Objectes (des)apareguts

Un artículo de María Amparo Gomar Vidal

La exposición Objectes (des)apareguts permancerá en el Instituto Cervantes de Berlín hasta el 29 de octubre. La entrada es gratuita con inscripción previa.

“Los objetos testimoniales nos permiten considerar cuestiones cruciales sobre el pasado, sobre cómo el pasado desciende a nosotras/os en el presente, y cómo el género figura en actos de memoria y transmisión.”

Marianne Hirsch, Leo Spitzer

“Los artefactos que han experimentado atrocidades, incluso genocidio, y sobrevivieron, adquieren el poder de evocar los horrores del pasado, y de rememorar las personas ausentes, cosas y lugares que fueron perdidos. Simbolizan violencia, pero también supervivencia y resiliencia […]. Son objetos supervivientes.”

Heghnar Zeitlian Watenpaugh

“Las posesiones personales mundanas de la muerte que son retiradas de la tumba también poseen ese aura de normalidad contingente inmediatamente anterior al desastre.”

Layla Renshaw

El semestre de invierno 2011/12 asistí al seminario “El museo como formato artístico” en el Instituto de Arte en Contexto de la Universidad de las Artes de Berlín. Este seminario estaba impartido por el Dr. Michael Fehr, director del instituto de entonces, cuyas asignaturas visitaba con frecuencia. En este seminario, Dr. Michael Fehr instaba a los y las estudiantes a formar una colección a partir de 7 objetos. Mi colección quedó pendiente, aunque la idea de retomarla en algún momento estaba presente, pues esas clases habían despertado en mí un interés especial por el otro lado de los objetos. 

Uno de los temas que más me ocupaba en ese momento era la memoria y el género, concretamente la memoria de mujeres con el nombre de María, nacidas a principios de s. XX, y que habían desarrollado sus vidas en el medio rural, concretamente en mi pueblo, Quatretonda (València). Y me preguntaba qué oportunidades hubiera tenido yo si hubiera nacido en esa época y como una “maría.” Para entonces desconocía la formidable aportación de Clara Campoamor con la palabra “sexo” al artículo 25 de la Constitución de 1931, las humillaciones y vejaciones que sufrieron las mujeres republicanas durante y después de la guerra, que el franquismo forzaba a mujeres con nombres tan bonitos como el de Libertad a cambiar su identidad (por ejemplo, por el de María o sus advocaciones), o que cuando yo nací todavía robaban bebés en València. Curiosamente conocía mejor determinados aspectos históricos de Alemania a través de los monumentos, placas conmemorativas, espacios de memoria y museos, que los de mi propio país.

Unos años más tarde, influenciada por lo que en Alemania recibe el nombre de, ”Vergangenheitsbewältigung” (dominar el pasado) comencé a indagar en la cultura de la memoria de España, en parte también motivada por los seminarios de Filología Hispánica en la Universidad Libre de Berlín. Sentía de algún modo que mi país de acogida me estaba invitando a reflexionar sobre mi país natal. A partir de ahí, todo fueron preguntas, aunque quizás la principal fue ¿por qué sabía tan poco o nada acerca de determinadas etapas históricas del s. XX en España? 

De repente comencé a ver monumentos y símbolos franquistas en mi ciudad, València, donde siempre habían estado. La afirmación de Robert Musil acerca de la invisibilidad de los monumentos en el espacio público perdía todo efecto en mí, empezaba a generar una especie de alarma. Esa alarma saltó cuando descubrí la historia de Pepica Celda y su padre José a través de una botellita. Esa botellita había estado durante más de 70 años en contacto con el cuerpo de su padre, José Celda. José fue una de las 2.237 personas asesinadas en Paterna entre 1939 y 1956, y hasta 2012 sus restos habían permanecido en la fosa 126 del cementerio municipal. La historia oral había permitido que la familia de Pepica supiera exactamente cuál era el paradero de su padre. La historia oral que giraba entorno a un objeto aparentemente tan insignificante como una botellita. Esta clase de objetos, “humildes,”  según el arqueólogo González Ruibal, “revelan que bajo la fachada triunfal del franquismo se esconde una historia de miseria y violencia.” 

Fascinada por esta historia y por aproximaciones teóricas de autores/as pertenecientes al campo de la antropología y los estudios culturales que asignan a esta clase de piezas atributos tales como “testimoniales,” “supervivientes” o con “aura,” me pregunté qué tipo de objetos estarían vinculados a las fosas comunes en el contexto del cementerio de Paterna, qué historias encapsularían, y qué valor adquirirían para las familias que los custodian. 

