Berlín y un ansia de amar

Se estrena Undine (2020) del director alemán Christian Petzold: una película sobre una ciudad empeñada en borrar las huellas de su historia, una historia de amor que trae el misterio de lo fantástico a la Berlín contemporánea.

Las ciudades son escenarios de películas, pero una misma ciudad puede ser muchas. Dependerá del recorte que haga el director. Dependerá del ámbito que requiera la historia. En Undine (Ondina) de Christian Petzold (Bárbara, Phoenix, Transit) Berlín es la ciudad cuyo nombre, un vocablo de origen eslavo, significa pantano: es la ciudad levantada sobre el pantano desecado. También es una ciudad donde los hechos suceden pero el fluir del tiempo, se afirma, es imposible. Donde un museo del siglo XXI (el nuevo Humboldt Forum) albergado en un palacio del siglo XVIII (el reconstruido Palacio Real de Berlín) demuestra la imposibilidad del progreso. Más allá de la ironía y la crítica a la refundación conservadora por parte del director, el tiempo histórico-cronológico puede adquirir entonces una dimensión mítico-atemporal. Y la Berlín actual, en un continuo de urbe contemporánea, bosques y espejos de agua, puede convertirse en el hábitat de ese ser fantástico de la mitología que es la ondina, la ninfa de las aguas.

Es que la Berlín de Undine es más vasta que nuestras representaciones de ella. Ninguna de las múltiples maquetas que la reproducen a escala reducida da cuenta realmente de lo que ella es, ninguna la abarca completamente. Berlín no es solo la Berlín de 1991, post reunificación. No es la visión autoidealizada del centro del Berlín Este, capital de la RDA. No es el centro del Berlín Oeste de la época wilhelmina y el Gründerzeit. No es tampoco la maqueta táctil para invidentes. Berlín, esa ciudad empeñada en borrar las huellas de su historia y que una y otra vez se reinventa a sí misma, es más, es otra cosa también. Así lo expresará Undine (Paula Beer), la protagonista, una joven historiadora que trabaja como guía en el Märkisches Museum, el museo de la cultura y la historia de la ciudad. Por lo demás, uno de los museos más desconocidos de Berlín que no casualmente el director elige como escenario inicial de la película, pues, en una suerte de collage transhistórico, el complejo de seis edificios ubicado a orillas del río Spree abarca la arquitectura de ladrillo de Brandeburgo desde el Gótico hasta el Renacimiento y nos transporta a otras épocas.

Cuando Johannes abandona a Undine, el mundo se derrumba: ella es la ninfa traicionada. Seres elementales del agua, las ondinas son ninfas propias de lagos y aguas dulces. Cuenta la leyenda que cuando un hombre sufre por amor no correspondido y llama su nombre desde la orilla, la ninfa llega para consolarlo. Pero si el hombre la traiciona, ella debe regresar a su elemento, a los bosques y a las aguas. Y el hombre debe morir. Roto el encantamiento debe cumplirse lo que dice la leyenda. Pero Undine conoce a Christoph (Franz Rogowski), un buzo industrial y quiere amar. Quiere ser libre. No quiere partir. Undine de Christian Petzold es la historia de este amor, de esta rebelión, de este aferrarse. 

Paula Beer, la joven actriz de Frantz de François Ozon y ganadora del premio a la Mejor Actriz en la Berlinale 2020 por Undine, destacó al recibirlo que para una historia de amor se necesitan dos y que sin Franz Rogowski su trabajo no hubiera sido posible. Y hay mucho de cierto en esto, porque hay algo físico en este particular actor que es Rogowski (Victoria, Happy End de Hanecke, In den Gängen) que aporta una sensualidad sin la cual la unión entre ambos personajes no sería lo que es. Esa unión entre la más distante Undine y ese hombre cuyo elemento también es el agua, pero que mientras ella es la grieta, lo que estalla, él es el que repara, el que contiene. El que la revive, en un rasgo de humor de la película, al son de Staying Alive. ¿Dónde estaba el centro de Berlín?, le pregunta Undine a Christoph y él sabe, intuye perfectamente, dónde estaba el corazón ahora perdido de la ciudad.

Pese a una trama signada por el melodrama, con sus imprevistos golpes y vuelcos del destino, Undine es una historia de amor contenida para nuestra visión romántica de pasiones y sentimientos exaltados. Es en la quietud de la toma del gigantesco muro de la presa de esa otra ciudad, en cuyo lago Christoph reparará turbinas y adonde llevará a Undine a bucear con él, donde se expresa toda esa tensión entre la potencia de las fuerzas de la naturaleza, el inmenso empuje del agua que pugna por hacerlo estallar, y el muro que resiste el embate. Pero Undine capta un espíritu. Y en ello reside su fuerza. Es el espíritu de otro romanticismo más cercano a la historia de amor de Transit, la película de Petzold con la misma pareja de actores. Es el espíritu del romanticismo alemán del siglo XIX. Undine es así una película hecha de llegadas, de despedidas, de trenes que pasan fugaces, de búsquedas y ausencias. Una película envuelta en una banda sonora con música de Bach que desde esa sensibilidad eterna que es el barroco nos transmite toda la transitoriedad de la vida.

Inmersa en una luz azulada, con sus tomas subacuáticas, Undine es como la flor azul de los románticos que simboliza el amor, la melancolía, la nostalgia, y un ansia de infinito-. Un ansia infinita de completitud. Un ansia infinita de amar.

Fotos: © Schramm Film/ Hans Fromm /Marco Krüger/ Christian Schulz

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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