Werner Herzog en la Deutsche Kinemathek

Aproximación a la verdad extática del director

Un artículo de Celia Martínez García

Cuando en 2010 Werner Herzog donó su producción al archivo de la Deutsche Kinemathek, la institución se encontró con catorce metros de estanterías llenas de material escrito y unas dieciocho mil fotografías, convirtiéndose en una de sus más importantes colecciones. Parte de todo ello acaba de publicarse en un catálogo editado por Kristina Jaspers y Rainer Rother, con los que además se entrevistó el cineasta en mayo de 2022, ofreciendo un acercamiento a su forma de pensar y a una obra titánica que abarca aproximadamente setenta películas y documentales.

Pero hablar de Herzog significa mucho más que hablar de su producción en términos cuantitativos, y resulta habitual referirse a su trabajo empleando conceptos como “extremo”, “mágico”, “onírico” o “excesivo”. Su obra ha tenido la capacidad de permear en el imaginario occidental con una visión del mundo desde una perspectiva postcolonial y en una constante búsqueda de imágenes nunca vistas que tratan de revelar una cara de la naturaleza, del ser humano y del mundo. Así, entender al cineasta, al creador, al hombre, es lo que ha tratado de llevar a cabo la Deutsche Kinemathek, celebrando los ochenta años del nacimiento del director y elevándolo a la categoría de figura de culto con una exposición temporal en el Museo para el Cine y la Televisión.

Werner Herzog – rodaje Fitzcarraldo – Beat Presser
© Werner Herzog Film / Deutsche Kinemathek
rodaje Fitzcarraldo (1982) © Werner Herzog Film / Deutsche Kinemathek

El director, el hombre, el mago

Definido como “un hombre del mundo”, la exposición sitúa a Herzog en un constante desafío con la naturaleza, en situaciones y lugares de rodaje extremos. En su obra parece explorar imágenes nunca vistas en un mundo que le resulta ajeno, inabarcable, incomprensible; como una suerte de metáfora del ser humano donde los espacios naturales reflejan el paisaje interior del alma. Fue en la Berlinale de 1992 donde esta búsqueda de los límites provocó una encendida polémica entre un público furioso que reaccionó ante las imágenes de los campos de petróleo en llamas de la Guerra del Golfo. La idea de descontextualizar el material y, especialmente, estetizar el horror con música de Richard Wagner, fueron, entre otros, los principales motivos para tal crítica. Lessons of darkness (1992) más que un documental sobre la posguerra en Kuwait fue descrita como un “réquiem por un planeta inhabitable”, como el propio director llegó a afirmar en alguna ocasión. Si bien no fue la obra de Wagner la única elegida para esta película, es plausible pensar que parte del rechazo hacia las imágenes post apocalípticas del conflicto se debía al marcado significado de un músico cuya obra fue considerada el paradigma de lo puramente alemán durante los años ’30 y ’40 del s. XX.

Lecciones en la oscuridad (1992) ©Arthaus / © Werner Herzog Film / Deutsche Kinemathek

En la obra de Herzog ha habido una recurrencia hacia lo épico y lo grandilocuente, un constante interés hacia dramas de dimensiones wagnerianas, donde la idea del viaje parece subyacer como búsqueda y proceso, no tanto como resultado. Este constante discurrir entronca con el concepto de road movie y de permanente exploración identitaria en el trabajo de Wim Wenders. También Herzog viajó por toda Alemania durante los años de la división en un intento casi desesperado de reunificarla, de suturar las heridas de un país guillotinado. El intento de llegar donde no ha llegado nadie, de asomarse a los extremos geográficos, humanos y conceptuales le ha acercado a lo más íntimo del ser, o al menos así lo ha pretendido. Y es en esa búsqueda de la verdad extática –a veces como fin, a veces como medio–, donde el cineasta ha mostrado una fluidez artística y técnica que le ha llevado a diluir las barreras entre la ficción y el documental. Si bien ha sido una práctica frecuentemente criticada, recurrir a ciertas estetizaciones ha supuesto para Herzog la mejor forma de mostrar una verdad que de otro modo quedaría oculta, alcanzar algo mucho más profundo que lo puramente objetivo. En su obra, el concepto de cine documental adquiere otra dimensión, revelando un estado interior y verdades subjetivas a través de elementos poéticos que son capaces de llegar al público de manera más visceral, más penetrante. 

rodaje Cobra Verde (1987) © Werner Herzog Film / Deutsche Kinemathek
rodaje Rescue Dawn (2006) © Lena Herzog
El fuego interior: Un réquiem para Katia y Maurice Krafft (2022) © Katia and Maurice Krafft
rodaje Alas de esperanza (1999)- La caída del avión de Juliane en la jungla © Werner Herzog Film / Deutsche Kinemathek
rodaje Grizzly Man (2005) © Lena Herzog

Más allá del Nuevo Cine Alemán

Parece lógico pensar que Herzog naciese en la Alemania de 1942, en un momento desquiciado para un país en un estado de absoluta turbación; que fuese heredero de una irreversible destrucción generacional y humana, hijo de las ruinas culturales y principal exponente de una corriente cinematográfica que se planteó la necesidad de volver a empezar. ¿Tiene su obra algo que ver con la búsqueda de lo humano tras una profunda deshumanización? Su trabajo parece revelar, no sólo la importancia de un nuevo cine, sino el deseo de mirar atrás y asomarse a lo más profundo del ser humano para tratar de entender, concepto que sobrevoló en la generación de la Alemania de posguerra pero que resultó abrumador e inevitable a partir de la década de los ’60.

