Emigrantes buscando un partido que los represente

Artículo de opinión de David Casarejos

En la actualidad hay dos millones novecientos mil españoles viviendo en el exterior, en números redondos y visibles: 2.900.000. Una provincia exterior más grande que Valencia (2.591.875 habitantes según la Wikipedia) y solo por detrás de Madrid (6.751.251 habitantes según el padrón) y Barcelona (5.743.402 habitantes), y sería la quinta comunidad autónoma en número de votantes.

Este número sabemos que es corto y no refleja la realidad. Si nos planteamos, por ejemplo, que, de los más de 300.000 españolas y españoles en Reino Unido registrados con la Home Office (calculo en el que no entran quienes tienen también la nacionalidad británica), solo 170.000 están registrados en las oficinas consulares del país. Otro tanto sucede en demarcaciones consulares como la de Berlín, donde está extendida la idea de que registrarse en el consulado solo acarrea perjuicios legales, en especial en lo tocante al seguro médico, obligatorio, por otro lado, en Alemania.

A esta cifra de conciudadanos que no se registran en los consulados esperamos que se sumen unos cuantos cientos de miles gracias a los efectos de la Ley de Memoria Democrática. Lo que parecía una utopía está camino de lograrse, y ya hay quien ha empezado a mover los hilos para crear un partido político con un único y claro fin: defender los derechos de la emigración sin agendas ocultas, y poner en el tablero político español un partido que se preocupe plenamente de demandas que caen continuamente en saco roto. Si en provincias como Soria o Teruel empiezan a nacer partidos específicos de esas provincias, sin más miramiento que conseguir que su asiento en el Congreso valga para conseguir un Helipuerto en un Hospital o carreteras y comunicaciones dignas, no es descabellado que de la misma manera ser traten de conseguir cambios para la emigración a través de números de votos.

El partido en proceso de creación, por la información compartida, es un partido transversal y nacerá con la intención de no ser ni de izquierda ni de derechas, sino de los que estamos fuera. Sus propulsores han intentado hacerse oír por muchos medios y ahora, con la retirada del voto rogado, se abre la posibilidad para muchos de los que antes nunca votaron, de unirse a un proyecto que se centraría en las necesidades básicas de un colectivo emigrante que crece y que se esta empoderando, como hemos visto con el nacimiento de muchos Consejos de Residentes en el mundo. Tras décadas pidiendo migajas a los partidos principales, los ciudadanos españoles en el exterior ven como pasan los lustros y poco se soluciona de su situación de emigrante. 

Un ejemplo: la falta de recursos consulares dedicados a esos emigrantes, o las condiciones de precariedad de los propios trabajadores consulares, sigue sin solucionarse a pesar de promesas por parte del ministro Albares hace meses. Otro ejemplo: decenas de grandes ciudades en el mundo con alto número de población española siguen sin tener educación para los estudiantes menores de edad españoles en su lengua de herencia a través de una Aulas ALCE (Aulas de lengua y cultura españolas), mecanismo de alfabetización y educación en español que parece no son revisadas por los diferentes gobiernos. Recordemos, además, que las ALCE además proveen a sus estudiantes de un certificado de conocimiento del español del Ministerio de Educación, un diploma con valor académico que puede ser reconocido por las administraciones locales, algo a lo que no pueden acceder la mayoría de los hijos de emigrantes en el mundo no hispano.

Un tercer ejemplo: se cierra la puerta a una nacionalidad justa al no comprometerse ningún partido a crear una ley de nacionalidad especifica que nos acerque a Italia o a Portugal, y que deje de discriminar de una vez por todas a esa ciudadanía que ve como cada 15 años se elaboran leyes con periodos de duración cortos y que nunca intentan una solución global.

Un cuarto ejemplo: los planes de retorno se elaboran sin contar con la diáspora. No se nos pregunta qué queremos o qué esperamos de nuestro país para retornar y devolver todo lo que hemos aprendido en el exterior en nuestro país. Cada comunidad autónoma va de por libre en este aspecto, no hay una estrategia global.

Hay partidos que sí que han hecho algo, puntualmente, por la emigración, pero lo poco que han hecho, ha costado siempre muchas reuniones o muchas propuestas tiradas a la basura y realizadas por un órgano consultivo como el Consejo General de la ciudadanía española en el exterior. Los momentos en los que han hecho más por la emigración suelen coincidir con la proximidad a elecciones, que es cuando más vemos a los miembros de los partidos políticos hacer los viajes al exterior, mucho más a América, donde es más fácil pescar votos de una población que quizás no es tan crítica como la nueva emigración tras la crisis de 2009, y que se quedó mayormente en Europa.

Un partido de la emigración formado solo por emigrantes tiene tanto o más sentido que los partidos localistas de creación reciente, ya que el número de ciudadanos que abarcaría multiplicaría por 30 la población de algunas de estas provincias de la España vaciada. Solo si este partido se dirige desde el exterior se podrán lograr apoyos de la emigración.

En 2023 habrá elecciones europeas y quizás podrían ser estas las primeras elecciones para este nuevo partido, elecciones que servirían de carta de presentación y podrían aunar todos los votos de la emigración de las 52 provincias españolas, para lo que se necesitaría un incremento de la participación exterior que en las últimas elecciones ha rondado un 5%, y hacerse conocidos como una opción a la de los partidos tradicionales.

El 7% de los españoles tenemos un familiar en el exterior. Por otro lado, los españoles en el exterior conservan más de 300.000 propiedades en territorio español, y eso conlleva una gran derrama de ingresos para las arcas municipales, autonómicas y del Estado. La aportación anual en remesas por parte de los emigrantes a bancos españoles se estima en cerca de 15.000 mil millones de euros, a cambio el Gobierno solo destina menos de 60 millones de Euros para la emigración.

El éxito de un partido del exterior que tenga en cuenta a esta población española y el efecto positivo que tiene en nuestro país, solo vendría de la mano de una claridad en los objetivos, objetivos que cubran un área de la política que está vacío y sin representación, y que utilicen el valor y el peso de cualquier representación en lograr a través de las urnas forzar al gobierno a mirar por primera vez por este sector de la población, que no por estar fuera del país ha de seguir siendo ignorado. Quizás entonces no habría que sufrir el voto rogado durante otros 11 años, la falta de aulas ALCE para nuestras hijas e hijos, la existencia de planes de retorno elitistas, con cortoplacistas y con límite de edad, o la sangrante discriminación en materias de fiscalidad respecto a compatriotas residentes en España.

¿Quizás ha llegado el momento?


Foto: ©La región Internacional.

David Casarejos vive en Reino Unido. Se define como emigrante comprometido con la lucha por los derechos que pertenecen a todos los españoles de la diáspora, y que las instituciones no siempre respetan. No siente la necesidad de mostrar banderas, pero sí la de no tolerar a intolerantes. Colabora en numerosas publicaciones, como el HuffPostNueva Tribuna o La Región Internacional. Es presidente del Consejo de Residentes Españoles del Norte del Reino Unido y miembro del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior.

Revista Desbandada

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