Y tú, ¿tan feliz?: relato sobre el aborto clandestino en Chile

Bárbara Carvacho es una periodista chilena de treinta años, además de ser escritora, editora, amante de la música, activista política y abortista, entre muchas otras cualidades que podrían definirla. En el año 2020 la editorial Caballo de Troya publicó en España su primer libro Y tú, ¿tan feliz?, el cual ya se había publicado anteriormente en Chile por la editorial feminista de la que forma parte La Secta Editorial. Tengo la suerte de charlar con ella sobre su primera novela, sobre la situación actual del aborto en Chile y Latinoamérica y sobre la lucha feminista que defiende un aborto legal, gratuito y seguro para la mujer en uno de los pocos países del mundo donde esto no es posible.

Cuando leí Y tú, ¿tan feliz? en noviembre de 2020, las mujeres en Argentina estaban a punto de conseguir lo que hasta hace poco parecía imposible: que el Senado aprobara una ley que permitiera a las mujeres abortar de forma voluntaria durante las primeras catorce semanas de embarazo. Hasta que se aprobó esta ley, solo se podía interrumpir el embarazo en caso de violación o en caso de peligro para la vida de la madre. Esta regulación del aborto en Argentina correspondía a una ley de 1921. En Chile, esta noticia trajo un poco de esperanza para todas las mujeres que exigen un aborto legal, libre y seguro en su país para evitar así todas las muertes y situaciones traumáticas a las que les arroja el aborto clandestino. Desde 2017, la ley chilena permite el aborto únicamente bajo tres causales: riesgo de vida de la madre, violación o imposibilidad de la vida del feto. Estos causales no reflejan el número de abortos que se llevan realmente a cabo cada año, pero sí son la consecuencia de las muertes y de la red de apoyo que ha surgido a raíz de la ausencia de ayuda por parte del Estado.

Bárbara Carvacho escribe en su novela sobre la situación actual para tantas mujeres en Latinoamérica que deciden no ser madres, por distintos motivos que no haría falta dar a nadie. Mujeres a las que no se les permite abortar, a pesar de que ese embarazo se produzca cuando son solo niñas o adolescentes, cuando no están preparadas mentalmente, físicamente o económicamente o cuando han sido agredidas o violadas. Leo la historia de Bárbara y siento su angustia y su furia entre las listas que recogen los precios de las pastillas de Misoprostol compradas en el mercado negro, las ecografías y las consultas. Angustia por la desinformación y la falta de justicia, recursos y apoyo. Esas listas que son violencia patriarcal. Sigo leyendo y entre sus palabras siento orgullo y esperanza. Leo sobre el apoyo de sus amigas, sobre cómo le ayudaron económicamente a interrumpir un embarazo no deseado, sobre cómo le ayudaron a meterse la pastilla de Misoprostol en la entrada del útero en su propia casa, sobre cómo esperaron con ella, la acompañaron al médico y miraron juntas dentro de la taza del váter para saber si ya lo habían conseguido. Así de violento y arduo resulta leerlo, como violento es no recibir ayuda cuando la necesitas. De la violencia de abortar en tu cuarto de baño a la euforia de conseguirlo, de sentir que has ganado esa batalla.

Pero la historia de Bárbara es la historia de otras miles de mujeres en su país. Para reflejar la situación real del aborto clandestino en Chile, para no sentirse sola o para ayudar a las que así se sienten, están también las cifras. Las cifras de mujeres que abortan cada año, de mujeres violadas o que sufren algún tipo de maltrato. Bárbara las enumera una a una para que no se olviden. Es un libro que duele leer, es un puñetazo en el estómago pero es una lectura necesaria y que muestra la labor de su autora tratando de ayudar a todas las abortistas que vendrán después.

«Yo soy bastante nadie, por eso pongo el yo antes que el soy. No soy famosa mujer rota ni privilegio hecho vagina. Soy nadie, nadie con un colchón que entendió que el límite entre saberse y perderse es pequeño y caro, como una pastilla de misoprostol. La nadie que fue recién cuando la validación le abrió las piernas, le eyaculó adentro y la dejó tirada en un Lollapalooza. Nadie. Como todas, siempre nadies

Revista Desbandada: Tu libro refleja la sororidad de la que tanto se habla desde hace unos años. Esa solidaridad entre mujeres que remanece cuando el Estado te da la espalda en un tema como es el derecho a decidir, a abortar. En este sentido, ¿qué es para ti la sororidad y cómo se llega a esa unión entre mujeres?

