El 19 y 20 de enero de este año, en el Instituto Cervantes de Bremen, y con motivo de la celebración de la 48.ª Semana Literaria en esa ciudad, la novelista Rosa Ribas conversó con la periodista Constanze Álvarez sobre su carrera literaria, así como sobre el arte de la novela. Por cortesía del Instituto Cervantes publicamos esta entrevista con autora española de novela negra.
Una vez se sabe algo, ya no se puede «no saber».
Rosa Ribas
Rosa Ribas (Prat del Llobregat, Barcelona, 1963) es una de las autoras de novela negra más destacadas de la actualidad. Ha publicado una treintena de títulos, entre otros, la serie de novelas protagonizadas por la comisaria hispano-alemana Cornelia Weber-Tejedor, que incluye obras de la envergadura de «En caída libre», «Entre dos aguas» y «Si no, lo matamos», o, más recientemente, la trilogía que tiene como protagonistas a los Hernández, una familia de detectives de un barrio popular de Barcelona.
El relato negro es un vehículo excelente para explorar no solo el lado oscuro de la sociedad, sino también el de los autores, ya que todos tenemos un lado oscuro. O más de uno. El Instituto Cervantes de Bremen ofreció dos encuentros con la autora. En la primera sesión, un taller teórico-práctico en el que se hizo una aproximación al relato negro-criminal, a sus características formales y temáticas. La segunda sesión de trabajo se dedicó a repasar las técnicas y el estilo de destacados autores de relatos negros españoles y latinoamericanos para luego aplicarlos a la escritura de un relato breve.

La colaboración fructífera de Rosa Ribas con la escritora Sabine Hofmann cristalizó en la creación de la mencionada trilogía de libros, compuesta por las obras «Don de lenguas», «El gran frío» y «Azul marino». Por su obra más reciente, ambas autoras fueron distinguidas con el codiciado premio del festival de novela negra Valencia Negra. En el marco de la 48ª Semana de la Literatura de Bremen, Rosa Ribas participó en una conversación con la periodista Constanze Álvarez para explorar a fondo su extenso corpus literario, con el apoyo del Instituto Cervantes de Bremen.
Hablamos con Rosa Ribas sobre la familia, la novela negra y la vida entre dos mundos.
¿Qué te impulsó a escribir novela negra?
Son muchas las razones. Por una parte, que es un género que leo y disfruto. Como lo conozco, he encontrado en él un vehículo para las historias que quiero contar. El género me ha ofrecido un marco, unos parámetros, unas formas concretas para tratar temas que me importan de una manera que también consigue que los lectores me acompañen durante el relato.
¿Cómo nació la comisaria Cornelia Weber-Tejedor?
Nació en una novela, por suerte, inédita porque necesitaba una investigadora que se moviera entre dos mundos. La novela no funcionó, pero sí el personaje de esta comisaria que alberga tantas dudas y preguntas acerca de su identidad, de su lugar en la sociedad. De ahí que cuando tuve la idea que dio pie a Entre dos aguas, vi muy claro que ella iba a ser la protagonista. Una mujer que empieza en la serie definiéndose a sí misma como “policía alemana” y va descubriendo que la identidad es mucho más compleja y variable. Una policía que se vuelve mejor investigadora cuando descubre que moverse entre mundos la hará mejor observadora.
Este personaje se mueve entre dos culturas: la española y la alemana. ¿Es un poco también el mundo en el que tú te mueves?
Sí. He vivido treinta años en Alemania. La experiencia de ser extranjera ha sido muy valiosa para mí, fue el impulso que necesitaba para empezar a escribir, ya que me dio una mirada propia marcada por la distancia que otorga moverse entre mundos.
Con tu colega Sabine Hofmann escribiste una serie de novelas con un personaje muy especial, la periodista Ana Martí. ¿Por qué la situaste en la Barcelona de los años cincuenta?
Porque partimos de la premisa de que en estas novelas la lengua y la literatura tendrían un rol importante. Se aprecia en el título de la primera de la serie, Don de lenguas. Y nos pareció que podía ser muy interesante que la acción de las novelas trascurriera en una época de silencios. Por eso la protagonista, Ana Martí, es periodista y otro personaje muy importante, Beatriz, es una profesora de literatura represaliada.
Tu última novela Nuestros muertos es la continuación de Un asunto demasiado familiar y Los buenos hijos. Esta serie policíaca cuenta la historia de una familia disfuncional. ¿Cómo surgió la idea de una familia de detectives?
Quería abordar el tema de la familia, escribir una saga familiar. Casi inmediatamente apareció asociado el tema de los secretos, los secretos de familia. Y entonces se me ocurrió que podría ser una familia de detectives en la que se da la paradoja de que son especialistas en desvelar los secretos que otros querrían ocultar y a la vez se están ocultando muchas cosas unos a otros. A veces con buen motivo, porque guardar secretos no solo es un derecho, sino a veces algo deseable. De ahí que Mateo Hernández, el padre y jefe de la agencia haya impuesto una regla muy clara y tajante: a la familia no se la investiga.
La familia Hernández tiene una relación jerárquica muy rígida. ¿Piensas que así son muchas familias en España?
La familia es una estructura jerárquica por naturaleza en cualquier lugar del mundo. En la familia Hernández esta jerarquía está más pronunciada porque, además, trabajan juntos en la misma empresa y se establecen relaciones de jefe/empleado. Esto es perfecto para desarrollar las novelas, ya que el potencial de conflicto es mucho mayor, hay más tensiones, más luchas de poder.
Los Hernández descubren los secretos de otras personas, pero guardan los suyos. ¿Crees que esta dicotomía es lo que los impulsa a investigar?
Solo a Nora, la hermana mayor, cuya necesidad de conocimiento es casi patológica. Los otros son más conscientes del poder destructor que puede tener saber demasiado. Son detectives y conocen muy bien las consecuencias de averiguar la verdad y que una vez se sabe algo ya no se puede “no saber”.
Después de vivir mucho tiempo en Alemania regresaste a Barcelona. ¿te sientes un poco extranjera en la ciudad?
Creo que, cuando se ha vivido fuera tantos años, se es extranjero para siempre. Algo que disfruto, ya que le debo mi mirada particular a este estado permanente.
¿Qué consejo le darías a una persona que desee escribir novela negra?
El mismo que le daría a quien quiera escribir: que lea mucho.
