Hatun Phaqcha – Tierra sana (2022) es un documental dirigido por Delia Ackerman que nos trae la maravilla de los superalimentos en ese mundo riquísimo de la biodiversidad que es Perú, pero al mismo tiempo el desafío de reconocerlos y conservarlos ante la amenaza del monocultivo y de la catástrofe climática. Se proyecta en Berlín el 7 de junio en presencia de su directora. Conversamos con ella.
Delia, Hatun phaqcha es un film que parte de una semilla y, como si la lanzara al agua y esta fuera generando ondas concéntricas, el film se va abriendo y va ampliando el registro a otros temas y aspectos concatenados.
A menudo hay un momento, una situación en la que uno dice: Eureka, cuando uno encuentra algo. ¿Cuál fue el momento, la «escena» en la que viste de pronto la película, la que de algún modo fue como el disparador de esta?
La idea de realizar este documental nació de una preocupación persistente por la salud del ser humano y empezó como un juego. Iba a ser un corto sobre mi vecino, el actor Giovanni Ciccia, acompañándolo en un pequeño docu en su proceso de hacer una dieta, con los alimentos, e ir filmando el proceso un poco como el film Super Size Me, aunque aquí iba a ser Super Heal Me. Pero allí fui descubriendo cuántos eran los deliciosos y nutritivos alimentos de nuestro país.
Como primer paso viajé con dos amigos, camarógrafo y sonidista, a Huánuco, en el centro del Perú: al Muru Raymi, cuya traducción literal del quechua es la Fiesta de Semillas. Toda una fiesta de agrobiodiversidad para los productores de tubérculos, raíces, granos y frutos. Asistimos a un ritual con baile y música durante el cual todos rindieron homenaje a la Pachamama, la madre tierra. Allí los agricultores conservacionistas compartieron con la comunidad sus mejores semillas, para que sigan reforzándose la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Es lo que vienen haciendo de generación en generación, es cultura viva.
La biodiversidad es cultura, es la dedicación, la crianza de los campesinos que hacen posible que la biodiversidad exista. Así, bajo un cielo celeste y con esa exuberante riqueza de productos de nuestra tierra, se disparó el proyecto.







©FILFILMS
Y a partir de esa «semilla», ¿cuáles fueron esos círculos concéntricos que se fueron abriendo?
Campesinos, científicos, cocineros, personas con saberes fueron guiándome a tesoros y también a tragedias, a olvidos, a urgencias. El Perú es fuente abundante de plantas y frutos con extraordinarias propiedades en microbiota, están el microbioma, los pre-bióticos y los pro-bióticos. Nuestro patrimonio natural es inmenso.
Fui siendo guiada por círculos infinitos, también alarmada por todo lo que se está perdiendo.
Elegiste abrir y cerrar el film con un relato en registro poético que nos lleva, por un lado, al tiempo del mito –a cuando «el tiempo era un niño que no tenía nombre» – y, por otro, a las alturas.
Es un canto de esperanza, de grito pero de luz, que es como creo que es la vida: poética, dulce y dolorosa; y en el mito está nuestro espejo.
Las montañas son clave para la seguridad alimentaria de la humanidad. Las alturas guardan el conocimiento aún, en comunidades como los Qeros. De los Andes vienen los mitos, el Apu, y están entre los territorios más vulnerables al cambio climático. En las montañas, el cambio climático aumenta los riesgos a los que están expuestas poblaciones y ecosistemas. En los Andes, muchos de ellos están indicados como ecosistemas frágiles.
Contanos un poco sobre el poema y la voz que lo dice.
La voz es de mujer y es la voz de la tierra y de la luna, del sol y del cielo.
Lo hicimos también de alguna forma en equipo. El gran poeta Omar Aramayo, mago de las palabras… Hay un mensaje claro, el de la inconsciencia y el de la sobrevivencia. En el proceso colaboramos Augusto Cabada y yo con Omar, quien escribió este canto poema. Omar es un magnífico escritor y fue un privilegio, sus palabras hablan del corazón que sabe.
La fiebre del oro sigue hoy en día, talando bosques de la Amazonía, contaminando ríos. ¿Pero cuál es el verdadero oro del Perú? ¿Por cuántos ecosistemas te llevó la filmación de esta película? ¿Cómo viviste esas expediciones, quizá aventuras? ¿Qué te sorprendió? ¿Qué te marcó?
El oro es la inconsciencia, la ambición y nos lleva a la desintegración, a la desconexión… Sí, Madre de Dios (departamento del Perú en la Amazonía) está necesitando una madre… Dolor, soledad, hambre, heridas… Rodeada de una naturaleza, hermosa, paradisíaca que se está contaminando más y más. Fueron varios los ecosistemas a los que llegué, los más que pude: el trópico, el desierto de la costa, la altura, el lago…
Filmamos en Caraz, el tarwi, quizás el vegetal con más proteínas que exista, y los habitantes que lo cultivan no pueden consumirlo, no tienen el agua que se requiere para lavarlo. El agua estaba contaminada o sucia. O en Madre de Dios, con la minería ilegal que también contamina los ríos, la vida. Sentir la pobreza, el hambre, las carencias, esa paradoja…
Todo era muy doloroso, pero a la vez de belleza natural y humana. Quería celebrar toda esta riqueza de nuestra tierra, que nos cura y que nos sana. Por eso el título de la película es un poco de denuncia, pero también de celebración.
Ante tanto material que fueron recopilando, ¿cuál fue tu criterio, tu línea guía para la edición?
En el medio de nuestra fascinación por esa riqueza alimentaria nos encontramos una multiplicidad de problemas y situaciones. Y estábamos muy impresionados con el futuro tan incierto. El hilo de la edición fue tratar de mantener todas estas aristas. Además, había que dar espacio a todos los personajes involucrados.
Las temáticas escogidas en la estructura fueron guiándonos a una selección pero igual fue doloroso dejar mucho de lado… el tiempo y el ritmo nos obligaron a ello. Así el film empieza con un lado poético, pero luego va mostrando un tema y este va derivando en otro y otro, abriendo puertas y puertas. Había que testimoniar y mostrar toda eso en torno a todos los temas de la biodiversidad y de la sobrevivencia. Pero entonces también había que acabar de una manera poética y con esperanza. Invitando a la acción.