Bárbara Carvacho: La sororidad para mí es amor, es la forma más pura de amor que he conocido. La forma más pura en la que he amado también. No me ha tocado amar de manera tan desinteresada, de sentir este grado de preocupación y de cuidado como lo he hecho con mi madre, con mis amigas y con las mujeres que han necesitado de mi ayuda en distintos temas tanto de la vida profesional como de la vida privada.

En cuanto a cómo se llega a esa unión, creo que por desgracia, al menos en Chile, está muy impuesta la crianza de la competencia. La práctica neoliberalista de tener que esforzarse siempre para ser el mejor e ir pisoteando a quien haga falta por el camino para lograrlo. Esa competencia se ve exacerbada en el caso de las mujeres. Hay pocos cupos para las mujeres en la vida. Crecimos y vamos creciendo con esta idea de poco espacio, por ende no podemos estar todas, por ende tengo que darle un codazo a la de al lado para conseguirlo. Cuando una empieza a desprenderse de esas ideas tóxicas, una empieza a construir esta idea de sororidad que para mí es fundamental. Es algo que me cambió y me salvó la vida y me la sigue salvando. Cuando necesito ayuda, acudo a ellas. Una mano, un contacto, una pastilla. Es algo abrumador, creo que no hay nada más lindo que saber que puedes torcerle el brazo a estas prácticas capitalistas de competencia y darte cuenta de que las mujeres te entienden mucho más de lo que podrías llegar a creer.

R.D: Hoy en día, en países como Chile, las mujeres han unido fuerzas para apoyarse y acompañarse tras situaciones de abuso, violencia machista o para poder llevar a cabo un aborto clandestino. A raíz de esta idea nace “Con las amigas y en la casa”, la cual se define como una red feminista de mujeres acompañando a mujeres en situación de aborto en Chile. En tu libro, podemos ver cómo tus amigas te acompañan en tu historia desde el principio, ya sea con los recursos económicos que cada una puede aportar o simplemente con su cercanía. ¿Cómo hubiese cambiado tu historia sin esa red de cuidados y apoyo? ¿Podría decirse que ese apoyo es un acto político frente a la violencia del Estado que no permite a las mujeres abortar en libertad y de manera segura?

B.C: La unión de los pueblos, pero sobre todo la unión entre mujeres, me parece un acto sumamente político. Por desgracia, en esta parte del mundo es lo que nos queda. No es que yo quiera ser activista política y militar con mis amigas, es simplemente lo que hay. No hay instituciones formales ni gubernamentales a las que una pueda recurrir en un caso como un aborto. Mi historia hubiese sido completamente distinta sin mis amigas. No hubiese tenido de dónde sacar la plata para abortar, ni la contención emocional que se necesita en un episodio traumático como este. Es traumático por cómo está pintado más que por el tratamiento en sí. Sin ellas, me hubiese encontrado siendo una mujer incapaz de tomar una decisión. Probablemente me las hubiese ingeniado de alguna otra manera para conseguir un aborto pidiendo un crédito de consumo en algún banco y viajando a un país como Argentina a realizar un aborto en la clandestinidad con un poco más de certezas que en Chile. Por suerte mis amigas, muy ignorantes en aquel momento respecto al tema, supieron acompañarme y entre todas fuimos canalizando la información que encontrábamos en internet. Eso es un acto sumamente político. No sé si hay algo más político que agruparte con tus amigas y decirle al Estado y a su Constitución y sus leyes que no vas a cumplir con las normas impuestas porque esas normas te violentan y te arrebatan lo más básico que tenemos como personas que es poder decidir, poder elegir cómo queremos vivir nuestra vida.

