Elvira Lindo en Berlín

La autora española se presentó en el Instituto Cervantes de Berlín para charlar de su obra más reciente. Ofrecemos aquí algunas notas de su obra, y un fragmento de esa charla.

Elvira Lindo es escritora, guionista de radio y televisión, actriz, ganadora de varios premios de literatura infantil y juvenil, y dirige un programa de radio en la emisora SER. Es viajante incansable con un pasado nómada que le ha llevado desde su Cádiz natal hasta Madrid pasando por Málaga, Tarragona, Alicante y Mallorca. Vivió también en Nueva York. Nació en 1962 y está casada con otro escritor. Muchos la conocen en Alemania como creadora de un personaje infantil que se hizo muy popular y que pertenece con pleno derecho a la actual literatura juvenil española, protagonista de una serie de novelas llenas de humor, ironía y desparpajo que reflejan un momento muy específico de la historia de España, el Madrid de los años noventa. Pero no vamos a hablar de eso.


A corazón abierto (2020) y En la boca del lobo (2023), ambos en Seix Barral, son sus libros más recientes.

Elvira Lindo empezó a escribir cuentos con nueve años. Relata que para ella escribir era un juego, y sigue siéndolo, porque no quiere que pase aquella sensación que tenía en su infancia cuando escribía en el cuarto de atrás de la casa. Solía leer Mujercitas, y cuando descubrió que detrás había un autor, decidió que ella quería hacer lo mismo. Pertenece a una familia muy extensa en la que las tías contaban muchos cuentos, esa tradición oral está muy presente en su escritura, y reaparece en la última de sus novelas junto a otros aspectos más inquietantes de su infancia.

Uno de sus escritores de referencia es Benito Pérez Galdós, un autor muy progresista para su época que entendió la vida de las mujeres de su momento, quienes son, quizá, lo más importante de su narrativa, y Elvira destaca aquí a Fortunata y Jacinta. Chéjov le enseñó que su fraseado corto y su impresión de que la prosa con muchos adjetivos era amanerada, no era ninguna merma. Dice que escribe así porque viene de escribir guiones de la radio. Chéjov le reconcilió con una manera clara de escribir. Alice Munro, por su parte, le permitió reconciliarse con la idea de madre que tiene de sí misma. Pensaba que podía ser una madre desastrosa, pero entendió gracias a la autora canadiense que el hecho de tener hijos no te retira de otras pasiones que están en ti, la pasión sexual, la vocación, la ambición. No solo se es madre. Verlo escrito en Alice Munro fue una inspiración.

En la boca del lobo (2023)

La historia de la infancia despierta voces en la penumbra. Elvira se pregunta qué pasa con el trauma infantil cuando pasan los años y te haces adulta. La novela partió de su conversación con dos mujeres que le contaron cómo consiguieron convivir con el trauma. Luego hubo un viaje a un lugar llamado El rincón de Ademuz, la tierra de su madre, un lugar peculiar de gran biodiversidad y con costumbres peculiares, más bien una comarca. Un atardecer de agosto subió hasta Sesga, una de las aldeas más altas. Le fascinó. Entonces tuvo la idea: una visita de una chica de once años a ese sitio va a suponer su despertar. Lleva un secreto que no sabe expresar, el bosque la acoge, no es amenazante como en los cuentos clásicos. El bosque la escucha.

Esta anécdota recuerda la novela de otra mujer que se inscribe en lo que se ha venido llamando en España la nueva narrativa rural: Canto yo y la montaña baila, de Irene Solà. No es posible incluir a Elvira Lindo en esta tendencia, pues ella misma se declara una escritora urbana, y describe a la ciudad como el entorno más natural de sus historias. La autora rememora que cuando llegó a Madrid, a Moratalaz, procedente de Mallorca, llegó a una ciudad con mucha libertad, con muchos niños, casi todos de fuera de Madrid. Era entonces un barrio periférico pero lleno de dinamismo social y de vitalidad. Eran los años 70, años del despertar a las libertades después de la muerte de Franco, al reclamo y la expresión pública de las libertades. Un barrio de una ciudad como Madrid en ese momento era un sitio para aprender. Para ella, la literatura tiene una base urbana, tiene que ver con el sueño de estar en el centro, que es ahí donde se lleva a cabo la educación vital.

