De sistemas electorales y democracias plebiscitarias

Artículo de opinión de Luis Miguel Fernández López, profesor de Historia

Sostiene Mr. Casarejos, paisano y contraparte en la pérfida Albión, que le gustaría que Gran Bretaña tuviera un sistema electoral más parecido al que disfrutamos por estos pagos. Y tiene todo mi apoyo y comprensión porque es  difícil ver algún tipo de bondad democrática en el sistema electoral mayoritario implantado en prácticamente todos los países anglosajones, al menos desde la concepción que algunos tenemos de lo que debe ser una democracia representativa. A lo largo del siglo XIX diferentes reformas fueron instaurando paulatinamente en Gran Bretaña el sistema electoral de elección de un único representante en cada una de las 650 circunscripciones en las que estaba dividido tradicionalmente el país. Aunque estas reformas tenían como objetivo suprimir los „burgos podridos“ y ,así, profundizar en la democratización del cuasi medieval sistema de elección de los representantes en la Cámara de los Comunes; dejaron un sistema electoral todavía vigente que favorece la conformación de mayorías en muchas ocasiones de claro signo conservador. Por otro lado, la representación y el ineludible respeto a las minorías que en toda democracia de calidad ha de ser norma se ven claramente entorpecidas por el sistema de “first-pass-the-post”. El bipartidismo favorecido por el sistema uninominal polariza, evita consensos e impide que se lleven a cabo reformas de calado cuando estas son necesarias. En los dos grandes ejemplos de democracias con sistema mayoritario, Gran Bretaña y Estados Unidos, cambiar la legislación un ápice conlleva grandísimos esfuerzos.

El contrapunto podríamos encontrarlo en países con un sistema electoral proporcional levemente corregido, como Alemania o Israel. En Alemania se elige con un primer voto en cada circunscripción electoral a un candidato que obtiene el mandato directo, pero es que además se emite un segundo voto a un partido, así los partidos que no ganan ninguna circunscripción obtienen también representación parlamentaria siempre que superen la barrera del 5% de los votos emitidos en todo el país. De esta forma bastantes partidos tienen la posibilidad de alcanzar representación parlamentaria y es prácticamente imposible que un solo partido alcance la mayoría absoluta. La negociación y el acuerdo entre diferentes son por tanto obligados y partidos minoritarios encuentran siempre acomodo en el seno del Gobierno.

Sede del Bundestag en Berlín.

Si entendemos el sistema democrático como una forma de gobernar mediante los acuerdos y la negociación y como una forma de respetar a las minorías, no cabe duda que los sistemas electorales proporcionales se adecúan más a esta forma de pensamiento.

Una idea que se está reivindicando con insistencia en los últimos tiempos desde determinados ambientes políticos es la de la consulta permanente a la ciudadanía, normalmente mediante referéndum, sobre decisiones de gran calado político. La idea de profundizar en la democratización de la  sociedad y de los sistemas políticos occidentales de esta forma puede parecer muy atrayente pero conlleva múltiples desafíos y dificultades que no deben ser tratados a la ligera. El mejor ejemplo de todo esto, y de esta forma cerramos el círculo, es el referéndum sobre el Brexit. ¿Se debe dejar en manos de la ciudadanía de nuestras acomodadas sociedades occidentales, que no está obligada ni mucho menos a formarse políticamente, decidir sobre aspectos esenciales que pueden cambiar una sociedad y un país para siempre? Dado que la formación política de nuestra ciudadanía se realiza en el mejor de los casos de forma superficial, ¿no serán entonces presa fácil de demagogos y grandes manipuladores? ¿Es un referéndum binario la forma adecuada de resolver políticamente cuestiones de una enorme complejidad, que no pueden ser resueltas con un simple sí o no? La entelequia de un pueblo sabio, soberano e infalible, dado que siempre toma las decisiones correctas y que además hay que aceptar sin poner reparo alguno, crea una de las principales contradicciones dentro corpus teórico en el que se apoyan las democracias liberales burguesas; ya que los mismos que defienden este dogma a capa y espada, hablan al mismo tiempo de “relato”, de agendas temáticas a imponer durante las campañas electorales o del manejo de la información. Es decir, indirectamente reconocen que el cuerpo electoral es manipulable. Y esto lo saben también muy bien los que poseen la inmensa mayoría de los medios de comunicación.  Volviendo al referéndum sobre el Brexit, que se convocó al fin y al cabo porque las élites británicas estaban divididas sobre el futuro modelo de país, podemos concluir que el resultado no debió haber sido ninguna sorpresa para propios y extraños. Desde los años 80 se lleva bombardeando mediáticamente a la sociedad británica, especialmente a través de los lamentablemente muy leídos “tabloides” y de la prensa conservadora en general, con la maldad intrínseca de cualquier idea de integración europea. Si a esto unimos la campaña del propio referéndum llena de mentiras, datos manipulados y falsas promesas, resulta cuando menos extraño el hecho de que la parte de las élites británicas partidarias del remain mostrasen tan gran sorpresa. El problema es que nunca deberían haber dejado en manos de una sociedad tan fácilmente manipulable la toma de una decisión de tanta trascendencia.

La nueva internacional reaccionaria lleva ya un tiempo practicando la manipulación política masiva apoyándose en las nuevas redes sociales. La clave para detener este tsunami de desinformación está en la educación. Un ciudadano formado es mucho más difícil de engañar y manipular, y por otra parte, tenderá a elegir de forma mucho más racional lo más adecuado para la sociedad en su conjunto. Los Estados están haciendo una clara dejación de funciones en cuanto a la muy necesaria educación política en las sociedades democráticas. Cuando un espacio se abandona, alguien lo ocupa, y en los últimos tiempos se está ocupando ese espacio cada vez más por fuerzas reaccionarias y antidemocráticas. Las escuelas no solo deben estar para formar cuadros técnicos, como desea la doctrina neoliberal, sino también para formar ciudadanos responsables que estén preparados, llegado el momento, para construir un futuro mejor para todo sin dejar a nadie atrás. Sigamos insistiendo en esto antes de que falsos profetas “libremente” elegidos nos lleven de nuevo a desastres ya vividos en el solar de nuestra vieja y querida Europa.


Nota de la redacción: Este artículo es respuesta al artículo de David Casarejos La crónica del Brexit anunciado… en el verano de 2021.

Revista Desbandada

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