Por Andrea Humber
(Versión en castellano)
En Berlín hay música en todas partes, pero no siempre donde uno espera. No todo pasa en los clubes ni suena a electrónica. A veces la ciudad se arma alrededor de una roda de choro, en una jam session, en un concierto chico o en un encuentro de la comunidad latina donde la gente llega, baila, se queda y conversa
Entre esos espacios circula la flauta de Tiago, músico brasileño y profesor, cuya presencia se ha ido volviendo familiar dentro de la escena latina de la ciudad. Su sonido se mezcla, dialoga con otros instrumentos, otras historias y personas. La ciudad lo atraviesa, y él también deja marca. Enseña, aprende, arma proyectos, conecta personas. La música funciona ahí como excusa, pero también como idioma común.
Esta entrevista nace de ese recorrido: de cómo la música brasileña se transforma al cruzar el océano y de cómo, en Berlín, la música se vuelve puente, memoria y posibilidad de encuentro.
Hablar de música brasileña es hablar de mezcla: de herencias europeas, africanas e indígenas; de ritmos que nacieron del encuentro y del movimiento. Géneros como el choro, el samba o la música instrumental popular cargan una historia profunda, pero también una enorme capacidad de transformación. Tampoco es extraño que sea en Berlín donde estos ritmos sigan creciendo, mezclándose con otros lenguajes musicales y reuniendo a personas de distintos orígenes.
Desde mi experiencia, uno de los lugares donde era más habitual encontrarse con Tiago era en una roda de choro. Se trata de un espacio abierto, sin escenario ni jerarquías marcadas, donde músicos y oyentes se mezclan y cualquiera puede acercarse a tocar, escuchar o simplemente quedarse un rato.
La roda de choro es, en esencia, un círculo musical nacido en Brasil, basado en el encuentro, la escucha atenta y el diálogo entre instrumentos. No hay protagonismos individuales: la música se construye colectivamente, en tiempo real, a partir de la atención mutua y el disfrute compartido.
En Berlín, estas rodas se han convertido en puntos de reunión para la comunidad latina y también para personas de muchos otros lugares, curiosas por acercarse a la música brasileña. Además del choro, suelen aparecer ritmos más bailables como el forró, que invitan al movimiento y hacen que el público se involucre de otra manera.
En ese contexto, Tiago, los músicos y los participantes de estas rodas no solo tocan: también invitan, acompañan y ayudan a que ese pequeño círculo funcione como un punto real de encuentro.

¿Cómo comenzó tu historia con la música?
La música siempre estuvo en mi familia. Mi abuelo soñaba con tocar, pero no tuvo oportunidad de estudiar, así que de alguna manera ese deseo se transmitió a nosotros. Mi madre estudió piano durante años, y mi padre, que siempre amó la MPB, tocaba guitarra y cantaba en casa. Recuerdo que llegó un piano Fritz Dobbert como regalo, y ahí fueron mis primeras clases, compartiendo el instrumento con mi hermano. Fue el comienzo de todo para mí. La música apareció temprano, no como obligación, sino como afecto.
¿Hubo alguien o algún momento que marcó tu camino como músico?
Durante las clases de literatura, un profesor organizó un sarau artístico. (En otras palabras, es un espacio de intercambio creativo y comunitario, donde el foco está en la expresión, la inspiración y el disfrute colectivo. ) Ese evento fue muy marcante para mí. Recuerdo una presentación de guitarra y voz tocando bossa nova que me inspiró a retomar los instrumentos, y así fue como comencé mis estudios con la armónica.
¿Cómo llegaste a Berlín y qué te hizo quedarte?
La llegada fue bastante intuitiva. Primero pasé un mes en Barcelona y luego me mudé a Berlín, sin ningún trabajo asegurado ni proyectos cerrados. Fue solo la invitación de un amigo y la curiosidad de vivir algo fuera de Brasil lo que me llevó hasta allá.
Lo que me hizo quedarme fue una combinación que no es fácil de encontrar: la fuerte tradición de la música clásica europea y, al mismo tiempo, una diversidad cultural que te permite convivir con escenas muy distintas. Acá en Berlín, por ejemplo, puedes ir a una jam session de música oriental una noche y al día siguiente tocar choro o samba. Esa pluralidad, esa posibilidad de cruzar estilos y culturas, fue lo que realmente me convenció de quedarme.
¿Cómo ha sido la recepción del público berlinés?
Muy abierta y curiosa. En muchos conciertos el público no es necesariamente latino. Hay personas que nunca habían escuchado choro o música instrumental brasileña y se acercan con preguntas: por los instrumentos, por los ritmos, por los orígenes.
Otros conectan desde la experiencia personal: viajes a América Latina, recuerdos, afectos. Y los brasileños y latinos, cuando reconocen las canciones, suelen cantar, bailar o quedarse después a conversar. En Berlín, la música no termina cuando se apaga el sonido.
¿Qué sientes al tocar en vivo?
Tocar siempre me emociona. No importa el tamaño del escenario; a veces ni siquiera se trata de una presentación formal. Creo que la música transmite frecuencias que nos conectan con algo esencial, algo difícil de explicar con palabras. En los días más difíciles, cuando el ánimo decae, la música suele entrar con más fuerza.
¿Cómo ha sido trabajar con músicos de otras culturas en Berlín?
Una de las experiencias más enriquecedoras de estar aquí fue poder tocar con músicos de distintas partes del mundo. En uno de mis proyectos principales, por ejemplo, convivíamos un guitarrista chileno y una pianista israelí. A la hora de tocar, esas diferencias culturales prácticamente desaparecían.
Cada músico trae su historia, su acento, su manera de frasear. Y Berlín te permite ese cruce constante, donde la música funciona como lengua común y como un espacio de diálogo real.

