¿Y si desapareciera el idioma alemán? ¿Y si todos perdiéramos nuestros nombres? Este es el planteamiento inicial de la novela corta del sevillano David Guerra Calderón, quien vive en Berlín desde hace ya bastantes años, ciudad en la que se ambienta su primer texto literario publicado, en este caso por la editorial Abrazos. Se presenta próximamente en la librería y espacio cultural Andenbuch, moderación a cargo de María Bautista y actuación musical de Pablo Miranda. Hemos hablado con él sobre la novela y disponemos, además, del prólogo firmado por otra conocida de la revista, Izaskun Gracia Quintana.
Prólogo de Izaskun Gracia Quintana
Buenos días, David. Vamos a hablar de la novela que acabas de publicar en la editorial Abrazos. Para empezar, ¿puedes presentar?
Pues soy David Guerra Calderón. Este es el primer libro que escribo. Soy psicólogo especializado en migración. La literatura siempre ha sido mi pasión, depende también de las épocas. Hice un máster en Escritura Creativa por la Universidad Internacional de la La Rioja y este libro fue, en parte, aunque no solamente eso, mi trabajo de fin de máster. Por lo menos un primer borrador.
Tú eres psicólogo y trabajas como psicólogo en Berlín, y también tienes una faceta como divulgador, desarrollas eventos en la librería La Escalera.

Los coloquios se laman Debates berlineses. Los hago junto a mi compañera Georgia Ribes. Son debates sobre temas que nos atañen, siempre con el componente de migración y desde un foco que es una mezcla de psicología, literatura y filosofía. Llevamos haciendo esto ya más de dos años. Aparte, soy parte del colectivo Andaluces levantaos que organizamos eventos culturales que promueven la cultura andaluza en el mundo, en este caso, en Berlín. La verdad es que hago bastantes cosas.
Tu perfil no es solamente de psicólogo, sino que participas mucho en la sociedad hispanohablante de Berlín generando contenidos y eventos.
Sí, una especie de divulgador-promotor cultural, llamémoslo así.
Hace poco hubo un evento en la librería Andenbuch sobre el flamenco.
Lo hizo el grupo Delirio, que son muy amigos. Nosotros hicimos ya el evento de verano en apoyo a las reivindicaciones de los trabajadores de astilleros de Cádiz.
¿Cómo ves la sociedad hispanohablante en Berlín? ¿Cómo ves el ambiente cultural y literario?
Lo veo bastante rico. Rico y manejable, y eso me gusta mucho también.
Abarcable, ¿no?
Exactamente. Berlín es un poco ya, para las personas que llevamos más años y nos movemos por estos ambientes, un pueblo, también. Mira que es una ciudad bastante grande, pero no cuando te manejas en los ambientes del colectivo o la comunidad hispanohablante, al final vas a los eventos y te conoces a la gente, sabes qué es lo que van ofreciendo, estás conectado y puedes ir a cualquier sitio y vas a encontrar a alguien que conoces. Tienes todo lo bueno de una ciudad grande para mí y también todo lo bueno de una ciudad pequeña en ese sentido.
¿Crees que existe realmente ese colectivo?
No sé si llamarlo colectivo. No es una comunidad en sí en que todo el mundo está relacionado, pero sí una comunidad en sentido más diverso. Sí que pienso que existe. Otra cosa es que todo el mundo, por ser hispanohablante, pertenezca a esa comunidad. Lógicamente, no. Pero si yo voy a los eventos que haya y que estén interconectados, y la gente se conozca y te alegres de verlo y te inviten al otro, a eso sí que lo llamaría comunidad.
Yo tengo la sensación de que esa comunidad o colectivo, llamémoslo de alguna forma, está desligada del resto de Alemania, aunque hay gente del resto de Stuttgart o de Frankfurt de Hamburgo que vienen a Berlín a hacer presentaciones. ¿Tienes también esa sensación?
¿Te refieres a desligado de las otras comunidades hispanohablantes que puede haber en otros sitios? ¿Te refieres a de otras ciudades de Alemania? ¿O te refieres a la cultura alemana?
Me refería más al resto de los hispanohablantes de Alemania, de las otras ciudades.
