El 15 de abril de 2026 se inaugura en la Embajada del Ecuador en Berlín la exposición AUS DEN AUGEN, AUS DEM SINN – OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE de la fotógrafa berlinesa Anne Grosse-Leege con imágenes tomadas durante su viaje al país andino en 2016. Le hemos hecho algunas preguntas sobre su fotografía y su vinculación con el país del que nos ofrece su visión. Sus interesantes respuestas nos permiten apreciar mejor su propuesta visual.

La exposición fotográfica resiste la tentación de ser una curita: la representación de lo intacto no puede curar de forma inmediata, pero puede actuar con su fuerza —ubicada en la memoria—, tener un efecto duradero, armar y ser una manta de lana, una luz y una barandilla.
Anne Grosse-Leege
Se puede visitar hasta el 15 de mayo de 2026, de lunes a viernes de 10:00 a 16:00 horas.
Para la inauguración, se ruega inscribirse por correo electrónico: c-ncanelos@cancilleria.gob.ec
¿Puedes presentarte para el público hispanohablante?
Soy una fotógrafa cuyo trabajo revela más de lo que oculta. Los momentos espontáneos me atraen más que cualquier puesta en escena. Me mueve, sobre todo, el intento de adentrarme en los márgenes del camino —que no solo se recorren por casualidad—, el de convertirme en aliada de lo que se descubre de repente y de transmitirlo con una mirada atenta. Para convertir lo visto en lo mostrado. Utilizo exclusivamente cámaras no digitales telemétricas, no solo porque me gusta la idea de ENCONTRAR, aunque también por eso.
¿Qué vamos a poder ver en la exposición de la Embajada del Ecuador a partir del 15 de abril?
Son destellos de un viaje por un país impulsado por personas que siembran flores. Un viaje que me cautivó en todos sus contrastes, que me sedujo por su diversidad descarnada más allá de todas las fronteras naturales, un país que defiende los secretos que atesora. Deseo que la selección que he realizado junto con la Embajada se entienda como una forma de descanso, de distracción y, en un sentido más amplio y más fortalecedor, quizá incluso como “contemplación”. O simplemente como un contrapunto a lo que leemos y vemos actualmente en las noticias.
¿Qué te vincula al Ecuador?
Mi viaje a Ecuador fue hace años, y solo más tarde, tras haberlo vivido, me di cuenta del gran espacio que ocupan en mí las experiencias y las imágenes de aquel lugar. Las fotografías tomadas en Ecuador marcan, en muchos sentidos, un punto de partida, un comienzo: si nos fijamos únicamente en el año en que fueron tomadas, son las primeras que realmente se independizan de lo habitual. Para mí son imágenes que encuentran su fuerza en lo desconocido y en lo inmediato.
Así, la primera de mis imágenes en color que ganó un premio fue una de Ecuador. Este hecho se convirtió también en el motivo de la invitación a mi primera exposición —muestra el interior de la selva invadida por la niebla con una claridad asombrosa— que, por supuesto, también se puede ver en la exposición de la Embajada.
Una observación detallada revela otra particularidad que sugiere mi intensa relación con este país: no hay —aparte de mi patria— ningún otro país que haya estado presente en todas y cada una de mis exposiciones hasta la fecha. Hoy sé que lo que me conmovió fue la diversidad a la que el Ecuador —con cierta discreción, pero no por ello con menos convicción— ofrece un hogar. Con toda esa riqueza y esa variedad en flores, este país se ha colado en cada una de mis exposiciones individuales y también en cada exposición colectiva en la que he tenido la suerte de participar hasta ahora. Y así, para mí no solo es un gran honor, sino casi lógico, que la primera Embajada que me haya invitado a una exposición sea la ecuatoriana.

¿En qué se distingue tu mirada sobre el mundo, como fotógrafa, del resto de los mortales?
Probablemente, en mí se cruzan anhelos con cualidades que no todas las personas poseen en esta combinación y con esta intensidad, y que quizá tampoco deseen poseer. La mirada atenta, surgida del deseo de descubrir, se ha convertido en una búsqueda imparable de detalles mínimos, de lo inesperado, de lo silencioso, de lo oculto, de lo que evidentemente se pasa por alto, y a veces de lo (demasiado) superficial. Y eso no lo hacen solo la mirada: se necesita una cierta permeabilidad, una apertura, para captar los detalles o las situaciones como tales y reconocer las maravillas que en ellos residen. La fotografía como tal responde al deseo de dotar de fuerza lo identificado, de documentarlo y, con ello, hacerlo accesible a los demás.
La fugacidad es uno de los temas que te interesan, ¿de dónde viene ese interés?
Me cuesta mucho dejar ir las cosas, lo considero uno de los grandes retos de mi vida. Lo efímero me priva de la oportunidad de conservarlo. Por eso intento convencer a lo bueno que se me presenta, sobre todo cuando parece efímero, de que se quede. Además, intento sacar algo de lo efímero, siempre que se trate de algo de lo que quiero deshacerme.