R.D: Desde la mayoría de los colectivos feministas se hace hincapié en que, además de la legalización del aborto, hace falta mucho trabajo previo de sensibilización y educación para que mujeres y niñas tengan los recursos necesarios para evitar situaciones que no desean, para conocerse más y conocer la sexualidad desde un punto de vista no únicamente patriarcal. Esto es algo que vemos en la historia de esa chica que empieza a aventurarse en el sexo sin la suficiente educación sexual y se acaba quedando embarazada. ¿Por qué es importante esa educación? ¿Crees que la situación ha cambiado en los últimos años para las chicas jóvenes? ¿Cómo podemos dejárselo más fácil a las mujeres y abortistas que lo necesiten?

B.C: En Chile la situación de desinformación es terrible. Si hubiera tenido una mejor educación sexual, nunca me hubiese quedado embarazada porque hubiese sabido que tiene repercusiones monetarias, personales y emocionales súper fuertes. Nadie quiere pasar por eso. Falta una educación sexual de base desde que somos pequeñas que nos haga entender la anticoncepción y la sexualidad como un espacio de goce, de protección para el goce. Hubiese cambiado totalmente mi historia y la de muchas más. Es importante que entendamos que eventualmente vamos a llegar a un encuentro sexual y ese encuentro sexual tiene que ser consentido, tienes que sentirte segura y cumplir con la seguridad que permita la integridad de nuestros cuerpos Si esa educación existiera, tendríamos unas cifras muy distintas respecto a todas las violencias que conlleva ser mujer. La situación ha cambiado gracias a este activismo local que va a las poblaciones más vulnerables para educar sobre sexualidad y que dispone de plataformas digitales para compartir información esencial y sobrevivir a la desinformación que se vive en Chile.

Este es también el motor de mi libro. Dejar un testimonio que sirva como acompañamiento dentro de la desinformación. Por eso quise hacer un apartado más informativo donde las cifras hablaran, más allá de mí. Ese fue mi aporte y lo que trato de seguir haciendo cada vez que alguien necesita asistencia. El aborto es algo que existió, existe y seguirá existiendo. No lleva tanto riesgo como nos han hecho creer. Es mucho más peligroso obligar a una niña de doce años a ser mamá o a una chica que ha sido violada a parir el producto de esta violación. Es fundamental que se converse sobre el aborto, mostrar que es parte de nuestra gama de elecciones y que no está siendo legal en muchas partes del mundo. Incluso donde es legal sigue habiendo barreras e intromisiones por parte de la Iglesia o del Congreso. Creo que hablar y agruparse es fundamental. Externalizarlo y quitarse la etiqueta de asesina de encima y el peso del secretismo.

«Abortar es una de las cosas más importantes que me pasó, tal vez una de las mejores. No hay droga que se compare al bienestar que entrega el poder elegir en un Estado que nos tiene con cadenas, siguiendo órdenes como las ovejas del rebaño, las que se embarazan, las del trabajo doméstico gratis, las que preparan la comida. Es horrible de escribir y de leer, pero no te olvides de nuestra pasión. No esa que sentiste cuando te tocaron, consentidamente, las pechugas por primera vez. No. Esa que sentiste cuando dejaste una relación tóxica, la que te tomó cuando abortaste, la que te inundó cuando marchaste algún 8 de marzo. Pasión, la de Poder. Abortar, o amar, o avanzar, o abdicar, o avisar, o acusar.»

R.D: En Argentina se acaba de aprobar la ley que permite interrumpir el embarazo de manera voluntaria hasta la semana catorce de gestación. ¿En qué situación se encuentra Chile con respecto al país vecino? ¿Cómo es tan fuerte el movimiento feminista en Argentina y en otros países de Latinoamérica?

