La gran libertad

Grosse Freiheit (La gran libertad, 2021), dirigida por Sebastian Meise, ganó este año el premio del Jurado en la sección Un certain regard del festival de Cannes. Dura, emocionante: la historia del vínculo entre dos hombres cuyas vidas cruza uno de los puntos ciegos de la historia de la posguerra alemana.

¿Qué es la libertad? ¿Qué es el amor? “La libertad es una palabra muy grande como para poder abarcarla”, señala Sebastian Meise, director y coguionista junto a Thomas Reider de Grosse Freiheit, un film que encontró su disparador en una parte de la historia alemana que al día de hoy permanece tabú. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los aliados liberaron a los prisioneros de los campos de concentración. Pero no a todos les cupo la libertad. De los miles de homosexuales que habían sido duramente condenados durante el régimen nazi sin haber cometido otro «delito» que el de su homosexualidad, los sobrevivientes que aún tenían pena pendiente pasaron de los campos de concentración a cárceles comunes para terminar de cumplir allí su condena. Contra toda apariencia, el Tercer Reich no había terminado para ellos.

Muchos años deberían pasar hasta que el artículo (o parágrafo) 175 del Código Penal alemán, norma jurídica que había entrado en vigencia en 1872 y criminalizaba las relaciones homosexuales entre personas de sexo masculino, fuera definitivamente eliminado. En 1935 el nacionalsocialismo endureció su contenido y las penas. Delito ya no era solo la relación sexual, sino que podía serlo el mero atisbo de una “intención voluptuosa” de despertar el deseo sensual de otro hombre, una mera mirada. La Bundesrepublik Deutschland, la República Federal Alemana de Konrad Adenauer, fundada en 1949, significó la continuidad con esta legislación y práctica penal. A la que evaluó, y no consideró anticonstitucional. Décadas más tarde 1969 marcaría un hito. El hombre había llegado a la Luna, y al menos se despenalizaba la llamada “homosexualidad simple”, las relaciones homosexuales entre dos hombres mayores de 21 años. En 1971 Rosa von Praunheim estrenó Nicht der Homosexuelle ist pervers, sondern die Situation, in der er lebt (No es perverso el homosexual sino la situación en la que la vive), film en el que instaba a perder el miedo, hacerse visibles y organizarse para reinvidicar sus derechos. Pero todavía habría que esperar en la RFA –hasta 1994– para que el parágrafo 175 fuera definitivamente eliminado.

“Es sabido que la burocracia nacionalsocialista subsistió en gran medida después de la guerra”, comenta el director austríaco. “Lo que era completamente nuevo para mí en el caso de la persecución de los homosexuales era el papel de los aliados. Como tenían leyes similares en sus propios países, aparentemente les parecía bien que se torturara y asesinara a los homosexuales en el Tercer Reich. Esto dio lugar a esta imagen completamente disparatada: un prisionero superviviente de un campo de concentración es trasladado a una prisión tras el final de la guerra y tiene que arrancar esvásticas de uniformes. Nada ha cambiado para él. Un sistema ha sustituido al otro; él sigue siendo ilegal. Su único aliado es su compañero de celda, un asesino convicto, que le infunde valor con un gesto conmovedor.”

Las imágenes en Super 8 con las que abre Grosse Freiheit son precisamente escenas que reproducen material de archivo proveniente de EEUU, donde a diferencia de Alemania este material se conservó parcialmente: imágenes de encuentros sexuales captados en un baño de hombres por una cámara oculta detrás del espejo. Luego servirán de evidencia. La cruzada de la moral alienta una sociedad de la vigilancia. La cámara espía de la Klappe, la tetera, esos baños públicos convertidos en lugares de encuentros sexuales entre varones, prosigue luego sin solución de continuidad para Hans, el protagonista, en el panóptico de la arquitectura carcelaria. Con su escalera central que une los distintos pisos y las celdas ubicadas en dos corredores enfrentados, la visión de los guardias y la vigilancia es total. El ojo del guardia detrás de la mirilla de la celda se convierte en Grosse Freiheit en metáfora de toda una sociedad que impone con violencia el control y el miedo.

Grosse Freiheit no es una película de las grandes palabras o las grandes épicas. Por el contrario es una película de los pequeños gestos, donde una caja de fósforos, un atado de cigarrillos pueden decirlo todo. Un film de pocas palabras, de miradas. Es con ellos que sutilmente nos va acercando a los personajes. Pero hay un miedo que Hans quizá no conoce. La estoica rebeldía de este hombre que ama a hombres, reincidente porque no puede ser de otra manera, y que carga con todo el estigma del parágrafo 175 aún entre los mismos internos, será la que le gane el respeto de Viktor, el homicida condenado a cadena perpetua.

El film es la historia contada en tres momentos: 1945, 1957 y 1969, del encuentro de estos dos hombres. En una cárcel que salvo pequeños detalles parece ser siempre la misma pese al paso de los años y adquiere así un carácter atemporal para que la cámara pueda entrar al espacio reducido de la celda, inevitablemente cerca de los cuerpos, y nos haga partícipes de una historia universal. Consciente de que muchas veces en las situaciones más adversas solo es posible sobrevivir gracias a él, Grosse Freiheit lo hace, pese a su dureza, incluso con humor. Un humor seco, cargado de ironía. También porque la historia que cuenta es una historia de ironías de la vida. De hombres que sobrevivieron para ser condenados, de hombres que no mataron a nadie durante la guerra y lo hicieron después, de hombres que encuentran lo más valioso en el sitio menos pensado.

Hay que darle tiempo a Grosse Freiheit, la que como película de cárcel está inevitablemente hecha de rutinas que se repiten, de una cierta monotonía, de una azul-gris monocromía. Porque en ella Franz Rogowski, en el papel de Hans, y Georg Friedrich, en el papel de Viktor, ponen literalmente el cuerpo en impecables actuaciones y, con una excelente dirección de Sebastian Meise, van construyendo poco a poco un profundo vínculo; de cercanía, de solidaridad. Y otra película. ¿Una película de amor? Porque: ¿hay que llamar amor al amor para que lo sea? ¿Hay una definición del amor? ¿Se puede legislar sobre el amor? Grandes palabras amor y libertad a las que con acierto el film se acerca sin grandilocuencia, a ras de lo humano.

Grosse Freiheit es una historia de la libertad arrebatada. ¿Qué es y dónde está la libertad? La ironía del título recién se hará patente y se revelará en el logrado final.

Grosse Freiheit ya se puede ver en los cines de Alemania.

Todas las imágenes: ©Freibeuterfilm

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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