Los votos de unos pocos pueden decidir gobiernos

Artículo de opinión de David Casarejos

La ciudadanía española en el exterior en las últimas semanas se ha dado cuenta del poder que tiene en la elección de la formación de los grupos parlamentarios tras la derogación del voto rogado. Cientos de votos en una dirección u otra pueden significar el asignar un escaño a un partido o a otro, y este poder de influencia es aún mayor en elecciones autonómicas en Comunidades Autónomas como Galicia, Asturias o Castilla y León con gran número de emigrantes en el exterior. 

El escaño ganado por el Partido Popular al Partido Socialista en la Comunidad de Madrid ha puesto encima de la mesa lo mucho que puede afectar ese escaso 10% de participación por parte de la población española en el exterior que votó en las elecciones generales, y nos muestra lo importante que sería volver a recuperar pronto, si no a superar, el tradicional 30% de participación de la diáspora. Este incremento obligaría a que los partidos políticos se hicieran mucho más cargo de una población que durante muchas décadas han tenido desatendida.

El camino mostrado es claro, pero han de tener en cuenta que no solo pueden venir a pedirnos nuestros votos, sino que tendrán que empezar a incluirnos en sus programas y, más importante aún, tendrán que darse cuenta de que en la red exterior hay un gran nivel de activismo político. Que se lo digan al PSOE, PP o a SUMAR a través de sus agrupaciones y círculos, y sería valiente por parte de sus partidos políticos que ofrecieran a su militancia algún puesto en las listas electorales.

Estas posiciones en las listas deberían ofrecer una posibilidad real a las españolas y españoles en el exterior de ser elegidas o elegidos, y, así, tener representación real durante una legislatura en el Congreso de los Diputados o bien en el Senado. Ya no nos valen los trucos de aquellos diputados que vivieron durante uno o dos años en el exterior, y que nos tratan de vender como emigrantes. Emigrante es otra cosa.

Necesitamos representación en Madrid que conozca de primera mano lo que significa lidiar con consulados que trabajan con menos recursos de los que necesitan, o que no logran que sus hijos tengan acceso a aprender su lengua en igualdad de condiciones a aquellos que viven en grandes capitales en el exterior (debido a la falta de aulas Alce). Sabemos que la incorporación de nuestras peticiones en los programas electorales suelen ser meros toques cosméticos, y nos intentan convencer de que nos tienen en cuenta a los 2,8 millones de ciudadanos españoles en el exterior.

Participación en las Elecciones Generales de España (2023) de los residentes en el extranjero en algunas demarcaciones. Fuente: Intercres
Comentario de la tabla. Los datos de participación en la demarcación consular de Berlín han mostrado el camino a seguir por el resto de demarcaciones consulares, al menos en Europa, donde sí que han llegado los sobres para votar a tiempo. No sorprende que haya sido Berlín la ciudad que lidere en cuanto a participación la participación en las últimas elecciones generales dada la cantidad de organizaciones de activismo social y redes de partidos que existe en la capital alemana.

Podríamos tener frente a nosotros una posibilidad de repetición electoral y entonces ya no tendrán excusas ninguno de estos partidos para no elaborar unas listas acordes a la población española en 2024. La tercera provincia de España en número de votantes potenciales debe tener representación en el Congreso de los Diputados, y, si bien la circunscripción exterior es un sueño a largo plazo y, por las dificultades para lograrlo, quizás una utopía, sería necesario que los diferentes partidos políticos se plantearan colocar a representantes ya afiliados a sus partidos en el exterior. En este caso, quien quiera representarnos ha de tener claras dos cosas: primero, que los programas hacia el exterior han de cumplirse; segundo, que la incorporación de migrantes en las listas electorales no puede ser cosmética y no pueden aparecer en puestos que no otorgan ninguna posibilidad real de que vayan a ser elegidas y no tendrán voz ni participación en la democracia española.

