Ralf Rothmann: El silencio de la memoria

Ralf Rothmann representa a una generación que vivió la historia alemana como un silencio. Recorremos su biografía y su última novela, Morir en primavera.

Ralf Rothmann / Renate von Mangoldt ©

Ralf Rothmann creció en los años sesenta en la cuenca del Ruhr. Una época en la que esa zona de bosques salpicados de minas y escombreras de carbón era la sala de máquinas del milagro alemán. Unos años en los que, según las propias palabras de Rothmann, “la clase trabajadora tenía que excavar y remover la tierra bajo sus pies, para alcanzar cierta altura en su nivel de vida”. Un entorno en el que los adolescentes que aparecen en sus novelas, gozaban de todas las libertades para buscarse un hueco en la vida; pero a los que en algunos casos les podía faltar el apoyo de unos padres cuyo desarrollo personal había sido truncado por la guerra, y cuyo principal cometido en la vida era llevar un sueldo a casa para alcanzar el sueño de la clase media.

Este escritor ha dado voz a una generación alemana que ha padecido la Segunda Guerra Mundial, no en el campo de batalla, sino en el salón de su casa. En el caso concreto de Rothmann, conviviendo con la resignación de un padre de pocas palabras que no pudo comprender el sentido de la vida; primero, por los horrores vividos en el frente y después a causa de los excesos de trabajo, de rutina y de alcohol. También tuvo que soportar el carácter torcido de una madre, de la que años después Rothmann supo que fue violada por un soldado ruso cuando la contienda daba sus últimos latigazos.

Estos son los mundos que este autor, bautizado por la prensa alemana como “el poeta del proletariado“, nos describirá en sus primeras cuatro obras, conocidas como “novelas del Ruhr”. Se trata de relatos que se mueven entre la melancolía y el furor, cuyas figuras principales se encuentran en medio de la adolescencia y la vida adulta, y que de alguna manera tratan de sacar la cabeza por encima de ese ambiente tan cargado que les rodea.

A pesar de tener un fuerte componente autobiográfico, la prosa es sobria y distante; esto último quizás debido a que empezó a escribirlas cuando dejó Oberhausen y se marchó a Berlín. Fue en la capital alemana donde comenzó a bajar a la mina de los recuerdos personales y a plasmar todo aquello sobre el papel. Conviene recordar también que Rothmann no es un autor que provenga del mundo académico o intelectual. Antes de convertirse en unos de los narradores actuales más notables de Alemania fue albañil, conductor de camión, enfermero, cocinero y también trabajó en varias imprentas.

Estas primeras obras del Ruhr le proporcionaron a Rothmann varios premios literarios, a los que siguieron después otras novelas, esta vez ambientadas en Berlín, más concretamente en Kreuzberg y entre los años setenta y ochenta, época en la que este barrio forjó su leyenda libertaria.

Pero el gran reconocimiento internacional le ha llegado a este autor con Morir en primavera (2015), su última novela y la única que de momento ha sido traducida al español. Este libro trata el -muchas veces ya relatado- horror de la Segunda Guerra Mundial; Rothmann, sin embargo, consigue encoger el corazón del lector a través de una historia de amistad entre dos muchachos (uno de ellos inspirado claramente en la figura de su padre) obligados a unirse al ejército en el último momento, cuando todo estaba ya perdido.

Gran parte del éxito de esta novela se debe a una extraordinaria ambientación, radiantemente lírica por momentos, que nos guía por un mundo rural de establos, caminos secundarios y tabernas. No faltan escenas bélicas de un tremendo impacto visual; sin embargo, el foco siempre está alejado de los épicos escenarios históricos, para concentrarse en otros temas como el desgarro vital causado a los jóvenes reclutados forzosamente, la crueldad con la que los mandos alemanes trataron a los desertores, el sentimiento de culpa del inocente y el último gran sacrificio que se exige a los supervivientes: olvidarlo todo para poder llevar después una vida normal.

Rothmann no nos oculta que su principal motivación al escribir este libro era hurgar en el pasado de su propia familia, rellenar los huecos que dejaron las respuestas evasivas de su padre. Nos lo dice en la primera frase de la novela:

“El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad”.

Una interesante reflexión que bien puede aplicarse a otros conflictos sin cicatrizar, o a otros países que han tenido que ser reconstruidos sobre la base del silencio.

Antonio Ulloa Vilela