La crónica del Brexit anunciado… en el verano de 2021

Artículo de opinión de David Casarejos

El Brexit llegó hace tiempo, y todos los peores pronósticos van siendo, como ya he ido contando, superados por una realidad que en parte se intentan esconder tras el impacto del coronavirus. 

Las últimas semanas han dejado claro que, muchos de esos problemas que desde el nefasto referéndum aquel 23 de junio de 2016 preveíamos muchos, se están convirtiendo en una realidad, realidad por consecuencia lógica de una mala decisión.

Aquellos que creían que salir de la UE era fácil, y que la UE iba a perder más, ahora se van dando cuenta de que la arrogancia, los pasaportes azules y la soberanía, ni ayudan a recolectar frutos en granjas, ni conducen camiones, ni trabajan al cuidado de sus mayores.

Varias grandes cadenas de restaurantes, entre las que se incluyen McDonald’s, Nando’s o KFC, llevan semanas cerrando restaurantes u ofreciendo menús reducidos debido a los problemas derivados de la falta de camioneros en el país.

Faltan más de cien mil conductores que antes venían y se iban como querían. Ante las imposiciones legales del Brexit y los problemas que se veían venir debidos a posibles cambios en las regulaciones en este sector, muchos emigraron de vuelta a sus países de origen huyendo de los problemas añadidos en cuestión de papeleo y tiempo para cruzar fronteras, que incrementarían las horas de trabajo. Demasiadas trabas sin necesariamente ser reflejado en sus salarios.

Ya hace unas semanas se solicitaba flexibilizar el número de horas que pueden estar al volante, y permitir que trabajen de manera continua por más tiempo, a cambio de reducir la seguridad de nuestras carreteras.

El Brexit vino para esto: poder utilizar excusas para retirar imposiciones legales que incrementan la seguridad de los ciudadanos, o poder incrementar la semana laboral minimizando los costes extras.

Las leyes de la UE que regulan la calidad de productos o las condiciones laborales son un logro para una sociedad civilizada, y el intentar retirar la red de seguridad aupado en banderas, soberanías y un “nosotros contra ellos” solo puede servir para perder derechos y privilegios, y entrar en una espiral hacia la continua bajada de estándares.

Muchas compañías de transporte hablan de un gran porcentaje de vehículos parados por no contar con los trabajadores que la UE permitía que entraran libremente, basándose en la libertad de movimientos. Este sector hace que nuestros supermercados tengan todos los productos que queremos comprar, y ya están avisando que estas navidades que vienen van a ser “diferentes” y habrá que plantearse cómo hacemos las compras de regalos, comidas y demás teniendo en cuenta la situación actual.

Si el transporte va cuesta abajo, el sector de la alimentación, recolección y procesado de carnes y otros productos, están en la misma situación.

La ausencia de los trabajadores que llenaban factorías está extendida y muchas compañías han de plantearse si esta falta de personal a la larga hace viable sus empresas. Empresas que pagan impuestos en Reino Unido, y que en el futuro podrían hacerlo en otro país que les asegure que pueden subsistir sin problemas derivados del tiro en el pie que supuso el Brexit.

El resto de miembros de la UE, como Alemania o Italia, no han sufrido ningún problema este último año debido a escasez de trabajadores o alimentos, y solo Reino Unido, con su tiro al pie, lo esta sufriendo.

Ya no son cuentos de metemiedos, son realidades en verano de 2021. Solo unos meses tras la formalización de la salida de la UE, y que están haciendo que a las lumbreras que se les ocurrió la salida abrupta de la UE se les ocurra plantear el rellenar la falta de personal con el uso de prisioneros.

No querían extranjeros y ahora se plantean usar presos en fábricas, en transporte, y entre la población, sin más, tal cual.

Hay una pieza en el puzzle del Brexit que les está costando entender.

Muchos de los trabajadores en restaurantes, en granjas o en fábricas venían a mejorar sus vidas sin necesidad de buscar dedicarse a trabajos precarios durante décadas.  El esfuerzo de trabajos precarios se veía compensado a medio plazo, una vez su nivel lingüístico mejoraba y podían moverse e incorporarse en otros sectores o trabajos más acordes con sus habilidades, estudios o inclinación. Pocos venían a trabajar a largo plazo en puestos mal pagados, si no fuera por la zanahoria que suponía ese futuro mejor que podían esperar.