¿Qué desafíos implica tocar música brasileña en el exterior?
El principal desafío es escapar del estereotipo. La música brasileña suele ser asociada únicamente a lo alegre y bailable. Cuando se presenta un repertorio más introspectivo o instrumental, parte del público se desconcierta.
Pero simplificar una cultura es empobrecerla. Mostrar otras capas, otros climas y otras narrativas también es una forma de resistencia artística.
¿Qué proyectos nacieron específicamente en Berlín?
Uno de los hitos más importantes para mí fue el concierto Choro Delas, que realizamos el 8 de marzo de 2025 junto al Brazil Berlin Ensemble. Además de tocar la flauta, me encargué de la curaduría del espectáculo y escribí algunos arreglos propios. Todo el proceso implicó investigar compositoras de distintos países que se habían inspirado en la música brasileña, y eso fue realmente enriquecedor.
También en Berlín retomamos el proyecto No Ar, una serie de conciertos con mis composiciones y arreglos originales que había empezado en São Paulo. Traer ese material a Europa, tocarlo aquí y luego presentarlo incluso en un festival en Bulgaria fue una experiencia clave para mi camino como músico.

¿Qué lugar ocupa la enseñanza en tu camino musical?
No creo en verdades absolutas ni en jerarquías rígidas. Para mí, enseñar y aprender siempre van de la mano. Si no puedo aprender de mis alumnos, siento que tampoco puedo enseñar.
Cada persona trae consigo una musicalidad única, una manera propia de habitar el sonido y de expresarse a través de la música.
¿Qué te gustaría ofrecer a la comunidad latina a través de la música?
Creo que un álbum con todas mis experiencias en Berlín sería un buen ofrecimiento. Mi estancia aquí me inspiró mucho; durante este tiempo escribí más de diez composiciones nuevas.
Si pudieras definir tu misión como artista en una frase, ¿cuál sería?
Hacer que la gente se dé cuenta de que estamos mucho más conectados unos con otros de lo que pensamos.
¿Qué es algo te inspira en la vida?
Los gestos de altruismo espontáneo. Ser bueno con alguien sin esperar nada a cambio me mueve profundamente.

¿Qué actividades o proyectos recomendarías a la comunidad latina en Berlín para integrarse, ya sea tocando instrumentos o participando de otra manera en la música?
Les recomiendo acercarse a una roda de choro. Es un lugar hermoso: músicos y público se encuentran, se escuchan y se conectan. Hay mucha gente talentosa tocando chorinho en Berlín, y yo soy un gran fan de muchos de esos grupos. Como flautista y amante del choro, solo puedo decir: vengan, toquen o simplemente escuchen, ¡no se van a arrepentir!
Para conocer más sobre el trabajo de Tiago y sus próximos proyectos o presentaciones, sigan sus redes: @tiagoruasoficial en Instagram.
Todas las imágenes © Andrea Humber

