hasta que lentamente una voz femenina nos empieza a cantar la historia de un amor incumplido, servían como punto de referencia e inspiración para otrxs músicos latinoamericanxs que iban adoptando este estilo para articular una nueva identidad musical.
Desde entonces, este sound vivió un verdadero auge mundial, con sellos discográficos proliferando no sólo en América Latina, sino que en todas partes. Berlín no fue la excepción. Artistas que en sus comienzos tocaban en fiestas exclusivamente organizadas para presentar esta variedad de la música electrónica, como el dúo peruano “Dengue Dengue Dengue!” –cuyos rostros velados por sus máscaras de aya huma resultan una incógnita–, ahora residen hace varios años en Berlín; o el DJ y productor francoecuatoriano Nicola Cruz, –cuya canción “Cumbia del Olvido” de su primer disco “Prender el Alma” (2015, ZZK Records) fue tan exitosa que hasta sonó en la radio berlinesa–, ahora están tocando con más frecuencia en espacios considerados auténticos y originales de Berlín, como p.ej. la plataforma online “HÖR Berlin”, contribuyendo a, e incorporándose así cada vez más en la escena local.
Desde el otro lado de la mesa mi amigo Manu me echa una sonrisa un poco traviesa. “Pero Tim, ¿cómo puedes tener una perspectiva tan eurocéntrica después de tantos años de estudio?!”
Es el 30 de enero de 2021, estamos en mi casa, viendo el showcase de “ZonaEXP FM”, colectivo y sello discográfico online de EDM de Brasil, para el “CTM Festival” en Berlín. Como hace casi un año nos cayó una pandemia global, la edición del festival de este año se transmite en línea, hecho que a mí me desmoraliza en un doble sentido: por un lado, porque, como buen ravero berlinés, necesito irme de fiesta para estar bien y sentirme vivo, y, por otro, porque en estas condiciones la realización de una investigación que pudiera ser base para este texto resulta casi imposible. Justo cuando me estaba quejando de la música porque –aunque me gusta y su presentación en una plataforma digital es bastante vanguardista–, me parece muy poco latina para usarla como ejemplo en mi investigación, fue cuando Manu me echa el comentario mencionado arriba.
Y me doy cuenta de que tiene razón.
Si para mí la música de Ricardo Villalobos suena menos latina que la de “Dengue Dengue Dengue!”, no es porque sea cierto, sino porque tengo una preconcepción de lo que musicalmente representa lo latino para mí. Y es una noción sumamente exotista, etnocéntrica, y, a final de cuentas, racista. Por eso, reconocerlo resulta vergonzoso.
Y tal vez mi percepción tan parcial en este asunto es sintomática de un problema fundamental con la gente de esta ciudad: porque, aunque lxs berlineses son sumamente abiertxs y tolerantes, también les encanta adornarse con lo multicultural y diverso que es su ciudad, lo que junto con la famosa “Berliner Arroganz” puede llevar a la concepción engreída de ya saberlo todo. Sobre todo, si estamos hablando de la música electrónica.
Entonces, ¿hay algo como una electronic dance music latina? Claro que la hay. ¿Y quiénes serían lxs representantes de aquella en Berlín? Algunos los he mencionado aquí, pero ya no creo que ellos sean representativos para todxs. Y la electronic dance music latina, ¿por qué elementos se caracteriza? Pues, ya no me atrevo a hacer ni el intento de responder a esta pregunta.
Sólo me quedo con la esperanza de que pronto se acabe esta maldita pandemia, que los clubes abran y yo pueda salir de nuevo para enterarme mejor.
Posdata 2023: Esto requiere una investigación más profunda que, ahora que los clubes están abiertos de nuevo, CONTINUARÁ.

Tim Slawisch estudió filología y antropología social y cultural en la Universidad Libre de Berlín. Desde que nació en Berlín en 1993, la convivencia y mezcla de diferentes culturas en esta ciudad no dejaron de fascinarle hasta el día de hoy. Actualmente se dedica a la investigación de la música como forma expresiva de la humanidad y componente poderoso en los procesos formativos de identidad personal y grupal.
Este texto forma parte de la serie de crónicas berlinesas: Crónicas de una ciudad mutante – Berlín desde sus marcas latinas, que publica Revista Desbandada. Ver aquí.
Las crónicas Marcas latinas en la ciudad mutante, fueron publicadas originalmente en la web del Lateinamerika Institut de la Freie Universität Berlin en el marco del proyecto que dirige la profesora Susanne Klengel Berlin in der lateinamerikanischen Literatur. Eine Spurensuche in lateinamerikanischen Texten und im Berliner Stadtraum
Foto de portada ©Tim Slawisch

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