Cox o el paso del tiempo

El tiempo corre o vuela, avanza lento o se estanca, pero jamás se detiene. Y todo lo iguala, pues: ¿qué o quién puede vencer en su carrera contra él? Un día, sin embargo, el famoso maestro relojero inglés Alister Cox, autor de complejas creaciones automatizadas, recibe una invitación del hombre más poderoso del mundo, el emperador de China Qianlong, el Señor de los Diez Mil Años. Y este le hace un encargo que será un desafío: construir un reloj que mida el tiempo de la eternidad.

De esto trata la novela Cox oder der Lauf der ZeitCox o el paso del tiempo (2016), publicada en español por editorial Anagrama. Su autor es Christoph Ransmayr, uno de los más destacados autores austríacos contemporáneos.

Christoph Ransmayr se inspira en figuras reales: el maestro relojero James Cox (1723-1800) ­–el autor del famoso Reloj del Pavo Real, obra adquirida por la emperatriz de Rusia Catalina ll La Grande que hoy puede admirarse en el Hermitage en San Petersburgo– y el emperador Qianlong (1711-1799), gobernante ambicioso cuyo reinado marcó una era de oro en la historia de China. A partir de ellos dará vuelo a la ficción de esta novela que, impregnada de un espíritu prerromántico, el espíritu propio de ese siglo XVIII inglés en el que transcurre la historia, narra el encuentro entre el Maestro y el Emperador.

Reloj del Pavo Real /Hermitage- San Petersburgo

video Reloj del Pavo Real

Al cabo de una travesía de siete meses, el Sirius, barco de bandera inglesa que ha partido de Southampton, arriba al puerto de Hang Zhou. A bordo, acompañado por tres de sus ayudantes, Alister Cox, famoso por sus creaciones que como valiosas joyas adornan las más importantes cortes del mundo. El griterío, las risas y los sones del gong que los reciben no son como creen reconocer en un primer instante ninguna celebración de bienvenida: en la plaza de ejecución se da cumplimiento a una cruel sentencia dictada por el todopoderoso emperador Qianlong. Poeta, amante y protector de las artes, el Señor del Tiempo, el Invencible, es una presencia invisible, pero con ojos y oídos por doquier, que decide sobre la vida y la muerte, y de cuyo poder dan cuenta el fasto de su imperio, la escala de sus obras y el terror que recae sobre quien ose apenas la menor afrenta.

La magnificencia y el lujo acogerán a los extranjeros quienes acompañados por Joseph Kiang, su traductor, y surcando las aguas del Gran Canal, serán conducidos a Pekín, a la Ciudad Prohibida. Allí Cox esperará que su anfitrión, el emperador, manifieste sus órdenes o deseos. Una madrugada llegará por fin el momento de la audiencia para la que tanto se ha preparado. Transportado en una litera de cortinados de seda será llevado al pabellón del trono. Una sala donde el brillo, el oro y las dimensiones inspirarán el temor y la reverencia ante el máximo poder. Pero el trono está vacío y surgiendo detrás de cortinados escuchará Cox la voz del emperador: la voz de un hombre. Un hombre que como tal no puede escapar a la fuga del tiempo y reflexiona sobre él.

El tiempo al que todo ser está sujeto es, no obstante, siempre diferente. Cox y sus hombres construirán para el emperador diferentes relojes: el Reloj de Viento; el Barco de Plata, que muestra el paso del tiempo para un niño. También el Reloj de Fuego, el reloj de los condenados a muerte y los moribundos para el que Cox se verá obligado a descender al infierno de quienes esperan el suplicio y conocerá la Gran Muralla. Hasta que con el ritmo de las estaciones, la Corte entera se traslade a Jehol, a la Manchuria, y Qianlong dé por iniciado el verano. Dentro de esa gigantesca procesión emprenderán viaje también los extranjeros y las más preciadas pertenencias del emperador, entre las cuales será absoluto protagonista el Reloj del Cielo.