Andrea Humber
Salvadoreña y estudiante de Negocios Internacionales en Alemania, ha vivido también en Italia y Francia, experiencias que fortalecieron su interés por el intercambio cultural y por las comunidades latinas en Europa. Apasionada por documentar eventos culturales y capturar historias a través de la fotografía, encuentra en el arte y la música una forma de ver cómo la cultura latina crea espacios de encuentro, identidad y conexión lejos de casa. IG: @agathanphoto
(Versão em português)
“Tiago: a flauta como ponte entre o Brasil e Berlim”
Em Berlim, há música em toda parte, mas nem sempre onde se espera. Nem tudo acontece nos clubes ou soa como eletrônica. Às vezes, a cidade se organiza em torno de uma roda de choro, em uma jam session, em um show pequeno ou em um encontro da comunidade latina, onde as pessoas chegam, dançam, permanecem e conversam.
É nesses espaços que circula a flauta de Tiago, músico brasileiro e professor, cuja presença se tornou familiar dentro da cena latina da cidade. Seu som se mistura, dialoga com outros instrumentos, histórias e pessoas. A cidade o atravessa, e ele também deixa sua marca. Ensina, aprende, cria projetos, conecta pessoas. A música funciona como desculpa, mas também como língua comum.
Esta entrevista nasce desse percurso: de como a música brasileira se transforma ao cruzar o oceano e de como, em Berlim, a música se torna ponte, memória e espaço de encontro.

Falar de música brasileira é falar de mistura: de heranças europeias, africanas e indígenas; de ritmos que nasceram do encontro e do movimento. Gêneros como o choro, o samba ou a música instrumental popular carregam uma história profunda, mas também uma enorme capacidade de transformação. Não é de se estranhar que seja em Berlim que esses ritmos continuem crescendo, se misturando com outras linguagens musicais e reunindo pessoas de diferentes origens.
Pela minha experiência, um dos lugares onde era mais comum encontrar Tiago era em uma roda de choro. Trata-se de um espaço aberto, sem palco nem hierarquias, onde músicos e ouvintes se misturam e qualquer pessoa pode se aproximar para tocar, ouvir ou simplesmente ficar um tempo.
A roda de choro, em essência, é um círculo musical nascido no Brasil, baseado no encontro, na escuta atenta e no diálogo entre instrumentos. Não há protagonismos individuais: a música se constrói coletivamente, em tempo real, a partir da atenção mútua e do prazer compartilhado.
Em Berlim, essas rodas se tornaram pontos de encontro para a comunidade latina e também para pessoas de muitos outros lugares, curiosas sobre a música brasileira. Além do choro, costumam surgir ritmos mais dançantes, como o forró, que convidam ao movimento e fazem o público se envolver de outra forma.
Nesse contexto, Tiago, os músicos e os participantes dessas rodas não apenas tocam: eles também convidam, acompanham e ajudam a transformar aquele pequeno círculo em um verdadeiro ponto de encontro.
Como começou sua história com a música?
A música sempre esteve presente na minha família. Meu avô sonhava em tocar, mas não teve oportunidade de estudar, então, de certa forma, esse desejo se transmitiu para nós. Minha mãe estudou piano por anos, e meu pai, que sempre amou a MPB, tocava violão e cantava em casa. Lembro que chegou um piano Fritz Dobbert como presente, e ali tive minhas primeiras aulas, compartilhando o instrumento com meu irmão. Foi o começo de tudo para mim. A música apareceu cedo, não como obrigação, mas como afeto.
Houve alguém ou algum momento que marcou seu caminho como músico?
Durante as aulas de literatura, um professor organizou um sarau artístico — um espaço de troca criativa e comunitária, focado na expressão, inspiração e prazer coletivo. Esse evento foi muito marcante para mim. Lembro de uma apresentação de violão e voz tocando bossa nova que me inspirou a retomar os instrumentos, e foi assim que comecei meus estudos com a gaita.
Como você chegou a Berlim e o que fez você ficar?
A chegada foi bastante intuitiva. Primeiro passei um mês em Barcelona e depois me mudei para Berlim, sem nenhum trabalho garantido nem projetos fechados. Foi apenas o convite de um amigo e a curiosidade de viver algo fora do Brasil que me trouxe até aqui.
O que me fez ficar foi uma combinação difícil de encontrar: a forte tradição da música clássica europeia e, ao mesmo tempo, uma diversidade cultural que permite conviver com cenas muito distintas. Aqui em Berlim, por exemplo, você pode ir a uma jam session de música oriental à noite e, no dia seguinte, tocar choro ou samba. Essa pluralidade, essa possibilidade de cruzar estilos e culturas, foi o que realmente me convenceu a ficar.
Como tem sido a recepção do público berlinense?
Muito aberta e curiosa. Em muitos shows, o público não é necessariamente latino. Há pessoas que nunca tinham ouvido choro ou música instrumental brasileira e se aproximam com perguntas: sobre os instrumentos, os ritmos, as origens.
Outros se conectam a partir da experiência pessoal: viagens à América Latina, lembranças, afetos. E os brasileiros e latinos, ao reconhecerem as músicas, costumam cantar, dançar ou ficar depois para conversar. Em Berlim, a música não termina quando o som se apaga.
O que você sente ao tocar ao vivo?
Tocar sempre emociona. Não importa o tamanho do palco. Às vezes, nem se trata de uma apresentação formal. Acredito que a música transmite frequências que nos conectam com algo essencial, difícil de explicar com palavras. Nos dias mais difíceis, quando o ânimo cai, a música costuma entrar com mais força.
Como tem sido trabalhar com músicos de outras culturas em Berlim?
Uma das experiências mais ricas de estar aqui foi poder tocar com músicos de diferentes partes do mundo. Em um dos meus projetos principais, por exemplo, convivíamos um guitarrista chileno e uma pianista israelense. Na hora de tocar, essas diferenças culturais praticamente desapareciam.
Cada músico traz sua história, seu sotaque, sua maneira de frasear. E Berlim permite esse cruzamento constante, onde a música funciona como língua comum e espaço real de diálogo.

