Caminos y perspectivas ambientales 2024

El 2023 volvió a romper el récord como el año más cálido jamás registrado en la historia de la humanidad. Esto luego de que el 2022 y 2021 ya hubieran pasado cada uno sus propias marcas. El año que empieza parece que no va a ser la excepción y de acuerdo a las proyecciones, durante el 2024 la humanidad va a quemar alrededor de 1,24 millones de barriles de petróleo adicionales por día, de los poco más de 100 millones que pone al fuego cada día. Por lo que el panorama no tiene muchos elementos por donde amparar algo de optimismo.

Esto parece contradecir los titulares que cerraron el último diciembre, contándonos que en la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas – COP28 se había firmado, entre otros acuerdos, la transición hacia un mundo menos carbonizado. Es decir, que los Estados llegaron a un acuerdo para pasar de los combustibles fósiles al uso de energías basadas en el sol y el viento, entre otros, para evitar mayores emisiones de CO₂ que puedan desestabilizar la atmósfera.

Sin embargo, entre las palabras y los documentos oficiales hasta la realidad hay un camino bastante largo y retorcido que choca con noticias sobre la continuidad de inversiones en petróleo y gas natural en todo el mundo, y como estos siguen liderando la producción de energía sin cambios tan radicales como los que suceden en nuestros climas.

Las rutas de la descarbonización parecen difusas, poco claras, y lo que es peor, basadas en tecnología que aún no existe, como muchas de las que implican la “captura de carbono”, que no es otra cosa que intentar tomar el CO₂ del aire y almacenarlo de alguna manera en la tierra, haciendo que se quede allí en cantidades iguales o mayores a las que emitimos. Esto no es poca cosa, ya que los últimos 12 meses, por tomar un ejemplo, la humanidad ha liberado en la atmósfera poco más de 36.800 millones de toneladas métricas de emisiones de gases de efecto invernadero, una cifra bastante difícil de imaginar.

En este escenario, los gobiernos de América Latina se han movido históricamente como un bloque de países afectados, que deben adaptarse y que sufren las pérdidas y los daños ocasionados por el Cambio Climático que ellos no iniciaron. Al mismo tiempo, demandan recursos y mayor cooperación internacional para hacerle frente, y en el camino ofrecen sus minerales y territorios para facilitar la transición. El litio, los bosques, el agua, la energía barata para la industria, las rutas de intercambio como el Canal de Panamá, la producción de grano y alimentos, entre otros, han hecho que seamos un elemento central en el debate mundial por el futuro del planeta.

Por el otro lado, pero manteniéndonos en el escenario de la gran política, este año tendremos a Brasil como anfitrión del grupo de los 20 países más “poderosos” del planeta, también llamado “G20” que se reunirá en Río de Janeiro el 18 y 19 de noviembre; a Colombia como anfitrión de la Cumbre Mundial de Biodiversidad – COP16 del 21 de octubre al 1 de noviembre, a Chile como anfitrión de la Conferencia Regional del Acuerdo de Escazú en Santiago, del 22 al 24 de abril de 2024. Todo un enorme movimiento de altos funcionarios de casi todos los países del mundo que vienen a nuestros territorios para discutir temas diversos, pero con un claro centro en la preservación de la estabilidad ambiental en todas las agendas. Y esto se dará mientras que la región misma estará celebrando en 6 países (El Salvador, México, Venezuela, Uruguay, Panamá y República Dominicana) procesos electorales que marcarán el curso y las dinámicas de intercambio en los próximos años.

No es poca cosa, pero en esta columna procuraremos, periódicamente, acercarnos  a estos y otros temas, camino a lo que debería ser el momento de inflexión en el debate sobre el medioambiente y el clima: la Cumbre de Cambio Climático COP30 en Belém do Para en Brasil en 2025. En este tiempo, veremos cómo Latinoamérica va moviéndose en sus debates, avanzando y retrocediendo, y cómo influencian las políticas públicas en su relación con Europa y el mundo, así como nuestras sociedades se abren camino para la transición ecológica. Espero que sea una ruta en la que la comunicación ayude al debate y la transformación de los lectores y la relación con nuestro entorno. Nos leemos pronto.


Imagen de portada © Peggychoucair en Pixabay

Antonio Zambrano Allende

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