¿Cuáles son tus referentes en el mundo de la fotografía?
Soy una admiradora incondicional de Martine Frank, cuyas obras, con sinceridad y seriedad, siempre destacaban desde ese lugar que ella prefería como persona: el fondo. La actitud que se le atribuye me ofrece un gran potencial de identificación y un sentido de pertenencia, y puedo comprender muy bien los temas que la motivaban.
Además, me viene a la mente Susan Sontag, para mí una figura imprescindible en el cosmos de la fotografía, aunque ella compartiera sus observaciones más bien a través de la palabra escrita.
¿Qué opinas de Helmut Newton?
Sin duda, su obra ocupa un lugar destacado en el mundo de la fotografía. Mi forma de trabajar probablemente no tenga nada que ver con la suya.
El texto de presentación de tu página web es muy poético, casi enigmático. ¿Hay alguna relación entre tu fotografía y la poesía?
Me alegra mucho que lo sientas así. A la poesía se le atribuyen cualidades tanto artísticas como emocionales. Si lograra suscitar preguntas y sentimientos a través de ambos medios de expresión, la fotografía y el texto, me sentiría doblemente satisfecha.

¿Cómo definirías tu leguaje fotográfico?
En cualquier caso, es un lenguaje que antepone la historia a la estética. Me encanta lo cotidiano, y, dentro de ello, lo fortuito, lo imprevisible, las rupturas: una fuente inagotable de narrativas. Para mí es importante que ninguna de mis formas de expresión se interprete como una norma, como algo fijo o incluso obligatorio. También en el plano visual son más bien los tonos suaves y tímidos los que quiero proteger y poner en primer plano. Lo que se muestra puede parecer enigmático. Deseo que se perciba como una invitación a acercarse a algo desconocido y a detenerse en lo supuestamente propio. Que cada cual lo descifre por sí mismo.
¿Cómo usas el blanco y negro y cómo usas el color?
A decir verdad, lo que siempre decide es la luz de la mañana. Cuando salgo de casa, ya tengo tomada la decisión sobre si voy a hacer color o blanco y negro, y también sobre qué objetivo voy a usar ese día. Solo en esos momentos intermedios en los que el tiempo parece cambiar de un momento a otro me llevo ambas cámaras.

¿Qué importancia tiene la composición? ¿Y el marco arquitectónico?
En mi trayectoria profesional anterior, y también hoy en día, cuando asumo la función de comisaria, la configuración del espacio ocupa un lugar central. Para ello, suelo definir un marco, tanto temático como arquitectónico, como planteamiento o punto de partida para la composición y la dramaturgia. En mi opinión, se trata de un enfoque multidimensional, asociado al procedimiento, complejo, casi un trabajo estratégico. Dediqué la exposición colectiva In Liebe, die Leere (Con amor, el vacío), en la que participaron artistas como Alicja Kwade y Gehard Demetz, al proceso de la composición. Cuando seleccioné las imágenes para esa exposición me di cuenta de lo mucho que, al fotografiar, dependo de lo que encuentro, hasta qué punto me siento atraída por lo predominante, por la estructura que existe en distintos niveles —ya sea natural, urbana, social o cultural—, y cómo esta atracción se ve influida en gran medida por mi propio grado de saturación.
Mi intervención, es decir, la composición activa, se limita aquí a las decisiones sobre en qué medida y de qué manera debe tener lugar la integración conceptual. ¿Es necesario enfatizar la integración? ¿O precisamente no? ¿Se impone por sí sola o precisamente es su ausencia lo atractivo, lo decisivo?
De vez en cuando me permito intervenir a posteriori en la composición encontrada, decidiendo mostrar solo fragmentos de la imagen tomada.

