Cómo llegaron los hermanos Grimm a México

¿Quién no conoce a Blancanieves, a Hansel y a Gretel, a la Caperucita Roja, a la Cenicienta y a la Bella Durmiente? ¿Quién no se asustó hace muchos años por el peligro del lobo feroz y las brujas y madrastras malvadas? Fueron un par de hermanos, los famosos hermanos Grimm, quienes recopilaron estas historias –populares en la zona de Hesse– y publicaron estos cuentos por primera vez en Alemania.

Con el paso del tiempo, estos cuentos difícilmente serían conocidos más allá del mundo germano sin el trabajo de los traductores. O para decirlo de otra manera, los traductores han llevado estos cuentos a más de 160 idiomas y dialectos, y los han convertido en la obra literaria más exitosa de la cultura alemana. Pero por más famosos que sean algunos de esos cuentos la obra como tal es más bien desconocida y la historia de su recepción en México casi no se ha investigado. ¿Sabías, por ejemplo, que la colección comprende 201 cuentos y 10 leyendas?

Entre esos muchos idiomas a los que se han traducido los cuentos está, por supuesto, el español. Pero el día que empecé a leérselos a mis hijos, no llegamos lejos, pues han sido los españoles quienes han emprendido las traducciones completas, con sus modismos, giros y usos del lenguaje propios, que si a los adultos nos suenan ajenos, a los niños les suenan muchas veces incomprensibles.

Caperucita Roja en Three classic children stories – ilustraciones ©Edward Gorey Charitable Trust

Cuéntame cuentos para fundar mi país

Hace más de doscientos años reinaba entre los alemanes el caos y la indignación pues Napoléon tenía ocupado su territorio. Había derrotado el Sacro Imperio Romano Germánico y, con ello, el sistema feudal. Entonces, los intelectuales alemanes empezaron a imaginar un país nuevo.

En ese momento, los hermanos Grimm eran apenas unos estudiantes universitarios. Pero tenían ya la madurez para notar que la lengua es el sustrato común a todas las personas conviviendo en el territorio que algún día llamaríamos “nación”. Los dos hermanos se dieron a la tarea de pedirles a sus amigos y conocidos que les enviaran historias populares, pues ese habría de ser el material que, un día no muy lejano, los amalgamaría como pueblo.

Publicaron la primera colección en 1812 y… ¡fue un desastre! A nadie le interesó y los pocos amigos que los leyeron los calificaron de oscuros e ininteligibles.

El tiempo pasó. Los hermanos Grimm se concentraron en otros proyectos, publicaron otros libros y, cuando menos lo esperaban, once años después –en 1823–, el cartero les entregó un milagro a domicilio.

Hansel y Gretel en Tales from Grimm (Fesler-Lampert Minnesota Heritage)- ilustraciones Wanda Gág

El verdadero origen de los cuentos de hadas

Su libro había caído en las manos de un editor londinense, quien tuvo la visión de traducirlos al inglés y de ilustrarlos. Además, el traductor tuvo el arrojo de hacer una versión bastante libre, al grado de que los reescribió –y hasta transformó– para hacerlos aún más divertidos y emocionantes y… ¡el libro fue un bestseller!

Los estudiosos consideran esa primera edición inglesa de los cuentos de los hermanos Grimm –traducidos, manipulados e ilustrados– el verdadero inicio de los cuentos de hadas modernos. Con las ilustraciones y las modificaciones hechas a las historias originales, los ingleses buscaron divertir y entretener a los niños creándoles seres y mundos fantásticos. No buscaban fundar un país.

Cuando el cartero les entregó a los Grimm un ejemplar de sus cuentos en inglés, no se indignaron porque los hubieran traducido mal ni porque les hubieran enmendado las historias. Al contrario, les encantó, muy en el espíritu de la tradición oral flexible y maleable que ellos simplemente habían recopilado.