conservacionistas en Paucartambo, Cusco ©Marco Arango

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Hatun Phaqcha nos vuelve a traer a Berlín reflexiones que hemos compartido en conversaciones con artistas-hacedores peruanos berlineses y que hacen a la decolonización del saber y a la cocina como instrumento de acción casi política.
¿Qué reflexión te inspiran estos temas pensando en las particularidades concretas del Perú? Una y otra vez nos volvemos a sorprender al descubrir que las más avanzadas tecnologías no son un sueño del futuro… ya están en lo ancestral, en las culturas prehispánicas. Y de que en Perú hay más que la tan justamente afamada gastronomía peruana de estrellas Michelin.
Los actores principales en el Perú son los agricultores, son los guardianes de este patrimonio genético y cultural, de las artes culinarias antiguas y de los hábitos alimentarios que son conocimientos ancestrales: las plantas silvestres de sobrevivencia al friaje, o al calor y la sequía, o los superalimentos con enormes posibilidades para la salud.
El boom gastronómico del Perú es también un camino para descubrir estas nutritivas riquezas, atesoradas por siglos en esta tierra. Sus pobladores consumían alimentos con notables propiedades y crearon una cultura alimentaria. Cada vez más estudios científicos comprueban sus grandes beneficios en la salud, coincidiendo así con la sabiduría popular ancestral.
Fascinante pensar que la América ancestral conoce la penicilina desde antes de que en 1928 el escocés Alexander Fleming hiciera el gran descubrimiento de la «droga milagrosa». Imposible pensar el mundo actual sin esa planta silvestre americana creciendo al borde del camino con sus pequeños frutitos rojos, los que se convertirían en los tomates que hoy inundan el planeta como salsa de tomates para pizza o el infaltable kétchup de la fast food.
El tomate, no me imagino un mundo sin él. O sin tomar chicha o comer mazamorra morada, cuyo ingrediente principal es nuestro famoso maíz morado. Cuántos secretos más quedan en estas tierras bendecidas.
Como dice el poema de Omar: “Cada una con su nombre, con su sombra, con su sabor distinto a los demás sabores. Cada semilla, una danza, un color”.

