La vuelta de Europa a su pasado más triste y cruel

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Antonio Gramsci

Estupefactos, y yo el primero, amanecimos el jueves pasado, día 24 de febrero, al enterarnos del inicio de una guerra como no se ha vivido en Europa desde 1945. Contra todo pronóstico y lógica, el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Vladímirovich Putin, decidió ordenar la invasión de la vecina República de Ucrania, independiente desde 1991. Y también contra todo pronóstico, los servicios secretos estadounidenses, los mismos que no pudieron alertar de la preparación de los atentados del 11 de septiembre de 2001 o que detectaron armas de destrucción masiva donde no las había, han tenido razón con sus análisis y predicciones. Ahora asistimos al terrible espectáculo que siempre acompaña a la guerra, muerte, destrucción y seres humanos huyendo hacia un futuro incierto.

La pregunta que ahora debemos responder es: ¿cómo hemos podido llegar a esto? Hallar una respuesta no es tarea sencilla, pero este humilde escribidor intentará dar algunas claves para intentar comprender esta difícil situación en que nos encontramos.

Kiev, la capital de Ucrania, fue la primera ciudad importante fundada y cristianizada en el entorno de las actuales Rusia y Ucrania en los siglos IX y X respectivamente, formándose el llamado «Rus de Kiev“, de cuyo nombre proviene el gentilicio „ruso“y el propio nombre de la actual Rusia. De esta forma podemos constatar que ambos países están desde su origen profundamente vinculados. Sin embargo, no sería hasta el primer reparto de Polonia, a finales del siglo XVIII, cuando La mayor parte del territorio de la actual República de Ucrania pasó a formar parte de la Rusia zarista. Tras varios intentos de formar un estado independiente durante la Revolución Bolchevique y la posterior Guerra Civil, finalmente pasará a formar parte de la URSS hasta la disolución de esta. Desde la proclamación de la independencia, Ucrania se ha encontrado siempre a caballo entre dos mundos. Por un lado la parte más occidental favorable a una progresiva integración en Europa y por otro la parte oriental, rusohablante, partidaria de estrechar lazos con los hermanos rusos. Esta doble alma ha creado tensiones y traído numerosos conflictos al país. La llamada «Revolución Naranja“ de 2004 o el derrocamiento del presidente Yanukóvich en 2014 son buenos ejemplos de los problemas que generan en la sociedad ucraniana las diferentes concepciones sobre el modelo de estado y de país. A estas luchas de poder en el seno de las élites locales se unen los intereses geoestratégicos del vecino ruso.

Cuando Michail Gorbachov accedió en 1990 a la reunificación alemana y a su permanencia como país unificado en la OTAN, lo hizo a cambio de la promesa incumplida, como hemos podido comprobar claramente en el transcurso de los últimos años, de que esta organización militar no se seguiría expandiendo hacia el este. La OTAN es una organización obsoleta cuya única función es seguir encontrando un motivo para existir, además seguir engordando el lucrativo negocio de la venta de armas. Sus planes de acción y dinámicas estratégicas siguen estando anclados en la época de la Guerra Fría, sin haber actualizado su visión de un mundo que ha cambiado mucho desde los ya lejanos años 80. En el caso particular de España, algunos nos preguntamos de quién nos va a defender la organización atlántica, si las plazas de soberanía española en el Norte de África, Ceuta y Melilla, susceptibles de ser atacadas por el sátrapa dueño del Reino de Marruecos, no están protegidas por el paraguas de la OTAN.

La sensación de la Rusia gobernada por el autócrata Putin de estar siendo acorralada por una organización militar hostil, ha aumentado considerablemente desde la llegada al poder en Ucrania del presidente Volodímir Zelenski, dado que este ha fortalecido aún más los lazos con la OTAN. Los imperios en decadencia provocan guerras y violencia antes de reconocer la perdida de la hegemonía y de descubrir que no hay imperio que cien años dure. Así fue con todos los antiguos imperios coloniales europeos, así está siendo con Estados Unidos desde hace 20 años y así será, lamentablemente, con el „imperio“ruso, que ha decidido iniciar una guerra de agresión contra otro estado soberano para defender su muy mermada área de influencia. Por último señalar el papel del nacionalismo, esa ideología que ante el objetivo neoliberal de disolver la cohesión de las sociedades, está actuando como contrapeso y proporcionando esas certezas que son necesarias a todo ser humano. El problema del nacionalismo es que genera inevitablemente enfrentamientos entre diferentes comunidades así como separaciones y odios. Tener que estar diciendo esto después de las experiencias vividas en Europa durante el siglo XX a algunos nos llena de amargura. Y esto es en lo que se está convirtiendo el sueño europeo, en compartimentos estancos gobernados por enanos nacionalistas dispuestos a enfrentarse al vecino por cualquier estupidez, sin poder entender que los desafíos tremendos a los que nos enfrentamos en este momento en el planeta solo podremos vencerlos estando unidos. Esperemos que algún día todos los pueblos hermanos europeos, de Lisboa a Moscú, podamos fundirnos en un fuerte abrazo y de esta forma intentar buscar una solución global a los graves problemas que pueden poner en peligro la continuidad de nuestra civilización .


Luis Miguel Fernández López (1976). Nacido a orillas del Pisuerga, es profesor de Historia y Lengua Española en un instituto de educación secundaria en Berlín. Apasionado de las artes, las letras y la política, escribe sesudos artículos de esta última disciplina cuando tiene ocasión.

Imagen de portada: ©https://www.orangesmile.com/guia-turistica/ucrania/mapa-pais.htm

luis Miguel Fernández López

Nacido a orillas del Pisuerga en el ya lejano año de 1976, es profesor de Historia y Lengua Española en un instituto de educación secundaria en Berlín. Apasionado de las artes, las letras y la política, escribe sesudos artículos de esta última disciplina cuando tiene ocasión.

Un comentario sobre “La vuelta de Europa a su pasado más triste y cruel

  1. Esclarecedor. Me aporta algo más de contexto si bien ya una idea tenía pero además me invitó a reflexionar, sobre todo donde apunta: «Por último señalar el papel del nacionalismo, esa ideología que ante el objetivo neoliberal de disolver la cohesión de las sociedades, está actuando como contrapeso y proporcionando esas certezas que son necesarias a todo ser humano. El problema del nacionalismo es que genera inevitablemente enfrentamientos entre diferentes comunidades».

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