Justina Leston es una fotógrafa y diseñadora gráfica argentina que desde 2017 vive en Berlín. En 2023 realizó su primer fotolibro Who spies on us? publicado por la editorial argentina Metaninfas, bajo coordinación de las artistas Lorena Fernández y Alejandra Gatti, con el apoyo de la Stiftung Kunstfonds.
En esta entrevista Justina nos cuenta cómo surgió el proyecto fotográfico, cuáles fueron los pasos que la llevaron durante varios años a trabajar en el proyecto del libro y cómo, finalmente, pudo publicarlo.

©Justina Leston
Contanos cómo empezó tu trabajo sobre esta serie fotográfica.
La historia de este libro comienza en el 2016 cuando todavía vivía en Argentina. Al quedar seleccionada para participar en una residencia en Letonia decido aprovechar el viaje y quedarme un tiempo más recorriendo países tan lejanos, no sólo geográficamente sino también culturalmente. Era un viaje a lo desconocido, por países en donde se hablan otros idiomas y se escribe con otro abecedario. Allí me encontré pequeña en ciudades con edificios de extensiones interminables y monumentos gigantescos. La escala de estos lugares no era nada comparado a algo que antes haya visto. Parecía todo un gran decorado de arquitectura color pastel haciendo juego con la vestimentas de sus habitantes. ¿Podía ser acaso todo parte de un gran set? Las personas que allí se encontraban parecían pertenecer a otro tiempo. Lucían unos cabellos perfectos que bien podrían ser pelucas. Se desplazaban por la ciudad con movimientos coreográficos que quedaban suspendidos, como queda suspendida en el aire la pirueta de un bailarín.
Estaba completamente cautivada con estas escenas sin entender realmente qué sucedía. Para descifrarlo, decidí seguir a las personas y ver hacia dónde se dirigían. Un sujeto llamó mi atención en particular y decidí seguirlo más lejos. Esta persona advirtió mi presencia y me encaró preguntando: ¿acaso sos un espía? Le aclaré que no, que solo quería seguirlo. Nunca imaginé que seguirlo implicaría tener que obtener una visa para ingresar a otro país aún más extraño –para mi– y varias aventuras que derivarían en un fotolibro.
¿Seguiste a muchas personas para fotografiarlas o solo a esta? ¿Entablaron un vínculo que les llevó a viajar juntos o juntas?
Si, estuve siguiendo a distintas personas durante todo el viaje. Al encontrarme sola y al no hablar el idioma ni entender los carteles, decidía perderme por la ciudad y, como un juego, elegía a alguna persona que me interesara particularmente y la seguía por un tiempo. Luego con esta otra persona, con la que viajamos juntos, entablamos una amistad que se sostiene hasta el día de hoy.
©Justina Leston
¿Cómo fue el viaje que emprendieron juntos?
Fue accidentado desde el principio. Yo no sabía que necesitaba una visa para entrar a aquel país al que habíamos decidido viajar y me enteré la noche antes de que partiera mi tren. A la mañana siguiente fui de emergencia al consulado a tramitar la visa, pero me dijeron que era imposible obtener una en el mismo día. Expliqué que mi tren partía esa misma noche y que debía tomarlo sí o sí, de lo contrario todos mis planes quedarían truncos. El hombre en el mostrador estaba desesperado porque yo no hablaba su idioma y creo que también porque no podía entender por qué no había pedido la visa con mayor antelación. De todos modos quiso ayudarme y sin hablarme me entregó un papel con una dirección. El lugar era un kiosko, allí una mujer tomó mi foto y luego con alguna herramienta digital alteró la imagen cambiando así mi identidad. En ese momento me di cuenta que este viaje no iba a ser para nada como lo había planeado. Comenzaba una gran aventura. Todavía estaba a tiempo de cambiar de opinión y continuar con el plan original de un viaje estrictamente turístico. Sin embargo, de haberlo hecho hubiera sido ir en contra de mis principios astrológico de gran sagitariana, sabía que si no continuaba me iba a arrepentir toda la vida. Lo que me movía era la adrenalina, el impulso hacia lo desconocido, sentirme parte de una gran película donde el género de la misma quedaba difuso, podría ser tanto de espionaje, suspenso, histórica como romántica.
Como imaginarán…obtuve mi visa y movida por el deseo de continuar con esta aventura, tomé mi tren nocturno.
¿Viajaste sola en este tren? ¿Cómo fue ese viaje hacia lo –aún más– desconocido?
Sí, viajé sola. En mi camarote, si es que puedo llamarlo así ya que no tenía puertas, éramos todas mujeres, todas mucho más mayores que yo, excepto por un hombre unos años más joven. Una de las mujeres me ayudó con mímica a preparar mi cama, ya que yo lo estaba haciendo todo mal. La noche fue muy tranquila, mantuve una conversación muy interesante con el chico que estaba ahí porque era el único que hablaba inglés. Comprendí entonces que hacia dónde me dirigía no era una ciudad que estuviese en paz. Todavía se sentía el peso de la historia, de los conflictos no resueltos, de las diferencias que difícilmente iban a ser saldadas.
Al bajarme del tren y caminar unos metros supe que ya no me encontraba en una ciudad como las que habría visitado anteriormente en mi vida. Allí se manejaba otro código. No era solo la diferencia de idiomas, era algo más. Existía una especie de orden y control al cual no estaba acostumbrada y que me es difícil de explicar, era algo más bien que podía sentir. En el hotel se encontraba la persona que me había arrastrado hasta ahí. Allí nos pidieron los pasaportes y chequearon mi visa. El empleado del hotel nos dio un papel con una contraseña para usar internet que sólo iba a estar activa durante 10 minutos y que sólo se podía utilizar en un único dispositivo. En aquel momento yo aún no me había dado cuenta de que todo esto era un mecanismo de control: para controlar qué hacíamos en internet y para controlar nuestras identidades. Todas las comunicaciones estaban bajo control.
Esa misma noche, la policía llamaría a la puerta de nuestra habitación. Yo seguía sin entender por qué. ¿Qué habíamos hecho? ¿Por qué se llevaban a la persona que viajaba conmigo? Vi que lo metían en un patrullero. Pedí un taxi y con la ayuda de un traductor le dije al taxista que me llevara a la Estación Central de Policía. Allí lo interrogaron durante horas, hasta que decidieron deportarlo. Ese fue el final de nuestro viaje.