¿Cómo usas la luz?
Utilizo exclusivamente la luz natural. Para mí, la ausencia de luz, una zona cálida y acogedora, el frío que hace temblar y también las exageraciones, son elementos importantes de la composición. Es —además del contenido— un factor decisivo a la hora de elegir un motivo. En mi percepción, es precisamente esta luz la que sustenta e impulsa una historia, la que ofrece profundidad. Su ausencia absorbe lo familiar y, a veces, hace desaparecer por completo lo divertido.
¿Qué tipo de recursos técnicos prefieres?
El único equipo que utilizo son mis dos Leica M y una amplia gama de objetivos. Me encantan por encima de todo los objetivos Noctilux, con su increíble luminosidad, especialmente cuando se utilizan con la apertura máxima, ya que me permiten capturar incluso las escenas más oscuras. Para mí, la inmediatez es un elemento imprescindible. Por eso, trabajar con un trípode me resulta limitante. En definitiva, parece un equipo modesto, pero su combinación se ha convertido para mí en un compañero fiel, incluso indispensable. En mi último gran viaje por Sudáfrica, a principios de este año, mi Monochrome de catorce años me dejó tirada. Según el distribuidor y el servicio técnico, era imposible repararla in situ. Aunque también llevaba conmigo la M en color, echaba tanto de menos esta cámara que pedí ayuda a Leica en Wetzlar. Menos de cuarenta y ocho horas después tenía una Monochrome nueva. Desde entonces somos amigos y cada día profundizamos en nuestra amistad.

¿Es Berlín una ciudad fotogénica? ¿Y la gente que vive en la ciudad?
Mi forma de fotografiar se basa en la idea de aceptar lo que encuentro. Entiendo lo vivo y las consecuencias de estar vivo como una fuente para mi trabajo. Aquí, en Berlín, considero como punto de partida lo que los residentes y visitantes —preferiblemente de forma obstinada e instintiva— sacan a la luz, y de esto hay innumerables ejemplos en una metrópoli. Para dejarlo claro una vez más, no es el gran escenario, lo glamuroso o lo exaltado de una ciudad, lo que me atrapa. Son las minúsculas imprevisibilidades que se sienten como en casa en lo cotidiano lo que quiero observar.
Nuestro mundo es un mundo de imagen más que de texto reflexivo, ¿crees que la fotografía puede tener una función ética en nuestro mundo?
Antes de responder a la pregunta, me gustaría aclarar que entiendo la fotografía como un reflejo de una realidad que se nos presenta. En este sentido convencional, las fotografías “auténticas” conservan su importancia indiscutible como documentos de la historia contemporánea y, por lo tanto, ayudan a contextualizar los acontecimientos. Su divulgación conlleva una enorme responsabilidad. Lo que se muestra tiene un potencial manipulador, al igual que lo que se oculta.
El mayor desafío en el mundo actual de la imagen es, por supuesto, la identificación de la fotografía frente a otras representaciones generadas de supuestas realidades de la vida y falsificaciones deliberadas. Las imágenes, así como todos los demás contenidos mediáticos cuya intención se desconoce tanto como su historia o su origen, no pueden constituir superficies de reflexión sólidas ni, mucho menos, servir de ayuda en la tan importante transmisión de valores. Al contrario, transmiten desinformación y nos llevan por un camino equivocado. ¿Cómo puede orientarnos algo de lo que no sabemos en qué se basa, si lo ha creado un ser humano o una máquina, si ha pasado por filtros o en qué burbuja se encuentra?
Por el contrario, una fotografía cuyo origen se pueda determinar con certeza, cuyo contexto se pueda situar y que se pueda atribuir a una fuente fiable, puede seguir ejerciendo su influencia como instancia moralmente fiable. Es más, con una procedencia transparente y comprensible, las fotografías pueden ofrecernos una seguridad de la que actualmente carecemos en muchos lugares. Lo que documentan sigue siendo lo que nos define, lo que nos divide y nos amenaza, lo que nos hace sentir.