Por otro lado, vamos a tener que hacer un trabajo de educación hacia la población residente en España acerca de lo que significa ser un emigrante, y acerca de los problemas que nos encontramos en el día a día para tratar de mantener nuestros vínculos con nuestro país. Aquellos medios nacionales que durante los días previos al recuento hablaban del voto “extranjero” deberían revisar su elección en cuanto al léxico, más aún cuando hablan de ciudadanos españoles de plenos derechos. En el exterior no solo nos preocupan los recursos consulares dirigidos a la educación de nuestros menores, los planes de retorno o los viajes del IMSERSO, por nombrar algunas cosas. Los españoles en el exterior seguimos con orgullo, y a veces con lástima, los derroteros de la política española, y ahora mismo es un momento en el que en muchos lugares podemos sacar pecho por una economía que parece estar en crecimiento, superando por primera vez las tasas de crecimientos de otras potencias dentro de la Unión Europea. Igualmente nos congratulamos de ver una tasa de desempleo en bajada y unos salarios mínimos que superan en 400 euros lo que había hasta hace nada. 

Nuestros puentes para un posible retorno se están reconstruyendo, y quizás este retorno no será el nuestro propio sino el de nuestros hijos nacidos en Alemania, Reino Unido, Colombia o Marruecos. En un momento clave para nuestra economía y nuestro futuro es fundamental seguir incrementando la base laboral en el país, así como lograr el retorno de gente joven productiva y con un talento y conocimientos que, en algunos casos, nunca hubieran adquirido en España.

Las políticas que demandamos desde el exterior, y aquí da igual cual sea nuestra afiliación política, siempre serán en este ámbito progresista. No creo que haya afiliados al Partido Popular en el exterior que pretendan conservar el trato hacia la migración que llevamos sufriendo durante toda la historia, y me imagino que ellos también tendrán en su cabeza el incremento de recursos asignados, así como políticas que vayan avanzando en los servicios que podemos o debemos obtener del Estado español. El famoso voto CERA, del que hablamos más adelante, va a quedar presente en la cabeza de la población residente en España, así como de los grandes medios durante los próximos meses, ha de ser utilizado a nuestro favor. 

Ahora conocen nuestro poder real y ahora deberían comenzar a acordarse de los 2,8 millones de españoles y  que pronto superaremos la barrera de los tres millones gracias a la aplicación de la ley de memoria democrática y a una mayor tasa de natalidad entre la población entre la diáspora.

David Casarejos y el presidente del principado de Asturias, Adrián Borbón, en una reciente conversación para impulsar la demarcación exterior de los asturianos.

El voto CERA: voto invisible, hasta ahora

El recuento de los votos de los emigrantes durante las últimas elecciones generales en España ha supuesto un posible golpe de timón, alterando el equilibrio entre partidos, para dar un escaño más al PP y dificultar los cálculos del bloque que ya se veía formando gobierno. Por primera vez el foco ha estado en la emigración, y nuestro voto desde Alemania, Reino Unido, Brasil, o Australia, a pesar de ser mayoritariamente progresista frente a países como Argentina o México, a nivel provincial ha aportado ese granito de arena que en esta ocasión, por su valor, sí vamos a valorar, y recordar. La campaña de los partidos políticos hacia la emigración ha sido nula y no se ha hablado de nuestros problemas, ni mucho menos de posibles soluciones, pero la escenificación de la importancia de nuestros votos han de abrirnos las puertas de la política española de par en par. Lo que queda claro es que, si bien los votantes en España han tenido difícil el saber lo que presentaban los partidos políticos, para la ciudadanía en el exterior es incluso más complejo el entender lo que se proponía en los programas, y, más aún, cómo afecta directamente a la emigración.

Desde la organización que representa a la diáspora, el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, hemos elaborado tablas para ir conociendo la participación de los votantes migrantes en las Elecciones Generales, y esta nos arroja claras diferencias, y demuestra que donde menos se vota no es por falta de interés sino por carencia de medios o deficiencias en la organización, como falta de sistemas postales dignos o de consulados con suficientes recursos para enfrentar una aumentos de participación que ha superado sus previsiones, haciendo inviable incluso la participación de cierto número de votantes que ya estaban presentes ante las mesas electorales, como la presidenta del Consejo ha descrito recientemente.

Claro que queremos votar, si nos dejan.