Será en Jehol, en ese paraíso donde estrictas reglas quedan en suspenso y las órdenes del emperador se transforman en deseos, donde este comunique finalmente el motivo que ha llevado a Cox hasta allí: convertir en realidad su sueño del Reloj de la Eternidad:

“El reloj que mide los segundos, los instantes, los siglos y los miles de siglos y así hasta los eones de la eternidad y cuyas ruedas seguirían girando aun cuando ya hiciera mucho que sus constructores y todos sus descendientes hubieran desaparecido de la faz de la Tierra.”

Christoph Ransmayr, Cox o el paso del tiempo

Ya no sería su materia sino:

“el principio físico de esa obra el que perduraría siempre vigente y conservando su belleza hasta el innominado fin de todas las cosas —incluyendo el de los seres amados, el de toda sensación de protección y cobijo, el de todo espacio, sí, el del tiempo mismo.”

Christoph Ransmayr, Cox o el paso del tiempo

El sueño del perpetuum mobile no es solo el sueño del más poderoso, sino también el gran sueño del mismo Cox. Pero el inglés se verá ante una encrucijada: un reloj así perduraría más, sería más grande que un emperador, que el Señor del Tiempo, y lo reduciría a un ser humano. El mismo constructor de un reloj tal se alzaría por encima del emperador. Un riesgo del que no saldría indemne. Cox recurrirá entonces a la estrategia de Penélope y con excusas irá postergando la entrega de esa obra ya concluida que la Corte odia y llama el Monstruo y que hace que Qianlong detenga el tiempo y no dé por concluido jamás el verano, el que así se extenderá hasta los días del otoño, del invierno, de la primavera sin que la Corte regrese jamás a Pekín. Hasta que ya sea imposible detenerlo más y Cox halle la estrategia y la solución.

Con Cox o el paso del tiempo Ransmayr escribe una novela que conjuga un trasfondo histórico con el exotismo de lugares lejanos, con una visión idílica de la naturaleza. Una novela donde los sentimientos, la fantasía, la imaginación y los sueños juegan un papel central y que, a través de Cox, su protagonista se impregna de una sensibilidad signada por la melancolía. Es que la novela relata también la historia de un hombre que supo ser un hombre vital, despierto y conectado con el presente a quien pérdidas de seres queridos han sumido en la tristeza del mundo de los recuerdos. Un hombre que también emprenderá este viaje, el viaje más largo de su vida, en la esperanza de que le ofrezca oportunidad de transmutar su pena.

Una mujer-niña, An, una de las más de tres mil concubinas del emperador, pero su gran amor —apenas una aparición, la belleza, la risa, un roce de esta mujer absolutamente prohibida para cualquier otro hombre— será el catalizador de una epifanía que le permitirá a Cox volver a la vida. Pues comprenderá que:

“Hay instantes que están fuera del tiempo, ya no pertenecen a él, no tienen principio ni final, más breves que el destello de un meteorito y no obstante de la plenitud de la eternidad, inmedibles con ningún reloj, sin extensión aparente como un lejano punto que refulge en el firmamento.”

Christoph Ransmayr, Cox o el paso del tiempo

Y que esos instantes mágicos vividos con un ser querido, con un ser amado nos unirán con él para siempre.

Una narración clásica que avanza en diecisiete capítulos en la voz de un narrador omnisciente se enlaza en la novela con un lenguaje poético que se va urdiendo en la construcción de las frases y las imágenes que las pueblan. Una gran profusión de imágenes relacionadas con brillo y luz, resplandor, esplendor, fulgor, refulgencia, irradiación, destello recorren el texto, contrapuestas a imágenes de oscuridad. También están allí las imágenes de lo mecánico y las secuencias mecánicas que rigen no solo las cosas sino el curso de las acciones; las imágenes de huésped y prisionero se van alternando en la percepción de su situación de parte de los personajes; las imágenes de la vulnerabilidad del poder, como cuando el Gran Dragón, la Gran Muralla, se convierte en un rastro de cenizas.