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Pero se iniciaba otra aventura: la del libro. ¿Empezaste a trabajar inmediatamente en él?
Sí, ni bien llegué a Argentina empecé a trabajar sobre el proyecto. En ese momento participaba del taller de Lorena Fernández y fue ella quien me comentó que en dos semanas cerraba la convocatoria para participar con maquetas de libros en el concurso de fotolibros de FELIFA (Feria de Libros de Fotografía de Autor, una feria/festival fotográfico que se realiza en Buenos Aires desde hace muchos años) organizado por Turma. Entonces me puse a trabajar en aquella primera maqueta. Me preguntaba cómo podía contar esta historia, qué tan literal o qué tan misteriosa debía ser. Lo que tenía en claro es que no quería ser solemne, por más que las cosas que habían sucedido sí eran del orden de lo serio.
Aquella primera maqueta quedó preseleccionada en el FELIFA y también en el Concurso de maquetas de fotolibros del CdF (Centro de Fotografía de Montevideo). Sin embargo, esa primera versión del libro tenía problemas o cosas que no funcionaban del todo, así que decidí seguir trabajando. Pasaron los años, y así las maquetas. Más o menos juguetonas, con más o menos presencia de personas, más o menos autorreferencial. En un punto pensé que nunca encontraría la forma de poder contar la historia de lo que fue aquel primer viaje. Poco tiempo después me fui a vivir a Berlín y tuve la oportunidad de volver a algunos de esos lugares que había fotografiado y conocer otros más. Seguía acumulando imágenes pero seguía sin encontrar la manera de unirlas en un relato.
¿Cómo fue tu llegada a Berlín? ¿Cómo afectó a la continuación del proyecto?
Me mudé a Berlín pero sin imaginar que me iba a quedar tantos años. Tenía ganas de estar acá unos meses, poder volver a algunos de los lugares que había fotografiado, viajar un poco más, ir a festivales de fotografía y participar de distintos workshops. En esos workshops iba obteniendo distintos feedbacks y aunque muchas veces enriquecían mi trabajo, también me confundían. Así es que el libro fue tomando distintos formatos. Algunos exageradamente grandes donde los espacios cobraban un gran protagonismo, y otros más pequeños donde el blanco del papel tenía un rol importante en la relación entre imágenes. Era cierto que existen mil formas de contar una historia y otro millón de formas de hacer un libro. Esta sensación por momentos me hacía desistir. Habían pasado ya varios años, ¿valía la pena seguir? ¿Acaso el mundo necesitaba otro libro de fotografías?
Años después, en un mercado de pulgas de Berlín, Leon (mi pareja) encontró un bolsito repleto de diapositivas que venían con un papel en donde se listaba de dónde era cada una. Otro dato importante que aparecía en ese papel era la fecha y la ciudad: Moscú 1981. Las diapositivas mostraban a una mujer vistiendo un piloto beige caminando por esta ciudad y siendo fotografiada de espaldas. ¿Acaso alguien había decidido seguirla? ¿Acaso esa persona había sido arrastrada hasta allí movida por el impulso y la adrenalina de la aventura? No podía saberlo, pero ese hallazgo era para mí una gran señal. Debía continuar con el proyecto del libro y contar mi historia. No podía contarla con distancia, debía involucrarme y hacerme cargo de lo que había vivido. Contarlo a mi manera, pero hacerlo. No podía quedarme con las ganas y arrepentirme toda la vida. Es entonces cuando decidí buscar financiamiento, obtuve la beca del Stiftung Kunstfonds y me puse nuevamente a trabajar.