Fuimos a votar tras conocer muy por encima los programas electorales de los diferentes partidos y sin que estos programas se presentaran en ninguno de los debates televisivos en detalle. Después pudimos ver unos resultados que mostraban un escenario totalmente abierto. Nos encontramos con la ironía de que, sin un ganador claro, pueden darse dos intentos de proclamación de nuevo gobierno a manos del Partido Popular y del Partido Socialista, y en ambas tentativas podríamos observar durante varios días una puesta de largo de lo que quieren hacer de España en los próximos cuatro años, tanto el ganador Núñez Feijoo, como el ganador por bloques Pedro Sánchez. En realidad, el sistema político español sería favorecido gratamente si una vez que se anuncian las elecciones, y días antes del propio voto, pudiéramos tener una interpretación de los programas electorales de la manera que se va a hacer en el Congreso de los Diputados en los próximos meses. La posibilidad de ver en el Congreso de los Diputados una presentación de los programas electorales durante varios días nos permitiría tomar una decisión más informada acerca de qué es lo que se ajustaría más a nuestras necesidades y principios como residentes en el exterior a la hora de votar. El sistema de mítines electorales y de debates televisivos no nos funciona, dado que en esta confrontación tratan de ganar al contrincante a los puntos y en muchas ocasiones los candidatos se centran en estos debates en intentar ofuscar al contrincante o simplemente lanzar un montón de mentiras, como fue el caso del primer debate electoral cara a cara. En una democracia que se debería considerar ya adulta como la española se debería empezar a intentar transmitir toda la información por parte de los partidos con cierto avance respecto a las fechas electorales, y no es de recibo que muchos programas se anuncien solo dos semanas antes de las elecciones.

El modelo de democracia que nos ha quedado tras las últimas elecciones y las elecciones en 20019 realmente se parece más a la democracia que deberíamos todos aspirar en nuestro país. Por una vez estamos logrando incorporar las opiniones de muchos votantes que votaban a partidos fuera de los cuatro partidos estatales principales, y esto significa que, de cierta manera, pasamos a escuchar su voz y pasan a tener un poder político que antes no tenían. Sin embargo, parece que se nos quiere volver a empujar a un modelo de bipartidismo como si este fuera la panacea del sistema democrático, y en realidad simplemente era una manera de hacer callar a las voces minoritarias. En el resto de Europa es común el pacto entre muchos partidos y los gobiernos multicolor. Quien se alía con partidos a los que se le aplica un cordón sanitario en el resto de Europa, difícilmente lograra unir a más partidos a su causa. El “PPSOE”, del que hablábamos no hace tanto, no ha cambiado demasiado, y siguen tratando de vendernos moderación y centrismo cuando han de pactar con los extremos, y además en realidad no es necesario ese centrismo en nuestras sociedades y sí es necesario apostar por un modelo claro que siga luchando por causas justas.

El voto CERA, que no es voto “extranjero”, da la voz a los que nunca son escuchados. Durante la semana previa a las elecciones se han visto listados de consulados y de números de ciudadanas y ciudadanos que vivimos en el exterior, pero para los grandes medios estos 2.8 millones de personas pasaron a la invisibilidad una vez que se recontaron los votos. Quizás tras este último golpe de efecto volvamos a la palestra con más fuerza en caso de repetición electoral, pero sin duda alguna muchos volverán a votar a ciegas y sin saber lo que cada partido puede hacer por la emigración. La emigración fue, a nivel presupuestario, una de las excepciones en la expansión presupuestaria vivida durante el último gobierno. Va siendo hora de que también se invierta en nuestro retorno, en la educación de nuestras hijas e hijos, y en unos recursos consulares dignos.


David Casarejos vive en Reino Unido. Se define como emigrante comprometido con la lucha por los derechos que pertenecen a todos los españoles de la diáspora, y que las instituciones no siempre respetan. No siente la necesidad de mostrar banderas, pero sí la de no tolerar a intolerantes. Colabora en numerosas publicaciones, como el HuffPost, Nueva Tribuna o La Región Internacional. Es presidente del Consejo de Residentes Españoles del Norte del Reino Unido y miembro del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior (CGCEE).

davidcasarejos

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