Los puestos que no pueden cubrir ahora con su población local son, en muchos casos, trabajos manuales intensivos en mano de obra, y que no justifican los costes de los visados y el cortoplacismo unido a estos permisos temporales.

La arrogancia de mirar por encima del hombro a quienes te traían la comida al super mercado de tu barrio, a los que recogían las frutas y verduras o limpiaban y cuidaban a tu abuela en la residencia de ancianos, se tradujo en el resultado del referéndum y ahora no hay la oferta de trabajadores necesaria para una economía que aspira al crecimiento continuo, con trabajadores escalando laboralmente, aportando más impuestos, y contribuyendo a medio plazo a cubrir los trabajos cualificados que el Brexit también ha dejado vacíos, y esos trabajadores ahora viajan a otros destinos dentro de la UE, con Alemania y Francia como mayores receptores.

Ya nos son historias de miedo y ya son parte de las noticias diarias.

Esta semana muchos nos quedamos perplejos al ver que, en las noticias de varios canales de televisión, ya han dicho públicamente que la falta de trabajadores en el transporte se deben principalmente al Brexit. Ya se puede decir sin pudor alguno que la pesadilla se está convirtiendo en realidad, y que no éramos una panda de agoreros pesimistas.

Las tentaciones para que otros países se unan a Reino Unido en salir de la UE desaparecen a golpe de realidad y no veo a ningún otro país tomando una decisión en esta línea en el futuro.

Alemania y Francia, alineadas como hasta ahora, podrán mostrar con hechos y datos que es lo qué sucede a quien decide dar mayor importancia a sus sueños imperiales que al del trabajo en un proyecto solidario y común, y además mucho del mercado que deja de ocupar Reino Unido se desplaza a empresas en los países miembros de la UE. No solo perdieron mercado, sino que incluso algunos de los fabricantes se han desplazado a países de la UE que les permiten seguir produciendo para los clientes que han tenido durante décadas.

La UE no ha notado aún ningún impacto de magnitud tras este desastre y parece que nadie está sufriendo la falta de comida, de trabajadores o la salida de billones de activos financieros a otros países como sí lo ha sufrido el país que se decantó por el Brexit.

El coronavirus también nos ha mostrado el poder negociador de UE y que es más fácil vivir en la seguridad de un bloque económico potente, a pesar de los múltiples errores pasados o la necesidad de hacer que este proyecto pase a asegurarse de que nadie se queda atrás y se trabaja por mejorar la situación de todos y cada uno de los países miembros. La UE está naciendo, como quien dice, ahora, y todavía tiene que aprender a adaptarse a un mercado global.

Mientras que Alemania, por ejemplo, sigue preocupada por la COVID y las elecciones que tendrán dentro de poco, Reino Unido ha de tapar además los agujeros en su barco producidos por el Brexit.

A principio de verano ya teníamos a Tim Martin, la cara visible de los Pubs Wetherspoons y que hizo campaña por el Brexit, pidiendo un “sistema migratorio razonablemente liberal” para poder acceder de nuevo a la barata mano de obra de los mismos trabajadores europeos que él mismo despreciaba durante la campaña del Brexit.

Mas de 350.000 españoles se han registrado ya en el programa obligatorio impuesto para poder seguir residiendo y viviendo en el país, y podrían sumarse otros 40 mil una vez se acabe con el retraso que hay en las solicitudes aun no revisadas por el Ministerio de Interior…más españoles que algunas provincias como Albacete, Burgos, o Cáceres. El Brexit también es nuestro problema.

Los trabajadores por los que sueña Tim Martin están ya en Paris, Berlín, y Dublín. Y seguirán llegando.

Bandera de la Unión en la embajada de Berlín.

David Casarejos vive en Reino Unido. Es mitad castellano y mitad de Yorkshire. Se define como emigrante comprometido con la lucha por los derechos que pertenecen a todos los españoles de la diáspora, y que las instituciones no siempre respetan. No siente la necesidad de mostrar banderas, pero sí la de no tolerar a intolerantes. Colabora en numerosas publicaciones, como el HuffPostNueva Tribuna o La Región Internacional. Es presidente del Consejo de Residentes Españoles del Norte del Reino Unido. Actualmente asesora a las candidaturas de Berlín que se están preparando para concurrir a las elecciones a CRE de la demarcación consular de Berlín que incluye Berlín, Brandenburgo, Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia.

Revista Desbandada

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