Cine de huida y confrontación
Vuelve a la capital alemana una cita ineludible con la cultura, el Usina Berlín – Festival de cortos iberoamericanos, que se afianza con su tercera edición. Dirigido por la guionista argentina María Meira, presenta cinco cortometrajes iberoamericanos estrenados en la Berlinale 2026, el gran festival que muestra una línea curatorial de sus cortometrajes más cuidada.
El próximo 17 de septiembre, el Usina Berlín Festival vertebrará Iberoamérica para el resto del mundo mediante lo onírico, lo sobrenatural, lo experimental, lo fantástico y lo fabulista, convergiendo así un cine escapista ante una realidad demasiado compleja y casi inabordable. O quizás sea un cine de impulsión, un paso atrás y dos adelante para afrontar, con otras armas, nuestro mundo atribulado. Aquí se aúnan, sea como fuere, cinco espléndidas obras donde, como aporte para usted, querido lector, cada título incluye un enlace directo a su respectivo trailer. No se las pierda.

La hora de irse (Argentina)
Desde Argentina llega La hora de irse. Dirigida por Renzo Cozza y protagonizada por Martin Shanly, éste último director y actor principal de la excelente Arturo a los 30 (2023), es una historia que parte de una incómoda y magnética ambigüedad, la del joven Patricio (Shanly): arrastra al espectador consigo cuando confiesa durante un encuentro sexual su infelicidad trabajando junto a sus hermanas.
La esencia más pura va en frasco pequeño. Cruzando géneros de comedia, terror y cine social, no faltará quien hermane el corto con la tan celebrada What we do in the shadows (Taika Waititi, 2014) cuando lo cierto es que Cozza es mucho más incisivo en los roles de género y la exploración de la masculinidad que aquel largometraje. Y además, desde un escenario queer, añade una reflexión mordaz y paródica sobre la fragilidad, el abuso de poder y la manipulación. Su velo de filme divertido y liviano es de todo menos inofensivo.
A través de la relación de Patricio con sus amantes y sus hermanas victimizadas, estamos ante una película que subvierte la soledad y la precariedad, temas tan candentes en nuestra actualidad. En su crisis vital, nuestro tierno y taciturno protagonista no ve la hora de irse en busca de una vida mejor. Y nosotros tampoco.

Miriam (México)
El siguiente corto nos conduce a México con la debutante Karla Condado. La poblana, nacida en 1999, sorprende en Miriam con una íntima narración en un ejercicio de arteterapia experimental.
Una videocarta de sombras, imágenes difuminadas y encuadres que ocultan más que muestran a modo de diario audiovisual hacia su tía Miriam, víctima de feminicidio años atrás por parte de su pareja. Nos elevamos por encima de otras obras contemporáneas de sanación y denuncia gracias a la belleza de su blanco y negro y lo evocativo de sus imágenes. El plano de unas manos, las de Karla, desprenden una opulenta carga bressoniana, o su sombra extrañamente puntiaguda sobre la arena remite al inquietante expresionismo alemán.
Una epístola digital sobre la ausencia, el miedo y el amor que abre con un mensaje por Facebook enviado por su tía y al que nunca contestó. Así, emana la culpa como primer sentimiento con un hermoso cierre circular. Entre medias, Miriam abraza la imperfección de unas imágenes que reflejan el desgaste de la memoria y del corazón, alcanzando tal autenticidad que convierten lo personal en universal. Si acaso, el objetivo último de todo cineasta. Ese logro desde lo íntimo la emparenta con la también mexicana Casa Chica (Lau Charles, 2025), protagonista del Festival Usina en la edición anterior.

Jülapüin Yonna (Colombia)
Es este un evento que siempre muestra su compromiso con las culturas indígenas de Iberoamérica. Si el año pasado fue Akababuru (Irati Dojura, 2025), un bello relato narrado en lengua embera, ahora y de nuevo desde Colombia nos adentramos en los pueblos originarios de la mano de Jülapüin Yonna, filmada en lengua wayuu, que significa «el sueño de danzar».
Con una impresionante paleta de colores, en el cortometraje de la cineasta Luzbeidy Monterrosa el negro de las túnicas portadas por mujeres del inicio contrastarán con un rojo y verde tan fulgurantes como en Retrato de una mujer en llamas (Celine Sciamma, 2019).
Sobrevolamos mediante lo onírico la protesta, la lucha contra una realidad desafiante cuyo capitalismo feroz enmascara el desastre. Un oscuro sueño de la joven protagonista es presagio del progreso como eufemismo de destrucción: el que confrontan en el departamento de La Guajira, donde se encuentra la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo y numerosos proyectos de extracción de petróleo y gas.
Ante la amenaza del desplazamiento de la población autóctona, los sabios del lugar embarcan a la niña en una misión espiritual por tierra y por mar que amplia el imaginario Wayuu perfilado por la multipremiada Pájaros de verano (Ciro Guerra, 2018).
Un poderoso filme sobre la resistencia ancestral, la defensa del territorio y el poder espiritual del baile de las mujeres indígenas.

