Reseña de Nombres propios, historias comunes, de María Jesús Ortiz Moreiro
Por Marta López García
Antes de empezar a leer Nombres propios, historias comunes, no me apetecía sumergirme de nuevo en el mundo del COVID, pero esta sensación se desvaneció apenas empecé a leer el libro, y surgió la contraria: el deseo de poner todo en orden, como una terapia. La experiencia pandémica había sido tan intensa para mí que no había podido mirarla en su conjunto. No tenía conciencia de haberla vivido por partida doble, como migrante, aislada en Berlín mientras mi familia estaba en España. Tampoco era consciente de mi ventaja vital, ya que estaba acostumbrada a querer por videollamada y a distancia. Simplemente, los árboles no me habían permitido ver el bosque, y este libro, efectivamente, era el bosque. Así, como el libro relata, la pandemia surgió, pero la vida continuó, y se necesita tiempo después para tomar conciencia de ello. Fue como abrir una puerta a todo lo reprimido. Prefiero no vivir tiempos interesantes, la verdad, pero siempre me ha gustado leer sobre ellos.
Nombres propios, historias comunes es un libro de relatos publicado en 2022, escrito por María Jesús Ortiz Moreiro, nacida en 1980 en Guadix, Granada. Periodista de formación y corazón, afincada en Berlín desde hace doce años, coordina desde 2017 el grupo de literatura en castellano “Tildes y Virgulillas”. Es importante resaltar esta pequeña biografía de la autora, porque así se comprende mejor cómo ha podido realizar una crónica tan certera que, sin grandes artificios, nos ofrece unos personajes que de alguna manera dan voz a personas como yo, anónimas y normales, a las que la pandemia trastocó su vida. Y lo hace además a través de dos culturas, muy diferentes entre sí (la alemana y la española), que vivieron la pandemia a velocidades distintas: España estuvo prácticamente sumergida en la ola desde el primer momento, mientras que Alemania conoció la crudeza del virus al invierno siguiente. También las respuestas y las soluciones de ambos países fueron diferentes, y ambas apelaron a su historia. Mientras España mostró cierta unidad y al comienzo todo el mundo salía a aplaudir en los balcones todos los días, en Alemania todavía se veían las cicatrices y las consecuencias de haber estado dividida hasta hace unos treinta años, y este libro lo cuenta de manera sutil y certera. Las historias que suceden en España son individuales; sin embargo, la trama alemana sí avanza en el tiempo, y tiene cierta continuidad. Se destacan las diferencias culturales cotidianas, pero resaltando las sensaciones universales que surgieron durante ese tiempo. Durante el COVID, la rutina interrumpida se convirtió en un anhelo, y algunos relatos reflejan el valor de las pequeñas cosas cotidianas en medio de la incertidumbre. Aunque los 28 relatos son ficticios, son tan cotidianos y variados que es imposible que no resulten veraces o que alguien no se sienta identificado con alguno o varios de ellos, y todos resultan interesantes.
El estilo de María Jesús es notable por su capacidad de observación, retratando momentos de la vida cotidiana con gran precisión. Utiliza un lenguaje fresco y sutil, dotando a la narrativa de cada día de profundidad emocional. La autora utiliza nombres para cada relato, recordando a la película El cielo sobre Berlín. Además, el ingenio de la autora sorprende al lector con giros inesperados. Se agradece mucho el humor y, sobre todo, la ironía, que aligeran el libro y están presentes en muchos relatos. Los juegos de palabras con el alemán y el español son una genialidad, y demuestran lo bien que se mueve la autora en ambos mundos. Emociona ver cómo se da valor a la literatura en el libro: en medio de tantas pantallas y tecnología, los libros fueron para muchos el refugio donde descansaba el mundo de ayer. Además, se puede establecer un vínculo con la obra de Stefan Zweig, tanto por la estructura de alguno de sus libros como por su contenido, ya que no hay aquí ornamentación literaria innecesaria.