Sin embargo, no podemos dejar de vincular su última novela a la estela de novelas que narran historias de familias vinculadas al mundo rural. En la anterior novela, A corazón abierto, ya había tratado el tema de la familia a través de un texto de, prácticamente, autoficción, pues se trata de la novelización de la vida de sus padres, en especial de su padre, ya que la madre murió en la temprana adolescencia de la escritora. Esta novela no solo transcurre en el ámbito rural, sino que hay un detalle central que la vincula con la de Irene Solà: la presencia de las sabinas. Son árboles muy abundantes en esa zona de la provincia de Teruel, son árboles supercentenarios. La autora lo vivió de niña. Al lado de la aldea hay un bosque de sabinas, y es el nombre que, de hecho, recibe la aldea de ficción: Sabina. Elvira Lindo se plantea en este punto cómo transferir la naturaleza vivida en la infancia, al texto narrativo. Se sirvió para ello de la ayuda de un profesor de ciencias, lo que le permitió también tratar un aspecto muy querido por ella: la de la enseñanza. Gracias al profesor, comprendió más el paisaje, un paisaje que estaba a en su memoria emocional, pero que tenía que entender.

Hay un momento de oscuridad en la historia. Es un momento de inversión porque es la madre la que se acurruca junto a la niña. Es una madre que no ha querido serlo, ha sido una persona poco protegida, solo sabe pensar en sí misma. Elvira explica que este tipo de personas creen que transmitirán su trauma a sus descendencia, pero la novela rompe la maldición de esta suciedad de la que creen que no pueden desprenderse. Son personas en las que se da una disociación, no saben qué les pasa, pero la mente juega a su favor y se marcha hacia otro sitio para protegerse del peligro.

El personaje de Julieta, la protagonista, logra construir otro nexo que no viene de la sangre sino de la interacción entre las mujeres. En los cuentos tradicionales los niños se encuentran con animales que encarnan a personas amenazantes, como los lobos. Julieta se encontrara con una mujer que representa esa amenaza porque es una mujer libre. De hecho, no todos los personajes viven en el mismo tiempo. Se trata de una mujer que llega al pueblo para dar clase en el instituto, que tiene ideas avanzadas, que provoca un choque entre lo que lleva Julieta en la cabeza, una niña traumatizada de pensamiento rígido, y lo que se encuentra. Esa mujer libre le quita el miedo, le cuenta lo que le ha pasado por ser una mujer que no ha tenido en cuenta los protocolos sociales, pero la niña no sabe de dónde sale, la ve como algo amenazante, la desconcierta. Al lector al principio también. A fin de cuentas, dice la autora, es una novela de misterio, de suspense psicológico. El lector, cuando acaba, debe volver al principio para entender las claves que se dan en las primeras páginas.

Según Elvira Lindo, vemos la maternidad como algo idílico, pero no lo es en la novela. También en Corazón abierto, la abuela es un personaje negativo. Hay personas que no sienten empatía hacia los demás, no saben amparar a sus cachorros, provocan desastres para toda la vida en sus hijos: “Tanto la abuela mala de Corazón abierto, que existió, a la que tenía miedo, como esta madre, inventada, joven y bella pero que no sabe cuidarse de sí misma”, representan ese tipo de personas temerarias de destino fatal que se lanzan hacia lo peor. “He conocido personas así.”

De todos estos tema habló Elvira Lindo en el Instituto Cervantes de Berlín el 28 de enero. La moderación corrió a cargo de la traductora Friederike von Criegern. La librería y espacio cultural Andenbuch estuvo presente con una mesa de libros de la autora española.

La escritora Elvira Lindo junto a la moderadora Frederike von Criegern.

Reportaje fotográfico completo en Facebook.