Estoy totalmente de acuerdo, pero es que Berlín sigue siendo una isla. Yo no me siento vinculado al resto de Alemania en absoluto.
Eso quizás era una de las características del colectivo hispanohablante.
En Berlín, sí.
Escribir sobre Berlín, entonces, no debería ser visto como una moda pasajera o una compulsión insustancial. Más bien, es una forma de participación activa en la narrativa colectiva de la ciudad, una manera de tejer las experiencias individuales en el tapiz más amplio de su historia y cultura.
Mateo Dieste
El uruguayo Mateo Dieste en un artículo hablaba de la narrativa que construimos entre todos los emigrantes, porque cualquier colectivo necesita contar su historia. ¿Crees que los que escribís en la migración estáis construyendo una narrativa de la migración?
Sí, estamos siempre construyendo narrativa. Otra cosa es que esa narrativa valga para toda la comunidad o para todas las personas. Lo veo como una especie de mosaico, se podría decir. Lógicamente, cada persona tiene su narrativa, es lo que crea tu identidad, es la historia que te vas contando y que se va renovando. Tu teoría favorita sobre ti mismo, es lo que somos. Somos historia. Ahora, que haya una historia común, no creo que haya una, ni mucho menos, pero sí una especie de mosaico que influye a cada persona.
¿De eso va lo que has escrito?
En parte, sí. La novela es literatura especulativa, el típico “y si”, a lo Kafka, pero más satírico. Me gusta Mijaíl Bulgákov, por ejemplo, sería un referente. Y ese “y si” es la idea loca de una migrante española, con este miedo que le tenemos a la burocracia -algo muy típico de los migrantes es que le tenemos “aversión al buzón”- que consiste en que el buzón se llena tanto que implosiona, se crea un agujero negro y que succiona el idioma alemán del planeta. Los alemanes no solamente pierden su lengua, sino también pierden los nombres. A partir de ahí es ese “y si”, ¿qué pasaría si un país entero, una cultura, varios países, realmente el mundo entero perdiese su lengua y las personas perdiesen su nombre? El tema de la identidad es central.
La historia está ambientada en Berlín.
Sí, y está ubicada en Berlín. Hay dos protagonistas, una es una mujer española, y el otro es un alemán.
¿Por qué una mujer?
No lo sé, me salió así simplemente. Lo que estamos buscando es una literatura universal, la escriba quien la escriba. A mí simple y llanamente el personaje que me salió fue una mujer, y, a partir de ahí, creé la historia.
Hablabas antes de Bulgákov y, supongo, de El maestro y Margarita.
Sí, y Corazón de perro también es un referente.
¿Qué otros referentes se pueden rastrear en la novela?
A nivel de estilo, ciertas cositas vienen de Marta Sanz. Gospodínov me gusta bastante también. Tiene un libro que es referente para mí. La idea salió antes de leer ese libro del autor búlgaro, pero me resonó, se llama Las tempestálidas. Se parece de alguna manera al mío, también en su manera de escribir. A nivel de estilo no puedo evitar verme influenciado por Bolaños. Otro que me encanta también por su humor, que intento de alguna manera plasmar, es Kurt Vonnegut. Yo diría que esos son los referentes de este libro.
Cuéntanos un poco el proceso de construcción de la novela.
Al principio la idea era escribir un cuento. Tenía varios cuentos para armar un libro y se me ocurrió una idea que podía ser un cuento largo. La idea era lo del buzón que estalla: se hace el agujero negro y al final engulle a la persona y sale una palabra infinita, y esa palabra infinita es lo alemán, es Dios. Esa era la idea primera. Cuando me puse a darle forma lo que me salió es que, para que tuviera sentido, cada vez iba siendo más largo, y llegó un momento en el que me di cuenta de que no era un cuento, que era una novela corta. Luego empecé con el máster y ya tenía una buena parte escrita. En este máster tuve que terminar una especie de novela bastante más cortita porque además tenía todo el tema teórico sobre la identidad narrativa que plasmé en la tesis, que va más allá del relato central. Cuando lo terminé y lo repasé, empecé a enviarlo a sitios y me fui dando cuenta que tenía que seguir dándole forma. Hubo un momento en el cual una editorial me lo aceptó. Estuvimos reescribiendo el texto, y al final la editorial se echó para atrás cuando íbamos a firmar el contrato, pero bueno, me sirvió la reescritura. Ya de últimas hice también una formación en RTVE de guión cinematográfico, y eso que era bastante de storytelling, me sirvió para solucionar los problemas que tenía la historia. Claro, no venía con una escaleta clara, se había convertido de un cuento a una novela, hubo bastante ensayo y error en ese sentido. Con esas ideas en la cabeza, terminé de darle forma, y finalmente salió con Editorial Abrazos.