Maravillados por el resultado en Inglaterra, tan opuesto al que había tenido el libro en su patria, tomaron dos decisiones: hacer antologías ilustradas con los cuentos más populares y seguir trabajando en su amplia colección pero adaptando los cuentos cada vez más al público infantil para convertirlos en herramientas pedagógicas. Para 1857 ya habrían publicado seis ediciones sucesivas, cada una más elaborada que la anterior, más depurada, más pulida, ediciones corregidas y aumentadas, con los cuentos incluso numerados.

Cuentosde Grimm - ilustraciones ©Arthur Rackham

De Alemania a Francia, de Francia a España, y de España a México

Los cuentos de los hermanos Grimm aparecieron en España en 1862. El Semanario Popular de Madrid los publicó por primera vez, empezando por El conejo y el erizo (#187, 3 de abril de 1862) y El huso, la lanzadera y la aguja (#188, 1 de mayo de 1862).

En aquellos años, Antonio de Trueba escribió en el prólogo de sus Cuentos de varios colores (1866): “Los hermanos Grimm publicaron sus cuentos […] y su colección apenas llegó a conocerse en España hasta que, hace muy pocos años, se tradujo parte de ella al francés […]”. Los especialistas españoles coinciden hoy en que los cuentos llegaron a su país a través de las traducciones francesas.

La primera edición española de los Grimm data de 1867 y se trata de una antología de 46 cuentos traducidos por José S. Viedma publicada en Madrid por Gaspar y Roig. Las traducciones son casi idénticas a las que se habían venido publicando desde hacía cinco años en El Semanario Popular, por lo que es muy probable que sean de su autoría. Esta fue una antología bastante popular en España hasta 1955, cuando se tradujeron los cuentos completos en Barcelona.

Los primeros traductores de México

Si en el siglo XIX era improbable encontrar traductor del alemán en España, resultaba casi imposible encontrarlo en México.

Manuel Eduardo de Gorostiza (1789-1851) –el primer diplomático del México independiente y quien consiguió el reconocimiento de la independencia de nuestro país de parte de los países europeos– estuvo varias veces en Berlín a partir de 1824. Aunque fuese políglota e hijo de políglota, no está claro que haya manejado el idioma alemán. Y aunque elaboró su propia versión de Emilia Galotti, un drama de Lessing, todo apunta a que lo leyó en francés.

Por eso, los especialistas consideran a Luis Martínez de Castro (1819-1847) el primer mexicano que realizó traducciones del alemán, a saber, dos textos de Jean Paul y una nota biográfica sobre Walter Scott. Aprendió alemán en México tomando clases particulares y no llegó a pisar nunca Alemania, pues por desgracia murió muy joven peleando contra los invasores norteamericanos.

Lo siguieron los veracruzanos José Sebastián Segura (1822-1889), quien tradujo a Schiller, y Rafael de Zayas (1848-1932), quien estudió filosofía y derecho en Prusia, a mi entender, el primer mexicano en haber estudiado en lo que hoy llamamos Alemania.

En 1868, Ignacio Manuel Altamirano dejó testimonio de estos primeros traductores mexicanos del alemán: “la poesía y literatura alemanas son hoy nuestro sueño, y por eso excitamos a Zayas a que trabaje también en hacerlas conocer. Por nuestra parte, y desconfiando de las traducciones francesas, que como se sabe, no brillan por su exactitud, no podemos hacer por hoy otra cosa que consagrarnos con tenacidad y con empeño al estudio del idioma alemán”. Este menosprecio por los textos alemanes tomados desde su versión francesa quizá remita a los primeros fragmentos del Fausto de Goethe publicados en México en 1857, que, en efecto, habían llegado a México traídos desde el francés.

Six fairy tales from the brothers Grimm – ilustraciones ©David Hockney

Llegan los Grimm a México

Entre 1874 y 1876 existió la Biblioteca de los Niños, una revista editada en la Ciudad de México bajo la dirección del francés Alfredo Bablot y de Román Araujo. Era quincenal, tenía 32 páginas y un marcado perfil pedagógico. Sus páginas incluían datos generales de historia y geografía, historias clásicas y religiosas, fábulas aleccionadores, poemas, textos en francés para promover el aprendizaje de esa lengua y, en la última página, una estampa europea.