©Justina Leston
¿Qué elementos reúne finalmente el proyecto terminado, además de las fotos que habías tomado en aquel primer viaje?
Aquellas diapositivas se transformaron en parte del relato, pero además decidí hacer fotos en estudio, hice autorretratos con diferentes pelucas para generar un diálogo con los personajes que se encontraban en mis fotografías y en las diapositivas. Luego le siguieron las fotografías de los objetos: las dispositivas en sí mismas, el visualizador, el papel con la lista, mi foto carnet, la peluca… Estas fotos eran ahora las fotografías de un verdadero espía, fotografiando la evidencia, las pistas.
¿La beca del Stiftung Kunstfonds logró que el proyecto tuviera un cierre y fuese finalmente publicado?
Sí, pero además ese mismo año me enteré que estaba embarazada, lo cual significaba que tenía una fecha límite concreta para terminar este proyecto, porque luego comenzaría otro. Necesité un poco más de tiempo y ayuda de un montón de gente. Allí es cuando apareció la posibilidad de publicar con Metaninfas, casa editora.

©Justina Leston
¿Cómo fue el trabajo con Metaninfas? ¿Fue un trabajo completamente hecho a distancia? ¿Qué decisiones nuevas se tomaron? ¿Qué quedó de aquella primera maqueta hecha hace casi 8 años?
Bueno, en realidad yo ya me encontraba nuevamente trabajando la edición con Lorena Fernandez. Durante todo el 2022 en el contexto del taller online (TPA) trabajamos distintas maquetas de libro, y ese mismo año me proponen publicar el libro junto con Metaninfas. A continuación nos ponemos a trabajar más intensamente sabiendo que debíamos tener la mayor cantidad lista antes del nacimiento de Elias. Ahí es cuando la magia de Magdalena Pardo entra en escena, la diseñadora de Metaninfas, y diseñadora de las tapas de Who spies on us? Después de muchas pruebas, llegamos a la conclusión de que las tapas debían desplegarse conformando un gran muro, un muro de colores pasteles. Las pruebas de color y de papeles las íbamos haciendo a distancia. Un amigo alemán, Nico Baumgarten, me ayudó con la parte técnica con la imprenta, ya que para mí era muy complejo hacerlo sola y en otro idioma, además que ya estaba rondando los 8-9 meses de embarazo. Después de muchas idas y vueltas a la imprenta, de construcción de muchas maquetas y horas de reuniones por Zoom, el libro, con mi bebé de 2 meses, entró a imprenta.

Justina Leston, Who spies on us?, editorial Metaninfas
¿Cómo fueron las presentaciones del libro en Buenos Aires y en Berlín? ¿Cómo es su circulación? ¿Dónde y cómo se lo puede conseguir?
En Buenos Aires quisimos realizar una presentación un tanto atípica pero que contara justamente la historia de lo que ocurre en aquel primer viaje. Junto con Metaninfas realizamos una coreografía interpretando los textos que aparecen en el libro. Con pelucas, vestuario y una escenografía mínima de cartones pintados, estuvieron conmigo en escena Camila Carella, Francisco Benvenuti y Lorena Fernandez. Esa experiencia fue para mí muy significativa ya que lo performático está tomando mayor relevancia en mi trabajo. Por este motivo, también quisimos hacer algo especial para la presentación en Bildband Berlín, librería de fotografía. Con Lore pensamos en algo cercano a lo que sería una conferencia performática. En esta oportunidad me acompañó en escena Julieta Pestarino. Juntas fuimos contando la historia de todo el proceso del libro, desde cómo se realizaron las primeras fotografías, por todas las transformaciones que fue pasando el proyecto hasta su materialización ilustrando con fotografías mismas del libro que se fueron pegando en una pared. La idea era simular la investigación de un detective cuando está tratando de descifrar un misterio.
Actualmente el libro se puede conseguir en Argentina, a través de Metaninfas, como también en algunas librerías de Buenos Aires –como Ratita Libros y Potenza Libros– y en Europa se puede comprar en Bildband Berlín o a través de mi página web.
¿A quiénes más debés agradecer en este largo proceso?
Además de todos los ya mencionados, debo sumar a mis amigas Valeria Maniago y Romina Giboudot que me ayudaron con el diseño de los textos y retoque de fotografías, a David Labi que tradujo los textos al inglés, y a los miles de amigxs que me acompañaron y alentaron durante todos estos años a continuar. Ahora, como Elias, el libro cobraba vida, y ya no depende todo de mi, ahora el libro seguirá su camino. Yo ya he hecho mi parte, ahora le toca a él.

Justina Leston (1986)
es una fotógrafa y diseñadora gráfica argentina. Su obra explora los cruces entre lo mundano, lo absurdo y lo arbitrario, haciendo hincapié en el error, el humor y la belleza. Vive y trabaja en Berlín. Web: www.justinaleston.com

Julieta Pestarino es una fotógrafa, curadora e investigadora de Buenos Aires, Argentina. Investiga historia de la fotografía argentina y latinoamericana mientras también trabaja en sus proyectos curatoriales y fotográficos personales. Actualmente vive en Berlín. https://www.julietapestarino.com/
Imagen de portada: ©Justina Leston