Tampoco hay lugar para el morbo ni para grandes dramas, ni falta que hace porque estos coparon todos los titulares. Lo que se encuentra es la historia en minúsculas, pero no por ello menos merecedora de ser contada. Reparar en lo insignificante y común es lo que mantuvo a muchas personas unidas. Frases lapidarias como «ayer hice lo de siempre, que hoy ya no existe” muestran cómo nos convertimos en detectives de nuestra agenda cuando teníamos un «contacto». Se acabaron los encuentros casuales y cada uno adquirió una importancia tremenda. Cambiamos nosotros, cambió nuestro lenguaje. Palabras como “pandemia”, “confinamiento” y nuevas expresiones como «ibuprofenarse» se incorporaron de manera habitual a nuestro vocabulario. El libro también resalta la precariedad laboral a la que están abocadas ciertas vocaciones, y cómo solo se sostuvieron porque tanto el sistema español como el alemán no las dejaron caer.

Los personajes son retratados de manera similar a un fotógrafo, enfocándose en ciertos individuos dentro de la situación global y capturando el instante como los pintores modernistas. Algunos personajes son esperpénticos y, otros harían las delicias de Berlanga, ya que aquí la ficción supera la realidad. En el libro hay sitio para políticos inútiles, jubilados alemanes buscando su conexión (pero no a internet, sino todo lo contrario), así como personas jóvenes que tuvieron que quedarse de repente en casa, siendo el despertar una experiencia surrealista.
Cada relato transmite una serie de sentimientos y sensaciones clave, como la rutina, la soledad, la solidaridad, la empatía, la resiliencia, la necesidad, la rebeldía y el control. Hubo tantas pandemias como individuos, porque cada uno la vivió a su manera. El libro recrea voces de personas en transformación y adaptación a las circunstancias cambiantes de la pandemia. Por un lado, se nutre de esas voces que necesitaban hablar y expresarse. Por otro lado, se presenta como un recurso frente al olvido de lo que hemos vivido. Es importante recordar y tener presentes nuestras experiencias y cómo han influido en lo que somos ahora.
Berlín se presenta como telón de fondo en muchos de los relatos: al igual que los personajes de esta colección de relatos, no se habla de los sitios más famosos, conocidos, ni los más representativos, pero son perfectamente reconocibles y totalmente cotidianos. Son los lugares comunes para los habitantes de la ciudad que terminamos haciendo propios, como el S-Bahn. Hay muchos versos casi poéticos sobre esta ciudad que no siempre cuadra bien en el estereotipo alemán, «un archipiélago de solitarios a la deriva». Sin embargo, la autora también muestra la otra cara de la moneda y convierte la soledad en algo opcional. En definitiva, es una ciudad imprevisible, pero la autora es consciente de que también es única e icónica.
En resumen, Nombres propios, historias comunes es una colección de relatos que retrata de manera magistral la vida cotidiana de personas anónimas durante la pandemia del coronavirus. María Jesús Ortiz utiliza un estilo observador y detallado, combinado con humor e ironía, para brindar una visión profunda y conmovedora de las experiencias vividas en España y Alemania. Este libro invita a reflexionar sobre la importancia de la literatura, la empatía y la resiliencia en tiempos difíciles. La sensibilidad de la autora hacia la realidad la convierte, como hemos mencionado, en una «captadora de instantes». Aunque ya hayas experimentado el impacto del COVID-19, esta obra te permite apreciar y comprender mejor la complejidad de lo ocurrido.
Nombres propios, historias comunes es una publicación editada por La Pleca, servicios editoriales, radicada en Berlín. El libro fue presentado en la librería Andenbuch el 24 de junio de 2023.
L. Mañana fría y soleada de invierno
(Fragmentos)
Hay mucha gente sola en Berlín.
Es por eso que muchos hablan en voz alta, como si, al hacerlo, estuvieran dándole voz a su apocado contertulio, invisible – ¡claro está! – a los ojos torpes del común de los mortales.
Luego están esos solitarios que cuando interactúan, tal vez por falta de práctica, acaban generando algún pequeño conflicto.
Un viejo estornuda y se ríe porque me levanto y me alejo hacia la otra punta del vagón y me doy cuenta de que yo también, a mi manera, contribuyo a que sea cierta la frase con la que empezaba. Hay mucha gente sola en Berlín. Pues sí. Y no. No quiero compañía, mucho menos de virus. Mejor sola que…
Sola, soledad. Y sí, tal vez sí sea Berlín, más que una ciudad, un archipiélago de solitarios a la deriva.
