Alemania celebra el 250 aniversario de uno de los pintores más importantes del Romanticismo. Tres exposiciones de estilo diferente en tres ciudades emblemáticas en la vida del pintor, reavivan un interés mantenido durante generaciones.
Por Vanessa Bravo
Con motivo de la conmemoración del nacimiento de Caspar David Friedrich, tres grandes museos alemanes acogen una amplia muestra de la obra del pintor romántico. Aunque la Alte Nationalgalerie de Berlín ya alberga una de las colecciones más importantes del mundo sobre Friedrich, en esta ocasión se ampliará la muestra permanente con más de 60 pinturas y unos 50 dibujos del autor. El tema central de la exposición es el papel de la Galería Nacional en el redescubrimiento del arte de Friedrich a principios del siglo XX, después de que el pintor cayera en el olvido en la segunda mitad del siglo XIX. Otro capítulo de la exposición está dedicado a diferentes pares de cuadros con los que el artista expresó diversas perspectivas sobre un tema y, sobre todo, la idea del cambio. Probablemente el par de cuadros más famoso, «Monje a la orilla del mar» (1808-1810) y «Abadía en el robledal” (1809-1910), sea el que represente mejor la singularidad de la colección de la Galería Nacional. Ambos señalan el comienzo de la modernidad del autor, sobre todo por el radicalismo de su composición, la perspectiva infinita del paisaje y su carácter místico. La idea de lo sublime propuesta por Edmund Burke supuso una enorme influencia para el pintor alemán. Hasta el siglo XVIII la belleza era el objetivo de todo arte, pero cuando se establece la categoría estética de lo sublime rescatada de la Antigüedad, se produce un enfrentamiento con la tradición que tiene como consecuencia el nacimiento de una nueva sensibilidad. La belleza pasa entonces a ser entendida como algo agradable, carente de grandiosidad; mientras que las emociones intensas y el éxtasis divino, que Platón había atribuido a las cosas bellas, se convierten en características propias de lo sublime. Friedrich plasmó esta idea en este par y en muchas otras obras, al cambiar el paisaje bucólico por uno estremecedor y que transciende los límites del cuadro. Además, la relación de los personajes con este entorno sufre con el autor también un cambio radical, puesto que ya no es parte principal de la obra, sino que va disminuyendo en tamaño y en presencia, otorgándole una idea de poder sobrenatural al espacio que lo rodea.

La exposición en la capital alemana, abierta al público del 19 de abril al 4 de agosto del presente año, forma parte del Festival Caspar David Friedrich que incluye una serie de muestras independientes también en la Kunsthalle de Hamburgo y en las Colecciones de Arte Estatales de Dresde. En Hamburgo las entradas para ver Caspar David Friedrich. Arte para nuevos tiempos, –Caspar David Friedrich. Kunst für eine neue Zeit-, se agotaron al poco tiempo de abrir. La exhibición, que cerró recientemente sus puertas, tenía como eje central la relación entre el ser humano y la naturaleza. Y es que siempre que Friedrich pinta la naturaleza, se refiere a una recreación idealizada de ésta. Su monumental «El Watzmann» (1824-1825) era una de las estrellas de esta exposición. Curiosamente, Friedrich no solo nunca estuvo en esta montaña, sino que ni siquiera estuvo en los Alpes, por lo que su visión del paisaje se basa ante todo de impresiones ajenas. Nos encontramos por tanto ante un collage de numerosos dibujos de formaciones rocosas muy diferentes, que abarca desde las cadenas montañosas bajas de Silesia hasta las sajonas creando una montaña idealizada de forma piramidal. Otra de las obras más importantes que se podía admirar era «El mar de hielo» (1823–1824), donde se esboza una embarcación que es devorada por un mar helado y roto. A la edad de 7 años, el pintor estaba paseando por un lago congelado, cuando el hielo se rompió bajo sus pies. Su hermano mayor se lanzó en su ayuda, pero lamentablemente se ahogó en el intento de rescatarlo. Friedrich no pudo nunca superar el suceso y la culpa le persiguió toda la vida. La naturaleza fue desde entonces su fuente de inspiración, su miedo y su respeto. Esta obra es de nuevo un grito ensordecedor con el que se muestra a la naturaleza como algo devorador, que supera las facultades humanas y que se opone completamente a la pintura paisajista tradicional que estuvo en boga en el siglo XIX, donde el paisaje aparecía sumamente idealizado.

Se podría decir que Dresde fue el centro de la vida del pintor, puesto que no solo vivió más de 40 años en la capital sajona, sino que el parque nacional o el valle del Elba le sirvieron de inspiración para muchas de sus obras. Es por esto que la ciudad le rendirá homenaje a partir del 25 de agosto con dos muestras que hacen referencia a este vínculo tan especial: Caspar David Friedrich. Donde todo empezó –Caspar David Friedrich. Wo alles begann-. Y no solo eso. Desde noviembre de 2023, un pequeño monumento en la Suiza sajona recuerda a Friedrich. En la ciudad de Krippen se honra al creador del famoso cuadro «El caminante sobre el mar de niebla» (1818) con una estela de arenisca, ya que fue allí donde se inspiró para esta obra, la cual se ha convertido en una pintura icónica por representar, como en el «Rostro de vos» de Benedetti, una soledad tremendamente desolada. Y es que con esta pintura el camino acaba aquí. Como un general que planta una bandera en la tierra conquistada, el personaje coloca con orgullo su pie sobre la roca como si pusiera un punto y final a un texto escrito, a un momento terminado. Tiene la mano en el costado, a su derecha descansa el bastón, que ha sido su único fiel compañero hasta llegar allí. Frente al hombre se encuentra un espectáculo natural conmovedor e infinito que se revela en toda su inmensidad, al que se atraviesa en vertical rompiendo la perspectiva del horizonte y la armonía simétrica del cuadro. El caminante es visto desde atrás y no tiene identidad propia. Como suele ocurrir con Friedrich, los personajes no aparecen de frente, para invitar al espectador a mirar a través de sus ojos y a identificarse con él. Y, sin embargo, este cuadro es especial porque aquí el hombre no se subordina a la naturaleza, no se hace a un lado para dejarnos espacio para observar el espectáculo natural. El personaje aparece erguido en el centro de la imagen e incluso oscurece un poco nuestra vista. Pero no todo es oscuridad y niebla en el cuadro, al fondo se ven unos maravillosos rayos de sol que quizá sean un símbolo de esperanza, porque lo que en un primer momento pareciera un terrible final, también pudiera ser un maravilloso principio.

Y es que ya sea en Berlín, Hamburgo o Dresden, a Friedrich solo se llega por el secreto placer de mirarse a uno mismo de espaldas y ante una indefinida inmensidad. Aquí se llega con la certeza de que la vida nunca nos brindará todo lo que puede tener de bella o envolvente. Se trata más bien de un anhelo que un hecho cierto y tangible, es una duna difusa de arenisca, es un mar roto por el hielo, es una mirada a un horizonte incierto, es una niebla sublime e infinita.
Exposiciones
Hamburgo
Hamburger Kunsthalle, «Caspar David Friedrich. Kunst für eine neue Zeit», 15.12.23 – 1.04.2024
Berlín
Alte Nationalgalerie en Berlin, «Caspar David Friedrich. Unendliche Landschaften», 19.04. – 4.08.2024
Dresde
“Caspar David Friedrich. Wo alles begann»
Albertinum Dresden, «Caspar David Friedrich – Der Maler», 24.08. – 5.01.2025
Residenzschloss, «Caspar David Friedrich – Der Zeichn



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