¿Cómo va a afectar la Inteligencia artificial al trabajo de las fotógrafas y fotógrafos a partir de ahora?
En mi opinión, la IA, su uso y, sobre todo, su autonomización, generan una gran incertidumbre, especialmente en el ámbito visual, sobre qué parte de lo que se muestra existe realmente y qué parte se ha generado únicamente para la propia representación. Estoy convencida de que la necesidad de veracidad, de seguridad en cuanto a la pertenencia y la delimitación, seguirá aumentando en nuestro mundo en desintegración. Esto podría conducir muy pronto a una necesidad generalizada en toda la sociedad, y así el deseo de algo sólido podría volver a convertirse en el motor principal del trabajo con la fotografía.
Una frase que resuma tu exposición en la Embajada del Ecuador:
Sabiendo que las fotografías no pueden curar nada de forma inmediata, deseo que desplieguen su fuerza anclada en la memoria, que surtan efecto, que dejen huella, que nos den fuerzas y que se conviertan en una manta de lana, en una luz y en un apoyo.
Foto de portada: Wide open.

AUS DEN AUGEN, AUS DEM SINN.
Am 15. April 2026 wird in der ecuadorianischen Botschaft in Berlin die Ausstellung „AUS DEN AUGEN, AUS DEM SINN – OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE“ der Berliner Fotografin Anne Grosse-Leege eröffnet. Die Ausstellung zeigt Fotografien, die während einer Reise nach Ecuador im Jahr 2016 entstanden sind. Wir haben ihr einige Fragen zu ihrer Fotografie und deren Verbindung zu dem Land gestellt. Ihre aufschlussreichen Antworten helfen uns, ihren visuellen Ansatz besser zu verstehen.
Die Fotoausstellung – für alle hier gezeigten Arbeiten habe ich die reine dokumentarische Form gewählt – widersteht der Verlockung, ein Pflaster zu sein; die Darstellung des Unberührten kann nicht unmittelbar heilen, aber sie kann mit ihrer – in der Erinnerung verorteten – Kraft wirken, nachwirken, wappnen und eine Wolldecke, ein Licht und ein Geländer sein.
Anne Grosse-Leege
Zu sehen bis 15.05.2026, Montag bis Freitag von 10:00 bis 16:00 Uhr.
Für die Eröffnung ist eine Anmeldung per Mail: c-ncanelos@cancilleria.gob.ec
Können Sie sich dem spanischsprachigen Publikum vorstellen?
Ich bin eine Fotografin, die mit ihrer Arbeit eher auf- als abdeckt. Informelle Momente reizen mich mehr als jede Inszenierung. Ich bin vielmehr angetrieben von dem Versuch, mich auf den – nicht nur zufällig beschrittenen – Wegesrand einzulassen, eine Verbündete vom plötzlich Entdeckten zu werden und dies auf zugewandte Weise herauszutragen. Um das Gesehene zum Gezeigten zu machen, nutze ich ausschließlich Rangefinder Kameras; nicht nur weil mir die Idee des FINDENS gefällt – aber auch.
Was wird ab dem 15. April in der Ausstellung der ecuadorianischen Botschaft zu sehen sein?
Es sind Streiflichter einer Reise durch ein Land, getragen von Menschen, die Blumen säen, das mich mit all seinen Kontrasten gefangen nahm, mit seiner über alle natürlichen Grenzen hinweg unverblümten Diversität betörte, ein Land, das einsteht für die Schätze, die es hebt. Ich wünsche mir, dass die Auswahl, die ich gemeinsam mit der Botschaft vorgenommen habe, als eine Art Erholung, Zerstreuung, im weiteren, stärkenden Sinne vielleicht sogar ‚besinnend‘ verstanden wird. Oder schlicht als Ausgleich zu dem, was wir derzeitig in den Nachrichten lesen und sehen.
Was verbindet Sie mit Ecuador?
Meine Reise nach Ecuador liegt schon zehn Jahre zurück, und ich habe erst im Nachgang zu dieser Zeit gespürt, wie viel Raum das dort Erlebte und Gesehene in mir einnimmt. So markieren meine in Ecuador entstandenen Bilder auf vielen Ebenen einen Ausgangspunkt, einen Auftakt: Es sind, betrachtet man allein ihr Entstehungsjahr, die ersten wirklich vom Gewohnten Unabhängigen. Für mich sind es Bilder, die ihre Stärke im Unvertrauten und im Unmittelbaren haben.
So war das erste meiner farbigen Bilder, das je einen Preis gewonnen hat, eines aus Ecuador. Dieses Motiv wurde auch das Einladungsmotiv meiner ersten Ausstellung überhaupt – es zeigt das Innere eines Nebelwaldes in verblüffender Klarheit – es ist natürlich auch in der Ausstellung in der Botschaft zu finden.
Ein genaues Betrachten legt noch eine Besonderheit frei, die meine intensive Beziehung zu diesem Land vermuten lässt: Es gibt – neben meiner Heimat – kein anderes Land, das in bisher jeder meiner Ausstellungen vertreten war. Heute weiß ich, dass es die Vielfalt ist, der das Land Ecuador – eher zurückhaltend, aber nicht minder überzeugt – ein Zuhause bietet, die mich ergriffen hat. Mit all den Blüten dieses Abwechslungsreichtums hat sich dieses Land in jede meiner Soloshows und auch in jede Gruppenausstellung, an der ich mich bisher beteiligen durfte, eingeschlichen. Und so ist es für mich nicht nur eine große Ehre, sondern fast folgerichtig, dass die erste Botschaft, die mich zu einer Ausstellung eingeladen hat, die Ecuadorianische ist.

