Gato con sombrero

Algunas notas para incitar a la lectura de la novela de Elena Marcos, escritora vasca afincada en Berlín, que se presentará próximamente en la librería Andenbuch. La novela ha sido editada por ediciones Menguantes.

Todo, absolutamente todo, está conectado, y nada se sale de este gigantesco rompecabezas. Nosotros somos, de hecho, piezas de ese desorden. No es un puzzle, porque bastaría tener el tiempo suficiente para poner las piezas en su sitio y ver la figura, es decir el sentido del mundo. Pero el mundo no tiene sentido. Eso que llevamos “la vida” no es algo ajeno a nosotros, y su configuración no es misteriosa porque no responde a ningún patrón. La vida no es un camino de superación ni el tiempo es un río, no debemos confundir la realidad con la metáfora que intenta representarla. Esperamos que todo tenga sentido, y que los gatos no lleven sombrero, gato con sombrero, además de un cuento infantil, es una metáfora para los que no hemos visto nunca un gato con sombrero, pero cuando te sumerges en el reino de lo fenomenológico y te dejas llevar por el flujo del tiempo, la sobreexposición y rapidez de los estímulos te lleva a ver gatos con sombreros de un realismo tan perturbador que no te permitirá distinguir realidad y metáfora. El vertiginoso ritmo de la prosa de Elena nos llevará a través de ese bombardeo de estímulos donde los propios discursos se entremezclan: relato biográfico con falsa apariencia de diario de viaje, ensayo filosófico, anuncio publicitario…

Una prosa, por otro lado, centradamente ética. Desde el primer momento, desde la primera frase del segundo día, la protagonista deja claro desde qué postura va contar el viaje:

Phillip y yo hemos venido un mes a México porque podemos.

La protagonista lo juzga todo, ella mismo lo dice. Quizá es una reacción a la entropía implícita a un sistema que nos supera, y que va más allá del sistema consumista y capitalista que la chica pone en entredicho, y del que no puede escapar puesto que su supervivencia depende de ese mismo sistema: es una empleada de una agencia de viajes que odia volar, y que organiza su propio Viaje organizado a México para ella y para su novio, viaje de casi un mes de duración, veintiséis noches para ser exactos. La protagonista es una contradicción (como veremos, una más de todas las contradicciones referidas en el texto), y, consciente de ello, parece haber desarrollado una coraza que consiste en juzgarlo todo, incluida a sí misma, muy consciente de su posición de poder por el hecho de vivir en un país desarrollado frente al México estereotípicamente más pobre.

Rastreadora de contradicciones: la protagonista quisiera cambiarse por su amiga italiana, en el museo de Trotsky se comercia con su imagen, sus ídolos musicales eran en lo privado personas crueles o miserables, la gente critica los centros comerciales y estos están atestados de personas»Alguien debe de estar saltándose el boicot». Ve contradicciones a cada paso, aparentemente porque siempre juzga, y porque su visión del mundo es moralista, y porque la gente debería actuar de acuerdo s su pensamiento y nadie lo hace y hay que ir por la vida denunciándolo.

Soy un gato con sombrero y mi objetivo es desmantelar el sistema, pero me lío con mi propia cola, me entra el hambre y se me olvida por dónde empezar, así que en vez de desmantelar nada me dedico a seguir calentando la silla como si nada, sin aportar demasiado, eso sí, sin poner piedras en el camino.

Pero quizá, tras la larga lista de contradicciones desenmascaradas, empecemos a pensar que no se trata de poner en evidencia la falsedad del mundo, sino de una nueva metáfora del mundo fenomenológico donde hay una discontinuidad estructural entre apariencia y realidad, entendiendo por realidad, quizá, aquella idea platónica de la caverna.

La inevitable demencia de este mundo sin sentido parece ser la espada de Damocles que pende sobre los protagonistas, o al menos sobre ella y sobre su amiga italiana que actúa en el relato como alter ego, Santa Vergonga, ya que en este mundo o sentimos culpa, o sentimos vergüenza. La culpa de que el mundo sea un lugar tan horrible y no hagamos nada para cambiarlo.

¿De dónde le viene a la protagonista este deseo insaciable de pesquisa y desmantelamiento del mundo, esta crítica continua de lo que es sobre la base de lo que, idealmente, debería ser? Aparentemente de la culpa, ya desde el principio, y prácticamente hasta el final. Continuamente va dejando expresiones de ese sentimiento:

Qué hago aquí, me pregunto, y el sentimiento de culpa me mantiene activa, robótica, insomne.

La protagonista no hace un viaje, sino que se va de vacaciones. ¿No parece esto una nueva contradicción? Claramente no, si entendemos el viaje como u proceso de cambio, y las vacaciones nada más que una muestra consumismo:

Ellos juegan y yo como gusanos, porque las vacaciones son una actividad derivada de la alienación y por eso nunca pueden ser demasiado lúdicas.

En otro momento en que rememora su niñez en el País Vasco, acaba diciendo:

Nunca vivimos por encima de nuestras posibilidades, y yo estoy aquí Estoy aquí y lo estoy haciendo.

Y lo más terrible es que a pesar de lo que pasará después a lo largo de esa estancia, la protagonista casi no cambia. Su actitud permanece casi inalterada hasta el 2 de junio, el último día relatado:

Soy culpable. Todos lo somos. Creo que la culpa nos va a matar a todos pero, mientras, espero y bebo agua de coco. Yo, desde luego, no merezco otra cosa.

Dice la solapa del libro que Gato con sombrero es la primera novela de Elena Marcos. También dice que vive en Berlín y que es de Bilbao, que es filóloga y ha ejercicdo distintos oficios alejados más o menos de la filología. En el relato la protagonista dice que es de un pueblo de Vizcaya que nadie sabe dónde está y que vive en Berlín con su novio alemán Philipp. La protagonista  es pues un trasunto de Elena, una de las posibilidades de su autora, un avatar quizá. Desde el éxito del recientemente fallecido Paul Auster sabemos que ficcionar la propia vida es uno de los recursos literarios propios de nuestra época post-histórica, aunque ya Borges lo practicaba con meritoria ironía. Elena, salvando las distancias que impone el hecho de ser una autora novel, los sigue a ambos en este punto, en la ficcionalidad de su vida, y en la inagotable ironía. Nos queda por saber si estuvo en México, si también su padre planeó ese viaje que nunca hizo porque murió poco antes, y si tiene un novio llamado Philipp. De hecho, lo que nos queda es leerlo hasta la última página. Y no lo digo en sentido metafórica: hasta la última página.

Este libro se envió a imprenta

en febrero de 2024,
sesenta y dos años después de que

viajara hasta México para

celebrar su noche de bodas

Anna Mae Bullock,

más conocida como Tina Turner,

la Reina del Rock and Roll.

Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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