¿El editor ha tenido alguna función en el texto?
Poca, la verdad, más que nada de correcciones de pequeñas cosas. Me ayudó a pulir o perfilar algunas cosas.
¿Cuál sería el punto central en la construcción? ¿Los personajes, la trama, la ambientación, esa idea casi filosófica o existencial, las voces, el ritmo del texto?
El punto central fue la idea. Fue como una especie de árbol, digámoslo así: tienes un tronco y luego vienen las ramificaciones. Ese «y si» es lo que pasa. ¿Y si entonces la gente pierde el nombre? Pues se crean movimientos identitarios. ¿Y si ese movimiento identitario pasa a otros países, qué harían en una crisis de ese tipo? Empiezas a ramificar, y ya luego tienes que volver a centrar el relato, porque la idea podría ser infinita, pero ese fue el tema central.
¿Estaría dentro de la literatura fantástica, o de la ciencia ficción?
Especulativa se llama. Ciencia ficción no hay porque no va de tecnología ni nada por el estilo. Fantástica podría ser, lo que pasa es que es un agujero negro, pero no hay un mundo de construcción fantástico. El género específico sería Especulativo, satírico, como Kafka: y si me levanto y soy una cucaracha.
Especulativo de carácter social, como una distopía.
Exactamente, es más distópico: especulativo, distópico, satírico. Gospodínov es un buen ejemplo.
No sé si pretendido o inconsciente, pero siento que hay detrás nuestra experiencia común de la pandemia.
Sí, claro. Es consciente.
¿Hay referencias dentro del texto?
Sí, las hay, gente peleándose por el papel higiénico y esas cosas.

¿Cómo crees que se va a leer la novela? Ponte en el lugar de los lectores. Por ejemplo, ¿un lector de Berlín lo va a interpretar mejor que un lector de Sevilla?
Sí, es bastante de nicho, es decir, está muy relacionada con Berlín, no quería que lo estuviera tanto. Las únicas personas que la han leído por ahora son personas que están relacionadas con Berlín. Todo el feedback que me ha llegado es que hay mucha referencia que, si vives en Berlín o Alemania, entiendes, y entonces te ríes y es divertida y te interpela. No sé hasta qué punto personas que no tengan que ver con Berlín se van a ver interpeladas de la misma manera, aunque la novela se puede leer perfectamente si no se tiene relación con la ciudad, no hay ningún problema.
¿Y una persona que no sea emigrante lo entenderá igual?
Exactamente, tiene mucho que ver con la migración, sobre todo el personaje de Carmen, la protagonista.
Bueno, David, muchas gracias por la entrevista. Mucho éxito con la presentación y la difusión de esta tu primera novela.
First we take Berlin
Entre las muchas preguntas, más o menos filosóficas, que podemos plantearnos, quizá una de las que más a menudo nos hacemos sea qué nos hace lo que somos. O, dicho de otra manera, qué conforma nuestra identidad.
Por supuesto, las respuestas posibles son numerosas: el lugar de nacimiento, el color de la piel, la cultura, las amistades, el poder adquisitivo, la clase social, la familia, las aficiones, la tribu urbana a la que pertenecemos… y los idiomas que hablamos. En particular, nuestra lengua materna.
Esta no sólo revela de dónde venimos y en qué estrato social hemos crecido, sino también, en muchas ocasiones, cómo entendemos el mundo y, consecuentemente, cómo nos relacionamos con el otro. Es, por tanto, importantísima cuando emigramos, porque en parte va a determinar nuestra facilidad para integrarnos y la manera en la que nos van a ver los demás.