“El que precisamente bajo la sombra de una muralla que debía proteger el progreso y el lujo de una civilización imperial de los desiertos interiores y exteriores de la barbarie, una sola flecha bastara para obligar la retirada de una tropilla de jinetes imperial, convertía aquel inconcebiblemente largo muro en un rastro de cenizas que se extendía hasta el horizonte y al que los golpes de viento propios de la estación dispersaban en grises remolinos de copos”.

Christoph Ransmayr, Cox o el paso del tiempo

La historia del Maestro y el Emperador, esos dos mundos tan lejanos unidos por el Tiempo y un mismo sueño –y de algún modo también por An, la concubina, la niña-mujer– es una historia de fuerza poética y visual que atrapa al lector. Que seduce con esa China milenaria y el hecho de estar inspirada en personajes y hechos históricos de los que el autor ha partido para crear este encuentro que en realidad jamás tuvo lugar—en un apéndice Ransmayr deja en claro en detalle cuáles son las diferencias entre la realidad y la ficción.

Pero también se podría hablar de un espectador, porque a pesar de no contener enorme acción o intriga, Cox o el curso del tiempo es una novela que tiene la pasta de una película. Novela hecha por momentos de esperas, surcadas de misterios e interrogantes, va desplegando un mundo que por primera vez se abre ante ojos europeos, extranjeros –ojos con los que también ve el mismo lector– para a partir de la mitad comenzar a condensarse y en su tercio final –desde el encargo del Reloj de la Eternidad– avanzar en forma impecable y sin detenerse hasta un excelente final.

Pero mucho más que el final quedará grabado en nuestras mentes cuando cerremos por fin el libro. Tantas escenas como aquella maravillosa que nos trae la imagen de ese emperador caminando –aparentemente– solo en la nieve de la mañana –mientras a su paso un ejército de guardias se va camuflando y escondiendo para protegerlo sin que él los vea.


Christoph Ransmayr, Cox oder der Lauf der Zeit, S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main, 2016. (304 pág.) 

Christoph Ransmayr/ Traducción de Daniel Najmías, Cox o el paso del tiempo, Editorial Anagrama, Barcelona, 2019. (290 pág.)

Christoph Ransmayr

Christoph Ransmayr: Escritor austríaco nacido en 1954. Estudió Filosofía y Etnología en Viena, donde, tras años de viajero y de residencia en Irlanda, vive actualmente. Die letzte Welt (1988) / El último mundo, (Seix Barral, 1989 y 2ª edición 1990), una novela que, en un tiempo que une la actualidad y el pasado va tras los pasos de Ovidio en el destierro, tras las huellas de su obra Las metamorfosis, lo convirtió en primera figura de la narrativa europea actual. Otras de sus novelas son: Die Schrecken des Eises und der Finsternis (1984) / Los espantos de los hielos y de las tinieblas (Debate, 1989); Morbus Kitahara (1995/ Seix Barral, 1996), Der fliegende Berg / La montaña voladora (2006), escrita en verso, y Atlas eines ängstlichen Mannes / Atlas de un hombre miedoso (2012). También ha publicado numerosos textos en los que experimenta con las formas narrativas, tales como Der Weg nach Surabaya / El camino a Surabaya, Geständnisse eines Touristen / Confesiones de un turista y Der Wolfsjäger / El cazador de lobos. Tras el gran éxito obtenido con Cox oder Der Lauf der Zeit (2016) publicó la novela Der Fallmeister. Eine kurze Geschichte vom Töten (2021).

Imagen de portada: ©Ullstein – Retrato del Emperador Qianlong ©Giuseppe Castiglione/Palacio de Pekín -Wikimedia Commons / Fotos y video del Reloj del Pavo Real y traducción al español de los fragmentos ©Claudia Baricco /Retrato Christoph Ransmayr ©Anagrama

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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