B.C: En Chile se está discutiendo de nuevo la ley actual basada en tres causales: por inviabilidad, violación o riesgo de la salud de la madre. El problema con estos causales es que los centros pueden ser también objetores de conciencia y esto lleva a que todo el trámite del aborto, incluso en niñas que han sido violadas o mujeres que van a morir pariendo, se haya visto entorpecido. En la ruralidad, donde existe solo un centro asistencial médico, a veces alargan el papeleo previo para que la intervención no entre dentro de las semanas de plazo que estipula la ley. Y por ende la mujer acaba pariendo a pesar de que haya tenido que ir a un centro de un pueblo pequeño a contar que ha sido violada y tenga claro que quiere abortar. Por suerte, el movimiento feminista es fuertísimo en países como México, Brasil, Perú, Chile o Bolivia. Lo que pasó en Argentina ayuda a tratar este tema de nuevo en Chile, aunque estamos lejos de acceder a una ley que aspire a conseguir un aborto libre, gratuito y seguro. No me cabe duda de que seguiremos luchando aunque sea un proceso largo y difícil en un país tan conservador como es Chile, donde hasta hace poco no se permitía la píldora del día después o en el que el divorcio estaba tan mal visto hasta hace un par de décadas.

R.D: Después de una primera parte del libro en la que cuentas tu historia en primera persona, Y tú, ¿tan feliz? recoge varios testimonios de otras mujeres que han pasado por situaciones similares o por situaciones de violencia machista y abuso. Ellas son las nadies. ¿Por qué las nadies? ¿Es el feminismo la solución para esas nadies?

B.C: No sé muy bien cómo me vino la idea pero escribiendo la intro del libro me di cuenta de que me habían pasado cosas terribles viviendo el aborto y de que a nadie le importaba. Soy medio nadie. Una es alguien cuando completas el círculo de existencia. No puedes existir si no puedes decidir. Todas las mujeres que no podemos decidir sobre nuestro cuerpo, dejamos de existir. No somos alguien, somos nadie.

El feminismo es el que nos ha ido entregando derechos que completan lo que es el existir. El poder decidir quién nos gobierna, nuestro futuro profesional, decidir no quedarnos en nuestras casas alimentando niños/as y ordenando la casa. El feminismo pone en la palestra el aborto y nos lleva un poquito más cerca de ser alguien y no ciudadanos de segunda clase.

R.D: ¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Fue más difícil trabajar el testimonio personal o la labor de recoger esas cifras que reflejan el problema real del machismo y del aborto clandestino en Chile?

Bárbara Carvacho

B.C: Fue intensísimo. Tardé casi tres años en escribir el libro. Fue muy difícil revivir el aborto, a pesar de haber pensado que le había ganado ya a la vida, a Chile. Abortar te deja un poco pegada al aborto ya que es algo que hiciste en secreto. Retomar todos esos recuerdos y rememorar la experiencia fue difícil, pero también organizar y recoger esas cifras. La primera parte del libro va únicamente del “yo”, de lo que me pasó a mí. En la segunda parte llego a darme cuenta de que, dentro de la crudeza de mi experiencia, lo tuve bastante fácil. Encontrarte con que hay niñas que pasan de jugar con una muñeca a cuidar de su propio hijo. Fue difícil escribir sobre el aborto sin casi contarles a mis padres sobre qué iba mi libro o encontrarme con algunas malas caras al hablarlo. Pero fue aún más doloroso ver la magnitud de las violencias que sufrimos las mujeres en el plano sexual.

R.D: Tu libro se editó primero en Chile y en el 2020 llegó a España de la mano de la editorial Caballo de Troya. En Chile lo editó La Secta Editorial, un colectivo de mujeres editoras y escritoras con perspectiva feminista. ¿Cómo surgió la idea de esta editorial y cómo fue el proceso de escritura conjunta? ¿De dónde salió la idea de hacer esta reflexión?

B.C: La editorial se creó porque nadie quería publicar este libro por encontrarlo problemático. Nosotras tampoco queríamos caer en las prácticas de las editoriales en Chile que se caracterizan por contar con muchos hombres editores, libros sobre feminismo muy superficiales o el hecho de plantear como una excepción a la regla que una mujer haga un buen trabajo. Me parece que es un gran mal. Todas somos capaces de hacer cosas extraordinarias, incluso abortar es extraordinario. Yo pude hacerlo y mi historia merecía un relato que sirviera para acompañar a una chica adolescente que no sabe qué hacer cuando se queda embarazada y no quiere estarlo.

Autopublicar este trabajo fue una contrarrespuesta a la industria. Teníamos claro que si no eres una mujer con un apellido conocido o con muchísimos seguidores en las redes sociales, resulta misión imposible sacar un libro. Tenemos otros doce libros que queremos publicar y nuestras intenciones son más bien políticas, ideológicas.