Como editor responsable fungía el campechano Santiago “Chano” Sierra, hermano menor de Justo Sierra, y amigo cercano de Zayas. Fue también traductor del alemán y del inglés, y quien introdujo en nuestro país a autores como Edgar Allan Poe y Charles Dickens. Curiosamente murió también muy joven a causa de un balazo, ya no en la batalla de Churubusco, sino en un duelo –ilegal– con Irineo Paz, el padre de Octavio Paz.

A “Chano” Sierra le debemos la publicación de los cuentos de los hermanos Grimm por primera vez en México. En la Universidad de Austin y en nuestra Hemeroteca Nacional se conservan los ejemplares de la Biblioteca, con lo que pude localizar los primeros veintisiete cuentos de los Grimm que salieron en México.

Chano Sierra no tradujo los cuentos del alemán sino que reprodujo las versiones que Viedma había hecho en España a partir del francés. Los cuentos de los Grimm se interrumpen en diciembre de 1875, cuando Sierra deja la revista.

Sea como sea, esto bastó y la fama de los Grimm se propagó con total celeridad, de manera que para 1878 ya circulaban anuncios en la prensa mexicana ofreciendo “Cuentos escogidos de los hermanos Grimm, edición ilustrada con grabados, obra utilísima, 1 tomo empastado, $2 [reales]”.

Y desde entonces, los Grimm se han convertido en los mejores embajadores de la cultura alemana y sus cuentos son conocidos por todos los mexicanos. Incluso algunos han llegado a fundirse con las leyendas indígenas. Tal es el caso, por ejemplo, de un mito maya sobre la creación de las abejas, que con el paso del tiempo se apropió de elementos de Hänsel y Gretel, como ha documentado el antropólogo alemán Harald Thomaß.

Cuentos de los hermanos Grimm – ilustraciones ©Xavier Deneux

Ciento cincuenta años después

Ha pasado siglo y medio desde que los mexicanos leyeron los cuentos de los hermanos Grimm, generaciones y generaciones de abuelas que se los han contado a sus nietos y millones de niños que se han imaginado a los personajes de tal o cual manera.

Y sin embargo, en estos 150 años nadie en México –ni en Latinoamérica, para tal caso– se había dado a la tarea de traducir los cuentos directamente del alemán, a nadie le preocupó adaptarlos a la mentalidad y a las posibilidades lingüísticas de los niños mexicanos. Nos habíamos limitado a importar los cuentos españoles o a traducir los títulos más conocidos.

Por eso, el día que intenté leerles a mis hijos los cuentos y no pude, por tratarse de una traducción decididamente castiza, me puse manos a la obra. En agosto de 2023 terminé la primera versión de los cuentos completos apta para los niños mexicanos del siglo XXI.

Espero que estos cuentos nos sirvan –muy al estilo de los hermanos Grimm– para divertir, entretener y educar a nuestros hijos mientras procuramos conformar la familia y el país de nuestros sueños.


©Isabel Wagemann

Enrique G de la G es un traductor literario, editor y escritor mexicano. Maestro en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México unam. Doctor en Filosofía por la Universidad Humboldt de Berlín.  Fue beneficiario del Programa de Apoyo a la Traducción protrad del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes fonca así como del Apoyo para Traducción Literaria del Goethe-Institut, el Consejo Nacional de Ciencia y Teconología conacyt y Konrad-Adenauer-Stiftung, Programa de Apoyo al Talento para Estudiantes Extranjeros Estudios de doctorado.

Segundo lugar en el V Concurso Universitario de Cuento Casa del Lago 2001. Ganador del Programa de Apoyo a la Traducción de la Embajada de Francia en México / ifal. Fue secretario de redacción en Letras Libres de 2011 a 2012. Editor de contenidos de Lee+ en 2020. Ha publicado la guía ¡Hola, Alemania! (2021) y textos suyos han aparecido en Letras LibresLa TempestadNexos y Lee+. https://gdelag.com/

Imagen de portada: The older Rapunzel ©David Hockney

Colaboradores de DESBANDADA

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