¿Cuál es el mecanismo que atrapa a mujeres migrantes en el círculo vicioso de la violencia de pareja? ¿Cómo se puede romper el yugo?
Alicia Elero es una documentalista argentina que reside en Berlín. Es docente de artes plásticas, ha estudiado guion y dirección de cine. Se dedica particularmente a retratar temas sociales. Ya antes de migrar entre 2000 y 2002, en Argentina, había realizado documentales sobre temas como la murga en un barrio marginal y la situación de los niños “limpiavidrios”.
Una vez en Alemania, realizó junto a Erik Kemnitz en la parte técnica, documentales sobre Osvaldo Bayer (en 2015), un periodista y activista argentino de derechos humanos; otro en 2019, sobre los conflictos por la tenencia de los niños en parejas interculturales, y uno más en 2022, sobre el desarraigo y la nostalgia del migrante.
En 2017 rodó Espejitos de colores, un film que recoge el testimonio de mujeres latinas víctimas de violencia en la pareja; de sus experiencias, su dolor y el camino que realizaron para salir de esa situación. Pero por sobre todo, se trata de un mensaje de sororidad y de esperanza.
El germen del documental
Alicia vivía en un pueblito cerca de Stuttgart y dice que de manera espontánea comenzó a nutrirse de experiencias de mujeres latinas, que se le acercaban y le contaban sus historias. El maltrato era algo que sucedía a puertas cerradas bajo distintas formas. Tenía como agravante la condición de mujer migrante, el aislamiento, el desconocimiento del sistema, de la lengua, la falta de una red de contención. “Y bueno —dice, como si una cosa fuera consecuencia de la otra—, yo estudié cine, esa es mi profesión.” Así que con su pequeño equipo de dos comenzó a planear y producir un documental para echar luz sobre este fenómeno.

“Comencé a conectarme con asociaciones de mujeres y fui reuniendo los testimonios—explica Alicia y luego afirma—: Un film no lo hace un solo caso”. Reunió mucho material, se fue empapando del tema, de los matices, de las vicisitudes de la vida de las mujeres afectadas por la violencia conyugal. Luego fue reuniendo los casos. Después vino la selección de las historias. Al respecto dice: “Elegí casos diferentes que ilustraran los distintos tipos de violencia, no sólo la psicológica”.
“Recalco que esto puede pasarle a cualquiera de nosotras, incluso tres de las entrevistadas son militantes feministas, además, ninguna tiene una historia de violencia familiar en la infancia, todas tienen estudios superiores, ninguna es pobre ni lo ha sido nunca. Este documental rompe el mito de la repetición de la violencia, de la pobreza como causa. Pero no las seleccioné con ese criterio, simplemente sucedió así”, explica Alicia.

La emoción en el acto de documentar
“Me llevó un año la investigación, la lectura, reunir el material, embeberme del tema. Pienso y planeo todo, reflexiono sobre el tono en que debo hablar con las personas afectadas y construir una relación con ellas, para que se sientan cómodas y confíen y así pueda contar aspectos muy duros de su historia. Esta vez hasta lloré oyendo a las mujeres.” Desde el primer acercamiento hasta que cuentan su historia completa Alicia realiza unos cuatro encuentros. “Con algunas he estado horas y horas, las escucho mucho. Hay gente que sufre y que necesita contar los detalles, la experiencia completa, y yo las escucho, no les recorto lo que dicen. Pero después de tener yo claro el hilo de lo que sucede, les pido que escriban su propia historia, porque de esa manera la ordenan, la limpian, la grafican”, dice. El día del rodaje ya ha trabajado sobre las narraciones de esas historias, ha resaltado lo fundamental y editado las repeticiones y detalles superfluos. “Como estudié guion —comenta Alicia—, sé que si cuenta la historia con sus palabras quien la vivió, tendrá más fuerza que si lo hago yo con las mías”.
Y sin duda se trata de historias que conmocionan, que no lo dejan a uno indiferente y pueden movilizar nuestra reflexión y emocionalidad. Sin embargo, Alicia afirma que: “No tengo tiempo para emocionarme porque al filmar tengo que cuidar de muchísimos detalles: que se proteja la identidad de las entrevistadas, que no usen algo que las identifica; los espacios, las tomas exteriores, las interiores, el sonido, etc. Sí me sensibilizo cuando llego a casa con el material crudo y transcribo palabra por palabra lo que se ha dicho. Pero mientras lo hago estoy muy concentrada en que todo salga en tiempo y forma, que las historias fluyan en el lapso que necesito, para que salga claro y se entienda”.