Werner Herzog y Klaus Kinski en rodaje de NosferatuFantasma de la noche (1979) © Werner Herzog Film / Deutsche Kinemathek

El Nuevo Cine Alemán no respondía tanto a un movimiento cinematográfico homogéneo como a una cuestión generacional ante un estado de profunda crisis para la industria. Teniendo en cuenta además que este nuevo cine se refería sólo a Alemania Occidental, en casi todos los casos, gran parte del personal y las formas de hacer de la década de los ’50 estaban anclados en la producción  cinematográfica que había liderado el Ministerio de Propaganda de Goebbels. Coincidiendo con el final del gobierno conservador de Adenauer, romper con aquel pasado era una prioridad, pero hacía falta también un ejercicio de reflexión acerca de cómo debía ser este nuevo cine. En febrero de 1962, el Manifiesto de Oberhausen hablaba de un colapso en la industria y del hecho de que el cine alemán era inexistente para el mundo. En parte se había debido a un rechazo frontal a la cultura alemana tras 1945, el control cinematográfico por parte de las tropas de ocupación y sus consiguientes políticas de reeducación cultural. Se trataba del momento más precario para el cine alemán desde el fin del nazismo, y por ello el idóneo para plantear una hora cero que no se había dado tras la caída del Tercer Reich. Al margen de aspectos estilísticos o temáticos, hubo una serie de preguntas comunes que hablaban en realidad de cuestiones mucho más sustanciales: ¿cómo debía ser el cine alemán? ¿Cómo debía ser la cultura alemana? ¿Y su identidad? ¿Qué significaba en última instancia ser alemán después del horror nazi? Parecía claro que, de una forma o de otra, el cine debía reflejar los pensamientos y experiencias de una Alemania más joven que rechazase frontalmente el pasado y abogase por un cambio estructural.

Que Herzog se convirtiese en uno de los principales exponentes del movimiento resulta significativo y revelador, sobre todo ante afirmaciones como: “mis películas son lo que yo soy”, un retrato social de caracteres con rasgos exacerbados en circunstancias extremas, una forma de reflejar, a través de la naturaleza, el paisaje interno del alma. Pero el cineasta bávaro ha sabido trascender al movimiento, ha superado todas las barreras estilísticas y generacionales, ha pasado a ser mucho más que un referente del Nuevo Cine Alemán. En su prolífica producción a lo largo de seis décadas ha demostrado una abrumadora facilidad para abordar proyectos muy heterogéneos en cuanto a formato, presupuesto, género o alcance. Su obra y su forma de entender el arte revelan un hombre con muchas dimensiones como dimensiones tiene su creación.

exposición Werner Herzog © Marian Stefanwoski / Deutsche Kinemathek

Desde el pasado 25 de agosto, como conmemoración de los 80 años cumplidos por el cineasta, la Deutsche Kinemathek le dedica una exposición temporal hasta el 23 de marzo de 2023 en el Museo para el Cine y la Televisión de Berlín (Filmhaus). Explorando la magnitud de su obra, la institución ofrece una posibilidad única de aproximarse a uno de los directores alemanes vivos más influyentes de la historia. La exposición temporal da continuidad a la exposición permanente, centrada principalmente en los años comprendidos entre los orígenes del cine alemán en 1895 y el colapso que éste sufrió con la caída del Tercer Reich.


Fechas para visita guiada en español con Celia Martínez García al Museo del Cine y la Televisión: 28 de enero y 4 de febrero de 2023. Más información en: info@berlinfilm.es, Imprescindible reserva previa en esta dirección.

Celia Martínez García

Dra. Celia Martínez García: Tras sus estudios de Comunicación Audiovisual y de Historia y Ciencias de la Música en Madrid, sus principales líneas de investigación desde que se doctoró en 2015 han sido la música cinematográfica y la historia alemana en el cine. En la Universidad Humboldt de Berlín, ciudad en la que reside desde 2009, amplió sus estudios profundizando en la historia del cine alemán desde la gestión cultural, la historia pública y la memoria. Ha llevado a cabo diferentes proyectos culturales con instituciones como el European FilmPhilharmonic Institute, centros vinculados al Goethe Institut, el INCUNA FilmFest, como comisaria y ponente, o la Deutsche Kinemathek de Berlín, como miembro del equipo de formación. En su proyecto Berlin & Film (www.berlinfilm.es) se ha especializado en la representación cinematográfica de la historia alemana a través de artículos, ponencias y visitas guiadas por Berlín. https://berlinfilm.es/

Foto de portada: Werner Herzog durante rodaje de Into the inferno (2016) © Clive Oppenheimer

Revista Desbandada

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