El proceso de escritura en conjunto fue severo pero muy enriquecedor. Juntarnos con desconocidas y ver que hay más mujeres abortistas o que todas se sintieran identificadas por la violencia y el abandono por parte del Estado. Fue fundamental para no desanimarme y abandonar. Ahí volvemos a la empatía y sororidad.

R.D: Estoy segura de que tu testimonio servirá a muchas mujeres y a la conciencia colectiva sobre esta estructura patriarcal que no nos permite decidir sobre nuestros cuerpos. ¿Faltan aún otros puntos de vista sobre los que escribir? ¿Qué testimonios previos de otras mujeres te han servido a ti? ¿Por qué es importante este relato?

B.C: Los testimonios fueron fundamentales. En la parte del libro en la que se simula una sala de chat con las otras nadies, todos son testimonios reales de entrevistas que les hice a mis amigas. Nada es ficción. Las lecturas que he logrado encontrar hasta ahora han sido demasiado complacientes con el hombre. Nunca encontré una lectura que fuera la garra que yo necesitaba para derribar mitos. Ese fue el motor por el que quise escribir desde un punto de vista más lúdico, más asqueroso. Quise hablar de caca, de semen, quise introducir chistes.

Quise tratar el aborto como tratamos una fiesta, un matrimonio o una relación contractual laboral. Aún así quedaron muchos puntos de vista fuera. El más importante fue respecto al goce. Creo que me quedé corta hablando del placer, del goce, de la sexualidad. Me gustó mucho seguir la votación del Congreso en Argentina que se abrió con la exposición de la encargada de la Comisión diciendo que esa ley no solo es un tema de política pública, si no también es una ley que permite a las mujeres explorar su sexualidad sin tanto miedo. Yo nací con la idea de que no podía ser mamá porque tenía que preocuparme de ser una mujer competente, con un buen trabajo y no depender de ningún hombre. Me coartaron la idea de ser mamá desde muy chica. Pero nunca me explicaron que la sexualidad también podía darme otras aristas, otros prismas y ser enriquecedora para mi existencia. Que la sexualidad también es disfrute y no solo es miedo. Me encantaría leer un texto sobre el aborto en el que una mujer explique cómo tuvo la mejor noche y el mejor orgasmo de su vida y cómo terminó quedándose embarazada. Quizás sobre que la satisfacción de abortar te lleva a un goce parecido al orgasmo. Lo que sentí cuando boté el óvulo fecundado fue algo parecido a cuando un hombre sale de ti en una relación sexual. Siento que hay paralelos que se pueden hacer y me gustaría mucho leerlos. Aún cargo con muchos traumas dentro de la sexualidad como para hacerme cargo yo pero, sin duda, en el aborto hay un placer y un goce que no se explota porque nadie quiere ser una persona asesina frente a la sociedad. Pero ni el mejor orgasmo de mi vida ha sido tan placentero como saber que le gané a Chile, a los congresistas y la Iglesia. No creo que ese goce lo vuelva a experimentar en otro encuentro sexual. Ese es un relato que me gustaría mucho leer.

Al escuchar a Bárbara contar su historia me acuerdo de la escritora Annie Ernaux, la cual escribió también sobre su propio aborto en el libro El acontecimiento (publicado en España en 2019 por Tusquets Editores). Ambas historias, a pesar de la distancia entre Francia y Chile y la diferencia cultural, política y social entre las épocas en las que trascurren ambos abortos (uno en 1963 y otro entrado ya el año 2000), nos recuerdan la necesidad de rememorar lo que vivieron al abortar clandestinamente para cambiar la historia de aquellas que vendrán después. Según las propias palabras de Annie Ernaux, «es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior. Y si no cuento esta experiencia hasta el final, contribuiré a oscurecer la realidad de las mujeres y me pondré del lado de la dominación masculina del mundo».

Foto de portada y páginas del libro: ©Ana Fernández Pajares – Retrato de la autora y foto con portada edición La Secta Editorial ©Bárbara Carvacho/La Secta Editorial

Ana fernández pajares

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