Alicia Elero, Espejitos de colores
Alicia cuenta que para ese documental requirieron de dos días enteros de filmación, con todo ya planeado de antemano. De edición fueron 120 horas, una hora por minuto de documental. “Pero yo, además, hago el guion del texto”. Se toma el trabajo de organizar en detalle y por escrito lo que se mostrará. Cuenta que, si bien hay un eje central para las entrevistas, cada historia es distinta y tiene su propio desarrollo. Por eso reúne mucho material y es difícil lograr reducirlo después, dice: “Una se enamora de su trabajo y le cuesta quitar cosas luego, porque siente que todo es importante”.
Un título peculiar
Consultada a cerca del título, confiesa: “Pensé que todo el mundo iba a entender lo que significa Espejitos de colores, pero no fue así. Es la metáfora del engaño: de querer fascinar, deslumbrar a otra persona con cosas que brillan, pero después, la realidad es todo lo contrario, es muy opaca. En el segundo día del viaje de Colón, en la bitácora aparece literal eso de ofrecer espejitos de colores a los indígenas, a cambio del oro”. Alicia siente que es un poco lo que sucede con estas mujeres migrantes que son engañadas; ese espejismo, que luego muda en conductas abusivas cada vez más y tóxicas, hasta dejarlas atrapadas en un círculo vicioso de violencia y dependencia afectiva. Es un engaño premeditado basado en la utopía instaurada por el ideal del amor romántico y de la religión, que se respalda en la concupiscencia de la situación de migración de la afectada que otorga impunidad plena al agresor. Y sobre estos mecanismos es que hablan los testimonios en el documental: sobre cómo estas mujeres se vieron envueltas en situaciones violentas y abusivas, cómo se sintieron atrapadas en ellas, hasta que alguien les extendió la mano, les aseguró que no estaban solas en esto y les mostró el camino, que ellas mismas deberían elegir y recorrer, pero que al final las llevaría a liberarse y recuperar el mando de sus propias vidas.


Presentaciones en la embajada de México y de Argentina en 2017
El efecto del documental
El film se mostró por todos lados: embajada de México, Argentina, Colombia y El Salvador, en las asociaciones de mujeres, en librerías, no sólo en Berlín, sino también en otras ciudades de Alemania. “En la charla luego de la proyección suele acompañarme algún psicólogo, trabajador social, abogado, o algún profesional del área. En mi rol de documentalista no soy experta en el tema, sino en cómo mostrarlo.”
“Hemos proyectado muchas veces el documental, en distintos lugares —cuenta Alicia—, y siempre suceden cosas interesantes, sobre todo después de que ha pasado la proyección, la charla formal y nos quedamos hablando en una atmósfera ya relajada e intimista, quizá con un vinito en mano. Ahí salen las cosas más movilizantes, sobre todo con los hombres, porque luego del documental toman conciencia del daño que pueden ocasionar, todos los conceptos patriarcales que cargan y reproducen. Las mujeres nos contenemos, hablamos, exteriorizamos, pero los hombres no tienen esa posibilidad.”
A lo que Alicia se refiere es a la capacidad de sensibilizar y generar conciencia que tiene el documental; hablando claramente del maltrato, explicando la forma en que se instaura en la vida de estas mujeres y el grado de trastorno y destrucción que ocasiona. Ellas describen desde adentro el desasosiego, el dolor, el miedo, el trayecto cuesta arriba para salir del círculo, el impacto en la forma de relacionarse, de ver el mundo y a los hombres. Por eso el documental es un mensaje no sólo para las mujeres sino también —y quizá más aún—, para los hombres.

En los próximos días (22.11.23 a las 18:30 horas) el documental se proyectará (de forma gratuita) en la ciudad de Stuttgart, en el marco de los eventos del Proyecto Luz, Multiplicadoras hispanohablantes contra la violencia hacia a la mujer, organizado por el FIZ (FrauenInformationsZentrum), con motivo de conmemorar el 25.11, día internacional de lucha contra la violencia de género. De esta forma cumplirá Espejitos de colores una vez más con su objetivo de informar, sensibilizar y movilizar sobre un tema tan urgente como lo es la violencia que sufren las mujeres, solo por el hecho de ser tales.

Romina Tumini (Argentina,1975) ha vivido en Grecia y actualmente reside en Stuttgart, Alemania. Es psicóloga, psicoterapeuta especializada en trauma y terapia de parejas. Trabaja con mujeres migrantes, víctimas de violencia y refugiados traumatizados. También es diplomada en Escritura Creativa, con un Máster en Creación Literaria y otro en Psicopedagogía Clínica. Autora de artículos y relatos en antologías, su libro de cuentos infantiles y estrategias terapéuticas Geschichten für mutige Kinder se acaba de publicar en Editorial Abrazos. https://rominatuminicuenta.com/
Imagen de portada: Espejitos de colores, dirigida por Alicia Erlero.
