El poder de la hipnosis

Hola, me llamo Samanta Iturriaga, tengo cuarenta y dos años y hace un mes que terminé con mi pareja. Digo terminé, aunque en realidad él me dejó primero: justo dos o tres minutos antes de que yo lo dejara. Se podría decir que fue consensuado. Aquella noche le dije que necesitaba hablar y él me respondió que sí, que también debía hablar algo conmigo. Nos sentamos en la mesa un poco desganados y me propuso que yo comenzara. Al creer que lo mío era más fuerte y radical, le invité a hablar primero. No sé por qué, al principio, me puse supernerviosa e intenté rebatir cada uno de los argumentos que él me daba para no seguir con nuestra relación. Y cuando al fin le comenté que yo también quería terminar, él se tranquilizó de inmediato o, mejor dicho, se alegró y no me contradijo en lo más mínimo, solo asentía con la cabeza como un idiota. Sé, porque lo conozco, que se veía a sí mismo exento de cargo de conciencia.

Ahora bien, ambos “decidimos” terminar por fin, pero a mí se me quedó incrustado en el pecho un resentimiento que hasta el día de hoy no he podido superar. Y sé que es muy simple: me siento así solo porque él me lo dijo primero. Parece mentira, pero el ego funciona de esta manera, así como un niño frágil, especulador y caprichoso. Y no puedo parar de pensar que este hombre, Joaquín, me arruinó hasta la oportunidad de dejarlo. Me revienta saber que (perdón que me repita tanto), técnicamente, él me dejó primero. Les estará contando a sus amigos, y también a los amigos en común, que él me tuvo que dejar al no poder más conmigo. Y ya me imagino las respuestas de la gente: ¡Uy!, ¡qué mal! ¿Y Samanta cómo está?… ¿Cómo se lo tomó?

Dándome cuenta de que no me sentía nada bien con el tema y que mis amigas me hacían saber que me estaba poniendo monotemática, comencé a buscar en YouTube tutoriales de meditación, activaciones de chacras, limpieza de energías negativas, etc. Encontré uno para “Eliminar la ansiedad y bloqueos a través de la hipnosis”, lo puse y me recosté en la cama, cerré los ojos y me entregué de lleno a las indicaciones de aquella voz serena. ¡Me encantó! Logré tranquilizarme como hacía muchos años que no lo hacía.

Al terminar este audio y sin que yo atinara a hacer nada, comenzó automáticamente otro video. Este era más o menos igual al anterior, nada más que el tipo que hablaba era otro; pero los ejercicios de respiración eran exactamente los mismos, con esa música armónica de fondo y esa voz masculina que te va guiando tan amablemente y llenando de seguridad en ti misma.

Ok. Después de haberlo escuchado durante diez minutos sumida en un estado muy profundo de relajación, el tipo indicó que había una pizarra y que el oyente tenía que visualizarla. En esa pizarra, ubicada en la profundidad del subconsciente (en el mío, en este caso), había una palabra escrita. Esta palabra era tabaco, la cual yo debía borrar completamente, para después reescribir otra palabra que estimase importante para mi vida. Me llenó de alegría y fortaleza.

Mientras que, por un lado, aquella voz me alentaba a que busque en mi imaginación esa palabra positiva que sería cardinal y guiaría mi vida a partir de aquel momento, por el otro lado, me pedía que respire profundo y que no me apresure en nada, sino a borrar bien la palabra tabaco de la pizarra. Me tomé mi tiempo (¡lo logré!) y al fin decidí escribir la palabra: amor. Sentí, no sé cómo expresarlo mejor, una especie de pirotecnia interior que me rebosaba de amor y ternura en todo el cuerpo y que, de una vez por todas, me liberaba del resentimiento que me tenía anclada. Al concluir el ejercicio, me levanté y vi en el ordenador que se trataba de un video para dejar de fumar mediante la hipnosis.

Al día siguiente, hace exactamente dos semanas, pensé en fumar y sentí la necesidad de hacerlo. Nunca fumé en mi vida, y esto fue motivo de numerosas peleas con Joaquín, ya que me molestaba bastante besarle cuando este apestaba a tabaco. Pero ahora que tengo cuarenta y dos años y que ya ha corrido tanta agua bajo el puente, llegué a la conclusión que podría estar bien probar, total, nunca fui propensa a ningún tipo de adicción; y si ese vicio fuera tal, ya se me hubiera pegado en mi juventud.

Bueno, hoy hace dos semanas que fumo todos los días y cada vez más. 

Estoy pensando seriamente en hacerme un tatuaje que diga: Joaquín… Te odio.

Fotografía: Maximiliano Luis Freites

Maximiliano Luis Freites

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s