Stallion y la bola de cristal (España)
Aterrizamos ahora en España donde el director catalán Christian Avilés monta, sonoriza, escribe y dirige (cual hombre orquesta) este título enigmático. Stallion y La Bola de Cristal es una fábula de tintes mágicos en la que un adolescente de larga coleta aparece en el jardín de su casa para, posteriormente y por motivos desconocidos, entrar y confinarse en su habitación; allí, su fantasía lo teletransportará a un mundo habitado por un apuesto mago que parece esperarle.
Apoyado por un grano artesanal al filmar en 16mm, esta fábula sobre el deseo reprimido reinterpreta el manido cuento de princesa encerrada en su castillo, ansiando la llegada de un héroe para rescatarla y liberarla.
La palabra stallion significa semental en inglés, y es que el toreo está presente en la narrativa mediante una televisión en la casa, que transmite una corrida. Un filme muy singular que contiene mucho cine, tanto elementos de la Blue Velvet de David Lynch (1986), La Torre de hielo de Lucile Hadzihalilovic (2025) como de Sobre todo de noche (Víctor Iriarte, 2023) con su misteriosa estética fría y lírica, el detalle por algunos primerísimos planos y la marcada corporeidad de sus personajes.
En la ambición del cortometraje, los cuatro elementos de la naturaleza juegan roles importantes que deben ser descifrados por la audiencia. Un nombre, el de Christian Avilés, a tener muy en cuenta para el futuro.

Floresta do fim do mundo (Brasil)
Y, por último, realizada a cuatro manos por los cineastas brasileños Felipe Bragança y Denilson Baniwa, pone la guinda «El bosque al final del mundo»(de su traducción del portugués Floresta do fim do mundo) que reafirma el leitmotiv escapista del festival con un relato de género fantástico sobre el desequilibrio entre ciudad y naturaleza.
Filmado en una ciudad amazónica de Brasil, el corto más sugerente de este año es una inmersión en lo sensorial, concibiendo a las trabajadoras indígenas de un centro de reciclaje como seres «entre lugares», atrapadas en un limbo. La protagonista, junto a otras mujeres que separan basura en la fábrica, siente la llamada amenazante de la Floresta: «Nuestra paciencia se está agotando. Su tiempo se está acabando, y lo saben».
Su cuidadísimo diseño de producción y un espectacular trabajo de sonido (el crepitar de la naturaleza, unos misteriosos auriculares o el estruendo de las máquinas de reciclaje) hacen volar este corto de 25 minutos, el más larga del certamen. Con un montaje fragmentado, la mujer ocupa tanto apartamentos como paisajes naturales, mínimas interacciones con su hija adolescente y adentramientos oníricos en el bosque. En todos aflora la poética composición de planos de la georgiana What do we see when we look at the sky (Alexandre Koberidze, 2021) y la capacidad pictórica del cine de Aki Kaurismaki de dotar con vida propia a cada objeto de la pantalla.
Un monstruo de la basura -mitad persona mitad residuos- o el idilio con un extraño hombre atrapado en un bar decadente son algunas de las figuras al servicio de la especulación. Porque en su apuesta metafórica el “fin del mundo” no se presenta como un fin absoluto, sino como lo que sobrevive, muta y reaparece tras cada intento de aniquilación. La ciudad es una absurda prisión que fagocita otras formas de vivir frente a la concienciación medioambiental.
Estimado lector, esta selección de cinco cortometrajes del Usina Berlín Festival parece lanzarnos una pregunta sobre nuestro presente: ¿Estamos huyendo de la confrontación, confrontando la huida o alternando ambas vías cual barco sin rumbo fijo?
Entrevista a María Meira en la revista Berlin Amateurs a propósito del Festival Iberoamericano de Cortometrajes.
El festival de corto tiene lugar el 17 de septiembre de 2026 a las 19:00 en el Passage Kino de Berlin-Neukölln.
Karl-Marx-Str. 131, Berlin
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