Pido un cappuccino para llevar y me siento fuera del café contiguo a la estación en una de las sillas de una terraza desértica. Hace un frío brutal, incómodo, húmedo. El sol, que andaba de retiro desde hacía días, brilla hoy débil y sus rayos traen cristales de hielo que calan hondo.
Pasa un grupo de párvulos con cuidadores más pendientes de sus móviles que de los críos. Pasa gente en bicis, en patinetes eléctricos, otros caminando. De acá para allá. Con bolsas, con mochilas, empujando carros de bebé, carros de la compra con bártulos hasta arriba. Semáforos que se abren, que se cierran. Claxon. Ráfagas de canciones, de conversaciones. Pasa gente, pasan cosas, pasa el tiempo, pasa la vida.
Y ahí estamos, a veces de espectadores, en ocasiones de protagonistas, con frecuencia como artistas invitados. Generalmente rodeados de gente, de ruido, de cosas que ocurren a la vez y, sin embargo, mayormente solos, lo cual no es necesariamente malo. Es, sin más.
El Inácio. Dulce refugio
(Fragmento)
Pienso con frecuencia en el Inácio. Mucho más de lo que debería. Tú que me conoces bien, sabes perfectamente que esto es señal de que las cosas no van bien. Pues sí, pues aciertas y sí, no estoy bien, de hecho, nada bien. Por eso rescato con frecuencia lo que considero como el recuerdo que mantengo más distante del agobio, de la tristeza, de la soledad, del dolor: el Inácio y su puesto de chucherías a la salida del colegio. No era lo que parecía. Parecía algo provisional, como para salir del paso. Veías cuatro tablas apuntaladas que el Inácio se enganchaba con unos trapos a la sisa y al cuello y pensabas que acababa de improvisarlo. Pero no, era el mismo mostrador de golosinas que ya usaba en tiempos de mis padres, según me contaron. Parecía un surtido escaso, determinado por las limitaciones lógicas de espacio, pero no. No había dulce que desearas que no tuviera en su logrado tenderete, de un prodigioso equilibrio.
Notas biográficas de María Jesús Ortiz Moreiro

María Jesús Ortiz Moreiro (Granada, 1980) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y máster de Periodismo en el diario ‘ABC’, donde fue redactora en la sección de España. En 2006 recibió el premio de periodismo ‘Ciudad de Guadix’. En Berlín, donde reside desde 2010, ha realizado labores de asesoría comunicativa para la asociación de migrantes MaMis en movimiento. Durante la pandemia participó en el podcast ‘Todo va bien Guadix’ con sus Crónicas desde el quinto anejo, reflejando su visión como expatriada. Se ha formado en el Instituto Cervantes y en la Universidad de Cantabria como docente de español. Ejerce como profesora, entre otros centros, en la Volkshochschule de Potsdam-Mittelmark e imparte cursos de literatura en español y comunicación en la Volkshochschule de Tempelhof-Schöneberg. Compagina su actividad profesional con su pasión, la literatura. En 2015 publicó la novela Sombras en la luz (Ediciones Dauro). En 2021 participó con el relato Por primera vez en la obra colectiva Miradas (editorial buch:Buch). En 2022 publicó Nombres propios, historias comunes, editado por La Pleca. Desde 2017 coordina la tertulia literaria ‘Con tildes y virgulillas’.

Marta López García, nacida en Bilbao, es graduada en Turismo, con un enfoque destacado en el aprendizaje de idiomas. A lo largo de su carrera, ha colaborado con diversos medios de comunicación, como Canal Euskadi, Onda Cero y el grupo Vocento. En 2010 participó en proyectos de apoyo a la infancia en Perú alfabetizando a niños y ampliando su conocimiento de la cultura latinoamericana a través de un curso de especialización en historia peruana en la Universidad de San Marcos. Desde 2015, ha sido profesora de español en colegios y asociaciones en Berlín. También ha participado en la organización y coordinación de cursos para Physalia en colaboración con la Freie Universität. Además, ha colaborado en la elaboración de publicaciones académicas sobre el diseño y análisis crítico del turismo basado en dinámicas urbanas, centrándose en el caso de Berlín. A partir de abril de 2023, Marta asumió el rol de coordinadora del Cervantes Kinder, donde aplica su experiencia y pasión por fomentar la lectura en niños.














2 comentarios sobre “Nombres propios, historias comunes: la crónica que necesitábamos leer”