Mujeres en el espacio editorial español

En la literatura española actual es destacable la presencia de mujeres, y en especial de narradoras. Me refiero no solo a autoras, sino también a las que ocupan posiciones destacables dentro de la industria cultural y editorial, así como en el ámbito educativo de las Universidades, escuelas de literatura y talleres, ya sea de poesía, de narrativa o de teatro. En el ámbito de la distribución, de hecho, debemos lamentar la reciente desaparición de Ana Rodrigo Ghiozzi, que si bien no estaba integrada en el mundo literario, fue responsable de 25 revistas de papel en España, Italia y Portugal, y 17 webs de distintas áreas, dentro del grupo RBA Revistas. Otros destacados ejemplos son el de Pilar Reyes, directora editorial de Penguin Random House, junto a Planeta, uno de los dos grupos editoriales más importantes del país; la escritora y agente literaria Anna Soler-Pont, fundadora de Pontas Agency; Elena Ramírez, directora editorial de Seis Barral; Nuria Tey, directora editorial de Penguin Random House; Sandra Ollo, quien desde 2014 dirige dos editoriales con mucha proyección y excelentes traducciones, la editorial Acantilado y Quaderns Crema; Valeria Bergalli, editora argentina establecida en Catalunya después de pasar por Italia y Alemania, y fundadora de la editorial Minúscula; Luna Miguel, poeta, periodista, editora y escritora de narrativa, ensayo y literatura infantil; Ofelia Grande, Consejera Delegada y Directora General de Ediciones Siruela y profesora del Master de gestión cultural de la Universidad Carlos III;  Silvia Sessé, editora y directora editorial española, desde 2017 dirige la editorial Anagrama. Hay mujeres igualmente al frente de otras editoriales independientes como Pepitas de Calabaza. Todas siguen, de alguna manera, la estela de pioneras como Esther Tusquets y Beatriz de Moura. La presencia mayoritaria de las mujeres en el mundo editorial se extiende incluso a Alemania, donde dos de las tres librerías de textos en español están dirigidas por mujeres, Ana Pareja y Teresa Cosci, y la más reciente editorial en español creada en la ciudad ha sido obra de la editora de esta misma revista, Claudia Baricco. De la misma manera, Ángela Baron es librera en Bonn. El Instituto Iberoamericano de Berlín está dirigido por Barbara Göbel, y al frente de las bibliotecas de los centros del Instituto Cervantes en Alemania hay mujeres: Ana Roca Gadea, recientemente incorporada a la del centro en Berlín; Cristina Barón Martín, activa bibliotecaria y cuentera, antes en Berlín y ahora en Bremen;  María Toribio Aguirre, en Frankfurt; y Leila del Prado como ayudante de biblioteca en Hamburgo. En este contexto, el año pasado tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Berlín la presentación del proyecto Women’s Legacy que busca rescatar autoras españolas a través de una documentación fiel a su legado. Las mujeres leen más y escriben más, y son de hecho mayoría en el mundo editorial: editoras, traductoras, correctoras, maquetadoras, libreras, bibliotecarias…

Friederike von Criegen y Teresa Cosci.

Las escritoras, en España son, de la misma manera, un nutrido y activo grupo. Como es lógico, pertenecen a generaciones diferentes, siguen tendencias diversas, y cubren tanto la poesía, la narrativa, como el teatro. De una generación anterior a Elvira Lindo son Maruja Torres, Rosa Montero, Alicia Giménez Bartlett, Julia Navarro, Clara Sánchez, Elia Barceló o Almudena Grandes. De su mismo grupo de edad son Matilde Asensi, María Dueñas, Marta Sanz, Dolores Redondo, Iolanda Batallé y Eva García Saenz. Hay un grupo de escritoras algo más jóvenes como Edurne Portela, Sara Mesa, autora de La familia y de Un amor, llevada recientemente al cine; Eva Cruz, Veinte años de sol; Paula Farias, Piel de Deriva; Alejandra Parejo, Una madre; Eva Baltasar, Tres cuerpos salvajes; Marta del Riego Anta, Pájaro del noroeste; María Oruña, Lo que la marea esconde; Eva Baltasar, Permafrost; Irene Vallejo, El infinito en un junco; Najat el Hachmi, El lunes nos querrán; Ledicia Costas, Infamia; Paula Bonet, La anguila. Y las más jóvenes: Cristina Morales, Lectura fácil; Elisa Victoria, Porn & Pains; Elena Medel, Las maravillas; Aixa de la Cruz, Cambiar de idea; María Sánchez, Tierra de Mujeres; Luna Miguel, Leer mata; Sara Búho, Fragilidades; Elvira Sastre, Días sin ti; Margaryta Yakovenko, Desencajada; Andrea Abreu, Panza de burro; Andrea Izquierdo, La chica del Zodiaco; Elisa Levi, Por qué lloran las ciudades; Elizabeth Duval, Después de lo trans.

No queremos dejar de mencionar aquí a varias narradoras españolas residentes en Alemania: Izaskun Gracia, Lo que ruge; Irati Elorrieta, Luces de invierno; Macarena Muñoz, Los extranjeros; Elena Marcos, Gato con sombreo.

Biblioteca del Instituto Cervantes de Berlín

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Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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