Quais desafios existem ao tocar música brasileira no exterior?
O maior desafio é escapar do estereótipo. A música brasileira costuma ser associada apenas ao que é alegre e dançante. Quando apresentamos um repertório mais introspectivo ou instrumental, parte do público se desconcerta.
Mas simplificar uma cultura é empobrecê-la. Mostrar outras camadas, outros climas e narrativas também é uma forma de resistência artística.
Quais projetos nasceram especificamente em Berlim?
Um dos marcos mais importantes para mim foi o concerto Choro Delas, realizado em 8 de março de 2025 com o Brazil Berlin Ensemble. Além de tocar flauta, cuidei da curadoria do espetáculo e escrevi alguns arranjos próprios. Todo o processo envolveu pesquisar compositoras de diferentes países inspiradas na música brasileira, e isso foi extremamente enriquecedor.
Também retomei em Berlim o projeto No Ar, uma série de shows com minhas composições e arranjos originais que havia começado em São Paulo. Trazer esse material para a Europa, tocar aqui e até apresentá-lo em um festival na Bulgária foi uma experiência chave na minha trajetória musical.

O que significa representar a música brasileira fora do seu país?
É uma experiência profundamente gratificante. Ver como pessoas de diferentes culturas se identificam com esses sons confirma algo essencial: a música viaja melhor que qualquer idioma.
Em Berlim, os eventos musicais criam comunidade. Migrantes, curiosos e amantes da cultura brasileira se encontram, se reconhecem e se reencontram.
Qual o papel do ensino na sua trajetória musical?
Não acredito em verdades absolutas nem em hierarquias rígidas. Para mim, ensinar e aprender sempre caminham juntos. Se não consigo aprender com meus alunos, sinto que também não posso ensinar.
Cada pessoa traz consigo uma musicalidade única, uma maneira própria de habitar o som e se expressar através da música.
O que você gostaria de oferecer à comunidade latina através da música?
Acho que um álbum com todas as minhas experiências em Berlim seria uma boa forma de oferecer algo. Minha estadia aqui me inspirou muito; nesse período, escrevi mais de dez composições novas.
Se você pudesse definir sua missão como artista em uma frase, qual seria?
Fazer com que as pessoas percebam que estamos muito mais conectados uns com os outros do que imaginamos.
O que mais te inspira na vida?
Gestos de altruísmo espontâneo. Ser bom com alguém sem esperar nada em troca me move profundamente.

Que atividades ou projetos você recomendaria à comunidade latina em Berlim para se integrar, seja tocando instrumentos ou participando de outra forma da música?
Recomendo participar de uma roda de choro. É um lugar lindo: músicos e público se encontram, se ouvem e se conectam. Há muita gente talentosa tocando chorinho em Berlim, e eu sou fã de muitos desses grupos. Como flautista e amante do choro, só posso dizer: venham, toquem ou simplesmente escutem, vocês não vão se arrepender! Instagram: @clubedochoroberlim
Para conhecer mais sobre o trabalho do Tiago e seus próximos projetos ou apresentações, sigam suas redes: @tiagoruasoficial no Instagram.
Todas las imágenes © Andrea Humber

Andrea Humber
Salvadoreña y estudiante de Negocios Internacionales en Alemania, ha vivido también en Italia y Francia, experiencias que fortalecieron su interés por el intercambio cultural y por las comunidades latinas en Europa. Apasionada por documentar eventos culturales y capturar historias a través de la fotografía, encuentra en el arte y la música una forma de ver cómo la cultura latina crea espacios de encuentro, identidad y conexión lejos de casa. IG: @agathanphoto