En este sentido, investigaciones como las de Ferrándiz, indican que para algunos descendientes, poseer objetos que han estado en contacto con los cuerpos de sus deudos es de vital importancia:

«Esther dejó el cuerpo de su padre en Asturias, excepto ese trozo de atribución dudosa [hueso], pero mostró mucho empeño por recuperar y conservar algunos objetos que podrían haberle pertenecido Tenía un reloj puesto, un anillo de casados, unos zapatos…ya los quisiera…ayer me comentaban que a lo mejor se encontraban balas, ¡yo las quiero! Las que tenga el cuerpo de él, yo las quiero… Es muy importante para mí.

Después de la confirmación de una ayuda económica por parte de la Delegación de Memoria Histórica de la Diputación de Valencia, comencé a ponerme en contacto con las asociaciones de víctimas del franquismo de Paterna y con los equipos de arqueología, cuya ayuda ha sido fundamental para llevar a cabo este trabajo. Curiosamente el contacto que me llevó a ellos/as fue desde Berlín. A través de la ayuda inestimable de personas maravillosas pude emprender la tarea que había quedado pendiente en 2012, cuya elaboración ha supuesto una de las experiencias más bonitas que he vivido hasta ahora. El trabajo artístico gira entorno a 7 piezas que actúan como pars pro toto. En un espacio expositivo, estos objetos se convierten en semióforos, y adoptan de este modo, un nuevo sentido: advertir sobre vulneración de los derechos humanos y reconocer el dolor que ha atravesado generaciones y que permanece latente.

La voz narrativa de las historias contenidas en los objetos, es la de los propios descendientes de las víctimas:

  • La camisa con iniciales M.G. de Miguel Galán / Daniel Galán (nieto).
  • El botón y el lápiz de Pedro Simón, y el botón de Verónica Calle / Laura Martín (bisnieta).
  • La botellita de José Celda / Pepica Celda (hija).
  • La corbata de José Alba / M. José Sánchez (nieta).
  • “Les cordetes”de Salvador Tortajada / Raquel Gil (nieta).
  • La fotografía que guardaba Manuel Hernández de su hijo George / Amèlia Hernández (nieta).
  • La postal que conservaba Francisco Sanz de su mujer Nieves Monzó / Francisco Sanz (nieto).

En las palabras que recogí durante las entrevistas acerca de lo que piensan y sienten ellas y ellos cuando tienen los objetos de sus deudos en las manos, se percibe un amor extraordinario:

“Es un vínculo muy fuerte, yo a mi abuelo […] no lo llegué a conocer pero esto es suyo [camisa], esto estuvo tocando su carne, entonces no sé, le tengo una estimación particular.”

Daniel Galán (Paterna, 17.07.2021)

“Por mucho que a él lo matasen, por mucho que a ella no la quisieran enterrar, siguen ahí, o sea, 80 años después seguimos pensando en ellos, hablando de ellos, recordándoles, queriéndoles y…como los botones.” 


Laura Martín (online, 29.07.2020)

“Esto [botellita], no me desharía yo de esto nunca, nunca. Esto para mí tiene como un trozo de mi padre, ha estado muchos años enterrado con él y esto para mí ha sido un logro, mi padre, pues lo hemos llevado junto con mi madre, pero esto lo tengo yo en casa.”

Pepica Celda (Puçol, 01.08.2020)

“Cada vez que tengo la corbata en las manos, pues siento que tengo un trocito pequeñito de él, esa es la sensación, y la sensación de que esto lo haya llevado antes y después de esta barbaridad y bueno, es algo como suyo, como que lo abrazas, como que lo quieres.”

M. José Sánchez (Valencia, 9.08.2020)

“Yo le diría a mi abuelo que no se preocupe, que yo haré lo que pueda […] para que estén en el lugar que les corresponde, no el que les dieron…”

Raquel Gil (Paterna, 13.08.2020)

«El valor que tienen estos objetos [fotografía y carta de despedida] para mí es indescriptible, yo no puedo decirlo, no puedo expresarme con palabras porque no hay palabras para expresar lo que siento. […] Mi abuela decidió que los tuviera yo, entonces, para mí eso significa mucho y si ella lo quiso así, yo los conservaré siempre así, y me alegro mucho de mostrarlos para que otras personas vean y sepan por lo que pasaron las personas represaliadas que se quedaron en la ruina.”

