Abismos de Zoí

Una reseña de Iñaki Tarrés con tres poemas de la autora

Si es verdad, como dicen algunos neurocientíficos, que pensamos con todo el cuerpo y que las funciones superiores del pensamiento no están localizadas exclusivamente en el cerebro, sino que la masa neuronal se distribuye por todo el cuerpo, en especial en algunos órganos además del localizado dentro del craneo, ¿en qué otro lugar del cuerpo se localizan nuestros idiomas? Es difícil encontrar hoy en día a alguien que tenga solo un idioma, y sobre todo los expatriados dejamos convivir en nuestro cuerpo distintos lenguajes en distinto estado de desarrollo, a veces interactuando entre ellos de manera no amigable; otras veces, ya han logrado llegar a un acuerdo de convivencia pacífica.

Y si el idioma es la identidad, y si la identidad está en conflicto, ¿cómo conviven en Zoí esos dos idiomas, esas dos identidades que suponen la base de su forma de entender el mundo? Ella es mexicana y alemana, o alemana y mexicana. Desde el principio de su ser en la poesía eligió el español como signo de identidad poética, hasta el punto de serle difícil traducir ella misma al alemán su poesía (en realidad es algo que se cumple en muchos poetas bilingües, necesitados de recurrir a traductores externos aún cuando son perfectamente capaces en ambos). De Zoí interesa su poesía sobre todo por ese espacio intermedio en el que existe, como persona y como poeta. Este libro responde a un primer impulso creativo y a una experiencia dolorosa concreta, y no deja duda de que promete un desarrollo más que interesante.

Zoí nació en Alemania en una familia netamente alemana con una débil querencia por su país de origen que a los cuatro años del nacimiento de Zoí se trasladó a México. A los ocho años vivía ya en Playa del Carmen. Luego, a los 16, regresó a Alemania a estudiar, lo que le produjo un desenraizamiento, como ella dice, que es tema explícito en su poesía. ¿Uno de los motivos? Estaba cansada del miedo. Veía cómo, a pesar de vivir en un entorno rural, las luchas de bandas acabarían afectándole como a cualquier habitante de una gran ciudad mexicana. Una beca y una abuela, le permitieron venir a Berlín, donde vive ahora después de una breve estancia Vitoria, capital del País Vasco. Durante esa estancia justamente se publicó el libro que aquí nos ocupa. ¿Por qué Berlín? Como ella dice, tenía hambre de cultura.

Abismos (editorial Abrazos, 2024) tiene tres partes y un epílogo que lleva el título de !!!! Trigger Warning. Se fraguó a partir de un grupo de 36 poemas de los que quedaron 28. No existió previamente una idea de libro, es más un agrupamiento de poemas que fueron pasando una serie de filtros: los suyos y los de amigos y profesores que los leyeron, recompensados en el apartado de agradecimientos. La idea era más que nada dar una muestra de cómo es su poesía, y de paso ha dado una muestra de cómo es ella como poeta y como mujer, y de las decisiones que ha tomado en su vida para llegar a serlo. En primer lugar, la del idioma. En segundo lugar, las partes del libro, que dejan para el final un relato en clave poética que explica el dolor que subyace en algunos poemas anteriores. 

La primera parte se llama Poemas de este mundo. Se trata de un mundo inseguro en el que ella sobrevive, a veces como migrante, a veces con nostalgia de una seguridad perdida. Hay algunos poemas más impersonales y trufados de ironía que tratan la lucha de poderes del mundo -la hegemonía del gringo, el poder del dinero, la sinrazón de la lógica política, la falsedad del discurso oficial-, alguno ambientado en la época de la pandemia. Poemas en los que la persona se define en su soledad. Frente a esos poemas, hay otros más intimistas donde se despliega la experiencia enajenada del cuerpo, que se desarrollará más adelante. Son poemas de verso corto encadenado, con repeticiones que dan un tono de letanía al poema, sin argumentación, descriptivos, aparentemente objetivos. Destaca el primer poema, Agave – casi un soneto, el más mexicano quizá, que en realidad es un poema sobre su ser migrante. Hay un plantearse las formas poéticas que podría dar más de si.

