Schulz, el White Walker de la socialdemocracia

Ilustración: Pilar Perales

No lo entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué las encuestas me dan cada vez menos votos? Si yo no soy como los demás, yo soy un político atípico, antiestablishment y todo eso que dicen los jóvenes cuando se rayan mazo o se van de guateque, ¿no? ¿Qué, eh? ¿No veis cómo manejo la jerga de la chavalada de hoy?

De verdad que no lo entiendo. En estos tiempos de extremismos y fake news en los que parece que la única cualidad política es parecer rompedor, yo me sigo hundiendo. Yo, que de joven dejé la escuela porque quería ser futbolista. Vale, quizá eso no es del todo una cualidad única. Pero a ver, decidme, ¿qué otro político se echó a la bebida cuando por las lesiones no pudo seguir jugando al fútbol? Solo yo. Tocar el fondo que llegué a tocar yo no lo ha hecho absolutamente nadie. Y aquí me tenéis, expresidente del Parlamento Europeo y ahora candidato a gobernar Europ… digo, Alemania. Perdón, la costumbre.

A lo que iba. Que no lo entiendo. ¿Por qué la gente quiere votar a los racistas de Alternativa para Alemania (AfD) cuando tienen aquí, detrás de este look de funcionario sesentón, aburrido y gris, a un verdadero enfant terrible y outsider de la política alemana? Yo, que no tengo carrera universitaria. De acuerdo, hablo seis idiomas y soy encantador y mi partido lleva cuatro años de socio de Gobierno deMerkel y me he pasado 23 años de eurodiputado. Es decir, casi un cuarto de siglo siendo parte de la burocracia de Bruselas, la más denostada desde que desapareció la de la Unión Soviética; pero si obviamos estos detalles sin importancia, soy todo un huracán de aire fresco contra la casta alemana.

Además, yo no soy de esos políticos que prometen el oro y el norteafricano (hay que terminar con los estereotipos raciales) en campaña y luego se olvidan de lo dicho. Yo tengo receta para todos y cada uno de los problemas de este país. Mi lema de campaña: “Más justicia”. ¿Cómo conseguirla? ¡Más Europa! Ante el avance de la extrema derecha: ¡Europa! Que el escándalo de la industria del automóvil, la más importante de Alemania, sigue coleando: ¡Europa!, ¡Europa! ¿Alguien ha dicho “pobreza infantil” en la economía más potente de la Unión Europea? Esta claro: ¡Más Europa!

Si más claro no puedo ser. Los ciudadanos tienen la oportunidad de votarme y poder cambiar las cosas, pero no me escuchan. No lo entenderé nunca. Al principio todo era coser y cantar. Me eligieron candidato con el 100% de los votos, estilo Corea del Norte. Era el más veloz del lugar, una liebre que llegó la última y adelantó a todos, incluyendo a Merkel. Pero el esprint me duró poco y el “efecto Schulz” ya no es más que una leyenda mitológica, como los trabajos de Hércules o la ironía de los alemanes. Ahora una encuesta nos rebaja incluso el apoyo popular hasta el 20%, lo que serían los peores resultados de la historia del SPD. La tragedia sin fin de la socialdemocracia europea. Pero no nos pongamos dramáticos, ya que siempre nos quedará refugiarnos en la madriguera que es Bruselas. Yo ya tengo las maletas listas para atravesar el Muro.

Desbandada