Inwiefern unterscheidet sich Ihre Sicht auf die Welt als Fotografin von der der übrigen Menschen?
Vermutlich treffen bei mir Sehnsüchte auf Eigenschaften, die nicht alle Menschen in dieser Zusammensetzung und Ausprägung haben, und vermutlich auch nicht haben wollen. Das genaue Hinsehen, entsprungen dem Wunsch des Findens, ist zu einem unaufhaltsamen Aufspüren von Winzigkeiten, von Unerwartetem, von Leisem, von Verstecktem, von offensichtlich Übersehenem, manchmal (zu) Vordergründigem geworden. Und das machen ja nicht nur die Augen; es braucht eine gewisse Durchlässigkeit, eine Offenporigkeit, um die Details oder Zustände als solche wahrzunehmen und die in ihnen wohnenden Sehenswürdigkeiten zu erkennen. Das Fotografieren selbst folgt dem Wunsch, das Identifizierte mit Kraft auszustatten, zu dokumentieren und damit für andere zugänglich zu machen.
Die Vergänglichkeit ist eines der Themen, die Sie interessieren. Woher kommt dieses Interesse?
Das Loslassen fällt mir schwer, ich empfinde es als eine der großen Herausforderungen meines Lebens. Und das Vergängliche nimmt mir die Chance, es bei mir zu behalten. So versuche ich, das Gute, das mir begegnet, besonders dann, wenn es vergänglich erscheint, zum Bleiben zu überreden. Außerdem versuche ich, dem Vergänglichen etwas abzugewinnen – solange es etwas umgarnt, das ich loswerden möchte.

Wer sind Ihre Vorbilder in der Welt der Fotografie?
Ich bin ein kompromissloser Fan von Martine Frank, deren Arbeiten mit Aufrichtigkeit und Ernsthaftigkeit aus dem von ihr als Mensch bevorzugten Aufenthaltsort, dem Hintergrund, immer wieder heraussprangen. Die ihr zugeschriebene Haltung bietet mir einiges an Identifikationspotenzial und Heimat, und die Themen, die sie umtrieben, kann ich sehr gut nachempfinden.
Außerdem fällt mir Susan Sontag ein – für mich eine feste Größe im Kosmos der Fotografie, wenngleich sie ihre Beobachtungen eher textlich teilte.
Was halten Sie von Helmut Newton?
Sein Werk hat ohne Frage einen festen Platz in der Welt der Fotografie. Meine Art des Arbeitens hat mit seiner vermutlich nichts gemein.
Der Text auf Ihrer Website ist sehr poetisch, fast schon rätselhaft. Gibt es einen Zusammenhang zwischen Ihrer Fotografie und der Poesie?
Es freut mich sehr, wenn Sie das so empfinden. Der Poesie schreibt man sowohl künstlerische als auch emotionale Qualitäten zu. Wenn es mir über beide (Um-)Wege der Ansprache, Fotografie und Text, gelänge, Fragen und Gefühle aufzuwerfen, wäre ich doppelt erfüllt.