La segunda parte se llama Poemas de de[s]amor. Son poemas para el desahogo, para el desengaño, para el resentimiento incluso. Poemas sobre la incomunicación con el tú. El espacio, en concreto la casa, sustituye al cuerpo como experiencia, y una gotera es metáfora del poso de esa experiencia que debe ser eliminado. La limpieza de la casa es equivalente a la limpieza del alma.

La tercera parte, desde mi punto de vista, es la más interesante, porque explora posibilidades que han de materializarse en futuros poemas. Se llama, de hecho, Poemas que ni yo entiendo. Hay algo de surrealismo, de escritura automática, de gramática desconectada. La poeta se interna en la confusión que el propio cuerpo anticipaba en poemas previos, y que ahora enfrenta cara a cara.  Es un cuerpo que no se reconoce como propio. Sabremos muy al final del libro de dónde viene una enajenación en la que ya apunta la nueva mujer. La noche es tránsito más que lugar del horror, la tierra y el paisaje a veces son espacio de huida porque el nuevo nacimiento es irremediable. Son temas muy íntimos, muy personales, que Zoí consigue poetizar con valentía. Los poemas se hacen certeros. El título del libro cobra total sentido en esta parte.

La fotografía de portada es de Valeriya Sidorenko, y el diseño es de la propia Zoí K.

Ofrecemos aquí una breve muestra, con la voz de la autora para disfrutarlos mejor.


DEL TIEMPO Y OTROS ESPEJOS

Miro atrás:
nada
me detiene ahí
no hay amor
cuyos brazos resienta
no me estén sujetando
no hay hogar
que anhele
me guarezca
no hay infancia
que requiera
revivir, no hay infancia
no extraño ni
los dedos de mi madre recorriéndome el pelo
porque los he olvidado.
Miro al frente y
solo hay niebla
de deseos informulados
aspiraciones inconcretas
incompletas
presuntos amores
de brazos inventados,
no cazo hogar
me basta esta silla
me aterra la vejez y
a mi madre
sigo sin recordarla.
Miro al frente:
nada
me llama
(solo el abismo,
me niego a saltar)
Miro aquí
a mis zapatos que caminan
al perro que trota a mi lado
Miro mi mano
inerte
de la que nace el humo
la cierro en puño
la niebla parece
desvanecerse:
mis zapatos aún caminan
Miro
(me obligo a alzar la vista)
al espejo
cuando busco amor
al espejo
cuando busco hogar y
al espejo
cuando busco una madre.

AGAVE – CASI UN SONETO

Agave,
acá no creces
acá el maíz es petróleo y
la luna no tiene conejo

las temperaturas
bajan y asciende
la nostalgia
acá hasta el sol es huraño

Agave, tenme paciencia
algún día las calles serán seguras
y yo volveré a casa.

MI CASA, SU CASA

¿Te reprocharon algo las paredes
cuando te vieron cruzando el umbral,
bajo el brazo otra mujer
que no era yo
que de esas paredes hice mi casa
yo que las pinté
que colgué los cuadros que no has descolgado?

¿protestaron mis sábanas?

¿qué te dijo mi colchón,
testigo de tantas promesas eternas
cuando lo meciste al ritmo de otra mujer?

¿se marchitó el lienzo
que alguna vez pinté
me rogaste te dejara?

¿se miró la extraña en mi pobre espejo?
viejo cómplice
ahora
espectador

¿forzaste a mis cortinas
a esconder el retrato mío
que sé que sigue en tu ventana,
o lo confrontaste sin piedad
a la nueva realidad
a la que ha de acostumbrarse?

¿se sentó la extraña en mi silla?
¿comió de algún plato mío?

¿Barrerá algún día
con mi exescoba
los tristes restos de mi presencia?

El libro Absimos de Zoí K., se puede adquirir en la librería Bartleby & Co.

Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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