Dionisia Mamani, conservacionista de quinoa, Cabana, Puno ©FILFILMS
¿Hay superalimentos que «no existen» porque no están catalogados en los libros de Europa o EEUU?
Efectivamente, hay plantas silvestres, hojas de alimentos como la mashua o la oka, que también son alimentos, y que dudo que estén en los libros científicos. La sabiduría colectiva ha sabido seleccionar y domesticar 182 cultivos y numerosas variedades en cada especie. Sin embargo, cada vez más se conocen más alimentos y sus propiedades, abundantes alimentos y productos de alto valor energético, nutricional y curativo.
¿Hay superalimentos que conviven con el hambre y la desnutrición? Perú, un país que conoce más de 3000 variedades de papa, otro alimento originario de América, ¿importa papa? ¿Cómo se dan estas contradicciones?
Actualmente existe en el Perú, a pesar de su diversidad de plantas alimenticias, un alto porcentaje de malnutrición y obesidad. La tasa de desnutrición crónica infantil es aproximadamente del 14% a nivel nacional para los menores de 5 años y en zonas rurales llega hasta un tercio de ellos.
Es una cosa de locos… Los tesoros en el Perú son los alimentos, como la quinua, la kiwicha, la cañihua, la maca, el tarwi, el pallar, la oca, la mashua, la aracacha, el olluco, el yacón, el ají, el aguaymanto, el camu-camu, el aguaje, el ungurahui, el acai, el sanky, la pitajaya, la chirimoya, el sauco… En el caso de la papa, con tantos sabores y colores infinitos que no se valoran, que no están en el mercado. Como lo dice Flavio Solorzano en el film: en el Perú estas variedades deberían estar a la venta, a la mano, y así tomar consciencia del legado de años que está en manos de los campesinos, son más de 3.000 variedades. Y los índices de desnutrición que crecen… multiplicándose.
Las cadenas que venden french fries de papa holandesa… ¡No es posible! Aunque cada vez hay más conciencia en los restaurantes y algunos programas se desarrollan en la búsqueda de cambiar esta trágica realidad, esto no parece ser suficiente.


Delia Ackerman ©FILFILMS
Lourdes Huanca, lideresa campesina y presidenta de la Fenmucarinap, nos hablaba en su visita a Berlín de los campesinos como guardianes de la semilla y garantes de la soberanía alimentaria. ¿Dónde ves la esperanza de poder prevenir lo que en Hatun Paqcha se llama «la erosión genética»?
Efectivamente, corremos el riesgo de perder nuestra identidad alimenticia a pesar de contar con estos productos privilegiados. El propósito de este documental es de dar a conocer la riqueza y variedad de recursos para la alimentación y también infundir la continuidad de su uso en todos los sectores del Perú. El documental tiene como objetivo promover la preservación, el cultivo y las mejores formas de consumo de estos superalimentos de la rica biodiversidad del Perú. La recuperación de los conocimientos sobre el poder de estos alimentos y su preservación podrá ayudar a combatir los altos niveles de desnutrición en el Perú y en todo el mundo. ¿Cómo? Es una pregunta que todos debemos resolver juntos.
En el título del film está la clave que es principio y fin. ¿Cuál es el significado de esta expresión quechua?
HATUN quiere decir grande y PHAQCHA cascada o ojo de agua. Es pues de donde nace la vida… necesaria para una TIERRA SANA.
Durante siglos nos hemos preocupado por tener una mens sana in corpore sano –una mente sana en un cuerpo sano–. Ha llegado el momento de darle la debida importancia a tener un corpus sanum in sanus solo –un cuerpo sano en una tierra sana–. En este documental escucharemos las voces de aquellos que conocen y practican esta relación de respeto e intercambio entre el hombre y la tierra, con la intención de honrar esta sabiduría ancestral. El film busca resaltar el concepto de consciencia ecológica, que tiene una tradición milenaria en lo que hoy llamamos Perú.
Muchas gracias, Delia. Nos vemos en el cine.
El film se proyecta en Berlín el cine Babylon Berlin el viernes 7 de junio. En presencia de la directora Delia Ackerman. Ver aquí. Distribuye Latin Quarter Films.

DELIA ACKERMAN: Documentalista peruana de amplia trayectoria. Su trabajo explora la naturaleza, cultura y memoria. Fue becaria Fulbright, con grado de bachiller en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Lima, y tiene una maestría en Periodismo por la Universidad de Columbia, Nueva York. FILMOGRAFÍA: Alas de vida (documental, 2015), Madre mar (documental, 2011), Esas voces que curan (documental, 2011), El rey del desierto se está muriendo (documental, 2008), Volviendo a la luz (documental, 2008), Las manos de Dios (documental, 2004), La medicina del perdón (documental, 2001), El señor de Pachacamac (documental, 1992)
Imagen de portada: ©FILFILMS
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