Wie würden Sie Ihre fotografische Sprache beschreiben?
Es ist in jedem Fall eine Sprache, die die Geschichte der Ästhetik vorzieht. Ich liebe das Alltägliche, darin das Zufällige, das Unplanbare, Brüche – eine niemals versiegende Quelle für Narrative. Mir ist es wichtig, dass keine meiner Ausdrucksformen als Vorgabe verstanden wird, als etwas Festes oder gar Zwingendes; auch auf der bildlichen Ebene sind es eher die leisen, zaghaften Töne, die ich protegieren und nach vorne schieben möchte. Das sich Zeigende darf sich rätselhaft anfühlen. Ich wünsche mir, dass es als ein Angebot zum Annähern an etwas Unbekanntes und zum Verweilen im vermeintlich Eigenen wahrgenommen wird. Jeder entschlüsselt für sich allein.
Wie verwenden Sie Schwarz-Weiß und wie verwenden Sie Farbe in Ihrer Fotografie?
Ehrlich gesagt, entscheidet immer das Licht am Morgen. Wenn ich das Haus verlasse, liegt der Entschluss über Farbe oder Monochrome und auch über das Objektiv des Tages hinter mir. Nur in sich wechselhaft anschickenden Zwischenzeiten habe ich beide Kameras dabei.

Welche Bedeutung hat die Komposition? Und der architektonische Rahmen?
In meinem beruflichen Vorleben und auch heute noch, wenn ich die Aufgabe der Kuratorin übernehme, steht die Ausgestaltung eines Raumes im Vordergrund. Dabei definiere ich meist einen inhaltlichen sowie architektonischen Rahmen als Fragestellung oder Ausgangspunkte für Komposition und Dramaturgie… Das ist in meinem Empfinden ein mehrdimensionales Herangehen, etwas Prozessuales, Vielschichtiges, fast schon eine strategische Arbeit. Die Gruppenausstellung ‚In Liebe, die Leere‘, an der KünstlerInnen wie Alicja Kwade und Gehard Demetz beteiligt waren, widmete ich dem Prozess des Komponierens. Bei der Auswahl meiner Bilder für diese Ausstellung wurde mir bewusst, wie sehr ich beim Fotografieren selbst davon abhängig bin, was ich vorfinde. Wie ich auf das Vorherrschende, das sich auf verschiedenen Ebenen existierende Gefüge – sei es natürlich, städtisch, sozial, kulturell – zeigt, anspringe. Und wie sehr dieses Anspringen vom eigenen Sättigungsgrad beeinflusst wird.
Mein Zutun, also das aktive Komponieren, beschränkt sich hier auf die Entscheidungen, wie viel und auf welche Art die konzeptuelle Einbettung stattfinden soll. Braucht es die Betonung der Einbettung? Oder eben nicht? Drängt sie sich auf oder ist gar ihre Abwesenheit das Reizvolle, das alles Entscheidende?
Ein späteres Eingreifen in die gefundene Komposition erlaube ich mir ab und an, in dem ich mich dazu entscheide, nur Bildausschnitte zu zeigen.

Wie verwenden Sie das Licht?
Ich nutze ausschließlich das gegebene Licht. Für mich sind das Fehlen von Licht, eine wohlig warme Zone, fröstelnde Kälte und auch die Überzeichnungen wichtige Bestandteile der Komposition; es ist – neben der inhaltlichen Ebene – entscheidend für die Auswahl eines Motives. In meiner Wahrnehmung ist es eben genau dieses Licht, das eine Geschichte stützt und treibt, Vertiefendes anbietet. Seine Abwesenheit absorbiert Vertrautes und lässt manchmal Vergnügliches gänzlich verschwinden.
Welche technischen Mittel bevorzugen Sie?
Die einzige Technik, die ich nutze, sind meine beiden Leica M und ein inzwischen breites Spektrum an Objektiven. Die unfassbar lichtstarken Noctilux Objektive liebe ich über alles, besonders ihre offenen Blenden, sie erschließen mir auch dunkelste Szenen. Die Unmittelbarkeit gehört für mich zwingend dazu. Die Arbeit mit einem Stativ empfinde ich daher als einschränkend. Alles in allem klingt es nach kleinem Besteck, das in seiner Zusammensetzung für mich allerdings zu einer festen, ja unverzichtbaren, Begleitung geworden ist. Auf meiner letzten großen Reise durch Südafrika Anfang dieses Jahres verließ mich meine 14 Jahre alte Monochrome. Eine Reparatur vor Ort war laut Händler und Servicewerkstatt unmöglich. Und obwohl ich die Farbige M auch bei mir hatte, fehlte mir dieses Gerät so sehr, dass ich Leica in Wetzlar um Unterstützung gebeten habe. Keine 48 Stunden später hatte ich eine neue Monochrome. Seither sind wir Freunde und täglich dabei, unsere Freundschaft zu vertiefen.