Así las cosas, no debería resultar muy difícil imaginar la tragedia que supondría perder esta lengua. Imaginémoslo por un momento. Vamos a pensar que despertamos un día y descubrimos que una afasia repentina se ha adueñado de nosotros y no podemos comunicarnos con los demás. Sería terrible, ¿no es así? Da miedo.
Pero vayamos más allá e imaginemos que todos los hablantes de una lengua pierden la capacidad de hablarla. Peor aún, pensemos que ese idioma desaparece. Que un agujero negro verbal lo absorbe y lo sume en un vacío adimensional, y consigue que se esfume del habla, de los libros, de los carteles, de las leyes, quién sabe si del pensamiento.
¿Qué sucedería entonces? ¿Cómo reaccionarían los ciudadanos, los gobiernos, el mundo en general? ¿Se sumirían los países afectados en el caos? ¿Se crearían nuevos idiomas? ¿Surgirían revueltas? ¿Sectas? ¿Cuáles? ¿Cómo? ¿Contra quién?

Todo esto —y mucho más— es lo que plantea David J. Guera Calderón en Berlín cay/lló primero, una novela en la que narra lo que sucede cuando el idioma alemán, súbitamente y sin que se sepa cómo o por qué, desaparece. Y, por consiguiente, todo cambia. Porque, más allá del estupor inicial, las medidas que toman las autoridades pertinentes para que todo vuelva —en la medida de lo posible— a la normalidad son insuficientes o no son bienvenidas, porque las relaciones de poder cambian, porque la sociedad también lo hace y, como por desgracia suele suceder cuando el ser humano se enfrenta a algo que supera lo que es capaz de abarcar, los extremismos se hacen fuertes y estalla la violencia.
De la mano de personajes como Carmen, el cartero o K, el autor nos presenta una situación de pesadilla en la que no sólo asistimos a la desaparición de un idioma, sino también de una cultura, de una manera de pensar, de ver el mundo y de hacerse entender y, en consecuencia, de un statu quo; y, tras ella, la sociedad se transforma de manera irreversible.
Y es en una capital alemana llena de migrantes, en el crisol de todo lo bueno y todo lo malo de lo propio y lo ajeno, donde estalla la tragedia y donde primero se ven sus consecuencias y las reacciones a ellas. Y esta deja entonces de ser el Berlín cada vez más hípster y gentrificado, y aun así inspirador y desbordado de historia y de vida y de aventura que conocemos, y se convierte en… ¿en qué? Hay que leer este libro para descubrirlo.
Así como Leonard Cohen cantaba «First, we take Manhattan / Then we take Berlin», David J. Guerra Calderón invierte ese orden y nos lleva a esta nueva realidad alemana sin idioma ni idiosincrasia en la que lo hegemónico se vuelve minoritario (y viceversa), el conflicto identitario cambia de bando y hay que reinventar y reinterpretar los prejuicios y las suposiciones propias y ajenas para poder seguir adelante. Porque no sabemos si caerá Manhattan, pero sí que aún se puede —y sin duda se debe— reconquistar Berlín.
Izaskun Gracia Quintana. Areatza, mayo de 2026

David J. Guerra Calderón
Sevilla, 1988. Es migrante desde 2012 y reside en Berlín desde 2015. Licenciado en Psicología, con máster en Mediación Intercultural y en Escritura Creativa, compagina su profesión como psicólogo especializado en migración con la escritura y la promoción cultural. Colabora con revistas y podcasts vinculados a la comunidad hispanohablante en Alemania, codirige junto a Georgia Ribes los Debates Berlineses sobre psicología, filosofía y literatura, y es miembro del colectivo Andaluces Levantaos. Berlín cay/lló primero es su primera novela.
Presentación de Berlín cay/lló primero, de David Guerra. Editorial Abrazos
Moderación: María Bautista
Con la actuación musical de Pablo Miranda
Librería y espacio cultural Andenbuch. Viernes 28.08.2026. 19:00
Bergmannstraße 59, Berlin-Kreuzberg, Deutschland
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