Amèlia Hernández (València, 21.08.2020)

“Sólo verla [la postal] y saber que…yo tengo a mi abuelo aquí, lo estoy tocando lo estoy viviendo, esto es un milagro, esto no es casualidad, 80 años bajo tierra y conservada…”

Francisco Sanz (Paterna, 27.08.2020)

Entre las piezas se encuentran objetos personales, objetos de represión, restos de indumentaria… Algunos de estos objetos pudieron ser recuperados por las familias hace 80 años, gracias al enterrador Leoncio Badía, y han pasado, junto con la memoria de sus propietarios y propietarias, de madres a hijas y de hijas a nietas, como en el caso de M. José y Raquel; o directamente de abuelas a nietas, como en el de Amèlia. Otros vestigios han sido recuperados 80 años después, gracias al ímpetu de las familias y el trabajo de las asociaciones científicas, como en el caso de Pepica, Laura, Daniel y Francisco. Estas generaciones, entre las que se encuentran 2ª, 3ª y 4ª, pertenecen a lo que se podría considerar como generaciones de “posmemoria.”

Para una aproximación multidisciplinar a estos objetos, se publicará este mes de octubre un catálogo con las aportaciones de investigadores y profesionales que han formado parte de las historias de las familias y/o están implicadas en esta materia, como el historiador Dr. Vicent Gabarda: experto en la represión de la retaguardia en el ámbito de la guerra civil y la posguerra en el marco geográfico del País Valenciano; Dr. Michael Fehr: autor y comisario de numerosas exposiciones sobre arte contemporáneo e historia del arte, y director gerente del Museo de las Cosas (Berlín); Vicent G. Devís: escritor, periodista y sobrino de Pepica; Asociación Científica ArqueAntro: equipo interdisciplinar que llevó a cabo la apertura de las fosas de los familiares de Daniel, M. José, Raquel y Laura; Dra. Lorena Menes: criminóloga y experta en derechos humanos; Grupo Paleolab®: equipo interdisciplinar que realizó la primera exhumación científica en Paterna a petición de Pepica; Dra. Andrea Moreno: antropóloga y comisaria de exposiciones sobre cultura material en el contexto del franquismo; y la Dra. Tona Zalbidea: restauradora del material asociado recuperado de la fosa en la que se exhumó al abuelo de Francisco. Cada autor/a trata una historia relacionada con un objeto desde su experiencia y disciplina.

Este trabajo aborda, por tanto, 7 historias a través de 7 piezas. 7 de las 2.237 historias. El objetivo de este proyecto es, ampliar la colección: “¿Quién mantendrá vivo el recuerdo cuando los últimos testigos sean silenciados?»

Una respuesta es: «las cosas.”


Agradecimientos:

Eloy Ariza, Associació de Víctimes de la Fossa 127, Associació Científica ArqueoAntro, Maruja Badía, Amparo Belmonte, Álex Calpe, Cavea Patrimonio Cultural S.L., Centre del Carme Cultura Contemporània, Delegació de Memòria Històrica de la Diputació de València, Familiars de Víctimes del Franquisme Fossa Comuna 128, Michael Fehr, José Ferrer, Vicent Gabarda, Vicent G. Devís, Martin Grobecker, Grupo Paleolab®, Francesc-Xavier Duarte, Elisa G. Prósper, Juan José González, Catalina Heroven, Alexis Hyman Wolff, Javier Iglesias, Teresa Llopis, Juanjo Llorente, Carlos L. Olano, Azahara Martínez, Lorena Menes, Miguel Mezquida, Jorge M. Andrés, Andrea Moreno, Museu de Ceràmica de Paterna, María Navarro, Lucía Palacios, Adolfo Pastor, Plataforma d’Associacions de Familiars de Víctimes del Franquisme de les Fosses Comunes de Paterna, Julia Piquer, Manuel Polo, Dietmar Post, Ofèlia Sanmartín, Emilio Silva, Pilar

Taberner, Elena Tamarit, Miguel Ángel Torres, Tona Zalbidea  

Agradecimientos especiales:

Pepica Celda, Daniel Galán, Raquel Gil, Amèlia Hernández, Laura Martín, M. José Sánchez, Francisco Sanz

María Amparo Gomar Vidal frente a una de las fotografías de la exposición en el Instituto Cervantes de Berlín.

©de las fotografías: revista Desbandada

Revista Desbandada

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