Ist Berlin eine fotogene Stadt? Und die Menschen, die in der Stadt leben?
Meiner Art des Fotografierens liegt die Idee der Akzeptanz des Vorgefundenen zugrunde. Ich verstehe das Lebendige und die Folgen des Lebendigseins als vielfältige Quelle für mein Tun. Hier in Berlin sehe ich das, was Bewohner und Besucher – am liebsten eigensinnig und instinktiv – zutage bringen, als Ausgangspunkt – und von diesen gibt es in einer Metropole unzählige. Um es noch mal klar zu sagen, es ist nicht die große Bühne, das Glamouröse, das Exaltierte einer Stadt, das mich packt. Es sind die winzigen Unvorhersehbarkeiten, die sich im Alltäglichen heimisch fühlen, die ich beobachten möchte.
Unsere Welt ist eher eine Welt der Bilder als der reflektierenden Texte. Glauben Sie, dass die Fotografie in unserer Welt eine ethische Funktion haben kann?
Bevor ich die Frage beantworte, möchte ich klarstellen, dass ich Fotografie als Abbild einer sich darbietenden Realität verstehe. In diesem herkömmlichen Sinne behalten ‚echte’ Fotografien ihre unumstößliche Bedeutung als Dokumente der Zeitgeschichte und bieten so Hilfe zur Einordnung von Geschehenem. Mit ihrer Öffentlichmachung geht eine enorme Verantwortung einher. Das Gezeigte verfügt über ein manipulatives Potenzial, das Nichtzeigen ebenso.
Die größte Herausforderung in der aktuellen Bilderwelt ist natürlich die Identifizierung des Fotos in Abgrenzung zu anderweitig generierten Darstellungen von vermeintlichen Lebenswirklichkeiten und bewussten Fälschungen. Bilder und auch alle anderen medialen Inhalte, bei denen die Intention ebenso wenig bekannt ist, wie ihre Entstehungsgeschichte, können keine belastbare Reflektionsflächen oder gar Hilfestellungen bei der so wichtigen Wertevermittlung sein. Ganz im Gegenteil, sie transportieren eine Fehlinformation und schicken uns auf die falsche Fährte. Wie soll uns etwas Orientierung geben, von dem wir nicht wissen, was ihm zu Grunde liegt, ob ein Mensch oder eine Maschine es erschaffen hat, ob es durch Filter gelaufen oder in welcher Blase es beheimatet ist?
Im Gegensatz dazu kann eine Fotografie, dessen Herkunft mit Sicherheit bestimmt, dessen Kontext eingeordnet und einer vertrauenswürdigen Quelle zugeordnet werden kann, weiterhin als moralisch verlässliche Instanz Wirkung entfalten. Mehr noch, mit einer transparenten, nachvollziehbaren Provenienz können Fotografien uns eine Sicherheit geben, die wir aktuell vielerorts vermissen müssen. Das, was sie dokumentieren, ist noch immer das, was uns ausmacht, was uns spaltet und bedroht, was uns fühlen lässt.
Wie wird sich künstliche Intelligenz von nun an auf die Arbeit von Fotografinnen und Fotografen auswirken?
Meinem Empfinden nach sorgt die KI, ihr Einsatz und vor allem ihre Verselbstständigung, besonders auf der bildlichen Ebene für große Verunsicherung über das, was von dem Dargebotenen tatsächlich existiert und was nur für die Darbietung selbst generiert wurde. Ich gehe fest davon aus, dass das Bedürfnis nach Wahrhaftigkeit, nach Sicherheit über Zugehörigkeit und Abgrenzung in unserer auseinanderfallenden Welt weiter zunehmen wird. Dies könnte schon bald zu einer gesamtgesellschaftlich um sich greifenden Bedürftigkeit führen, und so könnte der Wunsch nach Belastbarem (wieder) mehr zum vorrangigen Treiber für die Arbeit mit Fotografie werden.

Ein Satz, der Ihre Ausstellung in der Botschaft von Ecuador zusammenfasst:
Mit dem Wissen, dass Fotografien nicht unmittelbar etwas heilen können, wünsche ich mir, dass sie ihre – in der Erinnerung verorteten – Kraft entfalten, wirken, nachwirken, wappnen und zu einer Wolldecke, einem Licht und ein Geländer werden.

